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NOTA: SI NO CREEN NO COMENTEN
Hola amigos de T! aca les dejo este post acerca de mitos y leyendas de hospitales...
Empezemos con una conocida en mexico...
Es una de las leyendas de México mas famosas actualmente que se ubica en el centro histórico.
Esta leyenda empieza en el Hospital Juarez, donde dicen que trabajaba una enfermera de nombre Eulalia, que vestía siempre su uniforme muy limpio y planchado.
Ella era muy buena en su trabajo, hasta el momento en que llego un medico nuevo que era guapo. Eulalia se enamoro de el y al poco tiempo fueron novios, el un día le dijo que tenia que salir un tiempo a un seminario, pero el nunca regreso y mas tarde Eulalia se entero que se había casado.
Ella callo en una terrible depresión, y empezó a fallar en su trabajo, lo que ocasiono la muerte de algunos pacientes (por sus descuidos), al no poderse recuperar se enfermo y murió.
Cuando ella murió empezaron a ocurrir hechos extraños en ese hospital ya que por las noches una enfermera muy pulcra atiende a los pacientes que descuidan las otras enfermeras en el turno de la noche, o si no despierta a las enfermeras que se quedan dormidas en su turno. Por su apariencia pulcra, los que la han visto (pacientes, enfermeras, médicos) la apodaron “la planchada”. Aseguran que su alma no puede descansar por sentir culpable por haber descuidado a sus pacientes por sus problemas personales.
Otra version cuenta que su alma esta en pena por un castigo ya que en vida ella era una mujer muy cruel que trataba mal a los pacientes, asi que al morir, la castigaron, para que cuidara de los pacientes como no lo hizo en vida.
El niño perdido
Hace muchos años, cuando España y Europa dejaban la Edad Media para adentrarse en el llamado Renacimiento, el rey que por aquel entonces tenía el poder de la actual España (Felipe II), tomó una decisión importante, pues para eso era la máxima autoridad del momento.
Posiblemente desde su querido San Lorenzo del Escorial, el monarca mandó eliminar todos los hospitales de la ciudad para que pasaran a formar parte del Hospital General.
La leyenda cuenta que en uno de esos hospitales que desaparecieron, el llamado Hospital de las mujeres perdidas, se encontraba una mujer viuda, que pese a estar en su sano juicio, había sido acusada de loca por su familia, con la única intención de quedarse con sus pertenencias.
Esta mujer no estaba sóla en el hospital, ya que junto a ella se encontraba un niño de apenas cinco años. Llegó el día en que se tuvieron que mudar de hospital, y la mujer pidió que subieran a por su hijo a una especie de buhardilla, pero nadie la hizo caso, porque pensaban que estaba loca. Con la pena por bandera, la mujer fue obligada a marcharse.
A los tres-cuatro días, el conocido Bernardino Obregón (que tuvo varias revelaciones a lo largo de su vida), escuchó el lamento de un niño mientras soñaba. Por inspiración divina, fue con la policía al hospital, y efectivamente allí encontró moribundo al pequeño niño perdido. Evito su muerte y lo llevó junto a su madre, que a los pocos días fue dada de alta al comprobar que no estaba loca. Vivieron felices el resto de su vida.
Corría el siglo XVI cuando esto sucedió. Por cierto, para los curiosos; el Hospital de las mujeres perdidas estaba en lo que hoy es la calle del Hospital, junto a la calle Atocha y en el barrio de Lavapiés.
La Leyenda del Hospital De Alcázar de San Juan
Esta historia es real, ya que yo mismo la viví. Todo el pueblo, e incluso la gente del exterior, había escuchado alguna vez algo sobre este enigmático hospital abandonado, y había comentado algo al respecto. En el extrarradio de la ciudad se encontraba un hospital, abandonado desde hace unos escasos 12 años, que era poseedor de multitud de leyendas, tan escalofriantes que hacían que la gente tuviese que cambiar de acera al pasar cerca de él. Tenía tres plantas, estaba muy deteriorado y sufría graves daños. Se dividía en dos módulos, que estaban repartidos en un lúgubre jardín. El módulo principal era bastante grande, y describía la forma de una L. El otro era menor, y no tenía ninguna sala de atención a enfermedades, simplemente recepción, sala de reuniones etc. Había leyendas que contaban que se oían llorar a los bebés muertos allí, que las camillas se movían, que las luces se apagaban y encendían... Nadie pudo probar la existencia de aquellos sucesos, pero era evidente que se escuchaban cosas y las luces se apagaban y encendían. Algunos decían que eran los gatos, en cambio otros, que habían tenido el suficiente valor para internarse a las primeras habitaciones, decían que realmente allí sucedían cosas. Lo único que se sabía era que ningún guardia al que le hubiesen encomendado la ardua tarea de proteger el hospital, había durado más de una semana. Todos dimitían, decían que no podían volver a entrar allí. Tal era el temor que los guardas le tenían, que dejó de haberlo hace tiempo.
Primero os contare la historia que le ocurrió a mi padre y a sus hermanos, cuando tenían unos 16 años. El hospital no estaba abandonado aún, claro, pero estaba muy mal organizado. Todo estaba asqueroso, la higiene era muy mala, las habitaciones eran cutres y estaban medio rotas, y cientos de gatos habitaban allí. Se solían meter al jardín por las noches a fumar. Pues un día, vieron como un cubo azul bajaba rodando desde el hospital, estaba lleno de gasas, vendas y jeringas llenas de sangre. No le dieron importancia, hasta que más tarde bajó otro cubo, pero lleno de hígados, riñones y corazones para trasplantar. Se apartaron asqueados, y vieron como un montón de gatos hacia un corro alrededor de la carne humana y se la comía. Era tal la poca higiene y la falta de presupuesto y personal, que hasta los gatos entraban y devoraban la carne humana. Esto es real, lo juro, mi padre y mis tíos lo aseguran.
Ahora contare mi historia, que juro que es real, y que me ha dejado una marca en mi vida. El caso es que mi pandilla llevaba mucho tiempo colándose al jardín del hospital, pero nunca lográbamos cruzar más de tres habitaciones en el interior de este. No se si sería por la imaginación, pero siempre veíamos cosas terribles que nos hacían regresar sobre nuestros pasos. Y bien, el caso es que un día normal, como cualquier otro, quedamos todos para colarnos. Nuestra meta era llegar a la tercera planta.
Eran las siete y media cuando nos encontrábamos todos frente a las oxidadas verjas del hospital abandonado: Nacho, Nuria, Cristina, Sergio, Álvaro, Cristian, Ernesto, Virginia, Yamila, Miriam, Patricia y yo.
No tardamos en saltarnos la verja, y nos sorprendimos al ver con que facilidad Nuria abrió la cerradura, abriendo paso a las chicas. Entonces cruzamos al jardín, reconociendo cada tramo del camino, que habíamos recorrido muchas veces antes. Primero llegamos al módulo pequeño, y subimos la escalerilla que daba a la puerta principal. La puerta era de cristal, así que esta vez decidimos romperla, no como solíamos hacer, colándonos por las ventanas. Fuimos entrando uno a uno, y antes de entrar pude llegar a ver a la pareja de galgos que habitaba en el jardín desde hace mucho tiempo, y que había aprendido a convivir con la multitud de gatos que también habían encontrado allí su hogar. Una vez estuvimos todos dentro, decidimos registrar todos los muebles, cosa que nunca antes habíamos hecho. Allí había armarios, sofás, cómodas, mesas, escritorios...
Miramos cada cajón, y sólo encontramos viejas revistas o periódicos, la mayoría del año 91 o 92. Después de haber registrado todo el módulo nos sentamos en los viejos y ajados sofás, y encendimos las linternas, ya estaba anocheciendo. Yo no es que tuviese miedo, pero no me hubiese quedado en la parte trasera del grupo por nada del mundo, de hecho, el simple hecho de sentarme en uno de los extremos de los tres sofás en los que estábamos repartidos me aterraba. ¿Por qué? Simplemente veía o creía ver cosas, me imaginaba todo cuanto se contaba de aquel lugar. Tras tener una conversación sobre lo que habíamos visto, y comprobar lo cagados que estaban algunos, salimos de nuevo al jardín, y esta vez, bajo el cielo de la noche, nos dirigimos a la parte principal. Todo iba bien dentro de lo posible, es decir, simplemente había algún grito ocasional, algún sollozo de los más aterrados, algún intento de darse la vuelta... Hasta que la linterna de Nacho, el que estaba en cabeza, enfocó algo que parecía moverse de un salto.
Todos nos quedamos paralizados. ¿Era un gato? ¿Un perro tal vez? ¿Qué podría ser si no? Cagados de miedo, y enfocando en todas las direcciones con las linternas, entramos al hospital. Cruzamos indecisos las primeras habitaciones, hechos una pelota, y al fin llegamos a nuestra meta anterior: un largo pasillo con multitud de puertas. Enfocamos la linterna a través de los cristales translucidos de la primera puerta, y parecía haber camas al otro lado. Yamila había llegado un día hasta allí dentro con sus hermanos, y casi le dejó un trauma. Tuvimos que estar horas detrás de ella para convencerla. Ya apenas prestábamos atención a la habitación, cuando algo pareció moverse detrás de ella, y, seguidamente escuchamos un portazo.
El corazón se nos aceleró tanto, que yo noté que me faltaba el aire, el corazón me dio un vuelco. No tardamos en salir corriendo de allí, pero... ¡La puerta por la que habíamos entrado estaba cerrada! Seguramente no estaría cerrada con llave, pero la tensión y los nervios hicieron que no nos detuviésemos a girar el pomo. El miedo se apodero de nosotros, y corrimos en la primera dirección que se nos ocurrió, en busca de una salida alternativa. Al final del pasillo tuvimos que detenernos, ya que había una puerta que nos cerraba el paso. Respiramos hondo y cruzamos la puerta corriendo (Estaba abierta) Y en ese preciso momento, fue cuando todos nos cagamos de miedo... Corrimos sin mirar atrás, y vimos que las camas y las cortinas por las que íbamos pasando se agitaban frenéticamente. Yo iba de los últimos, y cuando me gire para mirar hacia atrás, mientras seguía corriendo, pude ver como una sombra cruzaba el pasillo. Me aceleré de tal forma que acabé chocando contra una puerta. Me incorporé y observé horrorizado como nadie me había esperado. En ese momento contemplé la muerte como única salida, pero al fin, sin mirar a ninguna dirección en concreto, empecé a correr. Pude ver a gente corriendo delante de mí, pero no podía omitir ningún sonido.
Giré varias esquinas, hasta que choqué de nuevo. Esta vez había chocado contra mi pandilla, pero nadie lo sabia. Todos chillamos y corrimos, inmersos en una terrorífica confusión. No consigo recordar lo que ocurrió exactamente, solo se que acabamos separados. Me encontraba junto a Nuria, Patricia, Yamila, Nacho, Cristian y Álvaro, habíamos perdido al resto. Nadie sabía lo que había ocurrido, y tampoco teníamos valor para ir a buscar al resto. Nos encontrábamos arrinconados en una habitación, e iluminábamos cada rincón con nuestras linternas, con miedo a iluminar algo que sería mejor no ver.
Al fin nos levantamos, y de dos zancadas cruzamos la habitación. Corrimos por un pasillo, y acabamos subiendo por las escaleras al primer piso (Era nuestra única salida, a nadie le gustaba la idea de subir) Una vez allí continuamos nuestra carrera, y contemplábamos como a nuestro alrededor se veían cosas horribles... Solo me acuerdo de que corrimos y corrimos sin parar, y que acabamos en el tercer piso, en la terraza. Este hecho nos alivió, tal vez por poder sentir a lo lejos las luces, el ruido, el movimiento del pueblo.
Pero aún seguíamos allí, en el interior de aquel terrorífico hospital, acojonados como nunca lo habíamos estado, y separados de la mitad del grupo. Nos asomamos a la terraza, pero apenas alcanzábamos a ver el suelo. Enfocamos las linternas, y mientras intentábamos distinguir a alguno de nuestros amigos, y vimos a un hombre rígido, de pie, mirándonos. No se distinguía la cara, pero estaba mirando hacia nosotros. Nuria, patricia y Yamila gritaron de tal forma que nos hubiesen oído fuera del recinto. Entonces notamos pasos apresurados detrás de nosotros, y vimos como el resto de compañeros se acercaba corriendo. Todos nos juntamos en una esquina de la terraza, y comprobamos que a los otros tambien les habían ocurrido cosas raras.
Pero, al mirar detenidamente a nuestro alrededor, comprobamos que ni Miriam ni Virginia estaban allí. Cada grupo creía que estaba con el otro, pero al parecer, se habían separado. Cuando nos disponíamos a bajar corriendo a buscarlas, Virginia subió corriendo, estaba aterrorizada y llorando, y cuando llegó arriba se abalanzo sobre nosotros. Nos contó entre sollozos que habían encontrado a una chica muerta, y que Miriam se había perdido. Bajamos todos corriendo, y entramos a la habitación que nos indicó Virginia. Encontramos a Miriam acurrucada en un rincón, temblando y llorando. Cuando llegamos hasta ella vimos que solo decía cosas incoherentes, y que tenia una profunda expresión de terror en la cara.
Cuando nos pusimos todos al lado de ella empezaron a oírse portazos, uno detrás de otro y cientos de pasos que se acercaban a nosotros a la velocidad del rayo, como atravesando cada pasillo del hospital, además se oía un murmullo. Al fin oímos una sonora carcajada, y una cegadora luz cruzó la puerta. Entonces vimos claramente a un montón de gente en distintos estados de descomposición atravesándonos. Todos salimos corriendo de allí, sujetando a Miriam, y salimos al jardín. Nuestras piernas volaron hasta las rejas, y nos las saltamos como si de un salto de pértiga se tratase. Atravesamos el llamado Cespecillo, (Un pequeño parque que rodeaba al hospital, y al que solían ir todas las pandillas del pueblo) corriendo como locos, hasta que llegamos al jaleo del pueblo. Todos nos metimos en el portal de los pisos de Nacho, que vivía enfrente, y nos pusimos a reflexionar sobre lo que había ocurrido. Fue imposible tranquilizar a Miriam, y nunca nos contó lo que vio. Nunca hemos vuelto a colarnos, y ahora nos hemos convertido en esa gente que se cambia de acera al pasar por al lado..
LEYENDA DE UN HOSPITAL EN HUELVA
En Huelva se encuentra el misterioso hospital Manuel Lois (o más bien se encontraba, ya que ha sido parcialmente derrumbado) fruto de numerosas especulaciones, misterios y leyendas. Dicho hospital se construyó en los años 50 y cuenta con una superficie de unos 11 mil metros cuadrados. Durante las décadas posteriores se concluyó que el hospital no era funcional y sólo se dejo una parte de él abierta, la que estaba dedicada a las urgencias.
Cuando el hospital fue abandonado muchos de los materiales que albergaba se quedaron allí, en esos momentos fue cuando los hechos paranormales comenzaron a sucederse. Una noche, en la cuarta planta del edificio, empezaron a arder unos colchones, sin saber como era posible. Las llamas crecieron hasta hacerse enormes, por lo que los bomberos de Huelva tuvieron que acudir al lugar a extinguir las llamas. Hasta aquí todo parece normal, pero las posteriores declaraciones de uno de los bomberos dejaban la puerta abierta a cualquier tipo de especulación. El bombero afirmó que entre las llamas y el humo pudo percibir la silueta de una persona, pero cuando fue hacia donde estaba, la silueta se alejó de él. Pudo distinguir que vestía ropa sanitaria, aunque de otra época, añade que en esos momentos sintió auténtico terror. Cabe destacar que el la misma planta han ocurrido varios incendios durante los últimos 6 años, sin explicación posible. Esa planta es la más aterradora de todas. Muchos testigos han afirmado haber visto a una dama de blanco que llora desconsoladamente por las noches y sus quejidos son tan insoportables que algunos de los empleados de urgencias han tenido que pedir la baja por depresión, ataques de nervios e histeria. Hace ya años que tuvo que ser tapiado el pasillo que comunicaba la zona de urgencias con el resto del edificio ya que la inesplicable presencia asustaba a los empleados. Aun se pueden seguir escuchando ruidos de sillas de ruedas, camillas y material médico siendo utilizado en esa cuarta planta del hospital. Los rumores apuntan a que todo este tipo de fenómenos extraños fueron los que hicieron que el hospital fuese abandonado finalmente. Un guarda de seguridad junto con su perro pudieron comprobar de primera mano la existencia de esta dama de blanco. Según el guarda todo sucedió cuando estaba en la oscuridad y llevaba consigo una linterna para iluminar su camino. El perro empezó a tirar de él y lo llevo hasta un lugar donde se encontró de frente con la dama, que iba caminando lentamente hacia él. Esta persona sufrió un ataque de nervios como consecuencia de ese encuentro. Algunos vecinos decidieron decorar sus hogares con objetos que se habían dejado en el hospital, es el caso de una pareja que cogió una lámpara de quirófano y la puso en su casa. La lámpara se apagaba y encendía sola, en ningún momento funcionó correctamente hasta que fue devuelta al lugar de donde la habían sustraído, la cuarta planta del hospital. También se asegura que los perros no quieren entrar en ciertas zonas, se ponen furiosos pero luego escapan asustados. Es una de las historias de lugares encantados más conocida en nuestro país, ya que entre otras cosas apareció en un famoso programa de televisión sobre hechos paranormales.
Otro hospital maldito...
Esta es una leyenda que se cuenta por Sevilla, y que asienta sus bases en dicho hospital.
Planta séptima del hospital, en esta planta se encuentran ingresados los enfermos terminales de cáncer, pues bien la historia comienza a raíz que ingresan a una señora con dicha enfermedad y su hija era la que pasaba la mayor parte del tiempo con ella.
Una tarde estando la hija con su madre en la habitación le comenta a su madre que va a bajar a la cafetería del hospital a tomar un café y que enseguida subía, esta se dirige por el pasillo hacia los ascensores cuando al pasar por la habitación de al lado de su madre ve a una anciana en muy mal estado llena de tubos, la mujer siente una pena bastante grande por aquella señora y entra en la habitación. La anciana estaba completamente sola y la mujer empieza a hablar con ella: ¿Qué tal está? Le pregunta, la anciana hace una mueca con la cara a modo de sonrisa y le comenta que se encuentra muy mal. La mujer le pregunta por su familia y esta le contesta que no tiene familia, que está sola, a lo que la mujer le responde: pues no s e preocupe que como yo estoy aquí con mi madre yo vendré todos los día a verla. A continuación la mujer se despide de la señora y sigue su camino hacia la cafetería.
Tras haber tomado el café y antes de subir a la habitación de su madre esta hace una parada en la capilla, en la cual habían una gran cantidad de ramos de flores en agradecimiento a la virgen, la mujer se acerca a uno de los ramos y toma un clavel rojo, cuando se dispone a salir de la capilla se cruza con una monja que le reprocha el haberle quitado una flor a la virgen, a lo que la mujer le responde que ella no está robando nada y que la flor que ha cogido es para una señora que no tiene familia y que se encuentra hospitalizada con cáncer terminal.
Una vez que lega a la habitación de la anciana entra y le dice que le regala esa flor para que le haga compañía mientras que ella no pueda estar a su lado, y vuelve a despedirse pero esta vez hasta el día siguiente, ya que su madre llevaba un buen rato sola.
Ya entrada la noche cuando la mujer se disponía a dar una cabezada en esos incómodos sillones del hospital, entre sueños ve pasar a la anciana andando y que al llegar a la altura de la puerta de la habitación le hace una señal con la mano, agitándola, diciéndole adiós, y siguió su camino pero hacia la ventana del final del pasillo. Cuando la mujer ve esto sale a correr tras la anciana y sale al pasillo en el que no hay nadie.
Un poco asustada acudió al mostrador de las enfermeras y le comentó a las que estaban de guardia lo que había sucedido, las enfermeras se miraron. Le dijeron a la mujer que esa habitación en la que ella decía que había estado con la anciana llevaba cerrada varios días y con llaves. La mujer se puso pesada para que abrieran la puerta de la habitación y cual fue la sorpresa de la mujer y las dos enfermeras al ver encima de la mesita de noche que hay junto a la cama el clavel que la mujer juraba y perjuraba había dejado allí horas antes.
El bosque de los suicidios
Leyenda de terror acerca de un conductor que encuentra a una pareja pidiendo ayuda cerca de un bosque conocido por ser el lugar de numerosos suicidios.Una noche un hombre iba atravesando por un bosque, donde había ocurrido muchos casos de suicidio. El bosque era tan enorme que apenas se encontraban los restos. El hombre iba en coche, y con un poco de miedo, ya que conocía la fama que tenía ese bosque.
"Dios mío, no me extraña que vengan aquí a suicidarse, esto está más perdido que... eh, ¿qué es eso?"
Notó que había algo en la carretera y cuando estaba ya cerca vio que era una pareja tendida en el suelo. La chica no se movía pero el chico estaba haciendo señal pidiendo ayuda.
El hombre se bajó del coche y le preguntó: "¿Qué os ocurre, en un sitio como aquí?"
"...Vinimos a suicidarnos... Nosotros queríamos casarnos, pero nuestros padres no nos permitieron por eso vinimos aquí, pero estoy arrepentido, por favor llévanos a algún hospital..."
El hombre llevó al coche a la chica que no se movía y le ayudó al chico a subir. Corrió todo lo que podía hasta llegar a un hospital más cercano mientras oía la voz del chico..."¿Está lejos el hospital?...Por favor dese prisa..."
El coche llegó al hospital. "¡¡Socorro, por favor, hay dos que están muy grave!!" El hombre explicó todo lo que había pasado mientras sacaban a los dos de su coche. Parecía que el chico había perdido el conocimiento.
El hombre tuvo que esperar un buen rato hasta que salió el médico que examinaba a los dos. "Doctor, ¿cómo están? ¿Se salvará la vida?"
"Siéntese... Vamos a ver, según lo que explicó los encontró en el bosque, ¿verdad?" "Sí" "¿Hace cuánto tiempo?"
"Hará.. como una hora o un poco más..." "Y dice que habló con el chico." "Sí, la chica no estaba consciente pero el chico me explicó lo que pasó y todo el camino me estaba diciendo que corriera, que me diera prisa."
"Es que... es muy extraño... Los he examinado y los dos están muertos por lo menos desde hace 5 horas...
ElHospital HispanoAmericano es uno de aquellos lugares donde el misterio, la leyenda y los posibles fenómenos paranormales han estado en la boca de vecinos, enfermos y visitantes
Este tipo de hospitales fueron construidos en los años veinte, para dedicarlos a enfermedades pulmonares, por aquellos años la tuberculosis (bacilo de Koch) estaba haciendo verdaderos estragos en todas partes, sin olvidar los enfermos de silicosis, muchos trabajadores de las minas sufrieron esta enfermedad por tragar el polvo del interior de la tierra, también teniendo casi una muerte inevitable.La leyenda empezó a formarse en el hospital a raíz de las continuas muertes por enfermedad y por la cantidad de suicidios que había.
Con el paso de los años la enfermedad, pudo ser tratada con los distintos medicamentos llamados antimicobacterianos , que fueron apareciendo con el paso de los años y con los descubrimientos que se fueron haciendo.
A finales de los años setenta, este tipo de hospitales se fueron quedando en desuso y el gran coste de conservación de los mismos hizo que muchas de estas moles de ladrillo fueran quedando en abandono.
Las leyendas por los años 80 empezaron a abrir el camino a que muchos tipos de personas se introdujeran entre sus muros y pasaran noches de auténtico terror. Muchos de ellos escucharon gritos en los pasillos, chillidos de niños, apariciones, luces por las plantas, una anciana asomándose por alguna de las ventanas etc. Esto hizo que las visitas durante los años y los destrozos provocados por grupos de impresentables y cabezas cuadradas, hizo que el edificio fuera deteriorándose cada vez mas.Otro de los datos que he podido constatar ha sido que en el interior de este hospital se han realizado rituales satánicos.
En el aunque actualmente están reformándolo se pueden apreciar todavía pentáculos con los tres 666.
Algunas imagenes...
Bueno eso fue todo espero que les haya gustado el post, saludos!
Que les asuste lo de abajo!