Convertirse en voluntario para hacerse cargo de un anciano es un proceso que no surge de la noche a la mañana. "Para adoptar, prohijar a un adulto mayor, primero se necesita haber aceptado, adoptado al abuelo que todos tenemos dentro. La vejez no les pasa a los otros, nos espera", define Silvia Gelvan de Veinsten, presidenta de OVO y creadora del programa.
Doctora en psicología, Veinstein se especializó en violencia familiar y comenzó a investigar el maltrato que sufren los adultos mayores. Abandono, estafas y cierto desprecio por la vida de los ancianos fueron las características más visibles.
"Con este programa pretendemos crear un espacio de intimidad. El padrino es una persona para la confidencia. No queremos enseñar cómo cambiar un pañal, sino cómo mirar a ese mayor, cuándo tocarlo y cuándo no, y saber que no se lo tutea hasta pedirle permiso. En una palabra, buscamos devolverle la identidad", explica Veinsten.
Los que desean convertirse en padrinos deben atravesar un proceso de capacitación en el que se los prepara para acompañarlos.
"Son nueve semanas en las que se trabaja mucho con el rol playing", cuenta Veinsten. "En ese lapso uno se da cuenta si está preparado de asumir el compromiso. Porque estas personas sufrieron muchos abandonos y no pueden soportar uno más", agrega Delia, y trae, a modo de ejemplo, el primer encuentro con Elena.
"Ella me escuchaba, pero no hablaba. Al final de la charla le pregunté si me aceptaba como madrina. Me dijo: Me gustaría. ¿Pero estás segura de que no me vas a abandonar? Ahí me di cuenta de cuánta necesidad de recibir afecto tenía."
Como la idea es dar, una de las pautas del programa es la exclusividad. La proporción es uno a uno; un ahijado por padrino para que sienta que es el destinatario único del afecto.
A lo largo del pais hay varios geriatricos que piden voluntarios.
TESTIMONIO
Don Aniceto
“Mi abuelo Aniceto fue lo más lindo que me pasó en la vida. Fue un sol, él era un inmigrante español, no sabía leer ni escribir y me enseñó el nombre de las calles y los números. Para entretenernos nos juntaba maíz con porotos y teníamos que separar los maíces de un lado y porotos de otro. Mi abuelo todos los meses traía un kilo de nueces, un kilo de castañas, se iba preparando para tener las cosas en las fiestas, de a poquito como las hormigas. Todo eso lo mamé, era un gallego pagador, correcto.
También jugábamos a las escondidas, nunca un beso ni una caricia, creo que no era expresivo porque no se lo habían enseñado pero sus ojos irradiaban amor y nosotros estábamos chochos con él”, describe Martha con la mirada ida en el tiempo. Ella siente que antes los abuelos eran más respetados e importantes que en la actualidad. “Mi papá y mamá consultaban todo con mi abuelo porque era como un sabio. Es importante que a uno lo consideren porque a esta edad nos sentimos muy solos y relegados de todo. El sistema nos ha excluído totalmente y si tu familia te saca del grupo familiar, realmente no tiene más sentido la vida, esa es la realidad”.
Nada fácil debe ser para un abuelo vivir en una sociedad que casi todo lo mide en términos de utilidad, vivir dentro de un sistema que paulatinamente anula y desplaza a los mayores, como si a determinada edad no tuvieran derechos.
Poco grato debe resultarles vivir en un sistema que menosprecia la importancia de una abrazadora contención y de una saludable vida
. “Abuelos Sustitutos fue para mí buscar una nueva familia, la encontré y encontré a mis nietos, también le digo a los abuelos que demos un buen ejemplo porque esos chicos están buscando abuelos”. También forman parte de la Asociación 5 jóvenes voluntarios, “estoy loca con los voluntarios míos, Susana (26), Esteban (18) y Vanina (31), hoy son mis nietos, el que más me tira es el varón. Todos los días los llamo, los llevo a la facultad después de las reuniones, no quiero que les pase nada, me fijo que tomen la leche antes de ir a la facultad, controlo que coman”, cuenta la abuela como –malcría- a sus nuevos nietos.
PARA ADOPTAR UN ABUELO EN ROSARIO:
Doctora en psicología, Veinstein se especializó en violencia familiar y comenzó a investigar el maltrato que sufren los adultos mayores. Abandono, estafas y cierto desprecio por la vida de los ancianos fueron las características más visibles.
"Con este programa pretendemos crear un espacio de intimidad. El padrino es una persona para la confidencia. No queremos enseñar cómo cambiar un pañal, sino cómo mirar a ese mayor, cuándo tocarlo y cuándo no, y saber que no se lo tutea hasta pedirle permiso. En una palabra, buscamos devolverle la identidad", explica Veinsten.
Los que desean convertirse en padrinos deben atravesar un proceso de capacitación en el que se los prepara para acompañarlos.
"Son nueve semanas en las que se trabaja mucho con el rol playing", cuenta Veinsten. "En ese lapso uno se da cuenta si está preparado de asumir el compromiso. Porque estas personas sufrieron muchos abandonos y no pueden soportar uno más", agrega Delia, y trae, a modo de ejemplo, el primer encuentro con Elena.
"Ella me escuchaba, pero no hablaba. Al final de la charla le pregunté si me aceptaba como madrina. Me dijo: Me gustaría. ¿Pero estás segura de que no me vas a abandonar? Ahí me di cuenta de cuánta necesidad de recibir afecto tenía."
Como la idea es dar, una de las pautas del programa es la exclusividad. La proporción es uno a uno; un ahijado por padrino para que sienta que es el destinatario único del afecto.
A lo largo del pais hay varios geriatricos que piden voluntarios.
TESTIMONIO
Don Aniceto
“Mi abuelo Aniceto fue lo más lindo que me pasó en la vida. Fue un sol, él era un inmigrante español, no sabía leer ni escribir y me enseñó el nombre de las calles y los números. Para entretenernos nos juntaba maíz con porotos y teníamos que separar los maíces de un lado y porotos de otro. Mi abuelo todos los meses traía un kilo de nueces, un kilo de castañas, se iba preparando para tener las cosas en las fiestas, de a poquito como las hormigas. Todo eso lo mamé, era un gallego pagador, correcto.
También jugábamos a las escondidas, nunca un beso ni una caricia, creo que no era expresivo porque no se lo habían enseñado pero sus ojos irradiaban amor y nosotros estábamos chochos con él”, describe Martha con la mirada ida en el tiempo. Ella siente que antes los abuelos eran más respetados e importantes que en la actualidad. “Mi papá y mamá consultaban todo con mi abuelo porque era como un sabio. Es importante que a uno lo consideren porque a esta edad nos sentimos muy solos y relegados de todo. El sistema nos ha excluído totalmente y si tu familia te saca del grupo familiar, realmente no tiene más sentido la vida, esa es la realidad”.
Nada fácil debe ser para un abuelo vivir en una sociedad que casi todo lo mide en términos de utilidad, vivir dentro de un sistema que paulatinamente anula y desplaza a los mayores, como si a determinada edad no tuvieran derechos.
Poco grato debe resultarles vivir en un sistema que menosprecia la importancia de una abrazadora contención y de una saludable vida
. “Abuelos Sustitutos fue para mí buscar una nueva familia, la encontré y encontré a mis nietos, también le digo a los abuelos que demos un buen ejemplo porque esos chicos están buscando abuelos”. También forman parte de la Asociación 5 jóvenes voluntarios, “estoy loca con los voluntarios míos, Susana (26), Esteban (18) y Vanina (31), hoy son mis nietos, el que más me tira es el varón. Todos los días los llamo, los llevo a la facultad después de las reuniones, no quiero que les pase nada, me fijo que tomen la leche antes de ir a la facultad, controlo que coman”, cuenta la abuela como –malcría- a sus nuevos nietos.
PARA ADOPTAR UN ABUELO EN ROSARIO: