DENUNCIAN INHUMACIONES CLANDESTINAS Y CUERPOS OCULTOS
A partir de la investigación de la muerte de 89 personas en las últimas inundaciones de La Plata, se han encontrado numerosas irregularidades en la morgue y en el cementerio, desde registros con doble identidad, hasta incluso dos tumbas para una misma.
Informe de la TV Pública sobre el caso
La ingeniera en informática, María Soledad Escobar, fue aceptada en calidad de amicus curiae en la causa judicial que lleva adelante el juez en lo Contencioso Administrativo de La Plata, el Doctor Luis Arias, donde entre otras cuestiones, se reveló cómo la policía puede enterrar dos veces a una misma persona.
Escobar viene padeciendo una estrategia judicial, policial y política en su contra por hacer su trabajo. Su labor implicó dejar en evidencia varios puntos oscuros en la búsqueda por esclarecer la cantidad de muertos que dejó la inundación de La Plata.
La investigación de Arias y Escobar estableció que son 89 los fallecidos por la tragedia. El 24 de abril, Escobar fue notificada de un sumario en su contra por parte de la Procuración Bonaerense a cargo de María del Carmen Falbo, quien la intimó a que en 24 horas ratificara o rectificara los dichos que hiciera en un medio platense, donde se evidenciaba que los fiscales no estaban investigando el tendal de delitos que se desglosaban en el expediente.
Este caso terminó por estallar cuando Gendarmería recorrió la cuestionada morgue policial de la Ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, donde encontró, entre otras atrocidades, cráneos de perros junto a los de bebés.
La persecución contra Escobar no es nueva. En el 2007 ingresó a trabajar en la Procuración como especialista en Informática, donde un año después logró unificar los datos estadísticos de los 18 departamentos judiciales de la provincia. Donde tuvo que pedir licencia en reserva del cargo por el reiterado hostigamiento en su contra.
Soledad Escobar reveló que la fuerza policial usa la burocracia para cambiar las identidades de los cadáveres. En el lugar, no hay cámara frigorífica y los restos se descomponen a temperatura ambiente, llenos de moscas, unos sobre otros.
Apenas el agua abandonó la ciudad, la ingeniera Escobar comenzó a investigar las irregularidades en el cómputo de las víctimas de la inundación. Ese trabajo la llevó a descubrir (en calidad de amicus curiae en la causa que lleva adelante el juez en lo Contencioso Administrativo Luis Arias) el infierno mismo. Poco a poco, la búsqueda la transformó en referencia para los familiares de los ahogados. Por eso la contactó la hija de un hombre que había sido enterrado dos veces, que confió en su honestidad aunque su padre no había muerto en la inundación. A Soledad no le resultó difícil revelar que el padre de la chica había sido enterrado en enero y en noviembre de 2013. Dos licencias de inhumación, dos tumbas.
Pero esto no fue todo. La mecánica delató que “La Bonaerense” tiene licencia para enterrar a una persona con la identidad de otra. Y todo de manera oficial, como ocurría durante la última dictadura cívico-militar.
Para la justicia, las muertes se dividen en PCRNT (paro cardio-respiratorio no traumático) y PCRT (paro cardio-respiratorio traumático). La diferencia es que las PCRNT no dan lugar a una actuación judicial, mientras que las PCRT sí, porque se sospecha que pudo haber ocurrido un delito.
En las muertes duplicadas, según pudieron comprobar Soledad y el juez Arias, aparecen sólo las muertes traumáticas, y la mecánica para fraguarlas es simple.
Cuando una persona muere de modo violento, comienza una Investigación Penal Preparatoria (IPP) en la fiscalía de turno y el cuerpo es trasladado a la morgue policial para realizar la autopsia. Una vez determinada la causa del fallecimiento, el fiscal autoriza la inscripción de la muerte en el Registro de las Personas, que expide la Licencia de Inhumación, y la víctima luego es enterrada.
Hasta aquí todo en orden. Sin embargo, la policía hace trucos para garantizar impunidad. La mecánica funciona así: transcurrido un año, por ejemplo, la morgue policial le pide al fiscal la inscripción del mismo muerto, en la misma IPP, pero como no tiene la documentación correspondiente (DNI de la persona fallecida ni tampoco sus huellas dactilares), completa los formularios con dos testigos, que son empleados de la misma morgue. La confianza de los policías para desarrollar esta maniobra se basa en que a los “viejos” cuerpos no se los puede identificar por las huellas dactilares por el avanzando proceso de descomposición. Después, cuando el fiscal libra el oficio al Registro de las Personas, y este inscribe la muerte nuevamente –sin cruzar datos– se origina una nueva Licencia de Inhumación y entonces el cementerio puede enterrar otra vez a la “misma persona”. Para el juez Arias, es evidente que la morgue policial tiene la intención de ocultar la muerte y la identidad del fallecido porque, de lo contrario, si fuera un cuerpo encontrado por la policía en avanzado estado de descomposición, el fiscal abriría una nueva IPP y luego, de no comprobarse su identidad, se enterraría como NN y no con la identidad de otras personas.
¿Habrá sido este el destino de Julio López o de Luciano Arruga? ¿Estarán bajo tierra con otro nombre y apellido? Sólo La Bonaerense puede responder por ello.
El hallazgo de este mecanismo perverso de la morgue policial motivó el allanamiento del 28 de febrero, a cargo de Gendarmería Nacional. Soledad acompañó a los peritos y estuvo 24 horas conteniendo las lágrimas, entre arcadas y muecas de espanto. Nadie que haya visto lo que sus ojos distinguieron podría culparla. En las heladeras sin energía eléctrica, amontonados como basura, estaban los 89 cadáveres, producto de las inundaciones, sin rotular. Las muestras biológicas para laboratorio se almacenaban en frascos de café y mermelada, mientras las moscas los sobrevolaban. Los cuerpos descompuestos a temperatura ambiente también estaban invadidos por insectos que, apenas se abrieron las puertas de madera del refrigerador que no congelaba, se echaron a volar. Pero todavía había más. En el momento en que los gendarmes abrieron la “Cámara de Vísceras”, se toparon con más de cincuenta bultos, entre los que sobresalían algunas bolsas de consorcio mal cerradas. Dentro, la degradación del hombre. Lo que se cree ficción. Pero que no lo es. En los sacos de plástico oscuro sobresalían los cadáveres de bebés mezclados con cráneos de perros, que luego iban a ser incinerados en una parrilla oxidada. Todo en la morgue policial que el 10 de abril de 2013 había sido “registrada” por el juez penal Federico Atencio, el fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta y César Albarracín, subsecretario de Política Criminal e Investigaciones Judiciales, quienes luego declararon, amparados en la impunidad, que todo estaba en orden en la morgue.
Después de fotografiar el escenario de lo impensado, Soledad regresó a su casa y se sentó a escribir. A dejar constancia de que en la provincia de Buenos Aires se pueden fraguar muertes de inocentes. Que las prácticas que hoy se juzgan como crímenes de lesa humanidad siguen funcionando en manos del ejército azul de borceguíes negros. Pero las acciones que ponen en aprietos al poder político tienen sus consecuencias. Entonces, “la loca busca muertos”, como la llaman para desprestigiarla, sintió que el terror le caminaba por la espalda. Un mensaje anónimo la alertó de que un familiar suyo estaba siendo asesinado. Todo era mentira, por cierto, pero no fue la única vez que recibió amenazas. Días más tarde, un patrullero estacionó en la puerta de su casa y los policías se le reían cuando ella los miraba aterrada desde la ventana. Con la intención de amedrentarla, hasta llegaron a hackear cuentas de Twitter de los programas de radio que la entrevistaban. Nada pudo frenar su investigación.
La última amenaza fue mientras se escribía esta nota, anoche cerca de las 22 horas una persona se pego al timbre durante minutos, cuando ella fue a preguntar quién era, una voz masculina le grito su nombre y preguntó por un tal “Omar”, Soledad, temerosa le indico, sin abrir la puerta de su casa, que no vivía ningún Omar ahí, y la persona se fue.
Maria Soledad Escobar: “Irregularidades” por los muertos en inundación la plata entrevistada por Juan Pablo Varsky
“Cuando viví ese espanto, creí que era una pesadilla de la que iba a despertar. Me preguntaba –recuerda triste– cómo era posible que, siendo licenciada en Informática, gustosa de mi profesión, terminara metida entre cadáveres descomponiéndose en una morgue policial. Todavía recuerdo el olor… a veces veo una foto y vuelvo a sentir el olor.”
Entonces, cuando la pudrición de la carne invade los recuerdos, Soledad insiste en dormir a sus hijos, luego enciende la computadora, se sienta frente al monitor y, en el blanco del documento, revela lo que está oculto, para que ellos, los muertos, puedan descansar con algo de dignidad.
http://www.youtube.com/watch?v=tq13K-JcAzM