Con 21 años, Raquel comenzó la carrera de medicina con el sueño de tener la misma profesión que su madre, a quien perdió cuando tenía 15. Pero cuando estaba en tercero, se casó, tuvo a su primer hijo y tuvo que dejar. A los años, retomó sus estudios pero al tiempo los volvió a dejar ya que se divorció y tuvo que empezar a trabajar para mantener a su familia. Fue cocinera y cuidó a enfermos hasta que sintió que era el momento de recibirse.
Exactamente 39 años después de aquel primer día de clases, lo consiguió. Con 60 años y múltiples obstáculos superados, hace un año pudo decir: "Sueño cumplido".
¿Cuándo empezaste la carrera?
Ingresé a la Facultad de Medicina cuando tenía 21 años e hice hasta anatomía. Después me casé y enseguida tuve a mi primer hijo por lo que en ese momento tuve que dejar; seguí dando exámenes pero no cursé más materias.
¿Cuándo decidiste retomarla?
Después que nacieron mis hijos y que ellos empezaron la escuela pensé en seguir la carrera como pudiera y me re enganché e hice hasta séptimo. Pero volví a cortar porque me separé y tuve que salir a trabajar. Dejé por unos 15 años. Y después me vino de vuelta el deseo de querer terminarla.
¿Con quién lo consultaste?
En realidad no lo consulté con nadie. Lo hablé con mis hijos pero no a modo de consulta. Ellos siempre me dieron para adelante, me decían: "dale vieja, te apoyamos". Incluso al principio mis hijos que ahora están en Estados Unidos me dieron apoyo económico.
¿De qué trabajabas hasta ese momento?
Mientras crié a mis hijos, hice cocina en la UTU. Después estuve trabajando muchos años en farmacia y cuando decidí terminar la carrera no podía dejar de trabajar entonces cuidaba a enfermos de noche e iba a la facultad y al hospital de día. Estuve dos años haciendo eso que fue el tiempo que me llevó dar los últimos exámenes. Incluso me acuerdo que iba con los libros a trabajar. Por suerte, la gente que sabía lo que estaba haciendo me ayudaba.
¿Cómo fue el momento en que te enteraste que podías retomar?
Cuando decidí retomar la carrera escribí una carta a la Facultad de Medicina planteando mi caso. A los dos o tres meses de eso, una psicóloga me citó. Yo fui y me dijo que mi caso iba a pasar a un tribunal y que me avisaban cualquier novedad. Mientras tanto, me fui para Estados Unidos donde vivían y viven mis hijos y desde allá le pedí a mi hermana que fuera a facultad a consultar. Ella fue y me llamó a avisarme que me había anotado y que empezaba las clases el 12 de febrero. En ese momento, mis hijos me pagaron el pasaje y me vine. Para mí fue una alegría inmensa.
¿Cómo fue el primer día de clase?
Fue en el Hospital Maciel y fue bravo. El primer día sentí un poco de vergüenza porque un compañero me preguntó si yo era la profesora y le tuve que contestar que no, que era su compañera. En ese momento vino la doctora que iba a ser la docente y era mucho más joven que yo. Nos dijo cómo íbamos a hacer el año, nos explicó que teníamos que ver a pacientes, hacer la historia clínica y presentar un Power Point y yo no tenía ni idea qué era eso. Por eso, cuando se retiró, le pregunté a una compañera y ella me explicó que era un programa en la computadora fácil de usar. Yo no sabía ni cómo prender una computadora. Y en ese momento, me sentí mal porque pensé que no iba a poder. Pero junto a mi compañera pudimos hacerlo; yo hice lo teórico y ella la presentación. Me pegué a ella y no me separé más. Me ayudó mucho. Si no la hubiese encontrado, no sé si lo hubiese logrado.
¿Cómo era el vínculo con el resto de tus compañeros?
Todos me ayudaban y en ningún momento me discriminaron. Nunca sentí que me miraran mal o, por lo menos, nunca me di cuenta.
¿Los profesores te hacían sentir diferente por ser mayor a tus compañeros?
No. Cuando di pediatría, me fue mal y me acuerdo que el profesor me ofreció a ir con su equipo al Saint Bois a ver pacientes chicos ya que sabía de mi esfuerzo. Y eso me ayudó mucho. Después preparé de vuelta la materia y la salvé. Si no me daba ese empujoncito, capaz que no seguía adelante. Siempre sentí que la gente me ayudaba aunque nadie me regaló nada.
¿En qué momentos sentiste que no ibas a poder?
En mi primer día de clases. Cuando comencé pensé en probar una semana y si no podía, iba a dejar ya que me estaba desgastando pila. Por seguir la carrera estaba dejando algunos trabajos y me tenía que ir caminando hasta el Hospital Maciel para ahorrar. Algunas veces llegaba a mi casa y lloraba sola. Pero mi hija me daba aliento. Lo que más me costaba era la parte del manejo de la computadora, ingresar las historias clínicas y manejar el Power Point.
¿Cómo fue dar el último examen?
Me recibí cuando salvé Pediatría. Cuando la di me acuerdo que me tocó como paciente un lactante que tenía una malformación congénita. Estaba súper nerviosa. Pero me fue bien. Después pasé a un tribunal y cuando uno de los profesores me dijo que podía retirarme, me puse a llorar. Me quedé en un pasillo del Pereira Rossell y cuando vino el profesor a avisarme me preguntó porqué lloraba ya que había salvado la materia. Yo le contesté: "Lloro porque usted no sabe lo que es para mí esto y lo que me costó llegar". Estaba sola así que me fui a tomar el ómnibus llorando y cuando llegué a mi casa, golpee la puerta y al salir mi compañero y verme llorar pensó que había perdido. Yo no podía ni hablar para contarle hasta que le dije: "Sueño cumplido. Esta etapa terminó". Mi familia estaba muy contenta con la noticia.
¿Cómo fue retomar el vínculo con el paciente?
Fue lo más difícil. Al principio no me animaba a interrogarlos y tocarlos. Tuve que volver a leer muchas cosas. Me daba miedo equivocarme y que mis compañeros me lo hicieran sentir pero después fui ganando confianza y se me fue. Siempre estás aprendiendo.
¿Hubo algo a lo que nunca te adaptaste?
A veces me sentía un poco mal porque yo no tenía la misma energía que mis compañeros. Incluso hasta hoy lo siento. Además, me pasa que a veces me avisan de que por ejemplo hay un llamado en Casmu y cuando voy a presentarme, me entero que es hasta los 40 años.
¿Qué sentís en esos casos?
Me siento un poco mal pero después pienso que no puedo trabajar ahí pero sí en otros lados. Pienso que mas allá de la edad, la clave está en cómo vos seas con el paciente. Hay que demostrarlo.
¿En qué otras cosas te limitó la edad?
En algunas especialidades la edad es una limitante. Pero los impedimentos fueron en lo laboral, no en la carrera.
¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron?
No recuerdo un consejo pero siempre, al acostarme, pensaba en mi madre. Ella tuvo una vida mucho más sacrificada que la mía y lo logró. Por eso, si ella lo hizo yo iba a poder. Esa voz interna que me hablaba me impulsó.
¿Quiénes te apoyaron?
Mi compañero que es jubilado me apoyó siempre. Él me decía que tenía que hacerlo y que no me preocupara por nada ya que de alguna manera nos íbamos a arreglar. Mis hijos me apoyaron, mi familia cercana también ya que muchas veces se tuvieron que quedar con mis bebés y mi hermana fue un pilar importante.
¿Alguien te cuestionó lo que hacías?
A veces mis sobrinos me tomaban el pelo y me decían que me iba a jubilar de estudiante (Ríe). Quien me lo cuestionó fue una compañera que una vez me dijo: "¿Vas a recibirte a esta altura de tu vida?". Yo le contesté que el día de mañana vería si trabajaba o no de doctora pero que estaba convencida de que quería recibirme. Me dolió pila ese comentario.
¿Tus hijos alguna vez te recriminaron algo?
Mis hijos nunca me echaron en cara nada a pesar de que yo los tenía que dejar y tenía que encerrarme a estudiar y no darles corte. A veces tenía el cumpleaños de un familiar y yo no podía ir porque estaba de guardia o porque estaba preparando un examen pero nunca tuve quejas ni reproches de mi familia ni de mis amigas. A veces me cuestiono porqué no hice la carrera antes y un día les pedí perdón a mis hijos por eso ya que si hubiese terminado antes, podría haberles dado una mejor calidad de vida ya que por la carrera y por tener que trabajar menos, a veces nos faltaron las cosas. Pero ellos siempre me dicen que estan súper orgullosos de lo que hice. Hace poco me dijeron: "nos diste lo que nos tenías que dar". Y hoy soy re feliz.
¿Tu pareja qué te decía?
Siempre me daba para adelante. Me decía que me admiraba. Yo me metía en la cama con los libros a estudiar; era la forma de concentrarme. Y ahí estaba horas. Los últimos exámenes los estudié así. A veces estaba toda la noche estudiando. A pesar de eso, él me incentivaba todos los días, hasta el día de hoy que estoy estudiando para dar una residencia en medicina familiar que la quiero dar de nuevo.
¿Qué otras cosas tuviste que resignar por tu carrera?
Yo tengo a algunos de mis hijos y a cuatro nietos viviendo en Estados Unidos y ellos a veces me dicen que vaya a verlos pero ahora que logré esto, voy sólo algunos días y me vengo a trabajar. Tuve la suerte de recibirme y empezar a trabajar de lo que quería y es una oportunidad que tengo que aprovechar.
¿Cuáles son tus metas hoy?
Mi meta es trabajar hasta que Dios me acompañe. Y me gustaría ser médica de familia que son tres años más. Eso es lo que quiero porque era lo que hacía mi madre.
¿Qué otras cosas de tu madre te vienen a la mente?
Estos días voy a ir a trabajar a Durazno, mi ciudad natal, y es muy fuerte emocionalmente para mí. Mi madre era muy buena médica. Yo me acuerdo cuando tenía unos 10 años y nos metía a los cuatro hermanos en el auto y nos íbamos a las escuelas rurales. Mi madre nos mandaba a correr por el campo y mientras tanto ella acondicionaba un salón con una estufa que llevaba y atendía a las personas. Esa imagen me quedó grabada para siempre y algún día voy a hacerlo mismo.
¿Qué le dirías a quien ya tiene algunos años y quiere terminar la carrera o empezar una pero no se anima por la edad?
Yo le diría que no deje de soñar. Si dejás de soñar, bajás los brazos. Pero si tenés una meta, vas a buscar la forma de lograrlo. Yo busqué esa forma de conseguirlo. No es fácil. Yo particularmente no me fijé en los "No", miré en los "Sí". Y tenés que tener un entorno favorable. Siento que yo pude cumplir lo que quería en la vida, nada más que más tarde.