Gracias a los triunfos, a su entrega y humildad transmitida (y por Messi y Mascherano), la Selección conquistó al Pueblo
Miguel sacó la bandera argentina a su balcón. Juliana, que de fútbol sabe poco y nada, tiene la camiseta de la Selección como foto de contacto en su chat. César le contagió el fanatismo por Sabella a su esposa. Irene, que no conocía a Mascherano, confiesa en la caja del supermercado que lloró al verlo jugar el miércoles. Lucho, que hace como diez años que no va a una cancha de fútbol, intentó convencer a sus amigos para ir a Río de Janeiro en auto a ver la final. En la tele no se habla de otra cosa y en la radio hasta los programas políticos buscan una referencia para hablar de la Selección. El pueblo, después de dos décadas, volvió a sentir orgullo de su Selección y, en un país futbolero como Argentina, disparó las emociones al ritmo del dólar blue en verano.
La clasificación en la fase de grupos con los goles de Messi, el sufrido festejo sobre Suiza, el gol de Higuaín contra Bélgica y el parto de los penales sobre Holanda, con la entrega de Mascherano como bandera, fueron como una escalera empinada hacia la reconciliación de la gente con el equipo.
“Hacía rato que no lloraba por un partido de Argentina. Pensé que nunca más lo iba a vivir y mucho menos con este plantel, al que no le tenía ninguna confianza. Me enamoré otra vez y ya quiero que se juegue la final”, contó Walter Espinoza, santafesino radicado en La Plata desde 1994.
El ex Boca Juan Simón, en un programa de tele, lloró cuando se emitió un video que editó un argentino que vive en Estados Unidos y en el que combinó los penales ante Holanda con escenas caseras de argentinos en ese momento. “Estas cosas me pueden. El sentimiento de la gente me conmueve”.
Los argentinos volvieron a sentirse identificados con su combinado nacional de fútbol. Otra vez la familia, los amigos y las almas solitarias se unieron detrás de un sueño. Frase trillada y repetida. Cursi. Pero que esta vez tiene sustento. No importan los gustos futbolísticos, colores de camisetas y que se le quiera dar un sentido político al éxito. Genuinamente el país se arrodilló ante los triunfos, primero, pero principalmente por la unión del grupo. Solidaridad, trabajo, respeto, sentido de pertenencia… Aspectos que no abundan en nuestra sociedad. Que los hay, pero no abundan. Tal vez eso haya contagiado un amor casi inexistente en los días previos y multitudinario ahora, al punto de que más de 120 mil argentinos peregrinaron hacia Río de Janeiro para decir presentes. Y, de paso, agradecer.
“El otro día cuando le ganamos a Holanda se me vino a la cabeza aquellos partidos de los mundiales ’86 y ’90, los abrazos con mi viejo y las lágrimas. Directamente me conecté con mi pasado y me hizo feliz”, describió Javier Nanni, que con 41 años ahora pudo vivir lo mismo, pero con sus hijas.
En Facebook, el platense Martín Villa le escribió una carta a Alejandro Sabella que bien resume este sentimiento. En ella se describió como un fanático de Gimnasia y ferviente antibilardista. “Me ganaste Alejandro”, el título del escrito. Cuenta de manera detallada cómo lo fueron convenciendo sus discursos y hechos. “Acumulé la cantidad de veces que dijiste la palabra humildad, la palabra grupo, la palabra sacrificio y sentí como pocas veces en mi vida que no sonaban a verso, que eran auténticas, que tenían sustento…”.
“Te cuento que ya estamos todos locos acá entre las diagonales. Ves banderas por todos lados, hay como una efervescencia en la calles. Porque no lo dicen, pero lo saben, lo sienten. Pero yo estoy acá para decírtelo. Ya salieron campeones Alejandro, porque fuiste siempre con la tuya, bancaste a cada jugador que pusiste y cuando nombraste a los que se quedaban afuera mirabas para abajo, con vergüenza, como pidiendo disculpas”, continua y remata: “Ya saliste campeón por que formaste un grupo invencible, que mira al otro y se imagina que es su vieja, o que es su novia, o que es su hijo…”.
El gran Diego Maradona, ícono de la generación que ya vio campeón del mundo a la Argentina tuvo que adaptar su discurso. Luego del partido contra Irán sostuvo que la Selección no despertaba nada y que sólo se levantaba de su silla cuando Messi armaba una apilada. El viernes no titubeó. “La camiseta argentina, que había perdido un poco de prestigio, hoy lo vuelve a recuperar”.
Pero de todos los reconocimientos, tal vez el más sorprendente haya sido el de César Luis Menotti. Referente de un fútbol completamente opuesta al de Sabella, si se relaciona a Pachorra con Bilardo. “Argentina cumplió con creces las expectativas”, tiró el Flaco. Poco más para agregar: el país encolumnado detrás de un juego.
FENOMENO POPULAR, ACA Y ALLA
La esquina de 7 y 50 reventó de hinchas el miércoles. Como hacía tanto tiempo, luego del último penal de Romero la ciudad estalló. Por las avenidas y diagonales la gente se congregó en el centro. Bocinazos, banderas y gritos. Abrazos con desconocidos y besos. Eso despertó esta Selección. Carlos Petrela tiene un kiosco en la zona Sur y confiesa que por estos días vende más banderas argentinas que cigarrillos. “Ya fui dos veces al mayorista para comprar, porque la gente me pide todos los días”. En el centro, ya no es tan fácil encontrar camisetas con el 10 de Messi. “Y desde la semana pasada me piden la de Mascherano”, agregó un vendedor, mientras bromeaba que su mujer las había ido a buscar a La Salada. Martín Bernal es un platense radicado en Bariloche. Se confiesa fanático del Pincha y admirador de Sabella. “Al principio acá no le daban mucha bola. Sólo unos hinchas de Estudiantes. Pero con el correr de los partidos se empezó a vivir de manera intensa. Hoy no se habla de otra cosa”. Para Sebastián Cosen el orgullo por esta Selección lo ayudó a sacar pecho en territorio adverso. Vive hace casi 10 años en Lima, Perú, un lugar en donde ni siquiera los lujos de Messi inclinan la balanza para este lado. “Desde que la pelota se puso en movimiento, los peruanos fueron alternando su apoyo a Colombia, Uruguay, México, Ecuador y, por supuesto Costa Rica. Cuando juega Chile apagan la tele y la encienden solo si se enteran que su vecino cayó en desgracia. Pero cuando juega Argentina, son hinchas de su rival. Con este peso, veo los partidos”. Argentina volvió a respirar fútbol. Este grupo, que tiempo atrás fue denostado porque parecía que sus joyas le tapaban la vista, comulgó con la humildad de su entrenador y se arremangó para llegar hasta la final. Si hoy sale campeón quedará en el recuerdo más dulce. Si no lo consigue, ya sabe que al menos pudo llegar al corazón de los argentinos. Y eso vale un montón. Ir al inicio de la nota