El sedán japonés multicolor, que tiene una ridícula estrella de Mercedes-Benz en la trompa, es un obsequio de la esposa del ex saxofonista de Sumo, Karina El Azem.
“Nunca tuve plata para comprarme un Mercedes-Benz –mintió Pettinato-, y me di cuenta de que lo importante es el símbolo. Incluso más que el auto. Cuando manejo y lo veo en el capot, siento que estoy en un Mercedes”, declaró el ex músico, en un loable intento por rankear bien alto dentro de las primeras señales del apocalipsis automotor.
“Hay que animarse a salir a la calle en un auto así”, coincidió con nosotros la artista plástica El Azem, autora del mosaico. “La gente lo mira y le saca fotos todo el tiempo. Es una prueba de amor”, agregó, ya con nuestro apoyo algo debilitado.
“Son trabajos que hago desde hace bastantes años y tienen que ver con la tradición ornamental, con la influencia que tuvo el arte abstracto en el siglo XX”, concluyó en un remate que nos hizo volar los ruleros de kevlar por los aires.

“Nunca tuve plata para comprarme un Mercedes-Benz –mintió Pettinato-, y me di cuenta de que lo importante es el símbolo. Incluso más que el auto. Cuando manejo y lo veo en el capot, siento que estoy en un Mercedes”, declaró el ex músico, en un loable intento por rankear bien alto dentro de las primeras señales del apocalipsis automotor.
“Hay que animarse a salir a la calle en un auto así”, coincidió con nosotros la artista plástica El Azem, autora del mosaico. “La gente lo mira y le saca fotos todo el tiempo. Es una prueba de amor”, agregó, ya con nuestro apoyo algo debilitado.
“Son trabajos que hago desde hace bastantes años y tienen que ver con la tradición ornamental, con la influencia que tuvo el arte abstracto en el siglo XX”, concluyó en un remate que nos hizo volar los ruleros de kevlar por los aires.
