Son muchas las ocasiones que, aun cuando decimos estar conscientes de que necesitamos un cambio, en el fondo nos resistimos a ese cambio; nos resistimos, en este caso, a salir de una relación tormentosa que no es sana para nosotros ni para nuestra pareja. En esas ocasiones, separamos aquello que entendemos como perjudicial y que racionalmente nos impulsa a tomar un nuevo rumbo, de aquello que inconscientemente nos mantiene en lo que ha venido siendo. Nos mantenemos en una relación que entendemos como dañina y no logramos explicar por qué… simplemente estamos allí porque allí hemos estado siempre.
La descripción de relaciones enfermizas y potencialmente destructivas es objeto de gran variedad de artículos, libros y manuales. No obstante, no busco centrarme en ese análisis sino en las pautas que nos permiten romper con la llamada resistencia al cambio, ya que no siempre es fácil cambiar nuestros patrones de vida, especialmente cuando se trata de una relación de pareja que hemos iniciado pensando que sería “para toda la vida”.
Como punto de partida, hemos de reconocer que siempre que decidimos cambiar enfrentamos resistencia. Todos los cambios implican riesgos, desafíos, especialmente al principio; pero la conciencia de que tenemos la posibilidad real de cambiar deberá predominar en esos momentos en que nos planteamos que es mejor malo conocido que bueno por conocer. No tenemos por qué resignarnos a vivir siempre con nuestros actuales patrones de comportamiento, siempre con los mismos gustos, siempre con las mismas ilusiones, siempre con la misma pareja. Si nos damos cuenta de que algo en nuestra vida sentimental está fallando y nos encontramos justificando aspectos que en otros tiempos consideraríamos injustificables, es el momento de cambiar. Recordemos que los patrones negativos pueden oponer resistencia, pero no son invencibles.
Ahora es tu turno,

comenta que te parece y compártelo con nosotros… 