Primero musica para ambientar: link: https://www.youtube.com/watch?v=0gcu3GI3nA4 Aquí les traigo este cuento de Máximo Dzeger , una historia , tal vez confusa , pero con un argumento que trata de acercarnos a los pensamientos de este escritor por medio de esta historia de ficción , no daré mas introducción para que puedan sacar sus propia conclusiones Luego de recorrer las calles de la ciudad, al entrar en el banco miré a mi alrededor; las caprichosas filas se enredaban como hebras de tabaco, insignificantes como la escusa de un fumador. Las manchas en mi camisa desentonaban con los cuidados colores y la moda del lugar llamando de este modo la atención de varios curiosos. Apoye sobre uno de esos pequeños escritorios de pared, cerca de una lampara de bronce, mis papeles, retome mi pluma y me sorprendí al encontrar que estaba rota. Me incomodaba la idea de que alguien pudiera ser testigo de mi estupidez. Gire mi vista sin apenas mover mi cabeza, me di cuenta rápidamente de que una anciana acaba de abandonar uno de los pupitres y olvida sobre el una antigua pluma. Espere, en vano, que alguien ganara la atención de la sala entera para tomarla y hacerla mia. El momento se dilataba y alguna gotas de sudor nervioso crispan mi espalda. ¡¡Treinta y tres!! anunciaron los parlantes, faltaban varios números para que debiera ser atendido. Lentamente me arrastre fijando mi vista en los letreros luminosos, simulando no llegar a verlos, al encontrarme flanqueando la luz, la mesa y la pluma, la tomé. Sentí sobre mi la mirada de una joven pareja que esperaba su turno a mis espaldas y su breve silencio. De todas maneras estaba seguro de no haberme delatado. Sumándome al caos de la burocracia tome lugar en una de las filas para consultas por los nuevos créditos. Justamente mis ropas reflejaban mi supuesta necesidad crediticia, cada mancha de mi camisa era una oportunidad mas para que los hermanos Marino no se fijaran en mi y pudieran hacer despreocupadamente su trabajo, si es que en eso se puede ser despreocupado, mas bien creo que lo hacían con excitación de felinos sueltos en una bosque de liebres ciegas. Una voz ofreciendo disculpas en la puerta por un tropiezo llamo mi atención y como ofendió por el nivel de intereses me retire sin perder de vista los enrrulados cabellos rojizos del mayor Marino que naufragaban en mundo de sombreros. Los engominados peinados , se convertían en variadas cabelleras y los trajes se destenian en colores mientras los gritos de algunos vendedores de comida me bombardeaban los oidos . Me undia en el caos de la avenida constitución , los seguí con un paso muy cauteloso por San jose y luego por Carlos Calvo, deteniéndome en alguna que otra vidriera que no me interesaba , vigilando sus espaldas por la vereda de enfrente , en cierto momento , no se si por la hermosa mujer que paso a mi lado o su inseguro acompañante que buscaba intimidarme con la mirada , pero en algún punto de esos 5 segundos los marino parecían haber advertido mi presencia. Los vi correr doblando la esquina. Cruce rápido en verde y me metí en Sarandi y alcanzando el cuarto de cuadra los marinos ya estaban esquivando unos gasoductos en reparación al final de la calzada, viendo como se escapaba un mes de investigación , tome mi ultima alternativa de la cintura y gatille sobre la pierna de Fabian ,el mas grande, y un estallido de sangre proveniente de su hueco popliteo lo hizo lanzar un grito estrepitoso en el calmado ambiente de la calle a la hora del almuerzo. El paso siguiente ,después del disparo, fue totalmente inerte y lo llevo a embestir las bayas de madera y caer con ellas en un profundo poso de tierra y piedra . su hermano siguió corriendo sin detenerse hasta perderse en el caos de avenida independencia , mientras intentaba detener mi corrida para ver el estado del herido , note un silencio que se hacia presente por encima de los gritos de dolor , al ver hacia abajo , lo encontré undido y encastrado de cabeza en un charco de sangre , barro y tubos de gas , baje para ver si al menos daba alguna señal de vida pero no fue así. sabiendo que el juego recién estaba empezando me enfoque en no perder de vista el objetivo y urge en sus cosas en busca de algún indicio Encontre en uno de sus bolsillos ese modelo tan de moda y lo guarde salvando mi única prueba de las molestias del legalismo policial, ahora tendría la oportunidad de cerrar el caso antes que nadie revisando su agenda y sus mensajes. Mire la hora, se me estaba haciendo tarde y cobrándome un viejo favor delegue mi asunto en uno de mis compañeros. guarde mi celular y me apresure para no perder el tren de las 3. La plaza se contaba cubierta por una tenue luz violeta que oponía su horizonte al ambiguo cielo de desteñidos naranjas. A esa hora algunas mujeres mayores movidas por serviciales diligencias cargaban hacia sus casas las bolsas de los mandados, pensaban en el próximo almuerzo. El eterno eco de la juventud refrescaba mis oídos y me llenaba el pecho recuerdos. El robo de la pluma no me hacia sentir en nada culpable pues ese inocente daño a la propiedad ajena me seria el cause de mi próxima historia. La injusticia hubiera sido condenar a aquella pluma al largo oficio de las listas para la compra, las anotaciones telefónicas y la condenas de la firmas. ¿Acaso los militares no se apropian de una casa para llevar acabo sus operaciones en beneficio de la comunidad? ¿acaso un policía no debe dejar escapar a un criminal porque no dispone de una herramienta para atraparlo? ¿No es acaso atrapar nuestras ideas un beneficio para el futuro de la comunidad?. Mas allá, los sucios andenes, el vago de siempre y el sonido del tren. Me encamine por las escaleras, ignore las boleterias y pase por las bayas. Hubo un breve temblor bajo mis pies, el tren entro con velocidad y cubrio el lugar con su sonido, cambiando todas las sensaciones por una fuerte briza cuando paso por mi lado. Me senté en el primer asiento libre, esos enfrentados que hay siempre cerca de las puertas del vagón, nunca me sentí muy cómodo de tener que viajar enfrentado a un extraño, hay como una norma moral entre los hombres que al estar cerca nos obliga a actuar con vacua superficialidad, pero por dentro la cercanía de los cuerpos incomoda incluso a los mas altruistas que he conocido, es un instinto, algo que nos liga de lleno con un pasado del que nunca nos vamos a despesgar por mas que cubramos nuestra existencia con palabras y discursos bonitos o nuevas tecnologías. Es corriente defender nuestro espacio, incluso en nuestros pensamientos. Siempre he creído que alguna fuerza superior me ha dotado de una habilidad especial que me permite observar todos los detalles de mi entorno, o un castigo que me condena a contemplación del otro, a no poder ignorar de manera entera la existencia ajena y las sensaciones que en mi despiertan, como aquella mujer de gafas con animal print, se la nota tranquila, seria, pero no puede ocultarme con sus maquillajes la verdad de la ansiedad que oculta en sus labios, masca chicle no porque le guste, sino porque debe hacer algo con ese impulso de disconformidad que la envuelve y que al no poder encontrar razones lógicas vuelca como un rio de verano todo el caudal de sus ignoradas preocupaciones en el lago de la otredad, es así como aquel sujeto, ese de allá atrás, busca en la pasión deportiva la descarga de violencia que la sociedad ya no le tiene permitida, su vocación no es la del gimnasta sino la del cazador que obtiene su presa empaquetada, la del pretoriano que atraganta su grito guerrero en las jornadas fabriles de la semana y que como un orgasmo barato pero necesario vomita en el coliseo moderno del fútbol acelerando su pecho preparando todo sus músculos para una casta contienda de la que solo sera un espectador detrás de un carcelero alambrado. Me pregunto porque ese hombre de remera deportiva o tal vez, aquel otro joven de aspecto duro y rockero, no se han visto atraídos por la profesión policial, de bombero o incluso podría decir de enfermero en emergencias, creo que verdaderamente esas son profesiones, o al menos ocupaciones que a un individuo lo acercan mucho mas a las pulsiones mas profundas de la caverna humana. pero de lo que creo que estoy seguro es que todos prefieren tapizar sus instintos de manera artificial, enterrarlos como uno entierra a su vieja mascota para nunca mas pensar en ellos y asi alejarnos del dolor en la agradable parecencia del nuevo árbol, y vivir una vida tranquila sin grandes riesgos que nos pongan en peligro, no es el caso de todos, no en el caso de los marino. Ellos buscaron siempre el rigor con el empecinamiento de un minero que sigue explotando las viejas vetas aunque el riesgo aumente y los metales disminuyan, eran, o son, eternos y enfermos buscadores de problemas, tenían la incapacidad de adaptarse al tiempo que vivían atados a un instinto de robos y asesinatos propios de bárbaros. Por eso mi decisión es vivir con ellos, trenzarme en esta lucha salvaje y fractal del humanidad en la que no importan los colores de un equipo. Solo es necesario dos existencias opuestas para que los engranajes del deseo desfasado de cobrar un botín se pongan en marcha y nada importa la incertidumbre de quien al final sera la presa, la emoción del juego supera al desenlace, después de todo lo importante es participar ¿no? al menos eso decía mi padre antes de que su despido de la policía lo lleve a disparare en la cabeza con su pistola reglamentaria. Me detuve para retener una idea, levante mi vista, vi en el marco metálico de la ventanilla aquel delgado, de mirada extraviada y poco profunda, oculta de tras de unos vidrios de aumento. Algunas manchas de tinta ensucian su rostro y su camisa, los abundantes papeles que derrama su maletín están abarrotados de historias vulgares, se lo ve estresado de pensar, la mas cansadora de las actividades ociosas de la sociedad o quizá este cansado de lidiar diariamente con todas aquellas personalidades que habitan las hojas de sus cuadernos, que se traban en inagotables discusiones quebrando su cabeza en dos dando partido a persecuciones y enfrentamientos sin abandonar la pluma. Viviendo mil historias en el encierro de una habitación alquilada de mala muerte en algun barrio excéntrico como Constitución o La Boca. Esas localidades que invisten a sus visitantes, a la hora de contarle a sus amigos sus aventuras, de un aura de respeto y erudición, que llena de orgullo a sus habitantes por ese es nobismo literario de un pasado que se recuerda poco y mal pero eficiente en lo que a símbolos se refiere. Mas de un jovencito de buena familia he visto sufrir el desengaño de sus ilusiones fantásticas a las que lo habían llevado la lectura de aquellos próceres de nuestra escritura, y algunos otros, mas afortunados, cambiaron el escritorio por la calle y aventuras de intensidad e intermitencia extraña. Capaz aquellos afortunados pudieron estar mas cerca de vivir las epopeyas literarias, ocupar ese lugar privilegiado de hazañas y lances. El tren se detuvo lentamente entrando a la estación de Temperley, aquí los cambios de rieles son habituales por lo tanto las esperas y los crujidos metálicos también. Algunos esperan su turno para descender del vagón antes que los nuevos pasajeros los atropellen en su ascenso, Algunos vuelven y otros van, yo los veo como una gran variedad, sumas posibilidades de lo que puede ser pero se que en ellos, en cada uno, solo existe su realidad. encerrados entre los muros de la piel al castigo inquebrantable ser uno mismo y solo uno. Con que facilidad estas personas toman una posición a la cual se arraigan como las raíces de un enorme álamo, a ideas arbitrarias que podrían ser desmoronadas como castillos de arena en cuestión de segundos. Los castillos que podrían ser recorridos durante toda una vida sin apenas abrir los ojos, con la seguridad de encontrar la puerta o el escalón ahí donde también estuvieron ayer con un sentimiento de seguridad sin darse a la emotiva empresa de derribarlos y construir otros hasta agotar las indescifrables posibilidades que nos da nuestra escencia de constantes creadores. Nada hay mas gratificante que las emociones, esqueleto de nuestra existencia. Navegar el océano interminable de sensaciones sobre el filo de una navaja ha sido mi vocación, tener en mi mano todas las cartas de la baraja sin importarme si soy la banca, el ganador o el perdedor, ser todos, nunca ser el mismo y no dejar de jugar. Algunas caras y cuerpos deformados por el movimiento se dejan ver a través de los empolvados vidrios, el tren se detiene y la gente baja o sube según su mandamiento. Subio entre el amontonamiento que comenzaba a haber por estas estaciones ya mas pobladas, un saco rojo la ajustaba hasta la cintura dejando al descubierto las atléticas lineas de sus piernas cubiertas por unas calzas negras que no hacían otra cosa que reafirmar su belleza. Al sentarse a mi lado recogió suavemente su cabello en un rodete improvisado despejando su pálido rostro. Sus finos rasgos y sus ojos oscuros me hicieron dudar, son estas manifestaciones caprichosas del destino las que nos vuelven un poco mas insignificantes y ya no nos sentimos tan especiales. Empece a dudar, esta persona se me presentaba intrigante y oportuna. ¿de donde vendría? ¿a donde iría? ni siquiera podría decir de ella algo sobre nervios o insatisfacción, tenia en su rostro la placidez de aquella persona que esta conforme con sus instintos y en sus ojos brillaba la electricidad que siempre imagine que deberían tener los marino al cobrarse sus presas. No se fijo en mi, pero puedo estar seguro de que noto claramente mi presencia, me sentí invadido en mi rol de espectador. Tome mi cuaderno, y dándole justicia a mi nueva pluma comencé a escribir sabiendo que a esos ojos eléctricos no podría escaparse la ocasión de husmear mis apuntes. Cosa que para mi gratitud fue así, recuperando un poco de mi confianza para seguir el juego. Al verla a mi lado y saber que no me había delatado aun, busque su atención sobre mis notas y comencé a escribir para ella algo que ponía en juego mi vida y mi cordura: "La señora lynch parecía escaparse de la justicia con habilidosa cautela , ayer tras recibir al fin la orden de allanamiento del juez Francisco Milano los muchachos y yo irrumpimos en su casa a eso de las once de la noche , el ruido de la puerta separándose de la cerradura llamo la atención de algunos vecinos , de todas maneras el escándalo fue en vano , pero algunos curiosos se asomaron por entre sus puertas y aprovechamos para obtener respuestas. De todas formas, algo decía en mi que la señora ya había previsto nuestra llegada y no había dejado mas para nosotros que algunas cenizas y una ensalada de tomates que era festín de algunos insectos, contrastando con la fastuosidad de su cocina, que se develaba sobre una angosta columna blanquecina de un pequeño velador que seguía encendido y que nos percataba de que nos llevaba una delantera de varios días Esto no fue una sorpresa para mi. El señor D'Levica me informó que Sara Funes (aunque para mi seguiría siendo la señora Lynch que es el nombre con el que ella decidió volverse a bautizar) ya no se presentaba al trabajo desde hacia 3 días y tampoco contestaba las llamadas. El telegrama que también había sido enviado desde el banco Central fue devuelto al correo. Las posibilidades de encontrarla se desvanecían sobre este mismo libro de notas dejándome sin ideas. Salí al pasillo del sexto piso para encender un cigarro mientras mis compañeros justificaban el violento arribo con algunos elementos que poco nos ayudaba a avanzar en el caso pero le darían trabajo a algún perito de la comisaria . Un anciano vistiendo un avejentado pijama se acerco lentamente a mi haciendo un molesto ruido con sus sandalias y casi susurrando pregunto asustado si todo esto tenia que ver con la señorita que trabajaba en el banco. Me comento que ayer en su departamento tuvo una fuerte discusión por dinero con dos altos caballeros de traje. Enfocándome en sus descripciones di por sentado que la sra. Lynch se había visto erróneamente con los Marino en su casa y confirme mis dudas enseñándole una foto de los dos delincuentes a los cuales el testigo señalo enérgicamente . Llegando a la comisaria , pusimos al testigo a hacer su declaración pertinente y justo en el pico de la madrugada una de las tantas lineas interferidas de los marino tenia una llamada entrante , un silencio de suspenso invadió la sala a oscuras que iluminaba intermitente de azul y rojo al humo de los cigarrillos olvidados en el cenicero , la voz de una mujer con acento conocido dio una dirección, un código, dos puntos de encuentro, el segundo en el tren de las tres, estación Temperley y un horario que casi sin darme cuenta ya había anotado en este mismo cuaderno . Luego de esperar unas pocas horas fui al lugar acordado , con la peor de mis camisas y un aspecto descuidado para que no me reconocieran . Aun así tuve que enfrentarme a la situación para sacarle el mayor provecho posible ,supe que no todos los datos se habían pronunciado . Un detalle se escapo de mi entendimiento y me inquietaba , ¿como pudo ella seguir operando? Era seguro que se había visto rebajada a los mas secundarios e improvisados planes . Hacia dos días que no iba a su trabajo , su casa se encontraba abandonada e incluso su auto se encontraba en la comisaria o al menos parte de el y hasta imagino o tengo la certeza de que ahora se ve obligada a viajar en tren . Viéndose inmiscuida en el azar de encontrarse cara a cara con su perseguidor , como un boxeador que al estar contra las cuerdas intenta su ultimo golpe . O tal vez ella me arrastro hasta las cuerdas incrementando mi confianza a cada centímetro que me acerco esperando el momento justo para hacer este ultimo intento." Derrepente empiezo a desconfiar de mis seguridades y me veo tan indefenso a sus acciones como la veo a ella de las mías y eso aumenta mi adrenalina, reteniendo ideas en mi boca, que tiemblan tímidamente como la mano inexperta sobre las fichas de un tablero ante una gran apuesta. Pero su mirada atenta sobre los movimientos de mi pluma, delata su curiosidad y su sorpresa, casi sin pestañear undio su delicado guante en el bolsillo de su saco rojo y saco un celular, mientras que con una mano arremangaba un poco su bufanda y acercándolo lentamente sobre su oído, sus ojos se escandalizaron cuando un sonido agudamente electrónico se disparaba en mi chaqueta, confirmando lo curioso y riesgoso de este momento, Sentí mas que nunca su desesperación al encontrarse acorralada haciéndola mas peligrosa y mas excitante para mi y sentí por un breve momento en toda mi boca el sabor de de la victoria antes de que se convierta en tierra. Fui cociente de que pronto esto se acabaría y sentí una onda de presión ¿Que seria de mi si la señora Lynch se convirtiera simplemente en Sara Funes o Gabriela Trani ? ¿Cuanto de su magia desaparecería al verla enfundada en el uniforme de la correccional de mujeres? ¿Cuanto de su ferocidad abandonaría mi imaginación al verla en una triste foto de legajo? "Creo que una parte de mi se extinguiría al verla en mis manos, solo puedo mantenerme vivo si estoy dentro del juego, y por mas que usted también, me quedare sentado y no bajare en la próxima estación, no porque este interesado en ayudarla sino porque estoy interesado en la Sra. Lynch ." El tren se detuvo y mientras se balanceaban unos contra otros y las puertas silbaban al abrirse ví a la mujer de saco rojo descender del tren algo nerviosa dedicándome una ultima mirada que daba vida a mi nueva pluma . Maximo Dzeger
La pluma robada
Datos archivados del Taringa! original
10puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
9visitas
0comentarios
Dar puntos: