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Historia Del samurái | Historia del Mundo

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¿Qué era un samurái?


En occidente, los caballeros medievales son más que conocidos. Largas lanzas, escudos pesados, una cruz rimbombante en el pecho, un estandarte, la espada de hierro de hoja recta y la armadura cubriéndole todo el cuerpo. El mayor significado que tenían estos guerreros era luchar por su señor y por Dios. En pos de la libertad de su tierra, o de su alma. Pues bien, del otro lado del mundo, existía algo no muy lejos de ese paradigma occidental. Estaban ubicados en un país compuesto por un conjunto de islas que en español es conocido como Japón, cuya nación hoy en día combina las más antiguas tradiciones con una tecnología absolutamente vanguardista.
Pero no nos desviemos del tema. En Japón el señor feudal se llamaba “daimio”, el cual tenía, como sucedía en occidente, varios “servidores”. Los integrantes de esta clase guerrera tenían varias funciones para con su señor, sobre todo protegerle la vida. En efecto, a él le debían obediencia y no podían contradecirlo y estaban totalmente sometidos. De hecho, el código moral de los samuráis debe ser uno de los más fieles que existen en la historia. No vamos a narrar aquí las vicisitudes que Japón recoge de su pasado gracias a estos protagonistas, pues probablemente eso sería un trabajo extensísimo.

Basta con decir que estos “caballeros” japoneses fueron el eje principal de la vida militar y política nipona entre el siglo XII y XVII. Pero no solamente eran guerreros o militares, una imagen que está más cerca de un “mercenario leal”, pues se trataba también de seres humanos comunes y corrientes que podían disfrutar de cierta prosperidad económica, cultos, interesados por el arte y en vestirse bien. Siempre iban armados con su particular espada larga, la katana, algo sagrado para ellos. También existía una de tamaño más corto, llamada wakizashi. Esta fue una tradición que se mantuvo inclusive en el Ejército Imperial Japonés hasta la II Guerra Mundial.
El fin de la era samurái, llegó en 1868 con el establecimiento de la Era Meiji. Según algunas fuentes, ese año, alrededor de 2 millones de personas podían considerarse samuráis, lo cual no era una cifra tan despreciable a pesar de todo.

Sin embargo, el nuevo emperador quería revolucionar a su país. En efecto, tenía muchos deseos de modernizarlo siguiendo el modelo occidental. Después de todo, Japón había sido el único país de Asia que no había sido sometido al imperialismo europeo o yanqui. Además vio como la cultura del Viejo Continente era la que había ejercido la “civilización” imponiéndosela a todo el resto del mundo.

En muchos lares, la fórmula había funcionado, por tanto el gobierno nipón decidió olvidarse de algunas de sus tradiciones, incluidos los samuráis. Muchos acabaron en la calle, víctimas de la estafa, de los vicios o hasta mendigando. La respuesta de los más fuertes no se hizo esperar. En el año 1876 se rebelaron abiertamente contra el gobierno y alrededor de un año, consiguió hacerle pelea al séquito imperial. Sin embargo, el emperador había ya adquirido armas de fuego muy modernas que sepultaron la sublevación matando millares de rebeldes. Algunos prefirieron morir peleando, otros mediante el suicidio ritual, el seppuku.
Cuanto todo terminó el gobierno japonés prohibió el uso de espadas a toda aquella persona que no fuese militar. Japón, con una nueva Constitución y fuerzas castrenses que seguían el modelo occidental, se sentía ya en la modernidad. Sin embargo, pese a todo, los valores básicos de los samurái: honor, lealtad y sacrificio, han permanecido en la mente de esta nación hasta el día de hoy. Es cierto que hubo una exaltación chauvinista durante la II Guerra Mundial, pero después del desastre atómico, esos valores se tradujeron en un esfuerzo de toda una nación derrotada dispuesta a hacer renacer a su patria lo antes posible. Y lo consiguieron. Japón sigue conservando una de las economías más poderosas del mundo a pesar de las crisis, y probablemente siga allí por mucho tiempo. Sin embargo, como hemos visto, ni guerras mundiales, con sus ataques banzai o kamikazes, pudieron borrar de la mentalidad japonesa, las tradiciones samurái, algunas más exageradas que otras desde el punto de vista occidental.

A menudo, la tradición del samurái conservada en la modernidad ha sido malinterpretada por los no-japoneses. Se les ve como seres dogmáticos y cercanos a la crueldad. La cuestión es sencilla: un guerrero derrotado o rendido, no tiene honor, por tanto no debe seguir viviendo. Allí radica el sentido del suicidio. Pese a todas las desgracias en su historia y lo modernísimo que es el Japón hoy en día, sus más antiguas y conocidas tradiciones, como la de los samuráis, no han sido olvidadas. Y no nos referimos sólo a actitudes, sino también a las artes marciales, el manejo de la espada, el sentido de la vida, la armadura y otros elementos que los caracterizan.

Asimismo el paradigma de estos señores feudales japoneses ha servido para inspirar numerosas obras que forma parte de la cultura popular alrededor del mundo, desde películas hasta historietas, o mangas, como ellos lo llaman. Hoy en día existen en Japón, personas que se hacen llamar samuráis, pero, desde luego, no se dedican a las mismas ocupaciones de antaño. Algunos prefieren estudiar la cultura de su país, a realizar los ritos, representaciones de la vida anterior para los turistas, participan en algunas ceremonias de conmoración, plantan flores, son maestros de artes marciales, entre otras actividades que han hecho que su nombre no sea borrado de la historia.


Costumbres y vida cotidiana del samurái clásico


El samurái vivía en una casa de lujo, que en la actualidad reproducirla tal cual fue en el pasado, es bastante caro. Le preocupaban dos cosas principalmente, una cómoda ubicación de sus mejores y más fieles guerreros cerca a su habitación principal, y por otro tener un jardín adecuado donde él mismo diseñaba la posición y forma. Siempre iban acompañados de un estanque de agua, y es algo que se ve hoy en día en algunas casas tradicionales niponas. La ceremonia del té por igual, se sigue representando hasta la actualidad y requiere de cierta práctica para ser llevada a cabo con exactitud. Respecto al sentido de la religión, no hay algo definitivo. Los samuráis llegaron a ser sintoístas, budistas o hasta cristianos dependiendo de la época.

Pero, ¿desde cuándo empezaba alguien a ser considerado samurái? Pues bien. Al ser una aristocracia guerrera, estos señores feudales eran un círculo guerrero, cuyo puesto era en la mayoría de los casos, hereditario. Los recién nacidos llevaban una pequeña espada en el cinturón. Cuando tenía cinco se le cortaba el caballo, dos años más tarde se le daba sus pantalones, a la par que recibía una educación única y exquisita, tanto en artes marciales como en cultura general. Los primeros maestros eran siempre los padres o un pariente cercano, hasta que eran entregados a un ronin (samuráis sin señor a quien servir) y después a una escuela. Así se mantenía hasta que cumplía 15 años, cuando se consideraba, había llegado ya a la adultez. Se le cortaba el pelo como adulto y recibía su primera espada y la armadura. También es cierto que existían samuráis con más dinero que otros, por tanto algunos podían enviar a sus hijos a estudiar a un monasterio. Por lo general estos jóvenes salían adoctrinados con literatura épica de sus ancestros.

Las mujeres, si bien no tenían las mismas prerrogativas que un varón de cuna samurái, por lo general no eran tan discriminadas. En efecto, muchas de ellas, eran entrenadas y educadas del mismo modo, tanto en lo académico como en las artes marciales. Sin embargo hay que reconocer que no era común verlas marchar al campo de batalla, si bien la existencia de mujeres samurái es algo innegable. Su mayor objetivo en vida era asegurar la continuidad de la dinastía y recaía sobre ellas la responsabilidad de llevar a cabo el cuidado del patrimonio de la familia mientras su marido estaba en la guerra, pues se encargaban de cuidar del patrimonio de su cónyuge. La comida de los samuráis por lo general era la de cualquier japonés y no llegaba a la extravagancia: arroz, pescado, verduras y saque. La vestimenta, por su parte, estaba compuesta del kimono, un vestido de manga larga y que variaba en colores debido al sexo y la riqueza de cada quien. Los samuráis llevaban sobre él un hakama o falda, mientras que el kataginu era una especia de chaqueta. En sus ratos libres podían nadar, practicar la ceremonia del té, jugar el juego conocido como el “go” similar al ajedrez, ir al teatro, dedicarse a la poesía, tocar algún instrumento musical, entre otras ocupaciones.



También gustaban de enviar a sus famosos ninjas, espías expertos en sabotaje y asesinatos sin dejar huella, para averiguar que clase de plan tenían sus enemigos. Por lo general sus actos se llevaban a cabo días antes de un combate decisivo, así que en el Japón de la antigüedad cualquier cosa podía llegar a suceder ¿Y qué pasaba con la estructura jerárquica? Pues bien, delante de los ejércitos siempre iba el general principal y sus oficiales. El señor feudal, bien perfumado y arreglado con una extraordinaria armadura, observaba desde un lugar seguro, hasta que decidía entrar en batalla, si así lo deseaba. Este fue un pequeño repaso por el mundo de los samuráis y cómo han logrado hacerse un espacio en la cultura universal.



Yapa : Los secretos del samurái, detras de la Espada


dijo:






























Tambie les dejo el :
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