Ese día, los habitantes de aquel lejano país de Medio Oriente no podían creer lo que veían en la televisión.
Algo había impactado contra la Mezquita Mayor, el edificio más emblemático y sagrado para ellos.
Las pantallas mostraban el boquete humeante, y cientos de fieles saliendo sin entender lo que estaba ocurriendo.
A esa hora el templo estaba atestado. Era la oración del mediodía. A los pocos minutos, inexplicablemente, el edificio se derrumbó como un castillo de naipes, matando a miles de personas que no habían logrado escapar.
Unas horas después, todos los noticieros comenzaron a difundir la versión de lo sucedido: un grupo de terroristas de los Estados Unidos habían secuestrado un avión de pasajeros, y lo habían estrellado contra la cúpula de la mezquita. El derrumbe posterior se había producido por el recalentamiento de la estructura.
A partir del día siguiente, los ciudadanos de aquel país pudieron ver en la TV una serie de videos de muy mala calidad, en los que el jefe de la organización terrorista se adjudicaba haber pergeñado el terrible atentado.
El sujeto, que hablaba inglés, idioma absolutamente incomprensible para la inmensa mayoría de la población de aquel país, era un rubio de ojos claros, mandíbula cuadrada, cabello cortado a cepillo y gorra de beisbol.
La imagen que todos allí tenían del típico estadounidense.
El gobierno prometió vengar la afrenta, y comenzó por arrestar a cuantos rubios de ojos claros anduvieran por ahí, para alojarlos en una cárcel de máxima seguridad, sometidos a codiciones inhumanas de detención.
Además, lanzó una serie de ataques en varios países de occidente con el objetivo de capturar al jefe de la despiadada organización terrorista.
Muchas veces los ciudadanos de aquel país se ilusionaron con ver al odiado sujeto entre rejas, pero siempre los comandos llegaban tarde, y el terrorista seguía inhallable. Así durante varios años.
Hasta que un buen día, y tras haber eliminado miles de personas inocentes en operativos fallidos, el gobierno de aquel país anunció que finalmente había logrado dar con el paradero del jefe terrorista, lo había matado, y había arrojado su cuerpo al mar.
Los habitantes de aquel país se sintieron aliviados.
A nosotros, occidentales bien informados, nos parece increíble que los habitantes del país de esta historia nunca se hubieran planteado si lo que durante todos esos años estuvieron viendo por la televisión había sido real, ni si la versión de los hechos difundida por el gobierno era cierta.
Pero bueno, qué podemos esperar de un pueblo inculto de un lejano país de Medio Oriente...
Todos pueden comentar pero el post es muy moderado
Algo había impactado contra la Mezquita Mayor, el edificio más emblemático y sagrado para ellos.
Las pantallas mostraban el boquete humeante, y cientos de fieles saliendo sin entender lo que estaba ocurriendo.
A esa hora el templo estaba atestado. Era la oración del mediodía. A los pocos minutos, inexplicablemente, el edificio se derrumbó como un castillo de naipes, matando a miles de personas que no habían logrado escapar.
Unas horas después, todos los noticieros comenzaron a difundir la versión de lo sucedido: un grupo de terroristas de los Estados Unidos habían secuestrado un avión de pasajeros, y lo habían estrellado contra la cúpula de la mezquita. El derrumbe posterior se había producido por el recalentamiento de la estructura.
A partir del día siguiente, los ciudadanos de aquel país pudieron ver en la TV una serie de videos de muy mala calidad, en los que el jefe de la organización terrorista se adjudicaba haber pergeñado el terrible atentado.
El sujeto, que hablaba inglés, idioma absolutamente incomprensible para la inmensa mayoría de la población de aquel país, era un rubio de ojos claros, mandíbula cuadrada, cabello cortado a cepillo y gorra de beisbol.
La imagen que todos allí tenían del típico estadounidense.
El gobierno prometió vengar la afrenta, y comenzó por arrestar a cuantos rubios de ojos claros anduvieran por ahí, para alojarlos en una cárcel de máxima seguridad, sometidos a codiciones inhumanas de detención.
Además, lanzó una serie de ataques en varios países de occidente con el objetivo de capturar al jefe de la despiadada organización terrorista.
Muchas veces los ciudadanos de aquel país se ilusionaron con ver al odiado sujeto entre rejas, pero siempre los comandos llegaban tarde, y el terrorista seguía inhallable. Así durante varios años.
Hasta que un buen día, y tras haber eliminado miles de personas inocentes en operativos fallidos, el gobierno de aquel país anunció que finalmente había logrado dar con el paradero del jefe terrorista, lo había matado, y había arrojado su cuerpo al mar.
Los habitantes de aquel país se sintieron aliviados.
A nosotros, occidentales bien informados, nos parece increíble que los habitantes del país de esta historia nunca se hubieran planteado si lo que durante todos esos años estuvieron viendo por la televisión había sido real, ni si la versión de los hechos difundida por el gobierno era cierta.
Pero bueno, qué podemos esperar de un pueblo inculto de un lejano país de Medio Oriente...
Todos pueden comentar pero el post es muy moderado