La Enseñanza de los Girasoles.
• En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. – Hechos 4:12.
¿Se ha fijado usted alguna vez cómo esta planta gira su enorme flor hacia el sol? El «girasol» nos da, pues, una enseñanza. El sol es fuente de luz y calor. Necesitamos la luz para vivir, para conducirnos y para tomar buenas decisiones. Para ser felices y estar seguros en un mundo difícil necesitamos calor.
¿Hacia dónde dirigirnos a fin de tener la respuesta a nuestras necesidades? Hacia Dios mismo, por medio de la fe. En efecto, Dios quiere dar luz y calor a cada uno, pero esto sólo es posible si nos volvemos a él por medio de su Hijo Jesucristo. Sí, Jesús vino, “luz del mundo” (Juan 8:12) para todos los pueblos, luz enviada por Dios, hecha de ese resplandor que es gracia y verdad.
Al recibirlo en lo más profundo de nuestro ser, nos transmite la vida de Dios para que gocemos de una nueva relación con nuestro Creador.
Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Para no tener que ir a las tinieblas eternas, lejos de Dios, dirijámonos a Jesús.
Y nosotros los creyentes, si seguimos a Jesús, caminaremos bajo su luz y seremos testigos de ella. La Biblia dice: “El fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Efesios 5:9). Así como las flores del girasol producen aceite, el creyente que fija su mirada en Dios muestra sus caracteres de bondad, rectitud y verdad.
Incluso en el Metro.
• Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. – Efesios 6:18.
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Podemos orar en cualquier lugar. Tengo la costumbre de orar en el metro, primeramente por todos esos desconocidos, pero conocidos por Dios, que me rodean. Y si el trayecto es largo, leo un pasaje en mi Biblia de bolsillo.
Cierto día estaba leyendo mi Biblia cuando mi vecina, una joven, me dijo: «Si leyese en voz alta yo también podría aprovechar la lectura». Un poco sorprendida por este comentario, le leí el final de mi capítulo. Después de un breve diálogo nos separó la llegada a la estación de destino.
Siempre me había parecido que yo era la única persona en el metro que buscaba la compañía del Señor. Pero durante el trayecto de ida me había preguntado si realmente no había otras personas orando allí. Dudaba de que obtuviera una respuesta, pero en el viaje de regreso recibí este aliento.
“Orad sin cesar. Dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:17-18). “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” (1 Timoteo 2:1).
La oración, dijo alguien, es la respiración del alma. Ahora bien, la respiración es una función vital y automática que se ejerce de forma permanente, estemos donde estemos. Y si el aire del metro no parece particularmente favorable para nuestros pulmones, en cambio, nuestra alma puede respirar el aire del cielo. ¡Aprovechemos para hacerlo en toda ocasión!
La Comunicación.
Jesús se acercó y les habló. – Mateo 28:18.
Simón, una cosa tengo que decirte. – Lucas 7:40.
Habla, Señor, porque tu siervo oye. – 1 Samuel 3:9.
Mientras estaba ocupado con un trabajo manual muy aburrido, mi hija de tres años de edad se puso a mi lado y me dijo con cara muy seria: –Papi, me quedo contigo para que no estés solo y así podamos hablar los dos solos.
La sencillez y la frescura de estas palabras me embargaron de gozo, pero también me hicieron pensar en las numerosas veces en que, fuera de los momentos cotidianos de oración, el Señor ha buscado esos instantes improvisados de intimidad para que yo le escuche.
¿Le he dejado hablar? ¡A menudo me he perdido esos momentos de comunicación, durante los cuales él quería hablarme de sus pensamientos o enderezar los míos! Quizás él escogió un día en que yo me impacientaba en una sala de espera, cuando esperaba un tren con retraso o estaba detenido por un atasco de vehículos, e incluso durante un descanso forzoso. Él siempre desea la proximidad de aquellos a quienes redimió. En medio de una dura prueba el apóstol Pablo dijo: “El Señor estuvo a mi lado” (2 Timoteo 4:17).
Nuestro Señor no ha cambiado. Emplea todas las circunstancias que atravesamos y nos habla de muchas maneras, porque desea comunicarse con los suyos.
Sepamos reconocer y apreciar esos momentos en que, en su gracia, quiere acercarse a nosotros. Contestémosle como el joven Samuel: “Habla, Señor, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:9).
¿Libre o Cautivo?
• Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. – Gálatas 5:1.
• Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. – Juan 8:36.
El hombre se cree libre, ¿Pero no está más bien cautivo como un pájaro en su jaula? Al desobedecer a Dios se colocó bajo el dominio despiadado de Satanás. Mas Jesús vino a este mundo para destruir las obras del diablo, para proclamar “libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel” (Isaías 61:1). Convertirse, recibirle como Salvador y Señor, no es otra cosa que cambiar de dueño. Es pasar del dominio de un amo cruel a un Amo dulce y humilde, infinitamente cariñoso y que merece ser amado (Mateo 11:28-30).
El apóstol Pablo y Silas, aunque estaban encarcelados en Filipos, cantaban y oraban (Hechos 16:23-25). Su fe triunfaba sobre sus sufrimientos. Todas las circunstancias de su vida, atravesadas con su Maestro, llegaron a ser fuente de paz y de gozo. Esta es la verdadera libertad.
El primer texto bíblico del encabezamiento nos invita a no dejarnos esclavizar por la atracción de las riquezas, del poder, de una vida hiperactiva, del sexo… Todas estas son trampas tendidas por Satanás, quien quiere arruinar no nuestra alma, pues no puede hacerlo, sino nuestra vida cristiana en la tierra.
El secreto para escapar a sus ardides es conocer la gracia de Dios, la cual nos exhorta a esto: “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12).
El Ser Interior.
• El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. – Romanos 5:5.
• Guarda tu corazón; porque de él mana la vida. – Proverbios 4:23.
En nuestra manera de pensar, el corazón representa los afectos, mientras que la cabeza evoca más bien la inteligencia, la reflexión. En el ser humano, la Biblia distingue espíritu, alma y cuerpo (1ª Tesalonicenses 5:23). El corazón representa el ser interior (espíritu y alma), mientras que el hombre exterior corresponde al cuerpo.
El ser interior del hombre y su cuerpo no se oponen, sino que están constantemente en interacción. Los acontecimientos, los contactos con las demás personas e incluso sus acciones tienen un impacto en nuestro corazón. A la inversa, nuestros pensamientos y decisiones se exteriorizan por medio de la acción.
En nuestro corazón se elaboran los pensamientos, los proyectos, y se toman las decisiones que comprometen nuestra responsabilidad. Es el centro de nuestra persona, lo esencial en contraste con la apariencia: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1° Samuel 16:7).
Al recibir al Espíritu Santo en su corazón, el creyente recibe el amor de Dios. Y este amor repercute sobre sus relaciones con los demás, los cuales pueden ver la paz y la alegría de la vida que él recibió de Dios.
¿Cómo podemos guardar nuestro corazón, centro y fuente de la vida? Huyendo del mal, ocupándonos del bien, vueltos hacia el Señor Jesús. Seamos verdaderos, simples, humildes, siempre conscientes del amor divino.
¿Cómo Educar a Nuestros Hijos?
• Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. – Proverbios 22:6.
• Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. - Colosenses 3:20.
Aldo Naouri, pediatra de renombre internacional, declara: «Hoy en día la ideología reinante… aconseja que no se debe rehusar nada a un niño. A mi entender es una grave desviación de nuestras sociedades. Entre otros efectos tiene el de formar niños que quieren todo y enseguida. Estos niños no tienen más límites y crecen con valores adulterados». En los adolescentes, esta pérdida de límites y de valores, ampliamente denunciada por aquellos que estudian los problemas de la juventud, ocasiona la violencia y el rechazo a la autoridad, que es lo que vemos actualmente.
Más allá de los siglos y de las culturas, la Biblia, poseedora de la sabiduría divina, nos enseña la manera de educar a los hijos. Este libro no está desfasado. Las instrucciones divinas que conciernen a la educación de los niños permanecen actuales.
Sembrar en la joven vida de un niño las enseñanzas de la Biblia conduce a cosechar en su vida de adulto el respeto de valores, base de una sociedad sana, mientras que ceder sin discernimiento a todos sus deseos tiene consecuencias funestas para él y para su entorno. Es importante conducirlos a Jesús, nuestro Salvador. Padres creyentes, no nos dejemos influenciar por la corriente actual. Criemos a nuestros hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4), con amor y firmeza. Nuestro Dios nos lo pide, y para ellos es el camino de la bendición.
Algunos dicen que no hay escuelas para padres... Pero yo he visto que la mejor escuela para hacer de nuestros hijos, unos niños respetuosos es la comunidad de la iglesia, cualquiera que ésta sea, pero he visto mejor a los hermanos Cristianos, porque en la iglesia Católica donde a la mayoría nos bautizaron nuestros padres, pues ... nos daban el ejemplo de que ellos casi nunca iban a misa. Debemos ir si no cada tercer día, al menos cada semana, para tener siempre muy presentes las enseñanzas recibidas.
Para aprender y practicar las enseñanzas recibidas.
Una mala excusa.
• Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. – Salmo 119:18.
• Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. – Mateo 11:25.
«¡Hay tantas cosas incomprensibles en la Biblia que ya no la leo!», decía alguien. Reconocemos que hay pasajes difíciles en la Biblia; ella misma lo afirma cuando habla de cosas “entre las cuales hay algunas difíciles de entender” (2 Pedro 3:16). Pero la mayor parte de ella presenta cosas muy sencillas que incluso están al alcance de un niño.
Por ejemplo: “No hay justo, ni aun uno… no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:10, 22-23). Si usted es sincero, reconocerá que ha comprendido, porque esto le concierne. Cada uno de nosotros necesita ser liberado de esta triste condición de pecador perdido lejos de Dios.
De una manera muy sencilla, Dios nos explica cómo podemos ser liberados de la justa condenación que alcanzará a todos los que no se hayan puesto en regla con él. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Este versículo no presenta ninguna dificultad de comprensión, de modo que nadie podrá decir: «No sabía cómo ser salvo». A los que rechazan ese mensaje de salvación, el Señor Jesús declara: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40).
No busquemos falsas excusas; leamos la Biblia con oración; Dios, quien nos conoce muy bien, nos la hará comprender progresivamente.
Solo y Rechazado.
He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. – Mateo 28:20.
Se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo. – Hechos 23:11.
Para varias personas, cuyo entorno no es cristiano, se crea un vacío alrededor de ellos cuando han aceptado a Cristo y han abierto su corazón al amor de Dios. Esta situación puede volverse trágica. A menudo esto ocurre en los países de régimen totalitario en el plano político o religioso. Cuando tales casos se presentan en el ámbito familiar, no es posible permanecer firme sin la fuerza espiritual de Dios.
Pensemos en el caso de José, quien fue rechazado por sus hermanos, vendido para ser esclavo y echado en la cárcel. Pero no perdió el ánimo y Dios lo ayudó maravillosamente. Pensemos en el apóstol Pablo, quien dijo con tristeza: “Todos me desampararon”, y luego agregó: “Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas” (2 Timoteo 4:16-17). David dijo: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá” (Salmo 27:10).
Si se trata de una pareja en la cual sólo uno de los cónyuges se ha convertido una vez casados, la Palabra de Dios alienta al que es creyente a no abandonar a su compañero, con la esperanza de que el testimonio dado por su conducta lo gane para Cristo (1 Corintios 7:12-14; 1 Pedro 3:1-2).
El Señor Jesús fue rechazado por su pueblo: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11), y también por su familia: “Ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7:5). Habiendo conocido estos sufrimientos, nuestro Salvador puede simpatizar con los que padecen el aislamiento o son rechazados.
Mirar a Jesús.
• Mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. – Juan 1:36.
• Nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. – Hebreos 12:1-2.
«Mirar a Jesús. Sólo son tres palabras, pero en ellas está el secreto de la vida cristiana. Mirar a Jesús quien fue crucificado, a fin de hallar, en Su vida entregada por nosotros, nuestro perdón y nuestra paz.
Mirar a Jesús glorificado para encontrar en él la única justicia que nos justifica y permite que nos acerquemos a Dios. Mirar a Jesús glorificado para tenerlo como el defensor celestial que ora sin cesar por cada uno de los suyos. Mirar a Jesús para seguirlo por la fe y encontrar en su amor la fuerza para triunfar sobre nuestra rebeldía y sobre todos los ataques del mal y de Satanás.
Mirar a Jesús para que nuestras tinieblas se disipen ante la claridad de su amor, para que nuestras alegrías sean santas y tengamos tranquilidad en nuestras penas… para que nos enseñe a orar y responda a nuestras oraciones. Jesús nos deja en el mundo pero nos separa de él, porque nuestra vida está escondida con él en Dios, y entonces nuestra conducta puede dar testimonio de él ante los hombres.
Mirar a Jesús en la Escritura para aprender quién es, qué hizo, lo que da y lo que pide; para tomarlo como modelo, sus palabras como enseñanza y sus promesas como sostén». – Théodore Monod.
Media Vuelta.
• Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente. – Isaías 31:6.
• Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. – Isaías 45:22.
El tema de una conferencia cristiana era: «La vuelta a Dios». En la entrada, un cartel representaba un tope que señalaba el final de la vía férrea. Este tope también nos hace pensar en un callejón sin salida; detrás no hay más camino, no hay nada. ¿Es el lugar donde nos encontramos? ¿Nos hallamos ante un tope? ¿Nos damos cuenta de que nuestra vida no conduce a nada…? Es necesario dar media vuelta para volver a Dios. No basta ser simplemente un poco más razonable, un poco más amable…
¡Vuélvase a Dios! ¡Dé media vuelta! Este es el mensaje de los profetas y de Jesús mismo: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). El que no se vuelve a Dios se queda en su propio camino. ¿Y a dónde conduce? Al eterno alejamiento del Dios de amor.
El llamado de Jesucristo es apremiante: “Reconciliaos con Dios”. Tome la mano que Dios le tiende. Convertirse es más que una promesa de cambio de vida. Es necesario detenerse para reconocer que uno se ha equivocado de camino y dar media vuelta para volver a Dios quien nos llama, nos aguarda y desea perdonarnos.
A nuestro orgullo le cuesta tomar esta decisión. Pero es el paso obligatorio para descubrir que hemos sido amados y adoptados por Dios. Entonces en nosotros se produce un cambio radical de los objetivos de nuestra vida… nacemos a una nueva vida.
GRACIAS POR PASAR