Un joven en silla de ruedas es su conductor. El vehículo fue diseñado y adaptado por amigos. Oscar hoy recorre la ciudad y le sonríe a la vida.
“Esto es todo para mí, me permite ir a todos lados, me cambió la vida”, dice Oscar apenas baja con su silla de ruedas de la moto que le armaron y regalaron sus amigos. La posibilidad que hoy tiene de trasladarse y movilizarse en esta moto especial surgió desde la amistad y el corazón de sus amigos, que incluyeron horas de trabajo y diseño y algunos dolores de cabeza. Hoy todo ese esfuerzo es resarcido con sonrisas de todos los implicados, en una historia donde la amistad vuelve a demostrar su fortaleza a toda prueba.
Oscar Maldonado tiene 22 años y por un problema de nacimiento nunca pudo caminar. Siempre estuvo acompañado de su silla de ruedas y jamás imaginó que alguna vez podría tener su propia moto, especialmente armada para él, y que le daría esa invalorable sensación de independencia. Es vendedor ambulante y vive en el barrio Feliciano Sarmiento, desde donde se traslada varios kilómetros para trabajar diariamente.
]“Hace 8 años que los conozco, nunca pensé que podrían hacer esto por mí, cuando manejo se me caen las lágrimas, todavía no lo puedo creer”.[/b]
“La idea surgió de ver las necesidades de Oscar, primero que nada con el cariño que se ganó para nosotros en la familia, en la empresa, en el entorno de amigos y conocidos. Así surgió este sueño, de ver las dificultades que tenía una persona como él para desplazarse”, cuenta Eduardo Zamora, gestor de la idea que se concretó aunando corazones solidarios.
Esa idea surgió en marzo y su autor se la comentó a un herrero y amigo de toda la vida. Sin dudarlo, Walter Alfonso aceptó el reto y el desafío de poner su sapiencia al servicio de un proyecto “secreto” para sorprender al nuevo propietario el día de su cumpleaños, el 16 de noviembre.
Los principales responsables de la idea señalaron que a Oscar “lo conoce todo el mundo y se hace querer”, por eso el corazón fue el que motivó esta ocurrencia y el que siempre estuvo ahí para lograr contagiar a otras personas y sumarlas a un proyecto que por momentos tuvo sus dificultades.
“En setiembre pude adquirir la moto cero kilómetro (una 110 centímetros cúbicos), ya había hablado con otro amigo, Walter Ceballos, que entiende de motos, para que adaptara el motor, porque había que lograr que tuviera marcha atrás” recordó Zamora.
Allí surgiría un inconveniente inesperado que demoró el proyecto. Según cuentan, los repuestos y piezas de cuatriciclos de 110 centímetros cúbicos, desde donde se pensaba adaptar el motor de la moto y colocarle la reversa, no se conseguían. Eso llevó a quien se había comprometido a conseguir las piezas, a comprar un cuatriciclo 110 en Córdoba para de-sarmarlo, utilizar los repuestos y cumplir con la promesa dada.
Eso retrasó el proyecto y sólo ocho días antes pudieron contar con el motor y empezar a trabajar para crear la carrocería. “Llegué con lo justo, la última parte fue rapidísima, se involucró más gente; mi hijo me ayudó mucho hasta último momento. La verdad que salió fantástico, a Oscar lo vemos súper contento, se mueve con más libertad, se olvida del problema que tiene”, explica aún con ojos vidriosos Walter Alfonso, el herrero que diseñó toda la adaptación de la parte trasera.
La moto que según asegura su orgulloso propietario y conductor recoge "todas las miradas y es el centro de consultas”, realmente demandó mucho trabajo para su concreción. Del modelo original sólo conserva la parte delantera, todo lo demás se diseñó especialmente. +
“Tiene una rampa, que se sube y se baja con un malacate y le permite a Oscar ascender y descender con su silla. La palanca de cambios tiene tres marchas hacia delante y una de retroceso; tiene el tanque de nafta y el filtro que eran de la moto y se adaptaron, y se le hizo una baulera para que él pueda guardar sus cosas”, detalló Walter sobre el modelo.
Oscar es de pocas palabras, pero su felicidad se nota al disfrutar del regalo que surgió del corazón de sus amigos y que contagió a otros que también colaboraron. “Hace 8 años que los conozco, nunca pensé que podrían hacer esto por mí, cuando manejo se me caen las lágrimas, todavía no lo puedo creer”, aseguró Oscar minutos antes de accionar el malacate, subir con su silla a la plataforma, encender su moto y salir a recorrer las calles mercedinas con total libertad y el corazón fortalecido.
“Esto es todo para mí, me permite ir a todos lados, me cambió la vida”, dice Oscar apenas baja con su silla de ruedas de la moto que le armaron y regalaron sus amigos. La posibilidad que hoy tiene de trasladarse y movilizarse en esta moto especial surgió desde la amistad y el corazón de sus amigos, que incluyeron horas de trabajo y diseño y algunos dolores de cabeza. Hoy todo ese esfuerzo es resarcido con sonrisas de todos los implicados, en una historia donde la amistad vuelve a demostrar su fortaleza a toda prueba.
Oscar Maldonado tiene 22 años y por un problema de nacimiento nunca pudo caminar. Siempre estuvo acompañado de su silla de ruedas y jamás imaginó que alguna vez podría tener su propia moto, especialmente armada para él, y que le daría esa invalorable sensación de independencia. Es vendedor ambulante y vive en el barrio Feliciano Sarmiento, desde donde se traslada varios kilómetros para trabajar diariamente.
]“Hace 8 años que los conozco, nunca pensé que podrían hacer esto por mí, cuando manejo se me caen las lágrimas, todavía no lo puedo creer”.[/b]
“La idea surgió de ver las necesidades de Oscar, primero que nada con el cariño que se ganó para nosotros en la familia, en la empresa, en el entorno de amigos y conocidos. Así surgió este sueño, de ver las dificultades que tenía una persona como él para desplazarse”, cuenta Eduardo Zamora, gestor de la idea que se concretó aunando corazones solidarios.
Esa idea surgió en marzo y su autor se la comentó a un herrero y amigo de toda la vida. Sin dudarlo, Walter Alfonso aceptó el reto y el desafío de poner su sapiencia al servicio de un proyecto “secreto” para sorprender al nuevo propietario el día de su cumpleaños, el 16 de noviembre.
Los principales responsables de la idea señalaron que a Oscar “lo conoce todo el mundo y se hace querer”, por eso el corazón fue el que motivó esta ocurrencia y el que siempre estuvo ahí para lograr contagiar a otras personas y sumarlas a un proyecto que por momentos tuvo sus dificultades.
“En setiembre pude adquirir la moto cero kilómetro (una 110 centímetros cúbicos), ya había hablado con otro amigo, Walter Ceballos, que entiende de motos, para que adaptara el motor, porque había que lograr que tuviera marcha atrás” recordó Zamora.
Allí surgiría un inconveniente inesperado que demoró el proyecto. Según cuentan, los repuestos y piezas de cuatriciclos de 110 centímetros cúbicos, desde donde se pensaba adaptar el motor de la moto y colocarle la reversa, no se conseguían. Eso llevó a quien se había comprometido a conseguir las piezas, a comprar un cuatriciclo 110 en Córdoba para de-sarmarlo, utilizar los repuestos y cumplir con la promesa dada.
Eso retrasó el proyecto y sólo ocho días antes pudieron contar con el motor y empezar a trabajar para crear la carrocería. “Llegué con lo justo, la última parte fue rapidísima, se involucró más gente; mi hijo me ayudó mucho hasta último momento. La verdad que salió fantástico, a Oscar lo vemos súper contento, se mueve con más libertad, se olvida del problema que tiene”, explica aún con ojos vidriosos Walter Alfonso, el herrero que diseñó toda la adaptación de la parte trasera.
La moto que según asegura su orgulloso propietario y conductor recoge "todas las miradas y es el centro de consultas”, realmente demandó mucho trabajo para su concreción. Del modelo original sólo conserva la parte delantera, todo lo demás se diseñó especialmente. +
“Tiene una rampa, que se sube y se baja con un malacate y le permite a Oscar ascender y descender con su silla. La palanca de cambios tiene tres marchas hacia delante y una de retroceso; tiene el tanque de nafta y el filtro que eran de la moto y se adaptaron, y se le hizo una baulera para que él pueda guardar sus cosas”, detalló Walter sobre el modelo.
Oscar es de pocas palabras, pero su felicidad se nota al disfrutar del regalo que surgió del corazón de sus amigos y que contagió a otros que también colaboraron. “Hace 8 años que los conozco, nunca pensé que podrían hacer esto por mí, cuando manejo se me caen las lágrimas, todavía no lo puedo creer”, aseguró Oscar minutos antes de accionar el malacate, subir con su silla a la plataforma, encender su moto y salir a recorrer las calles mercedinas con total libertad y el corazón fortalecido.