
Toda una generación estaría menos preparada para afrontar los malestares sin fármacos, y huye al diván. Se medica hasta la tristeza, pero es necesario sentirla.

Los alegres hijos del Prozac
Prozac vs. Freud
Así plantean, especialistas internacionales, un nuevo debate en el mundo de la salud mental. ¿Quién gana? Algunos dicen que claramente las pastillas, que comandadas por el antidepresivo estrella surgido hace poco más de 20 años, están desbancando, lento pero seguro, al psicoanálisis, una herramienta que necesita procesos demasiado largos para los ritmos de hoy.
Los psicólogos de todas las ramas, en tanto, opinan que eso es inviable; las píldoras brindan inmediatismo, es cierto, pero no la profundidad necesaria para revertir un cuadro de depresión. Por eso, el debate estaría mal planteado: son dos factores complementarios y no excluyentes.
Pero parece que, en el mundo, los pacientes sí están desplazando a unos por otros: menos diván y más antidepresivos.
Para peor, incluso cuando los fármacos ni siquiera son necesarios. Según una nueva teoría, la generación hija del Prozac ha perdido los mecanismos básicos para tolerar la tristeza natural y ante el más mínimo malestar emocional clama por una receta verde.
Otras voces, sin embargo, alegan que el mundo de hoy es mucho más estresante que el de décadas atrás (el pre-Prozac) y que la gente "banca lo que puede".
TRISTEZA ÚTIL
El primer gran problema que identifican los expertos en salud mental es la facilidad con que mucha gente está optando por medicar la tristeza, cuando se trata de un sentimiento natural.
Y de gran utilidad. De hecho, sirve a un proceso evolutivo, y si se anula, la persona sale perdiendo.

"Sentirse triste puede ser un indicador de que algo va mal en nuestras vidas, que algo nos tiene disconformes, y por eso es un aviso para realizar cambios positivos. Si nos peleamos con un familiar o tuvimos un problema en el trabajo, la tristeza nos lleva a tomar medidas para resolver esa situación que nos angustia", señala la psicoterapeuta Verónica Orrico.
En el mismo sentido se pronuncia el psiquiatra Pedro Bustelo: "Imagine que un médico recién recibido empieza a atender pacientes y le acierta a un diagnóstico, y luego a otro, y a otro, de tal manera que en un momento se siente Favaloro. Hasta que se equivoca, y se entristece, por lo que va a repasar a la biblioteca, va a consultar con un médico más experiente. Así, crece como médico y como ser humano, porque se vuelve alguien más humilde. La tristeza debe ser vivida, es uno de los mecanismos más potentes de maduración. No debe ser medicada, ni `psicologizada` ni `psiquiatrizada`".
No obstante, los especialistas asumen que en ocasiones la tristeza puede perdurar hasta convertirse en depresión, si bien éste último es un diagnóstico grave y patológico que debe tratarse. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), una tristeza que dure más de 15 días seguidos puede configurar un cuadro depresivo, aclara Bustelo, también epidemiólogo, y quien trabaja en la Fundación Cazabajones.
Ese es uno de los argumentos que manejan los defensores de acudir a fármacos en tales circunstancias: cortar con el proceso cuanto antes. Aún cuando la persona se sienta mal por una buena razón, ¿por qué no permitirle tomar medicamentos para que se sienta mejor? Precisamente, porque elimina una emoción que tiene ribetes positivos. Además de que dar antidepresivos a una persona cuyo problema real es otro no permite enfrentar la causa de fondo. "La tristeza persiste y la persona se vuelve irritable", apunta Orrico. Por eso, dice Bustelo: "Si se convierte en depresión lo tratamos. Pero antes no, de ninguna manera".
El psiquiatra hace especial hincapié en diferenciar uno y otro. Mientras sentirse triste de vez en cuando es normal, "en la depresión hay una disminución del nivel de neurotransmisores adentro de las neuronas, un cambio biológico sustantivo en el cerebro". Además de tristeza, que sería un síntoma, un cuadro depresivo incluiría irritabilidad, desgano, cambios en el apetito, dolores de cabeza, insomnio, entre otros. En tal caso, la medicación es vital.
¿intolerantes? La hipótesis es la siguiente: luego del Prozac, la gente conoció lo más parecido a un ideal de "pastilla de la felicidad". No es necesario estar insomne, ni sentirse nervioso, ni ponerse triste. Una píldora y listo, se acabaron los problemas. Las personas se han acostumbrado a solucionar mucho a base psicofármacos, y por ende, ya no son capaces de enfrentarse por sí mismas a ningún malestar, por normal que sea. Bustelo, sin embargo, cree que la tesis está errada.
"Cuando no existían antidepresivos como el Prozac, el estrés medioambiental era mucho más bajo y había menos depresión. Después del 11 de septiembre (de 2001), que cambió el mundo, se dispararon las cifras de depresión. Hoy voy a la esquina y no sé si me van a matar por 100 pesos para comprar pasta base. Hay una epidemia de depresión. En vez de venir a los 70, viene a los 20. Aumentaron los factores de riesgo".
Para el médico de la Fundación Cazabajones, no es cierto que la gente hoy esté menos preparada para tolerar el malestar. "Diría que es al revés. Mirá que bancan y bancan. Una odontóloga con muchos años en la profesión me contaba que, cuando era joven, hacía aparatos para bruxadores (personas que rechinan los dientes a la noche, por estrés) cada tanto: para un ministro, para un gerente, es decir, gente sometida a presiones muy fuertes. Hoy en día, hace esos aparatos para gurises de 15 años. Ya a esa edad tienen un estrés tremendo".
La psicóloga Orrico, en cambio, sí coincide con que las personas están menos preparadas para controlar sus emociones y más propensas a optar por las pastillas, de la misma manera que opta por el alcohol o por drogas ilegales. "Tenemos una cultura del inmediatismo que se populariza cada vez más: `llame ya, compre ya, tómese ya` y `si tiene tal producto, tal auto, tales championes, tal refresco, va a ser feliz, se sentirá un ganador`. Eso nos está inculcando que no toleremos las frustraciones y que con cualquier cosa externa vamos a solucionar nuestros problemas".
ACTIVOS
Pero resulta que sentirse triste de vez en cuando, además de normal, es esperable. Y hay muchas maneras de contrarrestar ese sentimiento antes de acudir a un blíster. Hay antidepresivos "naturales, gratuitos y sin ningún efecto colateral, pero que la gente no usa, como el ejercicio físico", recuerda el psiquiatra Bustelo, aunque lo más importante, para la terapeuta Orrico, es mantener una actitud "pro-activa" ante esa tristeza. "Antes de intentar resolverlo con un fármaco, la persona debe ver cómo intentar resolverlo por sí mismo, qué cambios puede hacer en su vida, en sus actividades, en su alimentación, en su forma de pensar, en las personas con las que se rodea. Primero, debe tratar de hacer cambios en su vida. Si la tristeza persiste, y no puede solo, entonces sí recurrir a medicamentos antidepresivos", previa visita al psiquiatra, ya que la automedicación es el otro gran tema, que lleva a tomar fármacos inadecuados o en dosis inapropiadas, señala Orrico.

Lo cierto es que, cuando de tristeza se trata, tan solo una visión con más matices de la situación ya ayuda. Y sobre todo, recordar que sentirse así a veces es natural y hasta puede colaborar. Como dice Ed Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois, Estados Unidos: "Paremos con obsesionarnos con ser felices todo el tiempo. Una de las cosas que necesitamos es desengañar a la gente de su noción de que no es lo suficientemente feliz".
"Si la tristeza se convierte en depresión hay que tratarla. Pero antes no", dice psiquiatra.
Cuando la terapia es apropiada
Más rápidas y más baratas.
Tales son las virtudes de las pastillas que las ponen varios metros por delante del diván freudiano en la carrera por tratar la salud mental. El psicoanálisis es un tratamiento demasiado largo y costoso para la mayoría de las personas y por eso iría perdiendo terreno. De hecho en Estados Unidos, las terapias freudianas representan el 29% de la atención psicológica, frente al 44% que suponían hace diez años, según la revista Archives of General Psychiatry, citada en El País de Madrid.

La psicóloga cognitivo-conductual Verónica Orrico entiende lo que sucede por aquí es que muchas veces los psiquiatras sólo recetan medicación y no derivan a la persona a psicoterapia, aún cuando haya tenido reiterados episodios depresivos. En ese sentido, el psiquiatra Pedro Bustelo explica: "Hay cosas que son de solución terápica y otras que son de solución farmacológica. Acá ves que el psicoanalista hace psicoanálisis ya sea que el paciente tenga esquizofrenia o una uña encarnada y el que medica, medica a todo el mundo, aunque la persona sólo haya discutido con alguien y necesite hablar. La psicoterapia se debe aplicar con el cerebro normalizado. Si no, la OMS dice que está contraindicada. Los mismos pacientes con depresión grave que van a terapia dejan. Te dicen: `Voy, gasto plata, hablo de mi infancia y salgo peor`".


