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Todo tipo de Cáncer es Dañino Cuidémonos [Parte 3]

Salud Bienestar12/27/2010

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Cáncer de HÍGADO



El hígado, órgano de mayor tamaño del cuerpo humano sin contar la piel, se localiza debajo de las costillas, en lado derecho del abdomen.

Entre sus principales funciones destacan la filtración de la sangre y la eliminación de los desechos tóxicos, así como la fabricación de enzimas que ayudan a digerir los alimentos, convirtiéndolos en sustancias necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Algunos nutrientes tienen que modificarse químicamente (metabolizarse) en el hígado antes de que el resto del cuerpo los pueda usar como fuente de energía. El hígado produce algunos de los factores de coagulación que evitan que la sangre esté demasiado líquida y segrega además bilis al intestino para ayudar a absorber los nutrientes.

El hígado se divide en tres lóbulos, el derecho, el izquierdo y uno más pequeño denominado cuadrado, que a su vez se subdividen en segmentos. Al contrario que la mayoría de los demás órganos del cuerpo, recibe sangre de dos fuentes. La arteria hepática suple al hígado con sangre rica en oxígeno mientras que la vena porta transporta sangre rica en nutrientes desde los intestinos. Toda la sangre procedente del tubo digestivo atraviesa el hígado antes de llegar al resto del organismo, lo que lo convierte en una especie de 'aduana' frente al mundo exterior.




FACTORES DE RIESGO

- Hepatitis: Uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar este tipo de cáncer es la hepatitis. Los virus causantes de esta enfermedad, el de la hepatitis B ó C, pueden llegar al organismo por medio de sangre contaminada o bien mediante contacto sexual con otra persona. Los expertos piensan que entre un 10% y un 20 por ciento de las personas infectadas con el virus de la hepatitis B desarrollarán cáncer de hígado, de hecho, se calcula que hay evidencia de infección en casi una cuarta parte de los estadounidenses que tienen este tipo de tumor.

Sin embargo, la relación exacta entre el virus de la hepatitis C y el cáncer de hígado está aún siendo estudiada. En la actualidad se estudian métodos para prevenir o tratar las infecciones por hepatitis antes de que lleguen a causar cáncer, y se han logrado importantes avances en este campo. Según la American Cancer Society, algunas vacunas y tratamientos mejorados contra esta infección pueden prevenir alrededor de la mitad de los casos de cáncer de hígado en todo el mundo.

El cáncer de hígado se desarrolla muchos años después de adquirir la infección viral. Aunque estas infecciones pueden transcurrir sin dar síntomas, los análisis de sangre pueden detectar la presencia del virus en la sangre. En ese caso, el médico recomendará el tratamiento a seguir así como los mejores métodos para evitar que se contagie la infección a terceros.

- Cirrosis: Esta patología se desarrolla cuando muchas de las células del hígado están dañadas y son sustituidas por tejido cicatricial, que no es capaz de desarrollar las funciones hepáticas. Puede deberse al abuso de alcohol o ciertos virus, como los de la hepatitis. Sólo un 5% de los pacientes con cirrosis desarrolla cáncer de hígado. Una buena parte de las cirrosis se llaman criptogenéticas porque se desconoce su causa, aparecen en personas no bebedoras sin infección por hepatitis.

- Aflatoxinas: Estas sustancias estan originadas por ciertos tipos de mohos, y pueden formarse en cachuetes, palomitas y otros granos o cereales. Aunque la venta de productos con elevados niveles de aflatoxinas está prohibida en los países occidentales, la contaminación por esta sustancia sigue siendo un importante problema de salud pública en Asia y África.

- Otros: Ser hombre multiplica por dos las probabilidades de desarrollar tumores hepáticos. Y también se incrementan los riesgos con la edad, así como entre personas con antecedentes familiares de la enfermedad.




Tipos de tumores

* BENIGNOS:

uno de los más frecuentes es el hemangioma, una especie de madeja de vasos sanguíneos, igual que las manchas del mismo nombre que aparecen en la piel. La mayoría de los hemangiomas hepáticos no produce síntomas, por lo que no requieren tratamiento, sólo en algunos casos pueden ocasionar hemorragias y requerir una extirpación quirúrgica. Los adenomas hepáticos son otro tipo de tumor benigno que surgen en las principales células del hígado. Tampoco ocasionan síntomas, aunque pueden llegar a producir dolor abdominal o hemorragias.


* MALIGNOS:

- Carcinoma hepatocelular o hepatocarcinoma: Se trata del tipo más común de cáncer del hígado en adultos, de hecho se calcula que aproximadamente el 75% de los cánceres de hígado son de este tipo. Puede comenzar como un tumor pequeño que va creciendo y luego se extiende a otras partes del hígado o bien puede surgir en forma de nódulos en varias partes de este órgano.

- Angiosarcomas o hemangiosarcomas: Se trata de un raro tipo de tumor que comienza en los vasos sanguíneos del hígado. Los angiosarcomas crecen rápidamente de manera que para cuando son detectados generalmente suelen estar muy extendidos, lo que imposibilita la cirugía. Pese al tratamiento con quimioterapia y radioterapia la esperanza de vida de estos pacientes es menor de seis meses.

- Colangiocarcinoma: Este tipo de tumores comienza en los conductos biliares del hígado y suponen alrededor del 13% de todos los cánceres hepáticos. Los cálculos biliares, la inflamación de la vesícula o la colitis ulcerosa incrementan el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Debido a que a menudo son demasiado grandes o se encuentran en una parte del hígado a la que no se puede acceder con la cirugía, la mayoría de los colangiocarcinomas no se pueden extirpar completamente mediante cirugía. El tratamiento de estos tumores se completa con sesiones de quimioterapia y radioterapia.

- Hepatoblastoma: Se trata de un tipo de cáncer infantil que puede afectar a niños menores de cuatro años. El desarrollo de la oncología permite asegurar unas tasas de curación de cerca del 70% con una tasa de supervivencia mayor del 90% para los hepatoblastomas que se detectan a tiempo.

- Metástasis: los tumores más frecuentes del hígado son las metástasis. Muchos de los tumores de otros órganos se extienden al hígado y en ocasiones se detectan por primera vez en esta zona. Los cánceres de colon, páncreas, melanoma, sarcomas etc. pueden metastatizar a distancia, es decir, abandonar su localización inicial y comenzar a extenderse, siendo el hígado el órgano en el que con más frecuencia se encuentran.




Síntomas

A menudo se habla de la 'enfermedad silenciosa' porque es frecuente que en los estadíos iniciales no dé ningún síntoma de alerta, salvo que comience a crecer cerca de la cápsulua, en cuyo caso comenzará a doler, o bien que obstruya la vía biliar yocasione ictericia. Sólo a medida que el tumor crece de tamaño y la enfermedad se extiende, pueden empezar a aparecer los síntomas. Entre estos destaca el dolor en la zona superior del abdomen y que, en ocasiones, se extienden hasta la espalda .

También puede aparecer pérdida de peso , falta de apetito, debilidad, cansancio, náusea y vómitos, fiebre... Además, si la piel y los ojos adquieren una tonalidad amarillenta y la orina se vuelve oscura, las heces blancas, significa que se está produciendo ictericia. Muchos de estos signos son inespecíficos, y pueden estar causados por otras enfermedades que no son cancerosas.

Algunos tumores del hígado producen hormonas que actúan en otros órganos del organismo. Esto puede condicionar que se eleven los niveles de calcio en la sangre, lo que puede provocar cansancio, o reducir los niveles de azúcar, llegando incluso a causar desmayos. Todo ello puede confundir a los médicos haciéndoles pensar que la persona padece algún problema relacionado con el sistema nervioso o con las glándulas endocrinas (encargadas de la producción de hormonas).




Diagnóstico

Como la mayoría de los síntomas son inespecíficos, en general es imposible hacer un diagnóstico basándose sólo en ellos. Ante la presencia de alguno de los síntomas mencionados será necesario realizar pruebas para ver si hay una enfermedad responsable de los mismos. Éstas son algunas de ellas:

- examen físico: el médico palpa el abdomen para examinar el estado del hígado, el bazo y otros órganos en busca de cualquier posible cambio que haga pensar en la presencia de un tumor. Además, comprobará si hay ascitis (una acumulación de líquido), o signos de ictericia, con su característico color amarillo, propio de las afecciones hepáticas, y que se origina por la acumulación de pigmentos biliares en la sangre. Los tumores pequeños son difíciles de detectar mediante un examen físico porque las costillas derechas cubren la mayor parte del hígado.

- análisis de sangre: estas pruebas se realizan en busca de alfafetoproteína (AFP), cuyos niveles elevados pueden ser indicativos de la presencia de un tumor en el hígado. Entre el 50% y el 70% de las personascon un cáncer primario de hígado tiene altos niveles de AFP. Sin embargo, otros tumores como los de células germinales y, en algunos casos, los de estómago o páncreas también elevan esta sustancia. Por ello suelen emplearse además otros marcadores para determinar si el funcionamiento de este órgano es normal.

- escáner: mediante rayos X se realizan varis fotografías de la zona, hígado, vasos sanguíneos y otros órganos cercanos. A menudo se emplea previamente un tinte que deja ver claramente el hígado en las imágenes en busca de anomalías.

- ultrasonidos: esta técnica utiliza los ecos producidos por las ondas sonoras para emitir una imagen de los órganos internos (sonograma) que permite apreciar si hay alguna lesión en las paredes del hígado. Los tumores producen una reverberación distinta a los tejidos sanos que tiene su reflejo en la imagen. El paciente debe tumbarse en una camilla mientras el técnico mueve el transductor (el instrumento que emite las ondas sonoras) sobre el abdomen, previamente lubricado con un aceite o gel para ultrasonidos.

- resonancia magnética: Un ordenador traduce el patrón de ondas emitido por los tejidos del organismo en una imagen muy detallada de las partes del cuerpo que se quieran analizar. El detalle de esta técnica permite distinguir un tumor benigno de uno maligno. Para obtener la 'fotografía' el paciente es introducido en una estructura en forma de tubo que emite un sonido retumbante, que corresponde a la emisión de las ondas.

- angiograma: esta prueba requiere que el paciente ingrese en el hospital y reciba anestesia general, aunque muchas veces se practica sólo con sedación. El médico le administrará un tinte que permite ver los vasos sanguíneos del hígado en una imagen de rayos X. De esta manera se puede comprobar si existe algún nódulo en el órgano.

- biopsia: en ocasiones es necesario analizar una muestra de tejido bajo el microscopio para determinar la naturaleza de la lesión. Para ello el médico puede insertar una aguja directamente en el hígado (aguja de aspiración fina), mientras sigue el procedimiento desde el exterior mediante otras técnicas de imagen como el escáner computerizado (CT) o los ultrasonidos. Otras veces se elije una aguja más gruesa o bien se recurre a una laparoscopia, que consiste en la inserción de un pequeño tubo mediante una incisión practicada en el abdomen. Otra opción es la colangiopancreatografía (CPRE), que consiste en introducir un endoscopio por la boca hasta que llega al duodeno, donde desembocan las vías biliares.




Cáncer de ESTÓMAGO Y EL APARATO DIGESTIVO



El estómago es un órgano hueco en forma de letra ‘J’ o de gaita que se sitúa en la zona más alta del abdomen y forma parte del aparato digestivo. Recibe el alimento que ingerimos por la boca a través del esófago.

Cuando penetra la comida en su interior, los músculos del estómago comienzan a contraerse rítmicamente y van poco a poco amasando y mezclando la comida para conseguir una pasta fluida. A este movimiento se añade la acción de los ‘jugos gástricos’: sustancias que son producidas por células especiales que tapizan el interior del estómago.

Estos líquidos contribuyen a transformar el alimento hasta conseguir una masa homogénea. Todo este proceso forma parte de la digestión de los alimentos. Cuando el contenido del estómago ha sido procesado y mezclado convenientemente como en una hormigonera, se abre una válvula llamada píloro que permite que la ‘mezcla’ pase al intestino delgado para continuar su tránsito a través del tubo digestivo.


¿QUÉ ES EL CÁNCER DE ESTÓMAGO?


El cáncer es una enfermedad en la que un grupo de células del cuerpo se hacen independientes del resto del organismo. Estas células se descontrolan, cambian su tamaño y su forma y lo que es peor, comienzan a multiplicarse y crecer sin ningún tipo de orden ni freno. El estómago, como la mayoría de los órganos del cuerpo, está formado por distintos tipos de células: un recubrimiento interno de células que producen moco y ácidos para la digestión, una capa intermedia a base de músculo y una más externa llamada serosa.

Los tumores aparecen cuando un tipo determinado de estas células (mucosa, muscular o serosa) comienza a multiplicarse y crecer por su cuenta. Pueden ser:

* Benignos: crecen lentamente y no destruyen los órganos cercanos ni se extienden a otras partes del cuerpo. A veces no necesitan tratamiento o pueden extirparse fácilmente.

* Malignos: las células crecen más agresivamente, invaden y destruyen lo que tienen alrededor y son además capaces de alcanzar zonas distantes del cuerpo (metástasis). Su tratamiento es difícil y puede llegar a matar: es lo que se llama cáncer. Hay distintos tumores de estómago dependiendo del tipo de células que se transformen en malignas.


FRECUENCIA Y CAUSAS


Aunque conocemos algunos factores que pueden influir en la aparición del cáncer gástrico, no sabemos por qué algunos sujetos lo padecen y otros no. Como casi todo en medicina, ocurre más a menudo a una edad determinada, en este caso en torno a los 50 años y algo más frecuentemente en varones. También hay zonas en el mundo donde estos tumores se dan con mayor frecuencia como en Japón, Corea, Suramérica....

El cáncer de estómago es el tercero en causa de fallecimientos: produjo en España 6.111 muertes en el año 2001 con una frecuencia algo mayor en varones (3.762 muertes) que en mujeres. Según estos datos, sólo el cáncer de pulmón y de colon supera al de estómago en fallecimientos por tumores malignos; la mama se situaría a continuación de estos tres protagonistas.

Curiosamente, aunque los científicos no saben explicar la causa, la mortalidad por cáncer gástrico ha disminuido en los últimos 20 años en toda Europa. La reducción en España es nada menos que del 25%, a pesar de lo cual nuestro país sigue con Portugal e Italia a la cabeza de la Europa comunitaria en esta terrible estadística.

Aunque el diagnóstico y el tratamiento de esta enfermedad han mejorado mucho en los últimos tiempos, no justifica del todo el descenso de la mortalidad por esta causa. Para los expertos, los motivos podrían residir también en la mejora de los métodos de conservación de alimentos, el descenso en el consumo de tabaco, una dieta más variada y el mejor control de la infección por Helicobacter pylori, un germen que infecta el estómago y que favorece la aparición del cáncer.

Algunos factores relacionados con la aparición de cáncer de estómago son:
* Una dieta rica en sal y alimentos ahumados al tiempo que pobre en frutas y vegetales.

* La inflamación (gastritis) crónica del estómago, el ser varón y la edad avanzada.
El consumo de tabaco, un tipo de anemia llamada ‘perniciosa’ y algunos trastornos genéticos como la poliposis gástrica.

* El tener algún familiar cercano (padres o hermanos) que hayan padecido cáncer gástrico.


SÍNTOMAS


El cáncer de estómago es una enfermedad traicionera porque avisa demasiado tarde. Puede no producir ninguna molestia durante largo tiempo y suele estar muy avanzado cuando el paciente nota el primer síntoma. Además, los problemas que produce son tan comunes que no suelen alarmar al principio. El sujeto puede notar:



- ‘acidez’ de estómago o sensación de ‘gases’
- molestias vagas en el abdomen
- diarrea o estreñimiento
- pérdida de apetito y de peso
- sensación de cansancio o debilidad
- aparición de sangre en las heces o en un vómito



Ante uno de estos problemas es aconsejable que consulte a su médico. Si él considera el problema alarmante, le enviará al especialista de digestivo (gastroenterólogo) para afinar más el origen de sus molestias. El oncólogo es el especialista en tratar el cáncer y sólo interviene cuando está confirmado que se trata de un tumor.


DIAGNÓSTICO

Para el diagnóstico de un cáncer de estómago es necesario investigar el aparato digestivo. Son varios los estudios que pueden hacerse y cada uno de ellos es más o menos molesto, al tiempo que aporta mayor o menor capacidad para descubrir el tumor.

* La historia clínica y la exploración cuidadosa del médico es el primer paso cuando tenemos cualquier problema. Es un paso indispensable y muy importante en el diagnóstico de cualquier enfermedad: incluso más que las pruebas. El médico debe hacer una valoración cuidadosa de esta información antes de decidir cuáles son los estudios más recomendables para cada caso.
* Los análisis de sangre en busca de signos de enfermedad grave son también necesarios al comienzo del estudio. Se buscan datos de anemia, enfermedad del hígado o sustancias presentes en la sangre en excesiva cantidad que hagan sospechar la existencia de un tumor maligno (marcadores tumorales).
* Sangre oculta en heces: un cáncer de estómago puede sangrar en pequeñas cantidades que no son visibles a simple vista. Con una pequeña muestra de las heces del paciente y mediante una reacción química en el laboratorio es posible saber si estamos perdiendo sangre. Sirve sólo como método de sospecha porque también las úlceras y otras enfermedades diferentes al cáncer pueden sangrar.
* Estudio radiológico gastroduodenal: se obtienen radiografías del esógafo, estómago y duodeno una vez que el paciente se ha bebido una papilla que contiene bario, una sustancia opaca a los rayos X. Es una manera de 'fotografiar' al estómago. Esta prueba se usaba mucho antiguamente pero es menos eficaz que la gastroscopia.
* Endoscopia: consiste en la introducción de un tubo flexible por la boca hasta el estómago. Este dispositivo va provisto de una luz en su extremo y un sistema óptico que nos permite ver el interior del tubo digestivo. El médico puede así buscar directamente el cáncer y recurrir a la biopsia cuando observa alguna lesión en el interior del estómago. A la hora de hacerse una endoscopia pueden surgir dudas o preocupación sobre el tiempo que dura el procedimiento, si es dolorosa la biopsia o el tiempo que tardaremos en recibir los resultados. No dude en consultar con el médico que le solicite este tipo de estudio para que despeje todas sus incertidumbres. En cualquier caso, no se preocupe demasiado: es un procedimiento muy habitual, en general poco molesto y, aunque posibles, son excepcionales los problemas serios derivados del mismo.
* Una biopsia gástrica consiste en la obtención de un pequeño trozo de la pared del estómago para analizarlo luego al microscopio. Este análisis es capaz de confirmar que la lesión observada a simple vista es en realidad un cáncer; también nos dirá el tipo y el grado de invasión de la pared del estómago. La biopsia se realiza introduciendo un diminuto bisturí a través del tubo que puede ser accionado desde el exterior mediante un cable.

* Estadiaje: cuando la biopsia ha confirmado que existe cáncer en el estómago es necesario saber cuánto de extendido está y cuál es su agresividad. Esta evaluación es imprescindible para saber cuál es el tratamiento apropiado de cada paciente: se llama ‘estadiar’ o conocer el estadio de un cáncer. Para ello se recurre a diferentes pruebas:

1. La tomografía axial computerizada (TAC) permite ver si la enfermedad afecta a órganos cercanos al estómago como el hígado, el páncreas o los ganglios linfáticos y también otras zonas más distantes como el pulmón. Requiere la inyección de contraste por la vena para resaltar las imágenes.
2. La ecografía abdominal es una prueba más rápida, sencilla e indolora que proporciona buena información sobre el hígado y el páncreas aunque las imágenes son a veces más difíciles de interpretar por el médico.
3. Laparoscopia o cirugía: a veces es necesaria la inspección directa del interior del abdomen para conocer con exactitud la afectación del estómago y sobre todo de los ganglios linfáticos cercanos. El cirujano extrae todos los ganglios próximos al estómago que son analizados al microscopio por un patólogo. El número de ganglios invadidos por el tumor está directamente relacionado con la gravedad de cada caso y con el tipo de tratamiento que precisa.

Una versión simplificada de los diferentes estadios del cáncer gástrico y su tratamiento podría ser la siguiente:


Estadio 0: el tumor se localiza sólo en la capa más interna del estómago llamada mucosa. Son los que se encuentran por casualidad, cuando el paciente se hace una endoscopia por otro motivo. Se llama también carcinoma ‘in situ’.

Estadio I: el tumor afecta a la totalidad del grosor de la capa mucosa.

Estadio II: afecta a la mucosa y a los ganglios linfáticos cercanos al estómago. También son de este estadio los que afectan a las tres capas del estómago (mucosa, muscular y serosa), aunque no haya ganglios invadidos por el cáncer.

Estadio III: el cáncer afecta a varias capas del estómago y a los ganglios linfáticos o bien no a los ganglios pero sí se ha extendido a órganos cercanos como el hígado.

Estadio IV: el cáncer afecta a más de 15 ganglios o bien se ha extendido a órganos cercanos y lejanos al estómago (huesos, pulmón...).


Cáncer recurrente: es el que tras haber sido tratado vuelve a reproducirse, bien en el propio estómago, ganglios linfáticos u otros órganos.




Cáncer de PÁNCREAS

¿QUÉ ES?



En los Estados Unidos cada año se diagnostican 29.000 nuevos casos de cáncer de páncreas cada año, una enfermedad que ocupa el quinto puesto de mortalidad por cáncer en todo el mundo. Se trata de uno de los tipos de tumores más difíciles de diagnosticar, debido a que los síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ya está en una fase demasiado avanzada. Además, la localización de esta glándula impide que los tumores más pequeños sean detectados durante las revisiones rutinarias.

El páncreas es una glándula situada en el abdomen, entre el estómago y la columna vertebral, y cercana a otros órganos como el intestino o el hígado. Con su peculiar forma de pera, el páncreas es el encargado de fabricar insulina y otras hormonas, que llegan al flujo sanguíneo y circulan por todo el organismo con el objetivo de emplear o acumular para más adelante la energía procedente de los alimentos. Además, esta glándula también segrega jugos pancreáticos, que contienen enzimas necesarias para digerir la comida.

Los tumores de páncreas pueden dividirse en dos grandes grupos, según su naturaleza, benignos o malignos. Los primeros no son cancerígenos, y los cirujanos pueden extirparlos sin mayor complicación. De hecho, la mayoría de las veces no vuelven a reaparecer después de la operación, y las células de estas tumoraciones no suelen propagarse más allá de su localización inicial. En el caso de los tumores malignos, la gravedad es mayor, y el riesgo para la vida del paciente aumenta. Las células malignas pueden llegar a invadir y dañar los tejidos colindantes, llegando a 'colarse' en el flujo sanguíneo e incluso en el sistema linfático. Éste, encargado de la defensa del organismo, es el que las células enfermas emplean como medio de trasporte para viajar desde el tumor hasta otras zonas del organismo.

Esta expansión es lo que se conoce como metástasis. Cuando las células enfermas alcanzan los ganglios linfáticos, donde se producen los glóbulos blancos (o células defensivas), es fácil que la enfermedad alcance otros ganglios y tejidos, como el hígado o los pulmones (lo que se conoce como metástasis a distancia). En otras ocasiones, la patología se propaga hasta el peritoneo, el tejido que recubre el abdomen, en estos casos se considera que la extensión es local.

Existe un tipo de cáncer pancreático muy raro, que comienza en las células que producen insulina y otras hormonas, de las que toma su nombre, cáncer de las células de los islotes pancreáticos. En estos casos, el organismo produce demasiada insulina.


CAUSAS

Por el momento, se desconoce la causa exacta de este tipo de tumores, y los especialistas no aciertan a explicar su origen. Es cierto que las investigaciones han demostrado que existen algunas personas con un perfil de riesgo más elevado que el resto de la población, lo que incrementa sus probabilidades de desarrollar la enfermedad. Algunos de estos factores de riesgo son:

* la edad
El 'peligro' aumenta con los años. La mayoría de los casos se registran en personas mayores de 60.
* el tabaco.
Los fumadores tienen entre dos y tres veces más probabilidades de padecer un tumor en el páncreas.
* la diabetes.
Estos enfermos tienen un porcentaje un poco mayor que el resto de la población debido a las alteraciones que presentan en las células pancreáticas.
* ser hombre
El número de casos es más elevado entre los varones.
los antecedentes familiares. Si la madre, padre o hermanos han padecido la patología, el riesgo se triplica.
* pancreatitis crónica
Se trata de una enfermedad que afecta a esta glándula, y la evidencia sugiere que podría estar relacionada con una propensión mayor.
* otros

Además, ciertos estudios sugieren la posibilidad de que esta enfermedad esté relacionada con la exposición a determinados compuestos químicos en el entorno laboral. Una elevada ingesta de carnes rojas y grasas animales son otros de los factores de riesgo apuntados por los científicos. Es importante dejar claro que no todas las personas que responden a este perfil desarrollarán un tumor de este tipo a lo largo de su vida.



SÍNTOMAS

A menudo se habla de este tipo de cáncer como de una 'enfermedad silenciosa', porque, en sus fases más tempranas, no da ningún síntoma de alarma que permita identificarlo. Esta circunstancia es la que impide que se diagnostique a tiempo, ya que el paciente suele acudir al médico demasiado tarde, cuando el cáncer está ya muy avanzado y las terapias son prácticamente inocuas.
A medida que el tumor crece, acaba presionando alguno de los órganos cercanos, lo que ofrece las primeras pistas para sospechar de su existencia. Algunos de estos signos de alarma que pueden permitir identificarlo son:


* dolor abdominal, que empeora cuando el paciente ingiere alimentos. Se estima que tres cuartos de los pacientes con cáncer pancreático avanzado sufre dolor en la zona a consecuencia de la presión que el tumor ejerce sobre los nervios y órganos más cercanos.
* debilidad, la piel adquiere un color amarillento debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre. Esto se produce porque el conducto que la transporta desde la vesícula biliar al intestino delgado puede estar obstruido por el tumor.
* pérdida de apetito y de peso, las células enfermas privan a las sanas de los nutrientes necesarios.
* náuseas y vómitos, no siempre que se presentan estos síntomas tiene porqué tratarse de cáncer de páncreas. Una infección, por ejemplo, puede provocar un estado general muy parecido. Sólo el médico puede diagnosticar de qué se trata y tomar las medidas oportunas, no dude en consultarle.




DIAGNÓSTICO

Ante unos síntomas como los descritos anteriormente, el médico realizará una serie de exámenes para determinar de qué se trata. Algunas de las pruebas diagnósticas empleadas son:

* Exámen físico. Una de las formas más frecuentes de diagnosticarlo consiste en analizar la piel y los ojos del paciente en busca de cualquier signo de ictericia. Ésta condición aparece cuando el tumor comienza a crecer y obstruye la vía biliar, lo que provoca la aparición del característico color amarillo de estos pacientes. Esta evaluación puede ayudar a encontrar masas en el abdomen, pese a que la mayoría de los tumores pancreáticos no crece lo suficiente como para poder palparse. La exploración también permite encontrar ganglios aumentados de -tamaño en el caso de que haya metástasis tumoral.
* Análisis. Las pruebas de sangre, orina y heces permiten comprobar los niveles de bilirrubina, una sustancia que, en condiciones normales, pasa del hígado al intestino a través de la vía biliar. Sin embargo, si existe un tumor que está taponando la vía biliar, la bilirrubina no puede 'circular' normalmente, y entonces los niveles se apreciarán excesivamente altos en los análisis. Hay que recordar que existen otros problemas de salud que nada tienen que ver con el cáncer y que también pueden provocar un aumento anormal en esta sustancia. Por otro lado, en la actualidad, los investigadores trabajan también con un marcador tumoral, CA 19-9, que segregan las células tumorales. Aunque no es ni muy sensible ni muy específico para el diagnóstico sí puede emplearse para el seguimiento de los pacientes operados. Es decir, los niveles de CA 19-9 descienden significativamente después de la extirpación del tumor, pero si posteriormente vuelven a incrementarse, esto puede indicar a los médicos que sigue habiendo células enfermas produciendo esta sustancia.

* Escáner. Los rayos X permiten crear una imagen detallada del páncreas y el resto de los órganos ubicados en el abdomen en busca de cualquier bulto o anomalía sospechosa.
* Ecografía o ultrasonografía. Mediante ondas ultrasonoras, inaudibles para el oído humano, se puede obtener también una imagen bastante fiel de la glándula. Las ondas sonoras rebotan en el páncreas devolviendo un eco que la máquina convierte en representación visual. El eco difiere cuando se trata de un tejido sano o de un tumor cancerígeno.
* Colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (ERCP). Mediante un pequeño tubo flexible o catéter se introduce una pequeña cámara hasta la desembocadura del conducto pancreático en el intestino delgado. Al visualizar el conducto, se introduce un contraste o sustancia opaca que actúa como tinte, y posteriormente se hace una radiografía en la que puede verse nítidamente la glándula o cualquier otra anomalía. La prueba dura aproximadamente una hora.
* Colangiografía percutánea transhepática. Es una radiografía de contraste que se emplea para detectar cualquier obstrucción anómala de la vía biliar. Se inserta una aguja larga y delgada en el hígado directamente a través de la piel, de este modo se puede introducir el contraste que permitirá hacer visible la glándula al hacer posteriormente una radiografía.
* Biopsia y punción. En ocasiones es necesario analizar directamente una muestra de tejido en busca de células malignas. Se puede hacer mediante cirugía abdominal, o incluso durante la colangiopancreatografía o la colangiografía. La punción por aguja fina (PAAF) es uno de los más frecuentes.


Estas pruebas diagnósticas sirven además para conocer la fase en la que se encuentra el tumor. Es lo que en términos médicos se conoce como estadío, que trata de identificar el tamaño de la tumoración, si las células malignas se han extendido a otras partes del cuerpo, y si es así hasta qué punto están afectadas. En ocasiones suelen ser necesarios nuevos tests, más específicos para ello, como la resonancia magnética, una laparoscopia, una angiografía etc.



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