Babieca Babieca fue el legendario caballo que las fuentes literarias, a partir del Cantar de mio Cid (escrito hacia 1200), y la tradición posterior, atribuyen al noble castellano Rodrigo Díaz conocido como El Cid Campeador, quien llegó a dominar prácticamente todo el oriente de la península ibérica a finales del siglo XI. Babieca: las fuentes literarias Antes de ser nominado en el Cantar de mio Cid, el caballo del héroe castellano estaba caracterizado sin nombre en el Carmen Campidoctoris (compuesto c. 1190) como un caballo norteafricano comprado por mil dinares, de gran agilidad y velocidad, algo especialmente valorado en los caballos de guerra, que eran robustos, pesados y relativamente lentos. Sin embargo, en el mismo Cantar a Babieca se le presenta, después de la toma de Valencia y cuando el Cid va a recibir a su mujer e hijas, como un trofeo de guerra que las posteriores prosificaciones cronísticas del poema atribuyen concretamente a la victoria sobre el rey de la Taifa de Sevilla, relatada poco antes en el poema. e aduxiéssenle a Bavieca (poco avié que·l' ganara) Y que le trajesen a Babieca (hacía poco que lo había ganado) Cantar de mio Cid, v. 15735 En el siglo XIII se documenta la tradición posterior que explicó el nombre del caballo aparecido en el Cantar de mio Cid a partir del significado que entonces tenía el término «babieca», que solo significaba 'necio' o 'tonto'. A partir de esa acepción se forjó la leyenda explicativa del nombre, documentada en en la Crónica particular del Cid, e imaginada en la infancia del héroe: E a este su padrino después de tiempo demandó un potro de sus yeguas. En cuando ge lo hovo a dar, metióle entre muchas yeguas con muchos buenos potros, e mandó que escogiese e que tomase el mejor (...) e a la postre slió una yegua con un potro feo e sarnoso, e dixo a su padrino: «Este quiero yo», e su padrino, muy sañudo, díxole con saña: «¡bavieca, mal escogistes!», e dixo estonces Rodrigo: «Este será buen cavallo, e Bavieca abrá nombre.» Crónica particular del Cid, f. IV.º Tumba de Babieca Monolito que recuerda a Babieca en San Pedro de Cardeña en el lugar señalado por la tradición. Según la Leyenda de Cardeña, elaborada en torno al Monasterio de San Pedro de Cardeña hacia 1270, fue el caballo sobre el que la esposa de El Cid montó el cadáver de éste para hacer creer a sus enemigos que seguía vivo. Después, Babieca no volvió a ser montado y murió dos años más tarde a la inusual edad de cuarenta años. Según esta tradición, fue enterrado en algún lugar del Monasterio de San Pedro de Cardeña, a diez kilómetros de Burgos, en el término municipal de Castrillo del Val y junto a las localidades de Cardeñajimeno y Carcedo. En la explanada situada frente a la fachada principal, en la que aparece una imagen ecuestre del Cid Campeador, hay una estatua del Sagrado Corazón, y a la izquierda un monolito con leyenda alusiva al caballo Babieca. Coincide con el lugar donde, según la tradición, fue sepultado el fiel animal, aunque las excavaciones arqueológicas financiadas por el Duque de Alba en el año 1949 no obtuvieron resultados. Rocinante Rocinante es el nombre del caballo de Don Quijote. Según podemos leer en el famoso libro de Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha, "cuatro días se le pasaron en imaginar que nombre le pondría... y así después de muchos nombres que formó borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo". Rocinante en el suelo, tras la aventura de los molinos de viento. Ilustración de Gustave Doré. Así pues, antes de lo que ahora era, piel y huesos, fue rocín que Don Quijote aún seguía viendo como "mejor montura que los famosos Babieca del Cid y Bucéfalo de Alejandro Magno". Bucéfalo Bucéfalo (en griego, Βουκέφαλος) es el nombre del caballo de Alejandro Magno, y posiblemente el caballo más famoso de la Antigüedad. Bucéfalo murió tras la Batalla del Hidaspes en el 326 a. C. en lo que hoy sería Pakistán. Su nombre significa en griego Cabeza de buey, apodo que al parecer recibió el animal por el aspecto redondeado de su cara y la considerable anchura de su frente, donde además resplandecía una mancha blanca en forma de estrella (en otras leyendas se narra que Bucéfalo era una clase de unicornio imposible de montar y que sólo Alejandro pudo montarlo). Bucéfalo fue la montura de Alejandro desde que éste contaba 9 años de edad, cuando fue presentado entre otros caballos ante su padre, el rey Filipo II de Macedonia, para que los comprara. Fue entonces cuando, según narra la leyenda, el caballo comenzó a mostrarse tosco y salvaje, relinchando y lanzando coces por doquier, sin que nadie lograra apaciguarlo. Sólo el joven Alejandro logró montar al caballo, y se dio cuenta de que el caballo recelaba de su propia sombra. Alejandro giró la cabeza del caballo hacia el sol, cegándole y subiéndose de un solo gesto al caballo, momento que haría pronunciar a su padre la célebre frase: "Hijo, búscate un reino que se iguale a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti." Se dice que desde entonces Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro, si bien permitía ser cuidado por sus sirvientes. Frente a esta tradicional y razonada descripción de la doma de Bucéfalo, que se encuentra en Plutarco, en el texto del Pseudo-Calístenes sobre la vida del conquistador griego, encontramos una versión mucho más fabulosa e irreal. Allí, se refiere que Bucéfalo era un caballo de hermosa figura, pero dominado por un furor salvaje que lo llevaba al extremo de la antropofagia motivado quizás por la creencia de que era descendiente de una de las Yeguas de Diomedes, por el que Filipo decidió construirle una jaula de hierro donde le echaría a todos aquellos que desobedecieran sus leyes. Brutal y homicida, Bucéfalo se rodeó de restos humanos, pero cuando, con 15 años, Alejandro descubrió la caballeriza del animal y se acercó al caballo, éste extendió sus patas delanteras y relinchó suavemente, como si le reconociera como su amo, y el joven príncipe pudo sacarlo sin ayuda de los criados y cabalgar con él por la ciudad, dominado por una completa docilidad. Acompañó a Alejandro por toda su campaña en Asia contra el Imperio Aqueménida, hasta que murió a los 30 años durante o después de la batalla del Hidaspes, librada por el ejército macedonio en el año 326 a. C contra el ejército del rey indio Poros. Aunque hay quienes piensan que murió en la propia batalla, esto es cuando menos dudoso, ya que su avanzada edad no lo hacía apto para entrar en combate. Alejandro honró la memoria de la batalla fundando la ciudad de Nicea, "Ciudad de la Victoria". Cerca de allí, hacia el poniente, fundó la ciudad de Alejandría Bucéfala, en honor de su noble caballo. Se cree que este sitio está localizado frente al moderno pueblo de Jhelum, en la provincia del Panyab, al noreste del actual Pakistán. Yatasto Yatasto fue un famoso purasangre argentino, nacido en 1948. Considerado por el ambiente del Turf, quizás como el mejor caballo de carreras que dio la República Argentina. Era hijo del padrillo británico Selim Hassan y de la yegua argentina Yucca, hija del padrillo argentino Congreve. En 1951 se consagró vencedor de la Cuádruple Corona de la hípica argentina, al vencer en el Gran Premio Carlos Pellegrini, el Gran Premio Polla de Potrillos, el Gran Premio Jockey Club y el Gran Premio Nacional (derby argentino). Dicho año además, resultó vencedor del Clásico Miguel Cané, el Clásico Montevideo, el Clásico R. Chevalier, el Clásico Santiago Luro y el Clásico Guillermo Kemmis. En 1952, venció en el Gran Premio de Honor, el Clásico Chacabuco y el Clásico Pueyrredón. En 1953, ganó por segunda oportunidad el Gran Premio de Honor y el Clásico Chacabuco, además del Gran Premio San Isidro, el Clásico General Belgrano, el Clásico V. L. Césares, el Clásico Otoño y el Clásico Municipal en el Hipódromo de Maroñas en Uruguay. Recordista en pista de arena de Hipódromo de Palermo: 3000 metros en 3'04",200 con 62 kg el 19 de julio de 1953, jamás mejorada. Ha sido considerado como un de los mejores caballos de la historia de la hípica argentina. El periodista del diario La Razón y fundador de la revista Mundo Argentino, José María Otero, bautizó a Yatasto como el Gardel de las pistas. En su honor, actualmente en el Hipódromo de La Plata se corre el clásico Especial Yatasto, sobre una distancia de 1.400m , para yeguas de 4 años y más. En otras oportunidades el Especial Yatasto se ha corrido en el Hipódromo de San Isidro, y sobre distancas de 1.600 y 1.200 metros.
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