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El hombre y los animales

Offtopic•1/25/2013
Los cazadores desde los tiempos prehistóricos, estuvieron acostumbrados a acercarse a algunos cachorros de los animales salvajes, con propósitos rituales o por simple diversión. Desde la prehistoria, el hombre ha permitido al perro frecuentar su vivienda, recompensándolo con los desperdicios de su cacería y con los desechos de sus comidas. En el Neolítico, el agricultor tuvo oportunidad de agregar a su familia no sólo cachorros aislados, sino los restos de rebaños o manadas completas, comprendiendo animales de ambos sexos y todas las edades. Se dio cuenta entonces de la ventaja de tener un grupo de estos animales rondando en las cercanías de su vivienda, como una reserva de caza que podía usar con facilidad. De este modo, el ser humano conoció los beneficios de la domesticación de ciertos animales. Los Incas y la domesticación de animales En adelante, debió imponerse restricciones y discriminaciones en el empleo de esta reserva de carne. Tuvo que abstenerse de espantar innecesariamente a las bestias o de sacrificar a las más tiernas. Pero también debió aprovechar las nuevas oportunidades para estudiar la vida de las bestias en forma más estrecha. Así aprendió los procesos de reproducción de los animales y sus necesidades de comida y de bebida. En un principio las bestias mansas o domesticadas únicamente eran consideradas como una fuente potencial de abastecimiento de carne, como una caza fácilmente accesible. Más tarde se descubrieron otras maneras de servirse de ellas. Por ejemplo: el estiércol como fertilizante, el pelo de ovejas y cabras como lana, su uso para tiro y carga. Babilonia y la domesticación de animales La cría de ganado dio al hombre control sobre su propio abastecimiento alimenticio, tal como lo hizo también la agricultura. Los varios modelos diferentes de cultivo se combinaron, en diversos grados, con distintas actitudes hacia la cría de ganado. Los primeros animales domesticados no eran muy variados: perros, ganado vacuno, ovejas, cabras y cerdos. Más tarde se domesticó la gallina. La trilla del trigo en el Antiguo Egipto Si estos animales pertenecen a especies sociales, es decir a aquellas que viven en grupos o rebaños, la adaptación a la vida en el entorno humano es rápida. Puede que las personas no soporten a los animales que, al crecer, se convierten en seres nerviosos, ingobernables o salvajes, pero los animales dóciles pueden convivir con el hombre durante toda la vida. Si se cruzan con otros individuos dóciles pueden producir una línea de animales que sean dóciles para siempre. Así avanzó el proceso de domesticación. Estos animales no sólo sufren alteraciones psicológicas derivadas de su convivencia con el hombre, sino que también se transforman físicamente. Con el paso de las generaciones que nacen en cautividad, las crías van naciendo con características que se apartan de la norma. A la gente le gusta algunas de estas mutaciones porque diferencian a los individuos, porque son agradables a la vista o porque son útiles de alguna manera. Estos individuos se crían con más cuidados, se seleccionan para que se reproduzcan con otros animales privilegiados y de esta manera se consigue que la población cautiva tenga unas características predeterminadas que los criadores han escogido. Esta práctica lleva a la cría de animales en cautividad. Egipto - Domesticación del perro Los animales domésticos provienen de varios antepasados salvajes, la mayor parte de los cuales están relacionados sólo remotamente. Aún así, sus descendientes tienen varias características en común. Los primeros individuos que se domesticaron solían ser más pequeños y, por tanto, más fáciles de controlar que sus antepasados salvajes. Tras generaciones de crianza selectiva, los animales pasaron a depender del hombre y a estar domesticados. Entonces fue cuando se comenzó a producir ejemplares de grandes dimensiones, como el galgo escocés, el caballo percherón o el cerdo blanco grande. Los ejemplares adultos de muchos animales domésticos conservan peculiaridades de su primera época de vida o incluso rasgos fetales. Entre estas características que nunca desarrollan destacan el hocico corto, como el de los bulldogs y los gatos persas; las orejas colgantes, como las de los cocker spaniels y los conejos de orejas caídas; las patas desproporcionadamente cortas, como las de los cerdos de Vietnam y el ganado de Hereford; un pelaje suave y rizado, como el de todas las ovejas que se crían para aprovechar la lana; o un tamaño miniatura, como el de los ponis Shetland y las cabras pigmeas africanas. Estos rasgos juveniles que se repiten en las diferentes razas, parecen coincidir con la disposición dócil e infantil que hace que los animales domésticos sean compatibles con sus amos humanos. Varias razas de diferentes especies muestran otras características difíciles de encontrar en el mundo salvaje. Por ejemplo, el pelo largo y sedoso de los terriers de Yorkshire y de las cabras de Angora, la piel prácticamente desnuda de los perros sin pelo mexicanos y de los gatos esfinge, y las manchas blancas u oscuras de los foxhound, de los caballos pintos y de las vacas Holstein-Friesian. Al final, las personas han manipulado toda la fisiología de las criaturas domésticas que tienen. Tras trabajar con animales salvajes que parían una sola cría o una pequeña camada sólo en la época de cría anual, los hombres han conseguido que los animales domésticos y las mascotas tengan gemelos o camadas de varios miembros en cualquier época del año. Además, la producción de leche, huevos y lana, que antes era estacional, se ha convertido en un proceso continuo en los animales domésticos que se crían para aprovechar estos productos.
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