La Ingenuidad de Jesús. Archivado en Biblia La venganza de la Torá En busca de una teología científica Grecia. Alejandría Como Jesús fue el filósofo del amor habló de la fe, pero no desarrolló una doctrina de la fe. Y menos mal. Su palabra estaba concebida para los hombres, no sólo para griegos y romanos. Pero el ámbito geográfico en el que comenzó todo era greco-romano y los primeros intelectuales convertidos a Jesús eran descendientes de Platón y Aristóteles. Lógicamente, buscaron volcar su fe en los moldes del pensamiento vigentes. Es decir, pretendieron cristianizar la filosofía griega o intelectualizar al Yesuá de Nazaret. Las preguntas que nos hacemos son sencillas: ¿Quién pudo más, Platón, Aristóteles o Jesús? ¿Para entender a Jesús hace falta pasar por los sabios griegos? ¿Todo el sistema oriental ha de hacerse occidental para aceptar y conocer a Jesús? ¿Los africanos deben estudiar escolástica para comprender el mensaje de Jesús? ¿Hay que saber lo que es hipóstasis, esencia, sustancia, accidente, persona, naturaleza? Más claro. La fe de Jesús se volcó en un molde que resultó ser una pequeña parte del universo humano. Se sacralizó y se absolutizó un sistema concreto de pensamiento, que era el de esa parte del mundo. Una parte muy importante -y que posteriormente ha dominado mucho mundo-, pero una parte. Se empequeñeció a Dios y al Hombre Jesús. Se sacralizó una filosofía concreta y se excluyó a las tres cuartas partes de la humanidad. Si para hacerse judío había que circuncidarse, para hacerse cristiano habrá que occidentalizarse. La evangelización cristiana helenizada ha ido sembrando de cruces el mundo sobre la tumba de culturas y filosofías ancestrales no mediterráneas. De eso es de lo que tenemos que pedir perdón al pasado y al presente. Nada humano nos debería haber sido ajeno. Jesús nació donde nació. En algún lugar tenía que nacer. Para Teilhard de Chardin, Palestina, que siempre fue un cruce de rutas y culturas a medio camino entre occidente y oriente, quizá fue el mejor sitio para quien se llamaría la luz del mundo. No se llamaría a sí mismo Dios, pero sí se llamó el Hijo del Hombre. Y dijo: id por todo el mundo llevando la buena nueva. Pero todavía hoy, para aprender su mensaje hay que pasar por Grecia y por Roma. La encarnación, la eucaristía, el credo cristiano sigue sin entenderse sin un diccionario griego (Hipóstasis, transustanciación, persona, naturaleza...). Por supuesto que ese enorme esfuerzo por intelectualizar el pensamiento de Jesús era necesario. Y se llevó a cabo por gentes no sólo de buena voluntad sino por auténticos mártires de su amor a Jesús. Después de Pablo de Tarso el primer gran intelectual fue un tal Orígenes. Su vida y su fe apasionada y apasionante no ha sido suficientemente reconocida por la historia. Lo vemos el próximo miércoles. Hacer comentario
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