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10 mitos y realidades sobre los argentinos

Offtopic9/30/2013


¿Cómo develar el enigma de cómo son los argentinos?. Probablemente, un debate sobre el tema entre argentinos dejaría en evidencia sobre todo una ley que se repite en cualquier debate argento: se tiende a buscar explicaciones antagónicas para casi todo.




Quizás más revelador resulte consultar la opinión sobre los argentinos a los extranjeros que han puesto los pies sobre la extensa tierra del sur de sudamérica. Sobre todo, porque quien mira “desde afuera”, suele estar liberado de todo el catálogo de conceptos preconcebidos a favor o en contra que se acumulan en cualquier residente año a año. Lo que evidencia la visión de un extranjero sobre el país, es que muchos de los mitos desplegados por los propios argentinos suelen destruirse, y muchas de las realidades que sorprenden a los turistas, parecen confirmarse. Empezamos con cinco mitos, que no malinterpreten, no son afirmaciones, sino eso, mitos, que no siempre son tan ciertos, y más bien, tienen tantos matices:




Mito 1: Los argentinos viven afectados por las crisis

Los vaivenes económicos parecen haber sentado mala fama a la economía Argentina. Lo cierto, es que al pisar cualquier gran ciudad de Argentina, se puede observar prosperidad y alto consumo en el centro de sus ciudades, en contraste con algunas situaciones que parecen desconcertar o desentonar: niños que piden dinero en una esquina, un auto de un modelo demasiado viejo estacionado en cualquier cuadra. Pero hay cosas que no cambian: Buenos Aires a grandes rasgos no da señales de ninguna crisis en sus zonas más concurridas, más bien todo lo contrario, y lo mismo sucede en cualquier ciudad de las zonas más prósperas del país: comercios y centros comerciales abarrotados, restaurantes a tope, y un ritmo frenético. Argentina, para la mayoría de visitantes extranjeros, deja una imagen apacible, con gente cálida y amable, lugares y paisajes increíbles, y una infraestructura más que aceptable que permite disfrutar sin contratiempos.




Mito 2: Los argentinos son muy “despreocupados”.

La idea se refiere a la falta de planificación en la vida cotidiana, en la vida del día a día. Los argentinos, están lejos de la puntualidad inglesa, o la rigurosidad alemana para tener un camino diagramado para sus vidas. Sin embargo, muchas veces los extranjeros llegan a ver en el ambiente desestructurado argentino un rasgo que se llega a admirar: los argentinos (quizás a causa de las numerosas crisis del país) saben darle a cada problema de su vida cotidiana la preocupación justa y necesaria, tomarse con humor cada situación, desdramatizar un problema, y vivir el día a día con naturalidad, incluso, es normal hacer bromas de temas serios para matizarlos con un tipo de humor muy particular.




Mito 3: Los argentinos y la “viveza criolla”.

Uno de los tópicos más arraigados, la permanente actitud de sacar ventaja con el mínimo esfuerzo es un mal que los propios argentinos reconocen y someten a la autocrítica, aunque unos tantos lo someten a la práctica. Lo curioso es que cada país tiene su versión de la “viveza criolla”: sin ir más lejos, España tiene su picaresca española . Si bien es cierto que las sucesivas crisis pueden haber alentado esa actitud, la visión positiva de la viveza criolla puede traducirse en resolver una situación compleja de la forma más simple. Es difícil encontrar a un argentino que no se sobreponga con ingenio a algún problema. Incluso, puede que tanta “viveza criolla” consiga despabilar como consecuencia esa creatividad que todos llevamos en estado latente, pero en el mejor de los casos para buenos fines. Los argentinos, son citados a menudo como creativos y prácticos para resolver problemas.




Mito 4: El país europeo

Argentina es un país que se consolidó en gran parte en manos de enormes flujos migratorios desde el viejo continente. Pero afortunadamente, la riqueza étnica es mucho más compleja y numerosa. Podría decirse que no hay región del mundo que no haya aportado inmigrantes que llegan a la argentina, en mayor o menor medida en diversas épocas. A ello hay que sumar las comunidades y etnias originarias, muy presentes especialmente en el norte del país. Argentina es un país diverso y que sorprende en cada región: una compleja mixtura de país con gran influencia europea y espíritu latinoamericano.



Mito 5: La arrogancia que está mal vista afuera.

Los argentinos, cuando salen de su país, tienen en general una buena imagen y aceptación. Relacionado con la crisis económica de 2001, los emigrados argentinos a países como España fueron en gran parte profesionales, gente de la cultura, ciudadanos de alta calificación, y trabajadores en búsqueda de una mejor vida, lo que ha contribuido a una rápida adaptación y aceptación en otros países. A ello se suman los lazos evidentes entre argentinos y españoles, a causa del flujo migratorio alternado por épocas entre ambos países. La supuesta arrogancia argentina está presente en los chistes sobre el elevado ego de los argentinos (seguro les suena eso de “los argentinos piensan que un relámpago es el flash de Dios sacándoles una foto”, entre otros), algo que no pasa de una simpática humorada sobre un rasgo de personalidad sobre todo rioplatense. Y claro, cuando uno camina por Buenos Aires, por ejemplo, no deja de sorprenderse de una ciudad imponente y de gran personalidad, que confirma que sobran los motivos para admirarla, y apara que sus habitantes se sientan orgullosos. Y lo mismo sucede con tantos rincones de Argentina (que ya quisiera conocerla toda, porque me falta…)






Realidad 1: Los argentinos van al psicólogo como si fueran al mercado.

En Argentina, o mejor, en las grandes ciduades del país, los psicólogos son parte de la vida de una familia promedio de clase media. El número de psicólogos y psiquiatras por habitante es casi equiparable al de la ciudad de Nueva York, y es tan común hablar de ir al psiconanalista como hablar de fútbol, de cine o de política. La neurosis en Argentina no se experimenta como un tabú o un tema restringido.



Realidad 2: Los argentinos conducen mal, o se esmeran poco por no conducir de otra forma.

El tráfico, o el tránsito, no es apto para cardíacos. En las calles parece que rige la ley del más fuerte y eso es algo que me molesta de mi propio país. Una peatón tiene que ceder ante un ciclista, un ciclista tiene que ceder ante un taxi, un taxi ante un colectivo, y un colectivo….claro, ante un semáforo, la excepción a la regla. Las bicisendas, nuevos senderos para ciclistas en Buenos Aires, muchas veces no se respetan por parte de automovilistas. En fin…un aspecto en el que hay muchísimo que mejorar entre todos.




Realidad 3: Los argentinos consumen carne a toda hora.

Son distintas las formas de comerla: en empanadas, en milanesa, asada. Pero lo cierto es que en Argentina es difícil encontrar donde comer algo tan común de encontrar en otros países como el pescado, o variedades distintas a la gastronomía criolla. El consumo de carne es un signo de identidad y con razón: es de gran calidad y a relativo buen precio. Afortunadamente, la variedad de restaurantes y comidas de otras latitudes no paran de crecer de la mano del crecimiento del consumo interno y el turismo extranjero.


Realidad 4: Los argentinos viven mirando afuera.

Algo que cualquiera puede notar en los primeros pasos en Argentina, es que muchos de sus habitantes viven (vivimos) midiéndose, comparándose y posicionándose en relación a un país del exterior, generalmente de Europa. Los argentinos a veces parecen padecer (padecemos) el síndrome del “país europeo que no fue”. De hecho, muchos de sus habitantes descienden de inmigrantes que quisieron construir el mayor país europeo fuera de Europa, plasmar en Buenos Aires la París de Sudamérica, consolidar el crisol de razas. Pero las sucesivas crisis parecen haber dado un golpe al sueño de un país próspero sin interrupciones. Más bien la historia es una sucesión de altibajos al mejor estilo montaña rusa.




Realidad 5: los argentinos son apasionados.

La política, el fútbol, o hasta cualquier tema de estado público, se debate en acaloradas discusiones, en donde sentar posición parece primordial para cada tertuliano. Los argentinos son (somos) apasionados en todos los ámbitos de la vida y hasta pueden estar es desacuerdo al resumir el clima de la última jornada: una tarde fresca para uno, puede ser una tarde primaveral para otro, y para empeorar, dicen que los argentinos inventaron la sensación térmica liberando al termómetro de su tarea. Con todo, en un ascensor es mejor discutir del clima que permanecer en silencio, por lo que siempre es aconsejable tener a mano algún pronóstico que comentar. Por cosas como éstas es que se dice, es más fácil reunir a los argentinos que unirlos, pero puede que toda sea pura apariencia.

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