Personalidades maduras e inmaduras
La personalidad no es algo inamovible, la vamos perfilando poco a poco desde que somos niños.
La educación recibida y las experiencias vividas nos van modulando y van conformando junto con nuestro carácter lo que va a ser nuestra personalidad.
Hay personas que aunque lleguen a la edad adulta no son capaces de enfrentarse a su propia vida, huyen de los problemas y se comportan emocionalmente como niños, otras en cambio desde muy jóvenes muestran un equilibrio y un saber estar impropio de su edad.
El carácter, la educación y el aprender de la experiencia son factores que hacen que seamos capaces de madurar como personas.
1. Características de las personalidades maduras
Madurez. Educar la capacidad para asumir responsabilidades ayuda a formar a nuestros hijos.
La imagen que define a una personalidad madura es la de una persona equilibrada emocionalmente, responsable, coherente y honesta consigo misma que tiene claros sus objetivos en la vida.
Las personas maduras dan sensación de seguridad, lo cual no quiere decir que en ocasiones no se muestren vulnerables emocionalmente, ya que todo el mundo tiene sus debilidades y las personas con seguridad en sí mismas no necesitan establecer una máscara que los preserve del exterior.
Una de las diferencias fundamentales entre las personas con personalidades maduras e inmaduras es la capacidad para asumir responsabilidades por parte de las primeras y su actitud ante las adversidades, intentan afrontar los problemas, mientras que las personas inmaduras huyen de ellos.
Las personas con madurez son aquellas que son capaces de asumir sus experiencias como un aprendizaje y son capaces de convertirlas en lecciones personales y sacar provecho de ellas, por duras que estas sean.
El autocontrol es otra de las características que define a las personalidades maduras. Estas personas saben como manejar sus emociones, como encauzar positivamente sus estados de ánimo, cuando se enfrentan a un problema no convierten su frustración en agresividad, sino que la transforman en fuerza y tenacidad para intentar resolver el problema.
2. Características de las personalidades inmaduras
Las personas inmaduras pueden tener personalidades muy distintas entre sí, pueden ser caprichosas y tiránicas o sumisas e inseguras, pero sí hay algo que tienen en común todas ellas: la falta de autocontrol emocional, la arbitrariedad y la ausencia de coherencia personal.
Podemos establecer una serie de rasgos o características que reflejan a los diferentes tipos de personalidades inmaduras:
- Son personas superficiales, tanto en la opinión que se crean sobre los demás como en el conocimiento sobre sí mismos.
- Personas inestables desde el punto de vista emocional, cualquier situación adversa le puede irritar, encolerizar o hundir.
- Una característica que refleja a muchas personas inmaduras es su falta de personalidad y de criterio, se dejan llevar por las modas y por la opinión de los demás. La falta de sólidos planteamientos personales hace que sean personas muy variables y que cambien a menudo de criterio.
- Se suelen comportar siguiendo sus apetencias y deseos momentáneos, sin planificar sus actuaciones ni calibrar los efectos futuros que pueden tener su comportamiento para ellos mismos y para los demás.
- Son personas irresponsables, incapaces de asumir compromisos y con tendencia a huir de la realidad cuando se presentan situaciones o circunstancias complicadas.
- La falta de tenacidad y la poca fuerza de voluntad son muy comunes en las personas inmaduras, debido entre otras cosas a que no tienen objetivos sólidos en sus planteamientos vitales.
3. La madurez y la experiencia
La experiencia y el aprendizaje normalmente facilitan la llegada de la madurez, por lo general, contribuye a que una persona madure antes y con más facilidad.
Así pues, niños con experiencias duras dentro de su entorno familiar o de su país, niños que viven situaciones extremas o para los que el sufrimiento es una constante en su vida, maduran antes que los niños que tienen una vida cotidiana normal y sin problemas.
Igualmente sucede cuando un adolescente estudia fuera de su ciudad o en otro país, además de la experiencia que eso le aporta tienen que aprender a desenvolverse en situaciones complicadas de las que tienen que salir por sí solos y sin la ayuda de nadie.
Ésto inevitablemente implica que desarrollen una serie de recursos para aprender a convivir en otro entorno y fuera de su familia, lo que les ayuda a adquirir una mayor madurez.
4. Educar para la madurez
Hay diversos factores que influyen en la formación de la personalidad de un adulto. La educación recibida y el entorno familiar y social en el que se mueven cuando son jóvenes son muy importantes.
En este sentido, hay algunos vicios que cada vez son más frecuentes en nuestra sociedad y que deberíamos evitar en la educación de nuestros hijos para no fomentar estas personalidades inmaduras:
- Una excesiva sobreprotección de nuestros hijos creará jóvenes inseguros y que no sepan desenvolverse por sí mismos.
- La sociedad actual fomenta el consumismo y la comodidad, no debemos permitir que nuestros hijos se conviertan en unos caprichosos que estén preocupados únicamente de satisfacer sus apetencias.
- Es fundamental que no demos a nuestros hijos todo lo que estos nos piden y fomentar que sean ellos mismos los que logren sus deseos esforzándose para conseguirlos.
La personalidad no es algo inamovible, la vamos perfilando poco a poco desde que somos niños.
La educación recibida y las experiencias vividas nos van modulando y van conformando junto con nuestro carácter lo que va a ser nuestra personalidad.
Hay personas que aunque lleguen a la edad adulta no son capaces de enfrentarse a su propia vida, huyen de los problemas y se comportan emocionalmente como niños, otras en cambio desde muy jóvenes muestran un equilibrio y un saber estar impropio de su edad.
El carácter, la educación y el aprender de la experiencia son factores que hacen que seamos capaces de madurar como personas.
1. Características de las personalidades maduras
Madurez. Educar la capacidad para asumir responsabilidades ayuda a formar a nuestros hijos.
La imagen que define a una personalidad madura es la de una persona equilibrada emocionalmente, responsable, coherente y honesta consigo misma que tiene claros sus objetivos en la vida.
Las personas maduras dan sensación de seguridad, lo cual no quiere decir que en ocasiones no se muestren vulnerables emocionalmente, ya que todo el mundo tiene sus debilidades y las personas con seguridad en sí mismas no necesitan establecer una máscara que los preserve del exterior.
Una de las diferencias fundamentales entre las personas con personalidades maduras e inmaduras es la capacidad para asumir responsabilidades por parte de las primeras y su actitud ante las adversidades, intentan afrontar los problemas, mientras que las personas inmaduras huyen de ellos.
Las personas con madurez son aquellas que son capaces de asumir sus experiencias como un aprendizaje y son capaces de convertirlas en lecciones personales y sacar provecho de ellas, por duras que estas sean.
El autocontrol es otra de las características que define a las personalidades maduras. Estas personas saben como manejar sus emociones, como encauzar positivamente sus estados de ánimo, cuando se enfrentan a un problema no convierten su frustración en agresividad, sino que la transforman en fuerza y tenacidad para intentar resolver el problema.
2. Características de las personalidades inmaduras
Las personas inmaduras pueden tener personalidades muy distintas entre sí, pueden ser caprichosas y tiránicas o sumisas e inseguras, pero sí hay algo que tienen en común todas ellas: la falta de autocontrol emocional, la arbitrariedad y la ausencia de coherencia personal.
Podemos establecer una serie de rasgos o características que reflejan a los diferentes tipos de personalidades inmaduras:
- Son personas superficiales, tanto en la opinión que se crean sobre los demás como en el conocimiento sobre sí mismos.
- Personas inestables desde el punto de vista emocional, cualquier situación adversa le puede irritar, encolerizar o hundir.
- Una característica que refleja a muchas personas inmaduras es su falta de personalidad y de criterio, se dejan llevar por las modas y por la opinión de los demás. La falta de sólidos planteamientos personales hace que sean personas muy variables y que cambien a menudo de criterio.
- Se suelen comportar siguiendo sus apetencias y deseos momentáneos, sin planificar sus actuaciones ni calibrar los efectos futuros que pueden tener su comportamiento para ellos mismos y para los demás.
- Son personas irresponsables, incapaces de asumir compromisos y con tendencia a huir de la realidad cuando se presentan situaciones o circunstancias complicadas.
- La falta de tenacidad y la poca fuerza de voluntad son muy comunes en las personas inmaduras, debido entre otras cosas a que no tienen objetivos sólidos en sus planteamientos vitales.
3. La madurez y la experiencia
La experiencia y el aprendizaje normalmente facilitan la llegada de la madurez, por lo general, contribuye a que una persona madure antes y con más facilidad.
Así pues, niños con experiencias duras dentro de su entorno familiar o de su país, niños que viven situaciones extremas o para los que el sufrimiento es una constante en su vida, maduran antes que los niños que tienen una vida cotidiana normal y sin problemas.
Igualmente sucede cuando un adolescente estudia fuera de su ciudad o en otro país, además de la experiencia que eso le aporta tienen que aprender a desenvolverse en situaciones complicadas de las que tienen que salir por sí solos y sin la ayuda de nadie.
Ésto inevitablemente implica que desarrollen una serie de recursos para aprender a convivir en otro entorno y fuera de su familia, lo que les ayuda a adquirir una mayor madurez.
4. Educar para la madurez
Hay diversos factores que influyen en la formación de la personalidad de un adulto. La educación recibida y el entorno familiar y social en el que se mueven cuando son jóvenes son muy importantes.
En este sentido, hay algunos vicios que cada vez son más frecuentes en nuestra sociedad y que deberíamos evitar en la educación de nuestros hijos para no fomentar estas personalidades inmaduras:
- Una excesiva sobreprotección de nuestros hijos creará jóvenes inseguros y que no sepan desenvolverse por sí mismos.
- La sociedad actual fomenta el consumismo y la comodidad, no debemos permitir que nuestros hijos se conviertan en unos caprichosos que estén preocupados únicamente de satisfacer sus apetencias.
- Es fundamental que no demos a nuestros hijos todo lo que estos nos piden y fomentar que sean ellos mismos los que logren sus deseos esforzándose para conseguirlos.