
Tezcatlipoca (en náhuatl Tezcatlīpoca; AFI [teskatɬiː'poka]: "espejo negro por el humo" o "espejo humeante", en la cultura nahua (mexicas y otros pueblos mesoamericanos de habla náhuatl), es el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible. Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad y antagonía. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro.

Cuenta la leyenda que Tezcatlipoca vagaba por las noches bajo la forma de un gigante, envuelto en un velo y llevando su cabeza en la mano. Los miedosos morían al verlo, pero los valientes lo agarraban y le decían que no lo soltarían hasta la mañana.
El gigante suplicaba que lo soltaran. Si el hombre conseguía retener al monstruo hasta el amanecer, éste le ofrecía riquezas y poderes para que lo dejara partir. Entonces el hombre recibía cuatro espinas, le arrancaba el corazón y se lo llevaba a su casa. Pero al desdoblar la tela en que lo había metido sólo encontraba plumas blancas o una espina o ceniza o harapos.
Tezcatlipoca era el gran enemigo de Quetzalcóatl, cuyo mito evoca una gran lucha. Tezcatlipoca sólo deseaba la destrucción de los toltecas de Tula, es decir, de aquellos que veneraban Quetzalcóatl antes de llegar a ser, luego de la caída de los toltecas, una de las principales divinidades aztecas.
Un día, los habitantes de Tula vieron entrar en la ciudad a tres brujos, uno de los cuales era Tezcatlipoca bajo la apariencia de un hermoso joven. Éste sedujo a la sobrina de Quetzalcóatl, hija del rey Uemac, y en una gran fiesta bailó y entonó un canto mágico. Pronto fue imitado por un gran número de toltecas, a los que condujo hacia un puente que se hundió por el excesivo su peso, haciendo caer a la mayoría al río, donde fueron convertidos en piedras. Después apareció haciendo bailar en su mano un muñeco.
Maravillados los toltecas, se amontonaron tanto para ver el espectáculo prodigioso, que muchos murieron asfixiados. Entonces les dijo que debían matarlo por los males que había ocasionado. Lo mataron, pero enseguida su cuerpo empezó a exhalar un fuerte olor que hacía que muchos toltecas murieran. Después de tantas pérdidas, consiguieron echarlo de la ciudad cuando ya casi la había arruinado.
Ometéotl, el creador, el principio dual, masculino y femenino, en la cultura nahua, viviendo en el decimotercero cielo, engendró cuatro hijos: el primero fue Xipe Tótec (Tezcatlipoca rojo o Camaxtle), el segundo fue Tezcatlipoca (Tezcatlipoca negro), el tercero fue Quetzalcóatl (Tezcatlipoca blanco), y al cuarto le llamaron Huitzilopochtli (Tezcatlipoca azul o colibrí zurdo).
En una de las leyendas nahuas del origen del universo, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl originaron al mundo. Existía solo un océano primigenio, donde únicamente vivía el monstruo de la tierra, Cipactli, Tezcatlipoca ofreció su pie como señuelo, y el monstruo de la tierra emergió y se lo comió. Entonces, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se apoderaron de él, y lo extendieron para convertirlo en la tierra. Sus múltiples ojos se convirtieron en estanques y lagunas, y sus fosas nasales son las cuevas. Para resarcir el daño que le hicieron al monstruo de la tierra, Tezcatlipoca exige ofrendas humanas, consistentes en dar de cada uno lo mejor de sí, alcanzando la trascendencía a través de la acción y la preservación de la naturaleza.
Entre los toltecas, era un protector transformador que descendió del cielo a la tierra valiéndose de una tela de araña, para destruir la obra de Quetzalcóatl, a quién se le apareció bajo el aspecto de un viejo que le ofreció el brebaje de la inmortalidad, pero éste era en realidad una bebida enloquecedora.
Los espíritus de los muertos debían presentarse ante Tezcatlipoca para recibir su sentencia vestidos con una piel de ocelote y con un yugo de madera al cuello. Antes de entrar en el reino de la muerte, la morada de Mictlán, eran sometidos a varias pruebas.

La fiesta tenía alrededor de 6 o 7 fases, en las que participaba el pueblo. En las primeras 4 fases, es la imagen de Tezcatlipoca la que es ataviada, vestida y adorada, por el pueblo y por jóvenes de ambos sexos, que lo cubrían con cuerdas de maíz . Al final del año, el pueblo hacía sacrificios de animales pequeños, dejaba comida al ídolo, la cual recogían los sacerdotes y hacían ofrendas de joyas, mantas y copal. Al joven le cortaban el cabello “como a un capitán” y lo vestían con joyas y mantas. Los últimos 5 días se pasaba de ciudad en ciudad, junto con sus esposas, hasta que finalmente debía subir a un templo ubicado a una legua de Tenochtitlán, rompiendo cuatro flautas que representaban los puntos cósmicos. Cuando ascendía, se recostaba en una piedra y se le arrancaba el corazón.



¡Tezcatlipoca dios caprichoso!
con tu espejo de obsidiana
observas a la raza humana
nada se te escapa ¡Oh dios poderoso!
¡Tu juventud eterna es!
los demás dioses te miran
y con coraje te envidian
porque no conoces la vejez.
Tezcatlipoca dios singular
un día nos llenas de riqueza
al siguiente nos hundes en la pobreza
¡Y es que con nosotros te gusta jugar!
Atormentas a los miedosos
y pruebas al valiente
por eso toda la gente
te sirve, sean humildes o poderosos.
Tu intensa crueldad
con la que nos haces sufrir
es igual voy a decir
a tu inmensa bondad.
Y es que está aclarado
eres dios del destino;
del humano amigo y enemigo
¡Oh tú eres respetado y venerado!
Tú a esto sólo te pones a reír
y continúas con nosotros la diversión
que te causa nuestra aflicción,
gozo, tristeza, felicidad y gemir.
fuente de vida y amparo del hombre,
tu figura simbólica me provoca
la oronda fascinación de tu nombre.
Tezcatlipoca,
señor de la noche enfiestada,
espejo humeante de roca
de ésa dualidad angustiada.
Espejo que humea,
significa tu nombre,
que muestra ese afán flotante
de la juventud eterna del hombre.
¡Quien tome tu lugar en la tierra
se entrega por un año al placer,
más al cumplirse la andanza certera
ofrendará su vida con gran menester!
porque eres símbolo de virilidad
pero también de real sacrificio,
el contrastante dualismo
del dios en toda su majestad.
Porque así es tu destino
leyenda de muchos sabores,
ofrenda de sangre y de flores
con respeto para aquel México antiguo.
Tezcatlipoca ha tomado como Tótem-nahual al Jaguar, sus múltiples manchas nos recuerdan a las estrellas del manto nocturno, y su color amarillo no hace mas que advocar al dorado del sol (el sol que brilla durante la noche), Tezcatlipoca es un dios de la esfera Solar, sin su inspiración mágica (es también el creador de la música) nos seria imposible llegar al despertar de la conciencia.

