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HOLA, CHICOS T hoy les traigo una entrega de Leyendas Urbanas, espero les guste, no se olviden de comentar y contarme que les parecio, soy principiante en esto y estaria bueno que critiquen para ir aprendiendo y desde ya les AGRADEZCO, su atencion y su tiempo en mi POST. Okey sin mas preambulos continuemos con las Historias... EMPEZAMOS CON LA PRIMERA SE TITULA: Dile a Mis Padres.! DISFRUTENLA... Una chica se escapa de casa desobedeciendo a sus padres para ir a la fiesta de una amiga. Fuera de casa la espera su novio, quien ya está bastante borracho, él la llevará hasta la fiesta aunque conduciendo a toda velocidad… Sandra siempre había sido una adolescente conflictiva, sus notas empeoraban cada vez más, discutía continuamente con sus padres y desobedecía sus instrucciones cada vez que se daban la vuelta. Sus progenitores estaban desesperados, no querían que la chica perdiera el curso y las habladurías sobre lo “fácil” que era con los chicos ya habían llegado a sus oídos. A sus ojos ella seguía siendo la misma niña a la que tenían que cambiar los pañales y vieron dar sus primeros pasos con un año de edad. Pero lo cierto es que Sandra ya se consideraba a sí misma una mujer, con dieciséis años se creía lo suficientemente madura como para tomar sus propias decisiones y molestar a sus padres se había convertido en el más divertido de sus pasatiempos. Cuando salía de fiesta llegaba siempre un par de horas después del “toque de queda”, tenía cada vez peores compañías y el desfile de novios parecía no terminar nunca. Pero el detonante definitivo fue cuando sus padres encontraron una prueba de embarazo en su cuarto de baño. Malo era que “la niña” se hubiese hecho mujer, pero más preocupante era que además lo hiciera sin protección. Los padres estaban destrozados, amaban tanto a su única hija que sin saberlo la habían consentido demasiado y se había convertido en una arpía, en una manipuladora a la que ni sus propias compañeras de instituto soportaban. Era la típica niña mimada que hacía siempre lo que quería y cuando quería. Por el contrario sus padres eran excelentes personas, queridos y respetados por todos sus conocidos, aunque se habían volcado en atenciones a una hija que nunca les devolvió el amor que la profesaban. Pero todo había llegado demasiado lejos, debían escarmentarla y controlar su comportamiento. Castigarla sin salir hasta que acabara el curso les pareció la única opción, incluso estaban barajando la opción de enviarla a un nuevo centro el año que viene. Uno que era conocido por lo estricto de sus profesores y los excelentes resultados para “domar” a fierecillas como Sandra. La adolescente por supuesto no estaba dispuesta a respetar el castigo y mucho menos esa noche, así que fingió un dolor de cabeza para irse temprano a dormir, algo realmente impensable en ella. Cerró la puerta, apagó la luz y escondió bajo las sábanas unos almohadones para dar el aspecto de que había alguien durmiendo. No era la primera vez que lo hacía y descender por el tejado que había junto a su ventana le resultó una tarea fácil. El novio la esperaba un par de calles más allá con un potente todoterreno que seguramente pertenecía a sus padres. Nada más subir le plantó un beso con lengua y le ofreció un trago de tequila con una botella que ya estaba casi por la mitad. Entre risas y con la música a todo volumen salieron hacia la fiesta de Alicia, una chica que había repetido varios cursos e incluso había sido detenida por la Policía en dos ocasiones, probablemente la joven más peligrosa y temida del instituto. Sandra llevaba semanas hablando de esa fiesta ya que Alicia había prometido que con su mayoría de edad compraría todo el alcohol que pudiera y montaría la fiesta más salvaje que jamás pudieran recordar. Al llegar allí se encontraron exactamente con lo que Sandra se había imaginado, la gente bailaba junto a la piscina medio desnuda, pocos habían sido avisados para que llevaran un traje de baño por lo que la mayoría estaban en ropa interior. En la zona de la barra decenas de botellas coronaban unos juegos en los que se retaba a la gente a beber por un embudo, o se organizaban torneos de chupitos. Se veían grupos de jóvenes besándose y metiéndose mano en cada rincón, y luces que se apagaban en las habitaciones de arriba. Sandra estaba feliz y no tardó en integrarse a la perfección en la fiesta, su novio por su parte se dirigió como un misil a la zona de las bebidas, agarró una botella en cada mano y se fue a la piscina donde se puso a flirtear con una rubia que parecía seguirle el juego. A Sandra le cambió la cara cuando vio la escena, como una tigresa se acercó a su pareja y le dio un apasionado beso para disuadir a la otra chica. Pero el chico le dijo: “Esta es mi vecina, la pobre no tiene como regresar a casa y con la ropa mojada no puede llamar a un taxi, voy a acercarla un momento a casa y regreso a la fiesta en unos minutos” Sandra, que no era tonta, no estaba dispuesta a dejar que “su chico” se fuera con una cualquiera. A pesar de que quería continuar en la fiesta dijo que los acompañaría. La cara del novio era un poema, obviamente su intención era irse con la rubia a algún lugar apartado. Pero Sandra no le iba a dejar tranquilo. Así que a regañadientes montó con las dos chicas en el coche y, enfadado como iba, bebía trago tras trago de una de las botellas que se había llevado de la fiesta. Sandra, que conocía bien al chico, sabía que ya había bebido demasiado pero tenía una cara de furia que le indicaba que era mejor no recriminarle nada. Diez minutos después y con el vehículo haciendo eses por la evidente borrachera del chico llegaron a su destino. La chica rubia se bajó del coche y guiñando un ojo le dijo: “Gracias, vecino, otro día nos vemos por el barrio”. Sandra sabía que el chico no vivía por la zona, por lo que no tardó ni un minuto en enfrentarse a su novio gritando y empujándole mientras conducía de vuelta a la fiesta. Él, realmente borracho y enfadado, conducía a toda velocidad mientras forcejeaba con ella. De repente se encontraron con una fuerte luz de frente… El impacto fue brutal. Sandra, que no llevaba el cinturón puesto, fue la única que no murió en el acto. Salió despedida del todoterreno y se golpeó fuertemente contra el techo del otro coche y después contra un árbol. Su cuerpo quedó tendido junto a la carretera mientras los dos vehículos se habían convertido en un amasijo de hierro y trozos de carne destrozada, carne que pertenecía a su novio y a una pareja que viajaba en el otro coche, una pareja que no había tenido culpa de nada y que se había encontrado con el vehículo de un borracho mientras avanzaba correctamente por su carril. La Policía y un equipo de urgencias llegó al lugar a los pocos minutos, Sandra aún estaba con vida aunque el golpe había sido mortal. Con su último aliento y tosiendo sangre por la boca le dijo al médico que la atendió que le dijera a sus padres las siguientes palabras: “Dígale a mis padres que todo ha sido culpa mía, que debí hacerles caso y que los quiero” El doctor, que había atendido escasos segundos antes a los otros accidentados, corroborando su muerte, observó impotente cómo la chica se apagaba. El golpe había sido tremendo y la cortina de humo que había levantado fue tal que la gente que había en la fiesta de Alicia se acercó a ver qué había pasado a dos calles del lugar. Una de las amigas de la infancia de Sandra la reconoció antes de que la cubrieran con una manta. -¡Doctor, doctor, ella es mi amiga! ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha dicho? -Siento mucho comunicarle que su amiga ha fallecido por el accidente, trató de decirme algo pero no pude entenderla. Un enfermero que acompañaba al médico se sintió intrigado al ver que no le había explicado las últimas palabras de la chica. -¿Por qué no le dijo el mensaje que le ha dejado a sus padres? El doctor apesadumbrado le contestó: -No sabía qué decirle, la pareja que ha muerto en el otro coche… Eran sus padres. Al parecer los padres habían descubierto el engaño de su hija y habían ido a buscarla a la fiesta de la que llevaba hablando semanas. Al llegar allí y no encontrarla decidieron volver a casa para ver si había regresado. Con la mala fortuna de que en el camino se chocaron de frente contra el todoterreno en el que iba su hija. IMPACTANTE NO? Una historia poco comun, pero no la unica CONTINUEMOS... La segunda historia, se titula: Caramelos Envenenados... Veamos de que se trata Probablemente la leyenda urbana más popular en Halloween es la de un asesino que oculto bajo un disfraz aprovecha para regalar caramelos envenenados y manzanas con agujas y cuchillas en su interior a los niños… A Martín le tocó este Halloween la tediosa labor de acompañar a los niños del vecindario en su búsqueda de caramelos tocando puerta por puerta. Todos los años uno de los padres era el encargado de vigilar a los pequeños mientras corrían alegres acumulando dulces y chocolatinas. No es que a Martín no le gustaran los niños, los adoraba, pero tener que controlar a tanto pequeñajo era un trabajo agotador. A su hijo de ocho años le podía pegar un par de gritos para calmarlo pero cuando su misión era vigilar los hijos de los demás su función era mucho más difícil. Aún así tenía que reconocer que lo estaba disfrutando mas de los que esperaba, los niños se estaban portando muy bien y estaba viendo a su hijo disfrutar. Además los vecinos del barrio residencial donde vivía eran realmente amables con los niños e incluso con él, ya que varios le ofrecieron golosinas y le daban ánimos con el arduo trabajo que controlar a más de una decena de fierecillas. Aunque como en todo vecindario siempre hay un viejo cascarrabias al que todos los niños le tienen miedo. Don Clemente era el prototipo de viejo viudo y amargado que aparece en las películas… El típico anciano que no devuelve el balón a los niños cuando cae en su jardín y vivía en un viejo caserón de esos que provocan un escalofrío al pasar. Martín sabía que nunca abría la puerta a los pequeños en Halloween y mucho menos les daba caramelos, pero era su obligación acompañar a los niños a golpear la puerta. Por lo menos sería una buena excusa para asustar un poco a los niños y poder controlarlos un poco mejor. Su sorpresa fue mayúscula cuando a los pocos segundos de golpear la puerta de Don Clemente éste apareció totalmente cubierto por una sábana blanca, un disfraz improvisado de fantasma que pareció encantar a los niños. Al fin el ogro (como le llamaban algunos) se había ablandado y repartía caramelos, chocolatinas y manzanas caramelizadas entre los pequeños. Nunca articuló ni una palabra pero sin duda era todo un avance en su actitud. Martín agradeció el gesto y se despidió de Don Clemente con un apretón de manos. Le llamó la atención que usara guantes dentro de casa, pero la verdad es que el viejo era tan excéntrico que no le dio mayor importancia. Al menos no hasta pasados diez minutos… El hijo de Martín súbitamente comenzó a vomitar, parecía que se estuviera ahogando y aunque seguía respirando lo hacía de forma muy débil y superficial. Segundos después comenzó a convulsionar en el suelo y sus labios tomaron un color azulado. El tiempo que tardó en llegar la ambulancia se le hizo eterno. Al llegar los sanitarios el niño estaba en coma, le entubaron para ayudarle a respirar y salieron a toda velocidad hacia el hospital mientras la sirena de la ambulancia sacudía con su estruendo el pacífico y tranquilo barrio. A pesar de todo el esfuerzo del equipo médico el hijo de Martín falleció en menos de media hora. El médico de guardia nunca había visto un caso como el de esa noche, pero si había leído mientras cursaba medicina un caso similar. Un envenenamiento por cianuro. Rápidamente revisó en la mochila que aún llevaba el cadáver del niño y encontró la bolsa de caramelos que había recolectado ese Halloween . Un inconfundible olor a almendras amargas (olor que normalmente tiene el cianuro) se desprendía de una de las chocolatinas. Al abrirla encontró en un interior un polvo blanco que claramente alguien había introducido dentro del chocolate. Siguió abriendo chocolatinas y encontró en algunas mas el polvo y algo aún más inquietante… Al partir una de las manzanas caramelizadas encontró en su interior cuchillas de afeitar y agujas. Sin duda alguien había decidido envenenar a todos los niños del barrio o al menos provocarles daños graves con agujas y cuchillas escondidas dentro de la comida. El médico salió corriendo al pasillo y sujetando fuertemente por los hombros a Martín le empezó a preguntar si había más niños con su hijo - Debemos avisar al resto de padres que no dejen comer nada a los niños, no podemos permitir que ningún niño más muera. – El médico en su afán por salvar vidas no había recordado avisar al padre de la muerte de su hijo. La cara de preocupación de Martín cambió inmediatamente a una de total desolación - ¿Ningún niño más? ¿Qué le ha pasado a mi hijo? ¿Dónde está? Martín apartó al doctor y entró a empujones en la sala donde habían atendido a su hijo. Destrozado por el dolor de la pérdida se sentó en el suelo mientras abrazaba el cuerpecito sin vida de su hijo. Las lágrimas pronto se convirtieron en un rostro de rabia mientras el doctor le explicaba que habían encontrado restos de cianuro en las golosinas que alguien le había regalado a los niños e incluso dentro de una manzana habían agujas y cuchillas de afeitar. Martín recordó cual fue la única casa donde habían regalado manzanas caramelizadas y entonces empezó a atar todos los cabos: la amabilidad sin precedentes de Don Clemente, porqué llevaba guantes dentro de casa y que su hijo minutos después de la visita comenzara a sentirse mal. Sin mediar palabra salió corriendo del hospital al que justo en ese momento llegaba otro niño con los mismos síntomas de su hijo. Martín reconociendo a su vecina le dijo que avisara por teléfono al resto de madres que no dejaran comer nada a los niños. No dijo nada mas ya que subió a un taxi y salió rumbo a la casa de Don Clemente. Martín no era un hombre muy corpulento pero cualquier persona que se hubiera cruzado con él hubiese dado un paso atrás al ver su rostro desencajado por la furia. De un patadón reventó la puerta de entrada de Don Clemente y entró en su casa con la intención de matarle con sus propias manos. Pero al llegar a la habitación del viejo se dio cuenta de que alguien se le había adelantado. Don Clemente estaba tirado en el suelo con la cabeza destrozada y restos de sangre seca manchaban la alfombra sobre la que estaba tendido su cadáver. Pocos minutos después llegó la policía y encontró a Martín sollozando y sentado en la cocina de Don Clemente mientras sostenía una carta en la que el verdadero asesino había escrito: FELIZ HALLOWEEN Un forense determinó que el viejo llevaba muerto varias horas y no pudo ser quien entregó los dulces envenenados, alguien amparado por un disfraz improvisado de fantasma había suplantado al anciano y envenenado a los pequeños. Esa noche fallecieron cuatro niños y varios más sufrieron cortes y pinchazos en sus bocas al comer chocolatinas y manzanas. NOTA: Por aterrador que parezca en Estados Unidos se han dado casos de envenenamientos y se han localizado tanto cuchillas y agujas como drogas en los dulces que algunos desaprensivos regalan a los niños. ¿Leyenda o realidad? Yo por si acaso me pensaría mucho comerme algo que me ha regalado un desconocido. OKEY OKEY creo que de ahora en mas habra que pensar dos veces antes de dejar a sus hijos ir a buscar dulces en esta fecha popular xD llegamos a la tercer Leyenda que se llama: El Peaje... Y DICE mas o menos asi... Un hombre vivirá la experiencia más aterradora de su vida cuando un coche ocupado por unos individuos de peligroso aspecto se acerque a la cabina de peaje en la que trabaja por la noche. Era una noche aburrida y tediosa como cualquier otra en el gris trabajo de un viejo cajero de peaje. Además esa semana le tocaba trabajar en el turno de noche y el aburrimiento se multiplicaba en una de esas largas noches en las que casi no pasaba ni un vehículo. Su única compañía hubiese sido su compañero Ernesto, pero por desgracia a él esa noche le tocaba la entrada de camiones y vehículos pesados que se encontraba en la cabina más alejada. Hacían mas de veinte minutos desde que pasó el último coche y estaba empezando a perder su lucha contra el sueño cuando a lo lejos apareció uno de esos coches tuning que parecían una atracción de feria con sus luces de neón y su música a todo volumen… Escuchar Daddy Yankee a todo volumen a las cuatro de la mañana ya hubiese sido motivo suficiente para odiar al grupo de macacos que había en el interior del vehículo. Pero al bajar los cristales tintados de la ventanilla su repulsa aumentó al ver a un niñato de unos veinte años con una camiseta sin mangas y el típico cuerpo de haberse machacado en el gimnasio aderezado con un poco de esteroides. Además tenía todo el brazo, el cuello y parte de la cara tatuados, pero lo más impactante de su aspecto de matón de discoteca era una funda metálica en los dientes superiores que hacía que su aspecto fuera incluso más amenazante y aterrador. - ¿Qué pasa abuelo tengo algo pintado en la cara o qué? Tras hacer la pregunta se escucharon unas risas de los otros ocupantes del vehículo, debían ser unos tres mas y cuando vieron que su “líder” se envalentonó aprovecharon para asomarse por las ventanillas para ver la cara de miedo del viejete mientras su amigo le empezaba a molestar. - Vamos Tutankamón que no tenemos toda la noche ¿Cuánto es? - Un euro y medio – contestó el viejo sin levantar la cabeza. - ¡¡Pero serás ladrón!!! No me jodas cada día es más caro. - Tiene usted razón señor pero yo no pongo los precios, yo solamente soy un “mandao”. - Jajaja mira el viejales que educado que me llama de usted y todo. Me has caído bien Tutankamon, ¡¡¡Sal de la cabina que nos vamos de fiesta!!! - Disculpe señor pero no puedo abandonar mi puesto. - ¿Seguro que no te quieres venir? – El matón alargó el brazo y le dio un billete de cinco euros para pagar el peaje. - No, muchas gracias – le dijo el hombre que no levantaba la mirada del suelo de puro terror. Mientras contaba el cambio que tenía que devolverle aprovechó para levantar la barrera, cuanto antes se fueran mejor. - Aquí está su cambio señor – dijo tratando de no cruzar la mirada con él. En ese momento un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando sintió como una fuerte mano le agarraba de la muñeca. - ¡¡¡Te vas a venir con nosotros quieras o no!!! – Mientras pronunciaba esas palabras sacó una cuerda y con un nudo que ya tenía preparado le ató la mano. Sin mediar mas palabra el matón aceleró su coche al máximo y salió quemando ruedas mientras de la ventanilla salía más y más cuerda que debían tener enrollada dentro del coche. El hombre paralizado por el miedo, intentó desesperadamente deshacer el nudo, pero era muy complejo y se notaba que lo habían preparado para resultar casi imposible deshacerlo. No sabía cuanta cuerda había dentro del coche y en cualquier momento recibiría un fuerte tirón que le podría arrancar el brazo o lo que es peor le arrastraría detrás del coche de los matones. Esa gente desalmada podrían arrastrar su cadáver durante kilómetros antes de soltar la cuerda. El hombre recordó que sus hijos le habían regalado una navaja suiza por el día del padre, una de esas multiusos que sirven para todo y en realidad no sirven para nada. Intentó en vano cortar la cuerda, pero parecía una de esas de alpinismo ultra resistentes y preparadas para soportar roces contra la roca y grandes tirones. Su compañero de trabajo al escuchar sus gritos salió corriendo hacía su cabina sin saber que sucedía y al ver la cuerda atada a la muñeca de su amigo y como el coche se alejaba a toda velocidad se quedó petrificado. Cuando todo parecía perdido, sucedió lo que menos se hubieran podido esperar, el otro extremo de la cuerda salió por la ventanilla del coche que se alejó a toda velocidad… Realmente la cuerda nunca había estado atada al interior del coche. Tan sólo fue una broma macabra y de mal gusto con la que los matones pretendían darle el susto de su vida al pobre hombre del peaje. Mientras su corazón bajaba el ritmo de pulsaciones, que a punto estuvieron de causarle un ataque cardíaco, se dio cuenta de que del miedo se había hecho pis encima, pero la verdad es que eso le importaba poco cuando había visto tan cerca la muerte. Esa noche no volvería a pasar sueño en su turno. Por favor no hagan chistes acerca del genero de musica... xD la cuarta y ultima se denomina La Chica que Pisò una Tumba... Disfrutenla... Un grupo de amigos entre bromas y alcohol comienzan a contar historias de terror. Uno de ellos reta al resto a pisar una tumba en un cementerio cercano. Según cuenta la leyenda si lo haces el muerto te agarrará y llevará con él… Una noche, unos chicos celebraban una fiesta en un parque, entre risas y alcohol comenzaron a contar historias de terror. En la misma calle, había un cementerio y uno de ellos comentó lo mucho que le aterraba pasar por allí. Aprovechándose del miedo de su amigo otro de los jóvenes advirtió al resto con la siguiente frase: - No se os ocurra nunca pisar sobre una tumba cuando se ha puesto el sol. Si lo haces, el muerto te agarra y te mete dentro. - Mentira – replicó Alexandra – Eso son sólo supersticiones. - Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te daré 10 euros si te atreves, apostó el chico. - A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo. El chico le tendió su navaja. Clava esta navaja en una de las sepulturas le dijo. Así sabremos que has estado allí. Sin dudarlo Alexandra cogió la navaja y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada atónita de sus amigos. El cementerio estaba lleno de sombras y había un silencio sepulcral y sin quererlo el miedo se fue adueñando de la chica que con cada paso sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca. - “No hay nada que temer”, se repetía Alexandra para tratar de calmarse a si misma. Escogió una tumba y pisó sobre ella. Después se agachó rápidamente, clavó en el suelo la navaja y se dispuso a marcharse. Pero no pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse. Estaba aterrada. - ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo. Al ver que no regresaba, los chicos fueron en su busca. Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara totalmente desencajada del miedo. Sin darse cuenta, Alexandra se había enganchado la falda con la navaja al clavarla en el suelo. Era la navaja lo que la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón. Jajajajajajaa esta es un poco graciosa xDD BUEEEEEEEEEEEENO eso ha sido todo, COMO veran soy principiante y no se mucho de esto espero puedan disfrutar las historias que les conte, quizas alguno la conosca ya, solo queria compartirlas con ustedes, GRACIAS POR tomarse las molestias de ver mi post un ABRAZO TARINGUEROS y nos vemos en otra entrega de LEYENDAS URBANAS muajajajajaja xD
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