En Entre Ríos se intenta hacer algo:
Informe especial
El físico ideal: una carrera que puede terminar en la muerte
El último informe de ALUBA alertó que el 12 por ciento de las adolescentes en Argentina tienen alguna patología alimentaria.
Revistas, cartelería, internet, folletos, televisión, fotografías…pantallas. La imagen es el centro de nuestras vidas y con ella, el culto al cuerpo. La belleza es sinónimo de éxito social y entre los parámetros que la definen, se impone a la delgadez como tópico fundamental para alcanzarla. Pensar en ser socialmente aceptado supone considerar casi inevitablemente en tener un cuerpo flaco. Aún más, pensar en ser exitoso remite inmediatamente no sólo a ser delgado, sino a ser hermoso. Muchas de las jóvenes, y también algunos varones corren detrás de esa meta: lograr el físico ideal. “Este tipo de pacientes persigue el cuerpo que la sociedad promulga como ideal, pero no hay conciencia de los daños no sólo psicológicos sino físicos, de deterioro que ese camino acarrea. Muchas veces se satisface el deseo de estar flaco, pero no se es consciente de que esa satisfacción está ligada a la muerte”, explicó María del Rosario Vera, psicóloga del Servicio de Salud Mental del Hospital San Martín.
Por N.B., de ANALISIS DIGITAL
Todos nos definimos a partir de parámetros externos, creamos nuestra imagen, la construimos a partir de lo que vemos. Cuando desde el exterior nos llegan modelos bellos, muy idealizados, nuestra percepción se distorsiona. Ideales estéticos como la delgadez se vuelven una obsesión para muchas personas.
En este contexto, alguien que sufre de trastornos de alimentación como bulimia y anorexia pretende ser parte de una sociedad de la que se siente excluido. Se persigue con obsesión la belleza, y en este caso para lograrla, ser flaco es un paso inevitable. Detrás de esa meta, se busca seguridad, pero lo que se desconoce es que la enfermedad aísla cada vez más a sus víctimas.
Números
El último informe de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), de diciembre de 2010, alertó que el 12 por ciento de las adolescentes en Argentina tienen alguna patología alimentaria. Pero según esa institución, lo alarmante es que 10 años antes, es decir en 2000, esa cifra no superaba el nueve por ciento. Además, desde el organismo advirtieron que la edad de iniciación de este tipo de enfermedades es cada vez más temprana, y si bien las más vulnerables son las mujeres, en menor medida los varones también son víctimas de estos trastornos.
El relevamiento, que contempló algo más de 100.000 casos de todo el país, deslizó, además, que el 37 por ciento de la población encuestada padece anorexia y/o bulimia, cuando hace 10 años el índice era del 26 por ciento.
Ante estas cifras, este medio recurrió a la cartera sanitaria provincial para indagar sobre los programas preventivos que se llevan adelante en torno a esta temática. Pero la sorpresa sobrevino cuándo desde el organismo informaron que no existe ningún área determinada que se dedique al registro de casos y a la implementación de políticas preventivas y de contención de los trastornos alimenticios.
“Específicamente no tenemos ningún responsable que se aboque a trastornos alimentarios como bulimia y anorexia”, dijo el secretario de Salud, Pablo Basso. No obstante, manifestó que desde el Ministerio implementaron recientemente un área de prevención de enfermedades crónicas no transmisibles tales como diabetes, hipertensión, colesterol, tabaquismo y cáncer, entre otras.
“Un 60 por ciento de las muertes en Entre Ríos tienen como causa a enfermedades crónicas no transmisibles -entre las que se cuenta a la bulimia y la anorexia-, y a partir de esta cifra es que estamos comenzando a desarrollar charlas preventivas y acciones ligadas a este flagelo”, señaló el responsable de la coordinación, Luis Larrateguy.
Desde Salud Mental del Hospital San Martín
Jóvenes con bulimia o anorexia, “se detectan más que nada cuándo el paciente viene por otro tipo de consultas. Lo identificamos cuando la persona está aislada, deja de ver a los amigos, no va a la facultad, no puede rendir, no se cocina”, entre otros factores. “Ahí aparece”, explicó la coordinadora del Servicio de Salud Mental del Hospital San Martín, Irene Bergagna.
“Generalmente nosotros atendemos pacientes que están internados en el hospital y durante su estadía en el nosocomio se descubren algunas veces anorexias importantes. Pero, es muy raro que los ambulatorios se movilicen hasta nosotros por una inquietud así. Lo que nos sucede frecuentemente es que a lo largo de la terapia, los pacientes van tocando distintas temáticas y ahí detectamos trastornos en la alimentación, pero no llegaron por eso”, contó Bargagna.
Ante la consulta de este medio, de por qué las personas no llegan a pedir ayuda con esa inquietud, Vera opinó: “No hay conocimiento de enfermedad y para realizar una consulta uno se siente movido por algo que detecta que no está bien. Respecto a estas enfermedades no hay una conciencia sobre esto”.
De inmediato, otra de las psicólogas del área, Fernanda Correa, argumentó que no sólo la no conciencia que es importante, sino que los pacientes con anorexia dejan de comer por una cuestión voluntaria. Entonces, lograr ese objetivo, provoca también cierta satisfacción, y cierto placer. Y en esa lógica, ¿para qué consultar al psicólogo si no hay malestar? Desde esta dinámica de pensamiento, se va al médico porque duele algo, se va al dentista porque molesta algo, se va al psicólogo porque se está angustiado. Pero, en estos pacientes es muy difícil tener ese registro, en el sentido de que lograr el objetivo de la disminución de peso es voluntario, y además eso produce cierta satisfacción”. En tanto, agregó: “En este tipo de patologías, el entorno es muy importante y uno de los objetivos de los enfermos es ocultar la necesidad de bajar de peso, mantenerlo siempre silenciado procurando que el otro no se de cuanta”.
Para la coordinadora del Servicio, “a veces la familia no tiene muchos elementos para entender” las señales de la enfermedad, “es que empieza a producirse un aislamiento de la persona. Y quizá para el psicólogo eso no es una cosa muy llamativa porque conoce de la importancia de la interacción social. Pero para la familia pasa desapercibido, porque la persona a veces puede decir que está estudiando mucho, o que le encanta hacer gimnasia. Entonces, no es algo fácilmente detectable para una familia”.
En tanto, Vera recalcó: “La anorexia no es sólo la disminución de peso, sino que es un conjunto de síntomas. Pero como terapeutas hay que escuchar a los pacientes y evaluar todos los indicios para hacer un diagnóstico más aproximado a los trastornos de alimentación”.
Sobre el camino del tratamiento cuando en la institución detectan un caso, la responsable explicó: “Nosotros tuvimos un caso particular y teníamos que derivarlo pero no es fácil encontrar un lugar adecuado que traten específicamente esto. Hasta ahora, somos un servicio que no cuenta con internación, y los pacientes no pueden quedar acá si no tienen un hecho orgánico”. No obstante, sostuvo que pueden brindar herramientas a los pacientes ambulatorios.
Desde la Casa del Joven en Paraná
En tanto, desde la Casa del Joven en Paraná, dependiente de la Dirección de Salud Mental, del Ministerio de Salud, y del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf), se informó que “no son demasiadas” las demandas específicas respecto a trastornos alimenticios.
La titular de la entidad, Claudia Bottegal, aseguró que desde el 2006, año en que asumió la dirección, “las consultas tenían que ver con trastornos de alimentación y también con otro tipo de demandas, pero las primeras no eran demasiadas”. Y que “actualmente, la mayoría de las inquietudes vienen desde los padres, en este no saber qué hacer con sus hijos”, y “desde los jóvenes en relación a las dificultades con las cuales se encuentran en el tránsito de su tiempo adolescente, desde la comunidad, escuelas, centros de salud, y Copnaf”.
La responsable de la institución, expuso que “no todos los trastornos alimenticios forman parte de una patología”. En el caso de la bulimia y anorexia “se los vuelve un problema, pero en realidad, se los debe tratar enmarcados en un proceso muchos más amplio, porque son trastornos complejos lo que lleva a un abordaje interdsiciplinario”. En ese sentido, subrayó que este tipo de patologías “pueden ser miradas como la manifestación de una crisis”.
Sobre el final recalcó: “Algo que nos atraviesa en la época actual es patologizar muy rápidamente determinados actos o conductas, nominarlas y rotularlas, cuando son un modo más de manifestar un malestar”.
Desde ALUBA
“La edad más frecuente de desarrollo de estas patologías son los 15 ó 14 años más o menos. También hay casos de chicas que son adultas de 20 o 30 años. Generalmente, se da en el despertar de la adolescencia, pero también puede aparecer desde la infancia”, contó Betiana Barrionuevo, terapeuta de ALUBA Paraná.
“Nosotros comenzamos a recibir niños desde los 8 años más o menos, y en este momento estamos tratando dos, una nena y un nene”, aseguró la profesional. En tanto, dijo que en total, en ALUBA Paraná, están bajo tratamiento 30 pacientes: 27 mujeres y tres varones.
Para Barrionuevo, los trastornos alimenticios no se ligan a ninguna clase social. En cambio, sí tienen que ver algunas características familiares. “Creo que hay factores del grupo familiar que predisponen al desarrollo de la enfermedad. Diría que la falta de límites, es decir, donde los límites están desdibujados es un ambiente propenso para desarrollar determinadas patologías alimentarias como otros tipos de conductas problemáticas”, consideró, sin dejar de recalcar que “también depende de la personalidad entre diversos factores sociales y culturales”.
Por otro lado, la terapeuta manifestó que “en general, las consultas se incrementan en determinadas épocas del año, en la primavera, y el verano por la exposición corporal”.
En tanto, sobre el tratamiento que se brinda desde la institución, la terapeuta manifestó: “Las terapias son de autoayuda. Trabajamos en grupos, esa siempre ha sido la metodología de ALUBA. Hacemos hincapié en el conjunto y no en un tratamiento individual por una cuestión que, más que apoyo psicológico, buscamos encaminar la solución en la ayuda que brindan las personas que están pasando por el mismo problema”, dijo Barrionuevo.
“La sede está abierta en cierto horario, pero el grupo que forma una contención más emocional, está las 24 horas y allí se forman lazos de amistad, lazos solidarios”, contó.
“También tenemos entrenamientos familiares en donde vamos haciendo un ABC que son las recomendaciones básicas, como por ejemplo respetar las comidas, que tapen los espejos, que no hagan comentarios sobre su propio cuerpo, que nos apoyen a nosotros en base al tratamiento”, enumeró. “Ciertas pautas que son: no al alcohol, no a fumar, entre otros; porque hay un tratamiento psiquiátrico”.
Las áreas de trabajo son tres: psicológica, médica y psiquiátrica.
Barrionuevo dijo que también tienen “encuentros multifamiliares donde se invitan amigos, parejas, familia tanto del núcleo primario como el amplio, donde trabajan una temática particular”.
Por otro lado, explicó que conformaron “un grupo de madres que se reúne dos veces por semana con la consigna de que hablen de sus problemas personales, porque ¿quiénes contienen a los papás de las pacientes?”, inquirió la terapeuta, al momento que subrayó que “la patología está ligada a los alimentos pero puede funcionar como un emergente de problemas familiares”.
El tratamiento funciona en cuatro módulos: el primero donde se busca educar sobre la alimentación y dura doce meses. Durante el segundo, “se trata de ir más a fondo en las cuestiones personales y causas emocionales”, y se extiendo por dos años. En el tercero se trabaja sobre proyectos vocacionales. Y cómo se puede insertarse el paciente a la comunidad. Y el cuarto, es un pre alta. En ese período los pacientes “devuelven a la institución lo que le brindó, apadrinan a las chicas nuevas”.
Sobre el final, subrayó: “Hace 11 años se abrió esta delegación, partió de la iniciativa de un grupo de padres preocupados por sus hijas”, manifestó Barrionuevo, al tiempo que contó que “la institución se va manteniendo con el esfuerzo de las personas”, porque no tienen “ayuda monetaria” del Estado. “Somos, además, el único centro que ofrece el tipo de tratamiento que hacemos”, recalcó.
El organismo tiene convenio con varias obras sociales, pero no con todas. “En realidad está por ley que las obras sociales deban cubrir estas patologías, pero no se cumple en todos los casos, no todas las obras sociales cubren el tratamiento en ALUBA”, subrayó. No obstante, dijo que reciben pacientes de hospitales públicos, “porque muchas veces ahí no los pueden contener, entonces los derivan”. En esos casos, lo que se hace desde la institución es atenderlos gratuitamente porque no tienen obra social. “En este momento, el 40 por ciento de los pacientes está becado por la institución. Es decir que son costeados por el propio establecimiento”, manifestó.
“Con lo que nos sostenemos es con el aporte de esos que sí abonan o tienen obra social. Además, siempre estamos presentando proyectos porque buscamos el acompañamiento público para trabajar y poder brindar mejor atención”, explicó y como ejemplo mencionó: “Hemos tenido el acompañamiento del Consejo General de Educación (CGE)”.
Contactos
*El Hospital San Martín está sobre calle Presidente Perón 450. Teléfono 0343 - 4234545, interno 242. El Área de Salud Mental atiende de lunes a viernes de 8 a 12.30
*La Casa del Joven está sobre calle 9 de Julio 444. Teléfono 0343 - 431760.
* ALUBA Paraná realiza encuentros informativos todos los miércoles a las 10 de la mañana, funciona en calle La Paz 361. El teléfono es 0343 - 4223873 y el correo electrónico es [email protected].