Nunca te entregues del todo a una mujer, porque el amor no es justo, porque es mentira que recibes lo mismo que das, y porque no hay retribuciones ni premios para el que se porta bien. Al revés: cuando te portas “bien”, cuando todo el tiempo eres espontáneo, sensible, transparente, bondadoso, cariñoso, tierno y dedicado es más fácil que sufras, porque la otra persona sabrá cuáles son tus puntos débiles e inconscientemente se aprovechará de ti, de tu disponibilidad, de tu entrega, de tu voluntad.
Es más saludable, que no digas todo, que calcules, que tengas una estrategia, que ellas jamás sepan cómo vas a actuar o reaccionar, que seas un enigma, un misterio, una pregunta, una interrogante que siempre cuesta resolver.
Solo así, siendo indescifrable, podrás sobrevivir y no saldrás mal parado. Quizás herirás, pero no saldrás herido. Quizás harás llorar, pero nadie te hará llorar a ti. Probablemente romperás un corazón ajeno, pero nadie se atreverá a dañar el tuyo.