InicioParanormalEl extraordinario caso de los pilotos chilenos abducidos
Lugar: cruce de la Ruta 3 con el camino vecinal que conduce al pueblo por Cardenal Cagliero (hoy R1) – Carmen de Patagones - Viedma – Pcia. de Buenos Aires. Testigos: Miguel Angel Moya y Carlos Acevedo Miguel Angel Moya Carlos Acevedo Fecha: 23 de septiembre de 1978 Hora: aprox. 3:00 am Autoridad interviniente: Policía de Pedro Luro – Oficial Inspector Daniel Osimi, Cabo Jesús García y oficial José Bordenave. José Bordenave Testigos secundarios: Eduardo Forchesatto: (sereno de la gasolinera) Eduardo Forchesatto EL CASO: El 17 de agosto de 1978, Carlos Acevedo y Hugo Prambs, partieron de la ciudad de Buenos Aires a bordo de un Citroen GS 1220, en cumplimiento de la primera etapa del Rally de América del Sur, organizado por el Automóvil Club Argentino y el Banco de Intercambio Regional. La competencia de la que participarían era en verdad extenuante para hombres y máquinas: una verdadera maratón de poco más de un mes de duración en el transcurso de la cual deberían unir Buenos Aires con Caracas (Venezuela) para regresar por la costa sudamericana del Pacífico. Croquis del recorrido del Rally La tripulación del Citroen número 102 debió enfrentar innumerables problemas, en especial en los últimos tramos del Rally, los que determinaron que debieran renunciar a continuar participando de la competencia. Sin embargo, fruto de la determinación de Acevedo y la ayuda de otros competidores, pudieron "reengancharse", luego de haber efectivizado su abandono, con el objeto de completar el recorrido. El 16 de septiembre, en la ciudad de Bariloche, se produjo la deserción de Hugo Prambs por problemas personales, siendo reemplazado por Miguel Angel Moya. En la madrugada del 23 de septiembre, Acevedo y Moya recorrían los últimos 1000 kilómetros del Rally. Aproximadamente a las 02:00 hs., se detuvieron en la estación ACA de Viedma (provincia de Río Negro) donde repostaron combustible (llenaron el tanque standard de 50 litros y un depósito suplementario de 40 litros), tomaron café y conversaron algunos minutos con otros competidores. A las 02:30 hs. el Citroen número 102 estaba nuevamente en lo ruta con rumbo a Bahía Blanca, luego de cruzar el Río Negro y atravesar la ciudad de Carmen de Patagones. Aproximadamente a las 03:00 hs. habían dejado atrás el cruce de la Ruta 3 con el camino vecinal que conduce al pueblo de Cardenal Cagliero y se encontraban a la altura del Salitral del Algarrobo y la Salina de Pedro, a unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de Carmen de Patagones (coordenadas aproximadas de la localización de los testigos: 40* 29' Latitud Sur, 62* 49' Longitud Oeste). Carlos Acevedo se encontraba al volante del Citroen. De pronto observó una potentísima luminosidad que se reflejaba en el espejo retrovisor de su automóvil. Era una luz densa, de una coloración amarillenta. Al principio se distinguía sólo como un punto en el espejo, sin embargo su tamaño aumentaba a ojos vista. Acevedo y Moya viajaban en aquellos momentos a casi 100 kilómetros por hora. Pese a ello la luz parecía acercarse rápidamente, por lo que Acevedo supuso que se trataba de las luces frontales de alguno de los automóviles de la clase de mayor cilindrada ( Citroén 2400 o alguno de los Mercedes Benz ), por lo que decidió disminuir sensiblemente la velocidad de su automóvil y pegarse al borde derecho de la cinta asfáltica a fin de facilitar el paso de lo que suponía era otro competidor del Rally. La luz ya llenaba el espejo retrovisor y continuaba acercándose a gran velocidad. De pronto el habitáculo del Citroén de Acevedo y Moya se ''llenó'' de luz. "La luz inundó todo el habitáculo y no podía ver más allá del capot del auto. Era una luz densa, muy brillante, de color amarillo con algunos tintes violáceos. En ese momento el auto me pareció fuera de control . Miré por la ventanilla y ví que estábamos a casi dos metros del asfalto. De inmediato pensé que habíamos saltado un 'lomo de burro' y comencé a volantear, preparándome para el momento en que tomáramos nuevamente contacto con el asfalto", relató Acevedo. Sin embargo, el automóvil lejos de descender, parecía continuar elevándose incontroladamente. "Tras algunos segundos, no se, quizá 5 ó 10. Reaccioné, me di cuenta que aquello era algo completamente anormal. Quise mirar nuevamente por la ventanilla pero lo único que se veía era esa luz densa. Recuerdo que comencé a gritar ¿Qué pasa?, pero Moya no me contestaba. Cuando miré hacia mi derecha mi compañero no estaba allí, o al menos yo no lo podía ver. En realidad ni siquiera podía ver el tablero de instrumentos. Sólo veía esa luz, densa, que parecía como un líquido, no sé, algo así como pegajosa", recordó Acevedo. Por su parte, Miguel Angel Moya permanecía como paralizado por el temor, y nos explicó : "En un primer momento yo también pensé un 'lomo de burro' y me asustó algo la posibilidad de un vuelco, pero cuando noté que el auto parecía flotar en el aire y no descendía me atemoricé aún mas. Realmente era una situación que no podía comprender. Lo miré a Carlos y lo vi rígido, con los brazos extendidos aferrando el volante y la vista clavada frente. Parecía que estaba gritando pero yo no oía nada. Lo veía todo como a través de una niebla amarilla, como si yo estuviera distante, en otro lado. Creo que mi primer reacción fue escapar de allí, y quise abrir la puerta pero no pude, parecía como soldada. Noté que la temperatura se elevaba aunque a lo mejor era producto de mi estado de temor. De pronto la luz lo envolvió todo y yo ya no veía nada, creo que ni siquiera veía mis manos, ni nada". los testigos perdieron entonces la noción del tiempo. De pronto sintieron una sacudida y notaron que el automóvil estaba nuevamente en tierra. "Creo que había pasado un minuto, o dos, no se realmente, cuando sentí una sacudida leve, pero de inmediato tuve la impresión de que el auto estaba otra vez sobre la ruta. En ese mismo momento la luz amarilla pereció que se hacia menos intensa y de a poco pude ver a mi alrededor, vi el tablero, el capot del auto. Miré por la ventanilla y vi la tierra, estábamos en la banquina de la contramano, sobre la izquierda de la ruta, totalmente detenidos. De pronto la luz dejó el habitáculo y observé que hacia el oeste se alejaba. algo así como un cono de luz amarilla, pero que no terminaba en punta sino que estaba como truncado. No se, seria como de cuatro o cinco metros en la base y dos o tres en la cúspide, y de unos seis metros, quizá siete, de altura. La base iluminaba el terreno, aunque en realidad no se veía que era lo que iluminaba, o sea no se veía a través de la luz. Unos segundos después la luz se, ¿como podría decirlo?, se retrajo ...o se levantó como una cortina, de abajo hacia arriba, y lo único que quedó a la vista fue una luz blanco-amarillenta, ovalada, que siguió rumbo al oeste hasta desaparecer en la distancia", relató Acevedo. Por su parte, Moya tardó algunos segundos en recuperarse de la impresión producida por la anormal situación vivida: "De pronto todo pasó, y estábamos solos en la ruta, nos miramos con Carlos pero no podíamos decirnos nada. Yo estaba como entumecido, me temblaban las manos y sentía una opresión en el pecho, me costaba respirar ". Acevedo y Moya permanecieron en silencio por algunos segundos, sin atinar a realizar ninguna acción o actividad. Por fin, Acevedo descendió del vehículo para, según nos expresó, "ver si todo estaba en su lugar". Apenas un minuto después ascendió nuevamente al Citroén y, a toda marcha, continuaron por la Ruta 3 rumbo al norte. Tras 15 minutos de marcha, poco más o menos la tripulación chilena del Citroen número 102 arribó a Pedro Luro, localidad situada en la provincia de Buenos Aires a 123 kilómetros al norte de Carmen de Patagones. Se detuvieron en una gasolinera, a fin de averiguar la ubicación de un destacamento de policía, y al decidir controlar el instrumental del automóvil, constataron dos hechos anómalos: el odómetro atestiguaba que, desde la ciudad de Viedma a Pedro Luro, habían recorrido 52 kilómetros, cuando la distancia real entre las dos localidades es de 127 kilómetros; por otra parte, habían arribado a Pedro Luro a las 05:10 horas, habiendo salido de la zona urbanizada de Carmen de Patagones a las 02:50 horas, aproximadamente. Habiendo realizado el trayecto a una velocidad media de 100 kilómetros por hora no deberían haber insumido más de 75 minutos para cubrir la distancia existente entre ambos puntos, pero en realidad habían insumido 2 horas 20 minutos. Los testigos constatarían un tercer hecho inexplicable: al decidir llenar el tanque principal de gasolina observaron que el depósito secundario estaba absolutamente vacío, pese a que había sido llenado con 40 litros en la ciudad de Viedma. Los hechos explicitados confundieron aún más a los testigos, quienes, presa de un creciente temor, decidieron dar cuenta de los hechos a la policía de Pedro Luro, para lo cual se dirigieron al destacamento respectivo. Allí fueron solícitamente atendidos por el oficial inspector Daniel Osimi, a quien relataron los pormenores del incidente protagonizado y solicitaron se les facilitara custodia hasta la ciudad de Bahía Blanca. Documental ripeado de un VHS (El sonido es malo pero se alcanza a entender) link: https://www.youtube.com/watch?v=-hamPOSM9t4 link: https://www.youtube.com/watch?v=j9wsY5mt9ic http://los-archivos-x.blogspot.com.ar/
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