Concebir la naturaleza como un manual práctico-poético de existencia podría reducir notablemente nuestra ansiedad y ayudarnos a encontrar más respuestas de las que hoy imaginamos.
La naturaleza, como símbolo de sabiduría, es un concepto que se ha honrado, en práctica y teoría, dentro de múltiples tradiciones y cosmogonías. Su contemplación, la de sus ritmos, sus gestos y sus esencias, ha sido propuesta por algunos de los más notables sabios de la historia como máximo proveedor, que el hombre tenga a su disposición, del verdadero conocimiento. Desde el budismo Zen y el taoísmo, hasta el credo de grupos étnicos, como los Hopi, los Raramuris o los Sioux, y pasando por innumerables tradiciones chamánicas y escuelas místicas, la naturaleza se ha venerado como un mapa impecable para guiar nuestra existencia.
¿Te imaginas tener a tu disposición, de forma gratuita, y sin requerimientos académicos o méritos socioculturales, un libro infinito en el cual pudieras sumergirte y encontrar la respuesta a absolutamente todas las interrogantes que jamás se hayan planteado? ¿Qué harías con él? ¿Lo aprovecharías? ¿Seguro? Curiosamente todos tenemos acceso a esa flor de conocimiento perenne pero, absurdamente, cada vez menos personas nos tomamos el tiempo para leerlo.
Te doy un ejemplo: caminar descalzo permite reajustar la posición más adecuada para el restablecimiento del equilibrio y la agilidad. En especial si se trata de una superficie natural (pasto), ya que se fomenta bienestar, relajación, entusiasmo, fuerza y equilibrio.
Concebir la naturaleza como un libro del cual fluye toda la información que necesitas puede hacer una diferencia determinante en la vida. Uno en donde la prosa es poesía y se sintetizan elegantemente todas las metáforas posibles. Un texto sagrado, pero que es a la vez el instructivo más práctico de todos. Una edición de bolsillo que no cabría en la más grande biblioteca. Una versión multimedia, siempre actualizada
Hoy estamos inundados de protocolos y técnicas de autoayuda, con millones de libros y cientos de gurús que ofrecen, a cambio de una módica suma o una pequeña porción de dignidad, los secretos hacia una vida mejor, con miles de personas acudiendo a sesiones de coaching, y otros tantos buscando la respuesta en fármacos, fiestas o fellatios, resulta genial darnos cuenta que el instructivo está siempre ahí, a disposición de todos, gratis y reluciente, perfecto –pero preferimos embarrarnos en la frívola comodidad de una búsqueda pseudo-trascendental
A veces la lluvia nos resulta molesta, su efecto es totalmente inverso si por el contrario disfrutamos de la calma necesaria para recuperar estas conexiones íntimas, bien sea en el recogimiento de nuestro hogar o, simplemente de un estado anímico de calma que lo propicie .
Cierra los ojos y rescata de tu memoria olfativa el frescor de la lluvia en verano, el cálido aroma del asfalto húmedo o la frescura de un paraje natural. Visualízate bajo ella, experimenta la sensación de limpieza y purificación, deja que la lluvia te transmita su energía. Rememora también las jornadas de lluvia otoñales, la sensación de protección y calma bajo su continuo y sonoro repiqueteo.
Siente el sonido de la lluvia gélida de invierno desde la calidez de tu hogar, cierra los ojos y déjate llevar. La frecuencia e intensidad de su sonido, las sensaciones que evoca te trasportarán a un estado anímico de paz y equilibrio.
Dos mil años atrás, Hipócrates ya había observado la influencia del viento sobre la salud según su velocidad, su temperatura y su grado de humedad.
En realidad, el viento ejerce una acción mecánica sobre todo el organismo.
Activa la circulación y la evaporación cutánea
Excita las terminaciones nerviosas periféricas
Aumenta la amplitud respiratoria así como la actividad nerviosa
Produce una mejora de tipo general.
Más allá del romanticismo ecológico, de visceralidad contracultural, o de optimismo neo-medioambiental, lo cierto es que a lo largo de miles de años todas las culturas encontraron en la naturaleza sus más grandes respuestas.
Sé que tal vez parezca cómodo, quizá hasta iluso, proponer que todas las respuestas probables están ahí inscritas, en el libro natural. Pero me temo que desde aquí no podría demostrar está hipótesis –pues eso solo puede hacerse allá afuera y no por medio de un teclado o una pantalla. Y este es finalmente el momento de enfrentar las dos preguntas que dan sentido a este texto y a su lectura ¿qué haces leyendo esta nota en lugar de estar descifrando las nubes, las hormigas, o las ramas? y ¿qué hago yo escribiéndola en lugar de platicar con un búho o contemplar una vaca?
La naturaleza es siempre coherente. Nosotros, por ahora, no.
La naturaleza, como símbolo de sabiduría, es un concepto que se ha honrado, en práctica y teoría, dentro de múltiples tradiciones y cosmogonías. Su contemplación, la de sus ritmos, sus gestos y sus esencias, ha sido propuesta por algunos de los más notables sabios de la historia como máximo proveedor, que el hombre tenga a su disposición, del verdadero conocimiento. Desde el budismo Zen y el taoísmo, hasta el credo de grupos étnicos, como los Hopi, los Raramuris o los Sioux, y pasando por innumerables tradiciones chamánicas y escuelas místicas, la naturaleza se ha venerado como un mapa impecable para guiar nuestra existencia.
¿Te imaginas tener a tu disposición, de forma gratuita, y sin requerimientos académicos o méritos socioculturales, un libro infinito en el cual pudieras sumergirte y encontrar la respuesta a absolutamente todas las interrogantes que jamás se hayan planteado? ¿Qué harías con él? ¿Lo aprovecharías? ¿Seguro? Curiosamente todos tenemos acceso a esa flor de conocimiento perenne pero, absurdamente, cada vez menos personas nos tomamos el tiempo para leerlo.
Te doy un ejemplo: caminar descalzo permite reajustar la posición más adecuada para el restablecimiento del equilibrio y la agilidad. En especial si se trata de una superficie natural (pasto), ya que se fomenta bienestar, relajación, entusiasmo, fuerza y equilibrio.
Concebir la naturaleza como un libro del cual fluye toda la información que necesitas puede hacer una diferencia determinante en la vida. Uno en donde la prosa es poesía y se sintetizan elegantemente todas las metáforas posibles. Un texto sagrado, pero que es a la vez el instructivo más práctico de todos. Una edición de bolsillo que no cabría en la más grande biblioteca. Una versión multimedia, siempre actualizada
Hoy estamos inundados de protocolos y técnicas de autoayuda, con millones de libros y cientos de gurús que ofrecen, a cambio de una módica suma o una pequeña porción de dignidad, los secretos hacia una vida mejor, con miles de personas acudiendo a sesiones de coaching, y otros tantos buscando la respuesta en fármacos, fiestas o fellatios, resulta genial darnos cuenta que el instructivo está siempre ahí, a disposición de todos, gratis y reluciente, perfecto –pero preferimos embarrarnos en la frívola comodidad de una búsqueda pseudo-trascendental
A veces la lluvia nos resulta molesta, su efecto es totalmente inverso si por el contrario disfrutamos de la calma necesaria para recuperar estas conexiones íntimas, bien sea en el recogimiento de nuestro hogar o, simplemente de un estado anímico de calma que lo propicie .
Cierra los ojos y rescata de tu memoria olfativa el frescor de la lluvia en verano, el cálido aroma del asfalto húmedo o la frescura de un paraje natural. Visualízate bajo ella, experimenta la sensación de limpieza y purificación, deja que la lluvia te transmita su energía. Rememora también las jornadas de lluvia otoñales, la sensación de protección y calma bajo su continuo y sonoro repiqueteo.
Siente el sonido de la lluvia gélida de invierno desde la calidez de tu hogar, cierra los ojos y déjate llevar. La frecuencia e intensidad de su sonido, las sensaciones que evoca te trasportarán a un estado anímico de paz y equilibrio.
Dos mil años atrás, Hipócrates ya había observado la influencia del viento sobre la salud según su velocidad, su temperatura y su grado de humedad.
En realidad, el viento ejerce una acción mecánica sobre todo el organismo.
Activa la circulación y la evaporación cutánea
Excita las terminaciones nerviosas periféricas
Aumenta la amplitud respiratoria así como la actividad nerviosa
Produce una mejora de tipo general.
Más allá del romanticismo ecológico, de visceralidad contracultural, o de optimismo neo-medioambiental, lo cierto es que a lo largo de miles de años todas las culturas encontraron en la naturaleza sus más grandes respuestas.
Sé que tal vez parezca cómodo, quizá hasta iluso, proponer que todas las respuestas probables están ahí inscritas, en el libro natural. Pero me temo que desde aquí no podría demostrar está hipótesis –pues eso solo puede hacerse allá afuera y no por medio de un teclado o una pantalla. Y este es finalmente el momento de enfrentar las dos preguntas que dan sentido a este texto y a su lectura ¿qué haces leyendo esta nota en lugar de estar descifrando las nubes, las hormigas, o las ramas? y ¿qué hago yo escribiéndola en lugar de platicar con un búho o contemplar una vaca?
La naturaleza es siempre coherente. Nosotros, por ahora, no.