Las Microondas o una bolsa de aire salvo mi vida Cuando pienso en mi madre dos recuerdos me vienen a la mente. El primero es el de mi madre llevándome a la primaria, tengo como siete años y yo no quiero ir a la escuela. Ella me dice que no me preocupe, que los maestros me van a cuidar bien, que voy a tener muchos amigos. Yo vomito. El otro recuerdo es el de ella cubierta en su mierda. Mierda en su cara, en sus manos, en sus senos desnudos, llorando y diciéndome: "¿Por qué huele a plástico? ¿Plástico quemado?" *** Mi madre tiene un tumor en el cerebro. 1 El frío que se le cuela hasta los huesos, tiembla sin parar, se cierra el saco y luego se frota los brazos intentando que el frío desaparezca pero no lo logra. Y también está el filoso y agudo dolor en la cabeza, se acuesta en la cama y se mete debajo de las cobijas, pero el frío es el mismo o incluso un poco más, su cuerpo se sacude, frío en todos lados, agujas en el cerebro, luego parecería que el mundo se hunde, se escurre hasta el fondo y las cosas pierden su forma, los sonidos y los olores, todo hasta el fondo, donde se mezclan hasta que todo pierde su unidad y ahora todo es una sola cosa, oscura, silenciosa y con olor a plástico quemado. Yo veo a mi madre, sin animarme a hacer nada. *** El doctor nos lo explicó de esta manera: "Su madre tiene un tumor cerebral. Por el lugar en el que esta situado es imposible practicar una cirugía para extraerlo. La radioterapia probablemente ayude en algo, pero lo más probable es que no. Tarde o temprano, su madre morirá. Por el lugar en el que está situado el tumor notarán en su madre comportamientos extraños, conductas anormales, dificultad para pensar con claridad y, eventualmente, para conducirse con normalidad. Cuando la vean actuar así, piensen en esto: esa no es su madre, es el tumor." *** Después de oír esto, mi hermana guardó silencio y miró durante un largo rato el blanco y frío piso del hospital. Luego prendió un cigarro y abandonó la habitación. Yo me quedé un rato más con el doctor, sin nada que decir. Pasaron cerca de dos minutos. Luego me despedí del doctor y fui al baño. *** Mi madre trabajaba creando temas decorativos para Los Centros Comerciales. ¿Han notado que Los Centros Comerciales están decorados alrededor de un tema en especial dependiendo de la época del año? En otoño enormes hojas de plástico cuelgan de los techos, simulando el mudar de hojas de los arboles. En primavera todo esta cubierto por flores de plástico de colores brillantes. En febrero todas las altas y brillantes paredes de Los Centros Comerciales están cubiertas por corazones de plástico y cupidos con flechas y arcos dorados. Todo eso estaba bajo su control. Ella escogía los corazones más grandes y más rojos, las hojas más oscuras y perfectas, los Santa Clós más gordos y felices. Todo eso era idea suya. *** Escribo Los Centros Comerciales con mayúsculas porque sé que así le hubiera gustado a ella. *** Cada año hacia pequeños cambios e inventaba nuevos adornos. El año pasado creó un Árbol de Navidad de tres metros que giraba sobre sí mismo. Fue un gran éxito. *** Lo escribo con mayúsculas porque significaba mucho para ella. *** ¡Oh! Otra cosa que recuerdo con claridad sobre ella: Cuando éramos niños no le gustaba que le dijéramos mamá. Verán, ella era muy joven cuando nos tuvo a mí a mi hermana, así que prefería que la llamáramos por su nombre. *** Ahora podemos llamarla como queramos, pero ni mi hermana ni yo sentimos más la necesidad de llamarla mamá. *** Soy un año más viejo que mi hermana. 2 La oigo llorar. Intento volverme a dormir pero por alguna extraña razón no puedo. Oigo su respiración agitada y sus largos sollozos. Me pongo la almohada sobre la cabeza pero aún así no puedo dormir. Me pongo de pie y camino a la cocina. Me sirvo un vaso de leche. La leche está muy fría así que, mientras me la tomo de un solo trago, me arde un poco la garganta. Miro por la ventana y es una noche muy oscura. Todavía la oigo llorar. Me sirvo más leche. *** Antes que mi madre dejara de trabajar para Los Centros Comerciales propuso un tema decorativo nuevo. Lo llamó: "Un saludo a Las Microondas". Se suponía que sería un pequeño homenaje a Las Microondas por todas las cosas que han hecho por la humanidad. Sin Microondas no habría Televisión. Sin Microondas no habría Hornos de Microondas. Sin Microondas no habría Teléfonos Celulares. Sin Microondas no habría Comunicación Vía Satélite. *** Mi madre va a morir pronto. *** Y mi madre sostenía que era gracias a Las Microondas que nuestros cuerpos conservaran su forma. Decía que si no existieran las Microondas nuestros cuerpos serian masas sin forma de huesos y músculos. No seríamos capaces de hacer nada. Y lo mismo con nuestros pensamientos. Serian masas sin forma, inservibles. Las Microondas son lo que les da forma a nuestros cuerpos y a nuestros pensamientos. 3 Y cuando camino de regreso a mi cuarto paso frente al de ella. Apenas alcanzo a distinguir su silueta en la oscuridad. Arrinconada en la esquina. Llorando. Al verme me dice: "¿Quién eres tú?" Yo no contesto, ella sigue llorando. Luego grita: "¿Quién soy?" 4 "¿En dónde estoy?" *** Creó un montón de adornos alrededor del tema de Las Microondas. Quería que los Centros Comerciales estuvieran adornados con coloridos cables de Televisión que colgaran del techo. Con Hornos de Microondas que cantaran villancicos. Con enormes Teléfonos Celulares que jugaran con los niños. Y por último, quería mostrarles a los niños cómo se hacia una Televisión. Y así es cómo ella decía que se hacía una Televisión: Primero un Horno de Microondas iba a un bar, ahí conocía a una linda Radio, se acercaba a platicar con ella, se hacían buenos amigos y luego el Horno de Microondas invitaba a la Radio a su casa. Al llegar a la casa, como la Radio y el Horno de Microondas se querían mucho, expresaban su amor de forma mecánica. Cogían. Y de esta unión surgía una bella Televisión. *** Todo esto se le ocurrió a ella. Es verdad. *** Quería mostrar cómo las Radios y los Hornos de Microondas cogían. Quería poner una pequeña replica de un típico cuarto de Horno de Microondas en medio del Centro Comercial donde los niños pudieran ver a Hornos de Microondas y Radios coger. Al otro lado del Centro Comercial habría un pequeño hospital donde las Radios tendrían a sus hijos Televisores y los niños podrían jugar con ellos. *** Todo esto ocurrió algunos meses después de habérsele diagnosticado el tumor cerebral. Es verdad. *** Los Centros Comerciales rechazaron su idea. Por mi parte yo creo que hubiera sido muy interesante. Me hubiera gustado verlo. 5 Nadar a ciegas. *** Le debemos tanto a Las Microondas. *** Mi madre solía odiar el sabor de las aceitunas. Ahora no, ahora le encantan las aceitunas. Esto se debe, probablemente, a que la zona del cerebro que se encarga de interpretar el sabor de las aceitunas antes no estaba recibiendo suficiente irrigación, por lo que no podía hacer su trabajo correctamente. Sin embargo, gracias al tumor, ahora esta recibiendo suficiente sangre, por lo que está haciendo su trabajo muy bien. *** ¿Cómo era la vida Antes del Tumor? Mi hermana y yo, cada quién en su cuarto, pasamos toda la tarde en silencio, sin hacer nada en particular. Mi madre llega alrededor de las ocho de la noche, ligeramente borracha y con un hombre que acaba de conocer en El Centro Comercial. Abre la puerta escandalosamente y dice: - ¡Hijos, vengan a cenar, hay visitas! Mi hermana ni siquiera se molesta en asomarse a ver lo que está pasando. Yo bajo las escaleras cautelosamente y mi madre me presenta al hombre que ha traído. - Mira, este mi hijo mayor. - Oh, todo un hombre. ¿Cuántos años tiene? Lo saludo con la mano y la siento sudorosa y tibia. Mi madre sólo sonríe y después de observarme cuidadosamente, dice: - Tiene dieciocho. Yo también sonrío y repito: - Dieciocho. Mi madre le coquetea durante toda la noche. Mientras ponemos los platos, mientras servimos la comida china que han traído, mientras bebemos la botella de vino caro que guardábamos para una ocasión especial. - ¿Qué va a estudiar tu hijo? Mi madre le da un largo trago a su vaso de vino, se seca los labios con una servilleta y responde: - No sabe. El hombre voltea a verme. - ¿No? - No- coincido. Pero pronto la conversación gira otra vez alrededor de mi madre, lo que me reconforta enormemente. Oigo los pasos de mi hermana bajando las escaleras. Cuando nos ve a los tres sentados en la mesa, se detiene bruscamente. - Ah, mira. Ella es mi hija. - Hola, mucho gusto. Ella responde el saludo en voz muy baja, sin moverse un centímetro de donde se detuvo. - Ven a cenar, trajimos comida china. Lentamente, mi hermana gira sobre sí misma y empieza a subir las escaleras. - Ya cené. - Pero a ti te encanta la comida china. Mi hermana se detiene y lentamente voltea a ver a mi madre. - No, odio la comida china, siempre la he odiado. ¿Cómo es posible que no lo sepas? Luego, con pasos largos y rápidos, desaparece por las escaleras. Terminamos de cenar y yo me despido y subo a mi cuarto a terminar la tarea de mi clase de Termodinámica, la cual es decisiva para obtener mi título en Ingeniería Mecánica, que dentro de seis meses obtendré. Así era la vida Antes del Tumor. 6 El golpeteo de la cabecera de la cama contra la pared. Los gemidos ahogados de mi madre mientras el hombre del Centro Comercial la penetra. Los segundos transcurren y cada vez los sonidos están más lejos de ser un sueño y más cerca de ser reales. En el cuarto de al lado el hombre del Centro Comercial se está cogiendo a mi madre. Me levanto y abro una ventana. El frío y el silencio de la noche llegan hasta a mí y yo prendo un cigarro. *** El Doctor nos lo explicó así: "A la hora de relacionarnos con un objeto utilizamos cierta parte del cerebro y a la hora de relacionarnos con una persona utilizamos otra parte del cerebro. Debido al tumor, su madre ya no puede usar la parte del cerebro que normalmente usaría para relacionarse con las personas. Ahora tiene que utilizar la parte dedicada a los objetos. Así que, para ella, ahora no hay mucha diferencia entre una silla y, digamos, ustedes, sus hijos". *** Esto se conoce como Síndrome de Asperger. *** Mi hermana le dio una larga calada a su cigarro y dijo: - ¿De qué está hablando? Ella nunca ha podido diferenciar entre una silla y sus hijos. Nunca. *** La diferencia entre una silla y mi madre. *** Los días pasan y mi madre está cada vez más lejos. Mientras hablo con ella su mirada salta de una cosa a otra, sus respuestas son cada vez más incomprensibles, su capacidad de concentración desaparece poco a poco. *** Llegó una noche con la ropa toda sucia, la blusa fuera de su falda y los botones mal abrochados, el zapato izquierdo en el pie derecho, el pelo despeinado. Se sentó en la sala y permaneció ahí alrededor de una hora. La mirada perdida, silencio absoluto. Yo bajé a la cocina y la vi ahí sentada. - ¿Qué tienes? Después llegaríamos a la conclusión de que fue esa noche cuando se concibió al tercer hijo de mi madre, fue esa noche cuando mi madre resultó embarazada por tercera vez. 7 Me despierto a mitad de la noche y recuerdo con claridad algo que pasó cuando tenia como ocho años. Mi madre nos había mandado a mí y a mi hermana a un campamento por todas las vacaciones. Los niños y las niñas dormían en cabañas diferentes por lo que casi nunca veía a mi hermana. Yo no conocía a nadie. Nadie conocía a nadie. Eramos como veinte niños, todos en silencio, espantados, sin atreverse a hablarle a nadie. Para solucionar esto, el consejero dividió el grupo en dos: unos se sentaron en unas piedras, todos alineados, viendo al frente, los otros se quedaron de pie frente a ellos. Luego el consejero dijo: "Ahora quiero que todos los que estén de pie vean muy bien a los que están sentados, quiero que escojan a uno de ellos para que sea su amigo". Los que estabamos de pie examinamos con cuidado a cada uno de los que estaban sentados, caminamos lentamente frente a ellos, desde un extremo a otro, tratando de escoger con cuidado. Los que estaban sentados nos miraban en silencio, inmóviles. Tardamos bastante en hacer nuestra selección. No sé por qué me acordé de esto, pero al despertarme sentí como si todo esto hubiera ocurrido hace cinco minutos, cuando en realidad había ocurrido hacía cerca de quince años. *** Ultimamente me he sentido con unas insoportables ganas de llorar, pero por más que lo intento no puedo. Renté una película que recordaba me había hecho llorar cuando niño, pero no sirvió de mucho. *** Supongo que no tiene mucho sentido preguntarle a mi madre quién es el padre de mi futuro hermano. Como tampoco tiene mucho sentido preguntarle quién es mi padre. O el padre de mi hermana. Estas preguntas la podrían incomodar y en realidad traerían más problemas que beneficios. 8 Nadar a ciegas. Sin saber dónde está la orilla. Sin saber si te estas alejando cada vez más, sin saber que cada vez estas más adentro de las profundidades del mar. Cada vez más lejos. *** Veo morir a mi madre un poco cada día. Cada vez pasa más tiempo en la cama. Entro a su cuarto y a veces tarda varios minutos en reconocerme. A veces me insulta y me avienta cosas. Yo sé que eso no lo hace ella. Lo hace el tumor. *** Las ganas de llorar no se han ido. Estoy en una de mis clases de Física y de pronto tengo que abandonar el salón y salir a toda prisa de la facultad. Avanzo a gran velocidad por las largas y vacías avenidas de mi ciudad. Piso el acelerador a fondo y dudo mucho al encontrarme frente a un semáforo en rojo, pero finalmente me detengo. *** Un enorme anuncio de una cadena de bancos frente a mí. El fondo negro y las letras blancas: "¿Por qué?" *** Y en lo que estoy pensando es en esto: ¿Quién es mi padre? ¿Quién es el padre de mi hermana? ¿Quién es el padre de mi hermano? Y llego a mi casa y es cuando encuentro a mi madre cubierta en su propia mierda, preguntándome sobre plástico quemado. *** Fondo negro y letras blancas: "¿Por qué?" *** No hay nada que hacer, pero es verdad que mi madre estaría mejor en un hospital. Y creo que eso es lo que deberíamos de hacer, pero mi hermana se ha negado rotundamente. Ella quiere que esté en la casa, que muera en ella. No me negué a su petición. 9 Y la oigo quejarse otra vez. Tal vez sea el momento. Tal vez ahora esté muriendo. Descalzo, me levanto y camino hasta su cuarto. Sus gemidos aumentan a cada paso que doy. Su puerta esta entreabierta y alcanzó a distinguir su silueta en la oscuridad. De pronto ella se calla, se sienta en la cama y me llama. - Acércate- dice. Yo abro la puerta y entro, tratando de distinguir su rostro en la oscuridad, pero no puedo. Me siento en la cama, a su lado. Ella me abraza y la sensación es muy extraña, ni desagradable ni enteramente placentera. Es como... Comienza a acariciarme el pelo muy lentamente y acerca su rostro al mío. Siento sus frías lagrimas escurrir por mis mejillas y su respirar agitado contra mi cuerpo. - Plástico quemado- dice. Y sus sollozos aumentan. Yo la abrazo más fuerte, siento sus brazos bajar lentamente por mi pecho, hasta llegar a mi entrepierna. De un solo golpe me baja los pantalones de la pijama y toma mi pene entre sus manos y se hinca para metérselo en la boca. Todo esto pasa muy rápido. Su boca alrededor de mi pene, chupando y agitando. Me levanto. La empujo. Ella cae al suelo y grita: - ¿Por qué huele a plástico quemado? Y toma el Control Remoto de la Televisión mientras se baja los calzones. Se lleva el Control Remoto hasta su entrepierna y trata de penetrarse con él. Mientras abandono la habitación la oigo gritar: - ¿Quién soy? ¿Quién chingados soy? ¿En dónde estoy? Y toda esta escena me resulta muy extraña para mí, porque ella nunca se había mostrado muy interesada en mí. En ningún sentido. *** Una Silla y mi Madre. *** Hace poco vi en la Televisión que los Teléfonos Celulares causan cáncer. También eso se lo debemos a Las Microondas. *** Mi abuelo siempre se refería a su cuerpo como si fuera una máquina. Solía decir: "Se me fundió un fusible" o "Ando tirando aceite". Solía darme mucha risa cuando hablaba así. Cuando murió pensé: "Le cortaron la corriente". *** Cada vez me cuesta más trabajo recordar cómo solía ser mi madre. *** Existen cuatro tipos de máquinas simples: la Palanca, la Polea, el Torno y el Plano Inclinado. 10 La veo sentada junto a la ventana, viendo hacía la calle. Hay una mosca que vuela a su alrededor, a veces posándose en su rostro y recorriendo su superficie. Ella no se mueve. Los sonidos de la calle llegan hasta ella, pero parecen no afectarle en lo más mínimo. La mosca camina por su nariz, inspeccionando cada milímetro, oliendo y probando todo. La luz dorada del atardecer. Y luego la mosca baja hasta su boca, intenta abrirse paso entre los labios, metiendo sus patas entre la pequeña abertura, pero no puede. Mi Madre inmóvil, como un Maniquí. Yo pienso: "¿Quién es ella?" . *** El tiempo pasa y la vida de mi Madre se prolonga casi milagrosamente. Los doctores habían predicho su muerte desde hacía más de un año. Pero ella sigue aquí, en su octavo mes de embarazo. *** Yo no estaba en la casa cuando mi madre comenzó a parir. Fue mi hermana quién la llevo al hospital y estuvo con ella todo el tiempo. Todo esto fue un gran shock para mi Madre. Ella no entendía qué estaba pasando, gritaba y gritaba sobre el olor del plástico quemado. *** Mi hermana pasó la noche en el hospital con mi Madre. Yo dormí en casa y tuve un extraño sueño en el que todo el mundo se congelaba y vivíamos en edificios altos y blancos. No fui al hospital porque tenía miedo de ver a mi Nuevo Hermano. Según me dijo mi hermana, algo estaba mal. 11 Lo primero que golpea mis sentidos es el olor a hospital. Penetrante, duro, filoso. Luego el color blanco, blanco por todos lados. Camino lo más rápido posible por los desiertos pasillos hasta llegar al cuarto de mi Madre. Ella duerme plácidamente y a su lado hay una cuna. En ella está mi Hermano. Pienso en el casi perfecto silencio que hay en la habitación. Un paso hacia la cuna. Otro paso. Lo veo envuelto en varias sábanas blancas, una encima de la otra de forma que inmovilizan sus brazos. Sus grandes ojos negros. Unos ojos enormes, como de un personaje de caricatura japonesa, que me miran fijamente. No tiene boca. No tiene oídos. Y hace lo único que puede hacer, verme. Yo toco su cuerpecito y lo siento tibio y firme. Él sigue viéndome, sin moverse ni un centímetro. Sin embargo, muy adentro sus grandes ojos negros, encuentro en él un inmenso deseo de llorar, pero, como yo, tampoco puede. No tiene boca. 12 Mi hermana y yo estamos en el cuarto de hospital de mi madre. Mi Madre está sentada junto a la ventana, cargando a mi Nuevo Hermano que la mira en silencio. La luz del sol los ilumina con delicadeza. Mi hermana y yo estamos sentados al otro extremo de la habitación, fumando mientras los observamos con atención. - Nuestra madre ha cambiado mucho- digo. Mi hermana no dice nada. Se termina su cigarro y lo tira a la basura. - Esa no es nuestra madre. Nuestra madre hace mucho que ha muerto. Mi Madre arrulla a nuestro Nuevo Hermano con suma delicadeza y ternura, mientras murmura una dulce tonada. - Entonces, ¿quién es ella? Prende otro cigarro y el humo sube lentamente hasta el techo de la habitación. - No sé.
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