Tener trastornos de sueño es algo más común de lo pensado y si bien la mayoría no llegan a ser tan patológicos como para consultar a un médico, dormir mal tiene sus consecuencias
En el país la medicina del sueño tiene un lugar importante a la hora de querer solucionar uno de los conflictos que el hombre actual padece especialmente en grandes ciudades. Es importante saber que existe una especialización que es la medicina del sueño, saber que existen investigadores y médicos a quienes consultar porque más que un problema en sí, el sueño repercute sobre todo lo que se hace: al dormir mal, aparece el malhumor, hay más accidentes y equivocaciones en el ámbito laboral y, está comprobado, si se vuelve crónico se producen enfermedades como problemas gastrointestinales, metabólicos y cardiovasculares.
Dentro de los trastornos de sueño hay una subcategoría conocido como trastornos circadianos de sueño. Los seres humanos somos generalmente diurnos y todo se organiza en 24 horas. “En algunas ocasiones, ese ciclo pasa a ser de 23 o 25 lo que aparentemente lleva a pensar que nada cambia. Sin embargo, al cabo de unos días se pierde la sincronización de ese ciclo de sueño-vigilia., se puede dejar de ser un “bicho diurno”, explica el doctor en Biología, Diego Golombek, investigador del Conicet.
Pero hay otra categoría de trastornos circadianos de sueño y es cuando nuestro ciclo de 24 horas no se ajusta bien temporalmente: cuando alguien se duerme muy temprano y se levanta muy temprano, es un sindrome conocido como insomnio por avance de la fase del sueño. “Todo ocurre más temprano, cosa común en las personas mayores, y eso les genera un problema; tan temprano no tienen nada para hacer y, al mismo tiempo, la falta de sueño produce angustia” agrega Golombek.
Lo contrario a eso es el síndrome de insomnio por retraso de fase de sueño, cuando todo ocurre más tarde El caso típico es el de los adolescentes que en la jerga se los conoce como búhos. Si bien se trata de un fenómeno social con costumbres ya asentadas como chatear a la noche, salir a bailar tarde, etcétera, hay, además, un fenómeno por el que el reloj biológico, o mejor dicho sus agujas apuntan hacia más tarde, tienen un retraso de fase.
Las personas se dividen en más matutinas –alondras- y vespertinas o nocturnas –búhos. Y aquí, entre búhos y alondras, se hablará de un término relativamente nuevo, el jet lag social. El término jet lag se origina en la desincronización por vuelos transmeridianos, es el desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona (que marca los períodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar en avión largas distancias. Pero el jet lag social es cuando las distintas actividades, la escuela o el trabajo no se condicen con lo que dicta el reloj biológico.
Se puede ser una persona búho, pero el colegio exige que los alumnos entren a las 7 y media que trae como consecuencia que en la primera hora los adolescentes estén dormidos. A la inversa, se puede ser una persona matutina pero el trabajo de mozo obliga a permanecer despierto durante la noche. Cualquiera de las dos situaciones significa el comienzo de problemas a la hora de dormir.
“Supongamos, ejemplifica Golombek, que una persona viaja de Buenos Aires a Sudáfrica y se queda una semana; de allí va a India y se queda también un semana, después a la Isla de Pascua, se queda otra semana y después de nuevo a Buenos Aires”.
En estos casos, todas las semanas el cuerpo se tuvo que adaptar. Lo mismo sucede con los trabajadores de turnos rotativos en los que una semana trabajan de día, otra de tarde y otra de noche –algo bastante común en Estados Unidos donde se estima que el 20% trabaja en esas condiciones. Ellos nunca terminan de adaptarse y, lo más grave, es que se ha comprobado que ocurren accidentes graves de trabajo, se enferman significativamente más que quienes concurren a sus ocupaciones con horarios fijo y diurno”.
Dormir diferente de descancar. Si esto es así, ¿cuál es la función del sueño? Tal vez, el error se debe a una interpretación de la mitología griega. El sueño es un proceso activo. Se prende el sueño, no se apaga la vigilia. “Ese concepto del sueño como ausencia de vigilia es el que lleva al concepto que el sueño es para descansar. El sueño es imprescindible y vital: animales privados de sueño mueren. Durante el sueño hay hormonas que se secretan, hay procesos de reparación y crecimiento (la hormona de crecimiento secreta de noche), repara, consolida memorias.
Por eso hay personas que duermen pero no descansan ni aun inducidas por hipnóticos. Hay quienes los necesitan y obtienen buenos resultados, pero no es exactamente el mismo sueño ayudado por hipnóticos que el sueño fisiológico”, aclara el científico.
Aun cuando siempre se aconsejó “hay que dormir 8 horas”, es común escuchar frases como “no tengo necesidad de dormir tanto” y quejas de la pareja que sufre los ronquidos, desvelos o el simple hecho que una persona activa se duerma ni bien se sienta en un sillón con intenciones de conversar. “Lo importante a tener en cuenta es que no hay un patrón estándar de sueño y hay personas que indefectiblemente con seis horas de sueño está bien. También es cierto que la misma persona a lo largo de su vida tendrá necesidades de sueño distintas” aclara Golombek.
Actualmente se habla de otro diagnóstico no aceptado por todos, que es el sindrome de Fatiga Crónica, del que están buscando bases genéticas por estos trastornos de sueño.
Hay un componente social tan marcado que si se leen los síntomas de fatiga crónica, la sufre la mitad de la sociedad. Mucho trabajo, corridas, solo se escucha “vivo cansado”.
La regularidad es clave. El ciclo de sueño se empobrece si no es regular. Dormirse o despertarse a horas distintas no es bueno. Uno de los mejores reguladores es la luz. Por lo tanto tener una buena exposición lumínica durante el día y de oscuridad a la noche es muy importante. Despertarse con luz natural es lo más recomendable tanto que hay empresas que desarrollaron una luz que simula un amanecer.