1. Introducción
Hora de la leche. Una madre seropositiva de 18 años de edad alimenta a su bebé de cinco meses en un albergue para enfermos de sida en la localidad indonesia de Abepura, en la región de Papúa. Se calcula que en el país hay hasta 216.000 enfermos, entre una población total de 220 millones.
Uno de cada 100 adultos de edades comprendidas entre los 15 y los 40 años está infectado por el VIH, el virus que provoca SIDA. Solamente 1 de cada 10 personas infectadas sabe que lo está. Se estima que en la actualidad hay más de 30 millones de personas viviendo con la infección por el VIH. Para el corriente año se espera que la cifra aumente a 40 millones.
Desde el principio de la epidemia se estima que 3,8 millones de menores de 15 años de edad se han infectado por el VIH y que 2,7 millones han fallecido. Más del 90% de esos niños han contraído el virus a través de sus madres seropositivas, antes o durante el parto o a través de la lactancia natural. Más de 8 millones de niños han perdido a su madre por causa del SIDA antes de cumplir los 15 años, y muchos de ellos también han perdido a su padre. Se calcula que esta cifra casi se duplicará para este año 2000.
El SIDA se convirtió en la gran epidemia del siglo XX, y la proyección a futuro sobre la expansión de esta enfermedad se transforma en una considerable carga para los sobrecargados sistemas asistenciales de la mayoría de los países afectados.
Muchos factores se encuentran afectados por el impacto del SIDA. Este impacto no se limita con exclusividad a las estadísticas sanitarias. Plantea además, un grave problema económico dado el alto costo que implica la asistencia médica de los pacientes. A su vez, el SIDA tiene una repercusión social, y ha modificado conductas y hábitos.
Las malas condiciones de vida, las dificultades para lograr un acceso fluido a los sistemas de salud y las carencias educativas de gran parte de la población, favorecen el crecimiento incesante de la epidemia.
Desde un punto de vista científico debe reconocerse que se ha avanzado en el conocimiento de la fisiopatogenia de la infección, los mecanismos de daño inmunológico, sus formas clínicas, su evolución a través del tiempo y la prevención y el tratamiento de muchas infecciones oportunistas que son la habitual causa de muerte de los pacientes. El empleo de drogas antiretrovirales mejoró y prolongó la sobrevida de muchos enfermos.
Pero la realidad nos muestra que la enfermedad todavía no tiene un tratamiento curativo, y es por esta razón, la lucha debe centrarse en adecuadas tareas de prevención en la lucha contra el SIDA. Y es la educación la clave de la prevención en la lucha contra el SIDA, y debe actuar como refuerzo en los sistemas de salud.
Aquellos países que no implementaron campañas de difusión ante la aparición de los primeros casos de la enfermedad están pagando un precio muy alto en vidas humanas perdidas. Las campañas han puesto especial interés en los aspectos preventivos. Las campañas deben llevar a la población un mensaje claro y directo, que no deje dudas acerca de las conductas de riesgo que pueden exponer al VIH, y cuál es la forma de evitarlas.
Se podría decir que en la actualidad la única vacuna es la buena información y que sólo hay algo más peligroso que el SIDA: La Ignorancia.
SIDA no te dejes llevar por la indiferencia.
Infórmate.
2. ¿Qué es el SIDA?
El SIDA es una etapa avanzada de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Se trata de un retrovirus que ataca las defensas del organismo y altera la capacidad para defenderse de las enfermedades ocasionadas por otros virus, bacterias, parásitos y hongos. El sistema inmunológico agrupa diversos tipos de células, entre otras los glóbulos blancos encargados de luchar contra los agresores externos. El VIH concretamente mata a un tipo de células, los linfocitos CD4 que integran el sistema inmunológico.¿Qué significa la palabra SIDA?
La palabra SIDA se forma con las iniciales de la expresión "Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida."
Síndrome: conjunto de signos y síntomas.
Inmuno: relativo al sistema de defensas.
Deficiencia: disminución.
Adquirida: alude al carácter no congénito.
Es decir que se ha desarrollado el SIDA sólo cuando se presenta un conjunto de signos y síntomas que indican que las defensas están disminuidas porque se contagió el virus. Es posible estar infectado con el VIH, es decir, ser VIH positivo o portador del virus, y todavía no haber desarrollado el SIDA. Desde el momento en que el virus ingresa al cuerpo hasta que aparecen los síntomas puede pasar mucho tiempo, entre 10 y 12 años, período que puede extenderse si se comienza un tratamiento temprano. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que se trata de plazos promedio globales que varían de país en país y se modifican sustancialmente con el propio desarrollo de la epidemia en cada lugar y con la evolución de los tratamientos.
3. ¿Cómo actúa el VIH?
El virus del SIDA ingresa al organismo a través de la sangre, el semen y los fluidos vaginales y una vez incorporado ataca el sistema inmunológico. Este sistema está constituido por un conjunto de componentes que incluyen células, anticuerpos y sustancias circulantes que enfrente a todo elemento que sea reconocido como ajeno o extraño. Esto sucede, especialmente con los agentes infecciosos como bacterias, hongos, virus y parásitos.
Frente a la presencia de agentes infecciosos el sistema inmunológico moviliza para defenderse células llamadas linfocitos. Los linfocitos, al ser invadidos por el virus VIH pierden su capacidad para reconocer y enfrentar a los agentes extraños, los que aprovechan la oportunidad de esta caída de la vigilancia inmunológica para proliferar. Para multiplicarse, el virus pone en funcionamiento un mecanismo específico de los retrovirus por el cual copia su genoma (conjunto de información genética de un ser vivo) de ARN, en el ADN de la célula. La presencia del virus estimula la actividad reproductiva de los linfocitos pero, dado que tienen copiado el genoma del VIH, en vez de reproducirse, multiplican células virales.
A medida que el virus se reproduce, el organismo se hace cada vez más vulnerable ante enfermedades contra las cuales, en tiempos normales puede defenderse. A estas enfermedades se las denomina enfermedades oportunistas. La caída de las defensas no es masiva y uniforme sino que permite con mayor probabilidad la aparición de ciertas enfermedades: infecciones (las más frecuentes son las pulmonares, y también otras producidas por diversos virus, bacterias, hongos y parásitos), y distintos tipos de cáncer (los más comunes son lo que afectan la piel y los ganglios linfáticos).
Uno de los indicadores más evidentes del avance de la infección y del desarrollo del SIDA, es la aparición de estas "enfermedades oportunistas". Por eso se las considera "marcadoras" o "trazadoras". Marcan la presencia y evolución de la infección. A ellas se suman los efectos directos del virus en el organismo, que incluyen, entre otros, trastornos del sistema nervioso y del aparato digestivo. Cuando el portador del VIH desarrolla este conjunto de afecciones se lo considera un enfermo de SIDA.
Como se expuso anteriormente, puede suceder que el VIH, una vez ingresado al organismo permanezca "en reposo" dentro de los linfocitos invadidos. En esta situación, el paciente no tiene síntomas, por eso se lo llama portador asintomático. Sin bien no presenta síntomas el portador asintomático puede contagiar a otras personas sin saberlo.
4. SIDA: Historia
En 1981, investigadores clínicos de Nueva York y California observaron en hombres homosexuales jóvenes, que habían gozado previamente de buena salud, un inusual conjunto de enfermedades poco frecuentes, en particular Sarcoma de Kaposi (SK) e infecciones oportunistas como la neumonía Pneumocystis carinii, como también casos de linfoadenopatías inexplicables y persistentes. Pronto se hizo evidente que estos hombres tenían un déficit inmunológico común, que se traducía en una disminución del sistema inmunológico celular, con una pérdida significativa de células TCD4.
La amplia diseminación del Sarcoma de Kaposi y de la neumonía por Pneumocystis carinii en personas jóvenes sin una historia clínica previa de terapia inmunosupresora no tenía precedentes. Es que estas enfermedades se habían detectado, en los Estados Unidos, en forma muy poco frecuente.
Antes de desatarse la epidemia del SIDA, la incidencia anual en los Estados Unidos del Sarcoma de Kaposi era del 0.02 al 0.06 por cada 100 mil habitantes. Como agregado, una forma más agresiva del Sarcoma de Kaposi, que por lo general afectaba a individuos jóvenes, podía observarse en algunas regiones del África.
La neumonía Pneumocystis carinii (PCP), una infección pulmonar causada por un agente patógeno al cual están expuestos la mayoría de los individuos sin mayores consecuencias, era extremadamente rara con anterioridad a 1981, salvo en aquellas personas que recibían terapia inmunosupresora, o entre los sujetos crónicamente mal nutridos, como sucedió con los niños de algunos países de Europa Orienta después de la Segunda Guerra Mundial.
El hecho de que hubieran sido hombres homosexuales los primeros en contraer SIDA en los Estados Unidos, llevó a pensar que el estilo de vida homosexual se relacionaba directamente con la enfermedad. Esto fue desechado al observarse que el síndrome era común a distintos grupos: drogadictos endovenosos masculinos y femeninos; hemofílicos y quienes habían recibido transfusiones de sangre; mujeres cuyas parejas sexuales eran hom
bres bisexuales; quienes recibían productos derivados de la sangre y niños nacidos de madres con SIDA o con historia de drogadicción endovenosa.
Varios expertos en salud pública llegaron a la conclusión de que el conjunto de casos de SIDA y el hecho de darse en diversos grupos de riesgo sólo podía explicarse si el SIDA era originado por un agente infeccioso transmisible a la manera del virus de la hepatitis B: por contacto sexual, por inoculación de sangre o de hemoderivados y de la madre infectada a su hijo.
Hacia 1983, numerosos grupos de investigación se habían concentrado en los retrovirus para hallar claves que condujeran a cómo se originaba el SIDA. Dos retrovirus recientemente reconocidos - HTLV-1 y HTLV-II - eran los únicos virus estudiados capaces de infestar a los linfocitos T, las células afectadas en personas con SIDA. El esquema de transmisión era similar al observado en pacientes con SIDA: el HTLV se transmitía por contacto sexual, de la madre a hijo o por exposición a sangre infectada.
En mayo de 1983, se publicó el primer informeque suministraba evidencias experimentales de una asociación entre un retrovirus y el SIDA. Después de haber detectado anticuerpos contra el HTLV-1 en un paciente homosexual con lifoadenopatías, un equipo dirigido por el doctor Luc Montaigner aisló un virus previamente no reconocido. El agente en cuestión fue luego denominado virus asociado a linfoadenopatías (LAV).
Recién en 1986 el Comité de Taxonomía Viral rebautizó a los diversos virus (HTLV-1 y HTLV-II, LAV) con el nombre de Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
El test serológicos (de sangre) desarrollados en 1984 han permitido a los investigadores llegar a importantes conclusiones. Un análisis retrospectivo de suero obtenido a fines de la década del 70, por ejemplo, asociado a estudios sobre hepatitis B en Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, sugiere que el VIH ingresó en la población de los Estados Unidos en algún momento de fines de los años 70.
En otras partes del mundo, se observó una asociación cronológica similar al VIH y el SIDA. La aparición del VIH a partir del suministro de sangre a precedido o coincidido con la irrupción de casos del SIDA en todos los países y regiones donde se reportaron casos de SIDA. Un estudio serológico asociado el dengue y efectuado en el Caribe detectó que las primeras evidencias de infección por VIH en Haití surgieron en muestras obtenidas a partir
de 1979, y los primeros casos de SIDA en Haití y en los Estados Unidos se dieron a conocer a principios de la década del 80.
En África, entre 1981 y 1983, se registraron especialmente en Ruanda, Tanzania, Uganda, Zaire y Zambia epidemias clínicas de enfermedades crónicas y mortales como la meningitis criptocócica, Sarcoma de Kaposi progresivo y candidiasis del esófago. La primera muestra de sangre obtenida en África en la cual se encontró el VIH pertenece a un posible paciente con SIDA en Zaire, testeado con relación al brote, ocurrido en 1976, del virus Ebola.
Por otra parte, datos serológicos han sugerido la presencia de infección por VIH en Zaire desde 1959. Otros investigadores han detectado evidencia de VIH en tejidos de un marinero que falleció en Manchester, Inglaterra, en 1959.
El VIH recién se transformó en epidemia 20 ó 30 años después, quizás como consecuencia de las migraciones de zonas rurales a centros urbanos de países desarrollados, de individuos jóvenes, pobres y sexualmente activos, con el consiguiente retorno a su zona de origen e internacionalmente, como consecuencia de guerras civiles, turismo, viajes de negocios y tráfico de drogas.
S.I.D.A. significa Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Síndrome: conjunto de signos y síntomas característicos de una enfermedad. Inmunodeficiencia: Debilitamiento del sistema inmunológico del organismo. Adquirida: aparece en el curso de la vida, es decir que no es congénita ni hereditaria.
Una persona portadora del virus que mantiene relaciones sexuales sin cuidar a su compañero o compañera lo/la está exponiendo en cada acto sexual, a una situación de alto riesgo de contagio.
El preservativo masculino y femenino es el método más eficaz para prevenir la transmisión del HIV en las relaciones sexuales.
¿Es lo mismo HIV que SIDA?
No, no es lo mismo. Una persona puede ser portadora del virus HIV, pero aún no haber contraído la enfermedad del SIDA.
Se llama portador a la persona que, tras adquirir la infección por el VIH, no manifiesta síntomas de ninguna clase. Se llama enfermo de SIDA al que padece algún proceso infeccioso, tumoral, etc., con una precariedad inmunológica importante. Tanto el portador como el enfermo de SIDA se denominan seropositivos, porque tienen anticuerpos contra el virus que pueden reconocerse en sangre, con una prueba de laboratorio.
En líneas generales, desde que una persona se infecta con el HIV hasta que desarrolla la enfermedad del SIDA, existe un período asintomático que suele durar hasta unos 10 años. Durante este tiempo el sistema inmune sufre una destrucción progresiva, hasta que llega un momento crítico en el que el paciente tiene un alto riesgo de padecer infecciones y tumores.
Un resultado positivo no significa que la persona haya desarrollado la enfermedad, sino que es portadora del virus y lo puede transmitir por la sangre o las secreciones sexuales. Dicha persona ha de tomar las precauciones necesarias para disminuir el riesgo de evolución hacia el SIDA y para evitar exponer a otras personas al virus.
¿Qué pasa cuando una persona es seropositiva y cuál puede ser su evolución?
Podemos separar tres fases que pueden presentarse después de la infección por HIV:
– Primoinfección: las personas infectadas comienzan a fabricar anticuerpos anti–HIV que podrán detectarse con la prueba serológica. Las personas son, entonces, seropositivas.
– Evolución: en una segunda fase de la infección, de 6 meses a 10 años o más, pueden aparecer manifestaciones clínicas en algunas personas y en otras, evolución hacia el SIDA (forma grave de la infección por HIV), mientras otro tercer grupo puede mantenerse sin manifestación alguna. Entre los síntomas menores de la infección por HIV pueden encontrarse manifestaciones clínicas persistentes, tales como aumento constante del volumen de los ganglios en diversos lugares del cuerpo, pérdida de peso superior al 10% del peso corporal, fiebre y sudores nocturnos, formas graves de herpes, diarrea persistente y abundante. Estos síntomas no son específicos del SIDA ya que muchas enfermedades, generalmente benignas, pueden ocasionar estas mismas manifestaciones. Las personas que tienen un bajo porcentaje de linfocitos T4 corren un riesgo elevado de evolucionar hacia la enfermedad.
– SIDA:Las personas que desarrollarán SIDA, debido a que el sistema inmunitario está fuertemente deteriorado, pueden presentar las siguientes manifestaciones:
• Infecciones oportunistas;
• Algunos cánceres (linfomas y sarcoma de Kaposi);
• Otras afecciones: trastornos neurológicos, síndrome de adelgazamiento, etc.
No obstante, otras personas pueden permanecer sin síntomas. Es evidente que un cierto número de seropositivos pueden mantener un estado de incubación por más de 10 años, pero podrían desarrollar la enfermedad más tarde ya que el tiempo máximo de incubación es todavía desconocido. . arriba
¿Cómo se transmite?
Transmisión sexual: Las relaciones sexuales con penetración vaginal o anal, heterosexuales u homosexuales, pueden transmitir el virus del SIDA. Los contactos oro–genitales (contacto boca– órgano genital) pueden transmitir el HIV si hay lesiones en cualquiera de las zonas, ya que todas las prácticas sexuales que favorezcan las lesiones e irritaciones aumentan el riesgo de transmisión.
Las relaciones anales son las más infecciosas, porque son las más traumáticas y la mucosa anal es más frágil que la vaginal.
Si se practica una felación (estimulación del pene con la boca), hay riesgo de transmisión del HIV cuando hay lesiones en la boca o en los genitales, se ingiere el semen o se lo mantiene en la boca. Para evita la transmisión se debe utilizar preservativo.
Si se practica cunnilingus (estimulación de la vulva con la boca) es importante utilizar barreras de protección para que la boca no entre en contacto con los flujos vaginales, ya que es una práctica sexual con riesgo de transmisión del HIV, sobre todo durante la menstruación. Para evitar el contagio se pueden utilizar preservativos cortados, trozos de plástico de envolver alimentos o pañoletas de látex (se venden en los sex–shops).
Si se practica el annilingus (beso negro o rimming, estimulación del ano con la boca), existe riesgo de transmisión del HIV cuando, a causa de lesión, hay presencia de sangre en ano o en boca. Para evitar el contagio se puede utilizar cualquier método de barrera que impida el contacto directo de la boca con el ano, como preservativos cortados, tozos de plástico para envolver alimentos o pañoletas de látex.
Uso compartido de jeringas: No sólo el compartir las agujas o jeringas es un comportamiento de riesgo, el virus puede transmitirse por cualquier objeto que se utilice para preparar la droga. A su vez los usuarios de este tipo de sustancias constituyen un factor importante en la transmisión heterosexual del SIDA.
El uso de cualquier droga puede afectar la capacidad del individuo para tomar las medidas de protección, aumentando así el riesgo de infección.
El afecto no contagia:Se ha demostrado científicamente que los contactos de la vida cotidiana NO transmiten el HIV: no se transmite por abrazar, besar, compartir vasos y cubiertos, tomar mate o intercambiar ropa con una persona infectada; tampoco por compartir el lugar de trabajo o salón de clase, utilizar el mismo baño o pileta; lavarla o dormir en su misma cama. Los insectos no lo transmiten; el sudor, o las lágrimas de quienes padecen esta infección tampoco. En una palabra, querer y apoyar a una persona infectada no trae riesgos; al contrario, tiene efectos positivos en su salud y en quienes le rodean.
Los que rechazan y discriminan a los portadores del HIV–SIDA ignoran las verdaderas características de la enfermedad. Estar informado sobre los modos en que sí se transmite es el primer paso para la prevención.
No hay ninguna prueba de transmisión del virus del HIV por mosquitos, o por cualquier insecto que pique. Esto no es así, en cambio, con otras enfermedades que sí tienen esta vía de contagio. Las investigaciones en zonas tropicales muestran que las enfermedades transmitidas por mosquitos afectan a toda la población (niños, adultos, personas de edad avanzada) sin hacer diferencias. No es el caso del HIV que, en esas mismas zonas, afecta prioritariamente a las personas jóvenes, sexualmente activas. . arriba
¿Cómo prevenirse?
La prevención es el único medio de lucha contra la propagación del SIDA y seguirá siéndolo, aun cuando se encuentre un tratamiento o vacuna eficaz.
Prevención en la transmisión sexual
•Si no te has iniciado sexualmente, informáte sobre el uso del preservativo.
•Durante cualquier relación sexual (vaginal, anal u oral), utilizá preservativo.
•Evitá los contactos sexuales no protegidos.
•Si existe cualquier posibilidad de que tu pareja sexual haya tenido relaciones íntimas con alguien más, o que alguna vez haya usado drogas inyectables, usá preservativos cada vez que tengas relaciones sexuales.
•Tratá cualquier enfermedad de transmisión sexual (ETS), ya que una infección genital puede aumentar el riesgo de infección por HIV.
•No tener o abstenerse de relaciones sexuales.
Lo único que importa es que tomes precauciones y practiques sexo seguro, cada vez que lo hagas.
Prevención en la transmisión parenteral o sanguínea
•Exigí la etiqueta: "sangre segura" en toda transfusión.
•Evitá y denunciá el mercado ilegal de sangre.
La forma más importante de transmisión del HIV/SIDA por la sangre es por el uso compartido de objetos que se utilizan para preparar e inyectarse drogas.
Abandoná las drogas de uso por vía parenteral (inyectadas); si a pesar del riesgo de transmisión seguís haciéndolo, debés:
•No compartir los objetos que utilizás para preparar e inyectarte la droga.
•Usar agujas y jeringas desechables o desinfectar las usadas.
•No recibir ninguna sesión de acupuntura ni realizarte tatuajes si las condiciones de esterilidad del material empleado no ofrecen garantías.
•No usar objetos de aseo personal de personas desconocidas.
•No donar sangre si en los tres meses anteriores has estado expuesto a una situación de riesgo.
Prevención en la transmisión vertical, de la madre al feto o perinatal
Para las mujeres que viven con el HIV la probabilidad de tener un hijo seropositivo es del 20 al 35%. Sin embargo, es necesario esperar 6 meses y a veces hasta 15 después del nacimiento, para saber si el niño tiene el virus. Alrededor de un tercio de los pequeños infectados durante el embarazo presentan una evolución rápida hacia la enfermedad, los otros dos tercios exhiben un desarrollo mucho más lento y comparable al desarrollo de la infección en los adultos.
•Se recomienda un examen de detección del HIV antes de cualquier embarazo cuando existan antecedentes de prácticas de riesgo de cualquiera de los dos integrantes de la pareja. Esta recomendación es siempre válida en cualquier caso de embarazo.
•En la mujer con el HIV o compañera de un hombre con el HIV, la contracepción y el uso del preservativo son recomendables de manera general.
•Si el hombre tiene el HIV, no se aconseja la procreación, para evitar el riesgo de transmisión al futuro bebé, o reinfectar a la mujer.
•Las mujeres con el HIV deben evitar el embarazo.
•En el caso de que una mujer con el HIV haya podido llegar al término de su embarazo, la recomendación sobre la lactancia deberá ser de acuerdo con su situación específica, ya que puede transmitir el virus a través de la leche.
Recomendaciones que deben ser dadas por los médicos a las personas que viven con el HIV, de la forma más clara posible:
•Informar a su pareja sexual de su estado de seropositividad y en caso de mantener relaciones sexuales, evitar la penetración; si la hubiere, utilizar preservativo masculino o femenino.
•No donar sangre, semen ni órganos para trasplante.
•No compartir objetos potencialmente contaminados con sangre (agujas, jeringas, cepillo de dientes, navajas) y en general, objetos punzo–cortantes de uso personal y utensilios de preparación para inyectarse drogas.
•Informar que se vive con el HIV al personal que atiende cuando se realicen procedimientos dentales, extracción de sangre, estudios invasivos o cirugías, para que utilicen elementos desechables, esterilicen el material y tomen las medidas de protección adecuadas.
•No estar en contacto con pacientes enfermos con padecimientos contagiosos, como varicela y tuberculosis.
•Evitar el contacto o la convivencia con animales como gatos, aves de corral, tortugas, reptiles, etc.
•Evitar la automedicación.
•Solicitar atención médica periódica, aun en ausencia de síntomas, para valorar el momento y tipo de tratamientos preventivos recomendables (vacunas para neumococo, profilaxis para tuberculosis, candidiasis, etc.).
•Evitar el uso de drogas, alcohol y tabaco.
•Lavarse con agua y jabón al cortarse o mancharse con sangre.
•Cubrir las heridas y rasguños con un apósito hasta que curen.
•Lavar la ropa manchada de sangre o secreciones sexuales a alta temperatura, o en seco.
Además a las mujeres que viven con el HIV se les recomienda:
•Papanicolao y colposcopía inicial y posteriormente, dependiendo de la cuenta de CD4. Papanicolao y/o colposcopía cada 6 meses.
•Valorar la conveniencia de evitar el embarazo, proporcionándole toda la información sobre los riesgos de transmisión perinatal.
•Si ya se encuentra embarazada, ofrecer los tratamientos antirretrovirales recomendados para la prevención de la transmisión perinatal.
•No amamantar a su hijo y hacer todo lo posible para asegurarle una alimentación adecuada, completa y segura con sustitutos de leche materna. .¿Tiene cura?
La erradicación del HIV en los pacientes infectados no parece posible con los tratamientos actuales. Propiamente hablando, hoy el SIDA es incurable. Sin embargo, muchos de los procesos oportunos que comprometen la vida de los pacientes con SIDA tienen tratamiento eficaz. Además, la administración de fármacos anti–retrovirales ha permitido alargar considerablemente la supervivencia de los sujetos seropositivos, de manera que la enfermedad se ha convertido en un proceso crónico.
A pesar del amplio desarrollo que ha alcanzado la investigación de esta enfermedad en los últimos años, no parece aún cercana la posibilidad de disponer de una vacuna eficaz.
Dos niños huérfanos a causa del sida se lavan las manos en el Orfanato Nkoaranga, cerca de Arusha, Tanzania, en una imagen tomada en enero pasado. Aproximadamente el 8% de la población de Tanzania es VIH positivo.
Huérfanos sudafricanos comen su desayuno en el suelo del dormitorio en el orfanato Emasithandane de Ciudad del Cabo. Se calcula que en el mundo hay más de 15 millones de niños, menores de 18 años, huérfanos a causa del sida. De ellos, más de 12 millones viven en el África Subsahariana
Hora de la leche. Una madre seropositiva de 18 años de edad alimenta a su bebé de cinco meses en un albergue para enfermos de sida en la localidad indonesia de Abepura, en la región de Papúa. Se calcula que en el país hay hasta 216.000 enfermos, entre una población total de 220 millones.
Uno de cada 100 adultos de edades comprendidas entre los 15 y los 40 años está infectado por el VIH, el virus que provoca SIDA. Solamente 1 de cada 10 personas infectadas sabe que lo está. Se estima que en la actualidad hay más de 30 millones de personas viviendo con la infección por el VIH. Para el corriente año se espera que la cifra aumente a 40 millones.
Desde el principio de la epidemia se estima que 3,8 millones de menores de 15 años de edad se han infectado por el VIH y que 2,7 millones han fallecido. Más del 90% de esos niños han contraído el virus a través de sus madres seropositivas, antes o durante el parto o a través de la lactancia natural. Más de 8 millones de niños han perdido a su madre por causa del SIDA antes de cumplir los 15 años, y muchos de ellos también han perdido a su padre. Se calcula que esta cifra casi se duplicará para este año 2000.
El SIDA se convirtió en la gran epidemia del siglo XX, y la proyección a futuro sobre la expansión de esta enfermedad se transforma en una considerable carga para los sobrecargados sistemas asistenciales de la mayoría de los países afectados.
Muchos factores se encuentran afectados por el impacto del SIDA. Este impacto no se limita con exclusividad a las estadísticas sanitarias. Plantea además, un grave problema económico dado el alto costo que implica la asistencia médica de los pacientes. A su vez, el SIDA tiene una repercusión social, y ha modificado conductas y hábitos.
Las malas condiciones de vida, las dificultades para lograr un acceso fluido a los sistemas de salud y las carencias educativas de gran parte de la población, favorecen el crecimiento incesante de la epidemia.
Desde un punto de vista científico debe reconocerse que se ha avanzado en el conocimiento de la fisiopatogenia de la infección, los mecanismos de daño inmunológico, sus formas clínicas, su evolución a través del tiempo y la prevención y el tratamiento de muchas infecciones oportunistas que son la habitual causa de muerte de los pacientes. El empleo de drogas antiretrovirales mejoró y prolongó la sobrevida de muchos enfermos.
Pero la realidad nos muestra que la enfermedad todavía no tiene un tratamiento curativo, y es por esta razón, la lucha debe centrarse en adecuadas tareas de prevención en la lucha contra el SIDA. Y es la educación la clave de la prevención en la lucha contra el SIDA, y debe actuar como refuerzo en los sistemas de salud.
Aquellos países que no implementaron campañas de difusión ante la aparición de los primeros casos de la enfermedad están pagando un precio muy alto en vidas humanas perdidas. Las campañas han puesto especial interés en los aspectos preventivos. Las campañas deben llevar a la población un mensaje claro y directo, que no deje dudas acerca de las conductas de riesgo que pueden exponer al VIH, y cuál es la forma de evitarlas.
Se podría decir que en la actualidad la única vacuna es la buena información y que sólo hay algo más peligroso que el SIDA: La Ignorancia.
SIDA no te dejes llevar por la indiferencia.
Infórmate.
2. ¿Qué es el SIDA?
El SIDA es una etapa avanzada de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Se trata de un retrovirus que ataca las defensas del organismo y altera la capacidad para defenderse de las enfermedades ocasionadas por otros virus, bacterias, parásitos y hongos. El sistema inmunológico agrupa diversos tipos de células, entre otras los glóbulos blancos encargados de luchar contra los agresores externos. El VIH concretamente mata a un tipo de células, los linfocitos CD4 que integran el sistema inmunológico.¿Qué significa la palabra SIDA?
La palabra SIDA se forma con las iniciales de la expresión "Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida."
Síndrome: conjunto de signos y síntomas.
Inmuno: relativo al sistema de defensas.
Deficiencia: disminución.
Adquirida: alude al carácter no congénito.
Es decir que se ha desarrollado el SIDA sólo cuando se presenta un conjunto de signos y síntomas que indican que las defensas están disminuidas porque se contagió el virus. Es posible estar infectado con el VIH, es decir, ser VIH positivo o portador del virus, y todavía no haber desarrollado el SIDA. Desde el momento en que el virus ingresa al cuerpo hasta que aparecen los síntomas puede pasar mucho tiempo, entre 10 y 12 años, período que puede extenderse si se comienza un tratamiento temprano. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que se trata de plazos promedio globales que varían de país en país y se modifican sustancialmente con el propio desarrollo de la epidemia en cada lugar y con la evolución de los tratamientos.
3. ¿Cómo actúa el VIH?
El virus del SIDA ingresa al organismo a través de la sangre, el semen y los fluidos vaginales y una vez incorporado ataca el sistema inmunológico. Este sistema está constituido por un conjunto de componentes que incluyen células, anticuerpos y sustancias circulantes que enfrente a todo elemento que sea reconocido como ajeno o extraño. Esto sucede, especialmente con los agentes infecciosos como bacterias, hongos, virus y parásitos.
Frente a la presencia de agentes infecciosos el sistema inmunológico moviliza para defenderse células llamadas linfocitos. Los linfocitos, al ser invadidos por el virus VIH pierden su capacidad para reconocer y enfrentar a los agentes extraños, los que aprovechan la oportunidad de esta caída de la vigilancia inmunológica para proliferar. Para multiplicarse, el virus pone en funcionamiento un mecanismo específico de los retrovirus por el cual copia su genoma (conjunto de información genética de un ser vivo) de ARN, en el ADN de la célula. La presencia del virus estimula la actividad reproductiva de los linfocitos pero, dado que tienen copiado el genoma del VIH, en vez de reproducirse, multiplican células virales.
A medida que el virus se reproduce, el organismo se hace cada vez más vulnerable ante enfermedades contra las cuales, en tiempos normales puede defenderse. A estas enfermedades se las denomina enfermedades oportunistas. La caída de las defensas no es masiva y uniforme sino que permite con mayor probabilidad la aparición de ciertas enfermedades: infecciones (las más frecuentes son las pulmonares, y también otras producidas por diversos virus, bacterias, hongos y parásitos), y distintos tipos de cáncer (los más comunes son lo que afectan la piel y los ganglios linfáticos).
Uno de los indicadores más evidentes del avance de la infección y del desarrollo del SIDA, es la aparición de estas "enfermedades oportunistas". Por eso se las considera "marcadoras" o "trazadoras". Marcan la presencia y evolución de la infección. A ellas se suman los efectos directos del virus en el organismo, que incluyen, entre otros, trastornos del sistema nervioso y del aparato digestivo. Cuando el portador del VIH desarrolla este conjunto de afecciones se lo considera un enfermo de SIDA.
Como se expuso anteriormente, puede suceder que el VIH, una vez ingresado al organismo permanezca "en reposo" dentro de los linfocitos invadidos. En esta situación, el paciente no tiene síntomas, por eso se lo llama portador asintomático. Sin bien no presenta síntomas el portador asintomático puede contagiar a otras personas sin saberlo.
4. SIDA: Historia
En 1981, investigadores clínicos de Nueva York y California observaron en hombres homosexuales jóvenes, que habían gozado previamente de buena salud, un inusual conjunto de enfermedades poco frecuentes, en particular Sarcoma de Kaposi (SK) e infecciones oportunistas como la neumonía Pneumocystis carinii, como también casos de linfoadenopatías inexplicables y persistentes. Pronto se hizo evidente que estos hombres tenían un déficit inmunológico común, que se traducía en una disminución del sistema inmunológico celular, con una pérdida significativa de células TCD4.
La amplia diseminación del Sarcoma de Kaposi y de la neumonía por Pneumocystis carinii en personas jóvenes sin una historia clínica previa de terapia inmunosupresora no tenía precedentes. Es que estas enfermedades se habían detectado, en los Estados Unidos, en forma muy poco frecuente.
Antes de desatarse la epidemia del SIDA, la incidencia anual en los Estados Unidos del Sarcoma de Kaposi era del 0.02 al 0.06 por cada 100 mil habitantes. Como agregado, una forma más agresiva del Sarcoma de Kaposi, que por lo general afectaba a individuos jóvenes, podía observarse en algunas regiones del África.
La neumonía Pneumocystis carinii (PCP), una infección pulmonar causada por un agente patógeno al cual están expuestos la mayoría de los individuos sin mayores consecuencias, era extremadamente rara con anterioridad a 1981, salvo en aquellas personas que recibían terapia inmunosupresora, o entre los sujetos crónicamente mal nutridos, como sucedió con los niños de algunos países de Europa Orienta después de la Segunda Guerra Mundial.
El hecho de que hubieran sido hombres homosexuales los primeros en contraer SIDA en los Estados Unidos, llevó a pensar que el estilo de vida homosexual se relacionaba directamente con la enfermedad. Esto fue desechado al observarse que el síndrome era común a distintos grupos: drogadictos endovenosos masculinos y femeninos; hemofílicos y quienes habían recibido transfusiones de sangre; mujeres cuyas parejas sexuales eran hom
bres bisexuales; quienes recibían productos derivados de la sangre y niños nacidos de madres con SIDA o con historia de drogadicción endovenosa.
Varios expertos en salud pública llegaron a la conclusión de que el conjunto de casos de SIDA y el hecho de darse en diversos grupos de riesgo sólo podía explicarse si el SIDA era originado por un agente infeccioso transmisible a la manera del virus de la hepatitis B: por contacto sexual, por inoculación de sangre o de hemoderivados y de la madre infectada a su hijo.
Hacia 1983, numerosos grupos de investigación se habían concentrado en los retrovirus para hallar claves que condujeran a cómo se originaba el SIDA. Dos retrovirus recientemente reconocidos - HTLV-1 y HTLV-II - eran los únicos virus estudiados capaces de infestar a los linfocitos T, las células afectadas en personas con SIDA. El esquema de transmisión era similar al observado en pacientes con SIDA: el HTLV se transmitía por contacto sexual, de la madre a hijo o por exposición a sangre infectada.
En mayo de 1983, se publicó el primer informeque suministraba evidencias experimentales de una asociación entre un retrovirus y el SIDA. Después de haber detectado anticuerpos contra el HTLV-1 en un paciente homosexual con lifoadenopatías, un equipo dirigido por el doctor Luc Montaigner aisló un virus previamente no reconocido. El agente en cuestión fue luego denominado virus asociado a linfoadenopatías (LAV).
Recién en 1986 el Comité de Taxonomía Viral rebautizó a los diversos virus (HTLV-1 y HTLV-II, LAV) con el nombre de Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
El test serológicos (de sangre) desarrollados en 1984 han permitido a los investigadores llegar a importantes conclusiones. Un análisis retrospectivo de suero obtenido a fines de la década del 70, por ejemplo, asociado a estudios sobre hepatitis B en Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, sugiere que el VIH ingresó en la población de los Estados Unidos en algún momento de fines de los años 70.
En otras partes del mundo, se observó una asociación cronológica similar al VIH y el SIDA. La aparición del VIH a partir del suministro de sangre a precedido o coincidido con la irrupción de casos del SIDA en todos los países y regiones donde se reportaron casos de SIDA. Un estudio serológico asociado el dengue y efectuado en el Caribe detectó que las primeras evidencias de infección por VIH en Haití surgieron en muestras obtenidas a partir
de 1979, y los primeros casos de SIDA en Haití y en los Estados Unidos se dieron a conocer a principios de la década del 80.
En África, entre 1981 y 1983, se registraron especialmente en Ruanda, Tanzania, Uganda, Zaire y Zambia epidemias clínicas de enfermedades crónicas y mortales como la meningitis criptocócica, Sarcoma de Kaposi progresivo y candidiasis del esófago. La primera muestra de sangre obtenida en África en la cual se encontró el VIH pertenece a un posible paciente con SIDA en Zaire, testeado con relación al brote, ocurrido en 1976, del virus Ebola.
Por otra parte, datos serológicos han sugerido la presencia de infección por VIH en Zaire desde 1959. Otros investigadores han detectado evidencia de VIH en tejidos de un marinero que falleció en Manchester, Inglaterra, en 1959.
El VIH recién se transformó en epidemia 20 ó 30 años después, quizás como consecuencia de las migraciones de zonas rurales a centros urbanos de países desarrollados, de individuos jóvenes, pobres y sexualmente activos, con el consiguiente retorno a su zona de origen e internacionalmente, como consecuencia de guerras civiles, turismo, viajes de negocios y tráfico de drogas.
S.I.D.A. significa Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Síndrome: conjunto de signos y síntomas característicos de una enfermedad. Inmunodeficiencia: Debilitamiento del sistema inmunológico del organismo. Adquirida: aparece en el curso de la vida, es decir que no es congénita ni hereditaria.
Una persona portadora del virus que mantiene relaciones sexuales sin cuidar a su compañero o compañera lo/la está exponiendo en cada acto sexual, a una situación de alto riesgo de contagio.
El preservativo masculino y femenino es el método más eficaz para prevenir la transmisión del HIV en las relaciones sexuales.
¿Es lo mismo HIV que SIDA?
No, no es lo mismo. Una persona puede ser portadora del virus HIV, pero aún no haber contraído la enfermedad del SIDA.
Se llama portador a la persona que, tras adquirir la infección por el VIH, no manifiesta síntomas de ninguna clase. Se llama enfermo de SIDA al que padece algún proceso infeccioso, tumoral, etc., con una precariedad inmunológica importante. Tanto el portador como el enfermo de SIDA se denominan seropositivos, porque tienen anticuerpos contra el virus que pueden reconocerse en sangre, con una prueba de laboratorio.
En líneas generales, desde que una persona se infecta con el HIV hasta que desarrolla la enfermedad del SIDA, existe un período asintomático que suele durar hasta unos 10 años. Durante este tiempo el sistema inmune sufre una destrucción progresiva, hasta que llega un momento crítico en el que el paciente tiene un alto riesgo de padecer infecciones y tumores.
Un resultado positivo no significa que la persona haya desarrollado la enfermedad, sino que es portadora del virus y lo puede transmitir por la sangre o las secreciones sexuales. Dicha persona ha de tomar las precauciones necesarias para disminuir el riesgo de evolución hacia el SIDA y para evitar exponer a otras personas al virus.
¿Qué pasa cuando una persona es seropositiva y cuál puede ser su evolución?
Podemos separar tres fases que pueden presentarse después de la infección por HIV:
– Primoinfección: las personas infectadas comienzan a fabricar anticuerpos anti–HIV que podrán detectarse con la prueba serológica. Las personas son, entonces, seropositivas.
– Evolución: en una segunda fase de la infección, de 6 meses a 10 años o más, pueden aparecer manifestaciones clínicas en algunas personas y en otras, evolución hacia el SIDA (forma grave de la infección por HIV), mientras otro tercer grupo puede mantenerse sin manifestación alguna. Entre los síntomas menores de la infección por HIV pueden encontrarse manifestaciones clínicas persistentes, tales como aumento constante del volumen de los ganglios en diversos lugares del cuerpo, pérdida de peso superior al 10% del peso corporal, fiebre y sudores nocturnos, formas graves de herpes, diarrea persistente y abundante. Estos síntomas no son específicos del SIDA ya que muchas enfermedades, generalmente benignas, pueden ocasionar estas mismas manifestaciones. Las personas que tienen un bajo porcentaje de linfocitos T4 corren un riesgo elevado de evolucionar hacia la enfermedad.
– SIDA:Las personas que desarrollarán SIDA, debido a que el sistema inmunitario está fuertemente deteriorado, pueden presentar las siguientes manifestaciones:
• Infecciones oportunistas;
• Algunos cánceres (linfomas y sarcoma de Kaposi);
• Otras afecciones: trastornos neurológicos, síndrome de adelgazamiento, etc.
No obstante, otras personas pueden permanecer sin síntomas. Es evidente que un cierto número de seropositivos pueden mantener un estado de incubación por más de 10 años, pero podrían desarrollar la enfermedad más tarde ya que el tiempo máximo de incubación es todavía desconocido. . arriba
¿Cómo se transmite?
Transmisión sexual: Las relaciones sexuales con penetración vaginal o anal, heterosexuales u homosexuales, pueden transmitir el virus del SIDA. Los contactos oro–genitales (contacto boca– órgano genital) pueden transmitir el HIV si hay lesiones en cualquiera de las zonas, ya que todas las prácticas sexuales que favorezcan las lesiones e irritaciones aumentan el riesgo de transmisión.
Las relaciones anales son las más infecciosas, porque son las más traumáticas y la mucosa anal es más frágil que la vaginal.
Si se practica una felación (estimulación del pene con la boca), hay riesgo de transmisión del HIV cuando hay lesiones en la boca o en los genitales, se ingiere el semen o se lo mantiene en la boca. Para evita la transmisión se debe utilizar preservativo.
Si se practica cunnilingus (estimulación de la vulva con la boca) es importante utilizar barreras de protección para que la boca no entre en contacto con los flujos vaginales, ya que es una práctica sexual con riesgo de transmisión del HIV, sobre todo durante la menstruación. Para evitar el contagio se pueden utilizar preservativos cortados, trozos de plástico de envolver alimentos o pañoletas de látex (se venden en los sex–shops).
Si se practica el annilingus (beso negro o rimming, estimulación del ano con la boca), existe riesgo de transmisión del HIV cuando, a causa de lesión, hay presencia de sangre en ano o en boca. Para evitar el contagio se puede utilizar cualquier método de barrera que impida el contacto directo de la boca con el ano, como preservativos cortados, tozos de plástico para envolver alimentos o pañoletas de látex.
Uso compartido de jeringas: No sólo el compartir las agujas o jeringas es un comportamiento de riesgo, el virus puede transmitirse por cualquier objeto que se utilice para preparar la droga. A su vez los usuarios de este tipo de sustancias constituyen un factor importante en la transmisión heterosexual del SIDA.
El uso de cualquier droga puede afectar la capacidad del individuo para tomar las medidas de protección, aumentando así el riesgo de infección.
El afecto no contagia:Se ha demostrado científicamente que los contactos de la vida cotidiana NO transmiten el HIV: no se transmite por abrazar, besar, compartir vasos y cubiertos, tomar mate o intercambiar ropa con una persona infectada; tampoco por compartir el lugar de trabajo o salón de clase, utilizar el mismo baño o pileta; lavarla o dormir en su misma cama. Los insectos no lo transmiten; el sudor, o las lágrimas de quienes padecen esta infección tampoco. En una palabra, querer y apoyar a una persona infectada no trae riesgos; al contrario, tiene efectos positivos en su salud y en quienes le rodean.
Los que rechazan y discriminan a los portadores del HIV–SIDA ignoran las verdaderas características de la enfermedad. Estar informado sobre los modos en que sí se transmite es el primer paso para la prevención.
No hay ninguna prueba de transmisión del virus del HIV por mosquitos, o por cualquier insecto que pique. Esto no es así, en cambio, con otras enfermedades que sí tienen esta vía de contagio. Las investigaciones en zonas tropicales muestran que las enfermedades transmitidas por mosquitos afectan a toda la población (niños, adultos, personas de edad avanzada) sin hacer diferencias. No es el caso del HIV que, en esas mismas zonas, afecta prioritariamente a las personas jóvenes, sexualmente activas. . arriba
¿Cómo prevenirse?
La prevención es el único medio de lucha contra la propagación del SIDA y seguirá siéndolo, aun cuando se encuentre un tratamiento o vacuna eficaz.
Prevención en la transmisión sexual
•Si no te has iniciado sexualmente, informáte sobre el uso del preservativo.
•Durante cualquier relación sexual (vaginal, anal u oral), utilizá preservativo.
•Evitá los contactos sexuales no protegidos.
•Si existe cualquier posibilidad de que tu pareja sexual haya tenido relaciones íntimas con alguien más, o que alguna vez haya usado drogas inyectables, usá preservativos cada vez que tengas relaciones sexuales.
•Tratá cualquier enfermedad de transmisión sexual (ETS), ya que una infección genital puede aumentar el riesgo de infección por HIV.
•No tener o abstenerse de relaciones sexuales.
Lo único que importa es que tomes precauciones y practiques sexo seguro, cada vez que lo hagas.
Prevención en la transmisión parenteral o sanguínea
•Exigí la etiqueta: "sangre segura" en toda transfusión.
•Evitá y denunciá el mercado ilegal de sangre.
La forma más importante de transmisión del HIV/SIDA por la sangre es por el uso compartido de objetos que se utilizan para preparar e inyectarse drogas.
Abandoná las drogas de uso por vía parenteral (inyectadas); si a pesar del riesgo de transmisión seguís haciéndolo, debés:
•No compartir los objetos que utilizás para preparar e inyectarte la droga.
•Usar agujas y jeringas desechables o desinfectar las usadas.
•No recibir ninguna sesión de acupuntura ni realizarte tatuajes si las condiciones de esterilidad del material empleado no ofrecen garantías.
•No usar objetos de aseo personal de personas desconocidas.
•No donar sangre si en los tres meses anteriores has estado expuesto a una situación de riesgo.
Prevención en la transmisión vertical, de la madre al feto o perinatal
Para las mujeres que viven con el HIV la probabilidad de tener un hijo seropositivo es del 20 al 35%. Sin embargo, es necesario esperar 6 meses y a veces hasta 15 después del nacimiento, para saber si el niño tiene el virus. Alrededor de un tercio de los pequeños infectados durante el embarazo presentan una evolución rápida hacia la enfermedad, los otros dos tercios exhiben un desarrollo mucho más lento y comparable al desarrollo de la infección en los adultos.
•Se recomienda un examen de detección del HIV antes de cualquier embarazo cuando existan antecedentes de prácticas de riesgo de cualquiera de los dos integrantes de la pareja. Esta recomendación es siempre válida en cualquier caso de embarazo.
•En la mujer con el HIV o compañera de un hombre con el HIV, la contracepción y el uso del preservativo son recomendables de manera general.
•Si el hombre tiene el HIV, no se aconseja la procreación, para evitar el riesgo de transmisión al futuro bebé, o reinfectar a la mujer.
•Las mujeres con el HIV deben evitar el embarazo.
•En el caso de que una mujer con el HIV haya podido llegar al término de su embarazo, la recomendación sobre la lactancia deberá ser de acuerdo con su situación específica, ya que puede transmitir el virus a través de la leche.
Recomendaciones que deben ser dadas por los médicos a las personas que viven con el HIV, de la forma más clara posible:
•Informar a su pareja sexual de su estado de seropositividad y en caso de mantener relaciones sexuales, evitar la penetración; si la hubiere, utilizar preservativo masculino o femenino.
•No donar sangre, semen ni órganos para trasplante.
•No compartir objetos potencialmente contaminados con sangre (agujas, jeringas, cepillo de dientes, navajas) y en general, objetos punzo–cortantes de uso personal y utensilios de preparación para inyectarse drogas.
•Informar que se vive con el HIV al personal que atiende cuando se realicen procedimientos dentales, extracción de sangre, estudios invasivos o cirugías, para que utilicen elementos desechables, esterilicen el material y tomen las medidas de protección adecuadas.
•No estar en contacto con pacientes enfermos con padecimientos contagiosos, como varicela y tuberculosis.
•Evitar el contacto o la convivencia con animales como gatos, aves de corral, tortugas, reptiles, etc.
•Evitar la automedicación.
•Solicitar atención médica periódica, aun en ausencia de síntomas, para valorar el momento y tipo de tratamientos preventivos recomendables (vacunas para neumococo, profilaxis para tuberculosis, candidiasis, etc.).
•Evitar el uso de drogas, alcohol y tabaco.
•Lavarse con agua y jabón al cortarse o mancharse con sangre.
•Cubrir las heridas y rasguños con un apósito hasta que curen.
•Lavar la ropa manchada de sangre o secreciones sexuales a alta temperatura, o en seco.
Además a las mujeres que viven con el HIV se les recomienda:
•Papanicolao y colposcopía inicial y posteriormente, dependiendo de la cuenta de CD4. Papanicolao y/o colposcopía cada 6 meses.
•Valorar la conveniencia de evitar el embarazo, proporcionándole toda la información sobre los riesgos de transmisión perinatal.
•Si ya se encuentra embarazada, ofrecer los tratamientos antirretrovirales recomendados para la prevención de la transmisión perinatal.
•No amamantar a su hijo y hacer todo lo posible para asegurarle una alimentación adecuada, completa y segura con sustitutos de leche materna. .¿Tiene cura?
La erradicación del HIV en los pacientes infectados no parece posible con los tratamientos actuales. Propiamente hablando, hoy el SIDA es incurable. Sin embargo, muchos de los procesos oportunos que comprometen la vida de los pacientes con SIDA tienen tratamiento eficaz. Además, la administración de fármacos anti–retrovirales ha permitido alargar considerablemente la supervivencia de los sujetos seropositivos, de manera que la enfermedad se ha convertido en un proceso crónico.
A pesar del amplio desarrollo que ha alcanzado la investigación de esta enfermedad en los últimos años, no parece aún cercana la posibilidad de disponer de una vacuna eficaz.
Dos niños huérfanos a causa del sida se lavan las manos en el Orfanato Nkoaranga, cerca de Arusha, Tanzania, en una imagen tomada en enero pasado. Aproximadamente el 8% de la población de Tanzania es VIH positivo.
Huérfanos sudafricanos comen su desayuno en el suelo del dormitorio en el orfanato Emasithandane de Ciudad del Cabo. Se calcula que en el mundo hay más de 15 millones de niños, menores de 18 años, huérfanos a causa del sida. De ellos, más de 12 millones viven en el África Subsahariana