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Plantas de color violeta podrían prosperar

Ecologia5/3/2011
Plantas de color violeta podrían prosperar bajo múltiples estrellas

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La cultura pop fue presentada por primera vez a la noción de nuestra vida en un planeta con dos estrellas de la película de 1977 La Guerra de las Galaxias: Episodio IV – Una Nueva Esperanza. En un momento introspectivo, el héroe Luke Skywalker observa el oeste desde un par de estrellas en el horizonte.
Tatooine, el hogar de Luke, es un planeta desértico, aunque dos soles en el cielo podrían convertirlo en un buen negocio para la vegetación en un planeta tropical, relata Jack O'Malley-James, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Recientemente, Jack O'Malley-James presentó un estudio sobre este tema durante un encuentro de la Sociedad Astronómica Real en Llandudno, País de Gales.
Debido a la fuerza de la evolución biológica, las plantas podrían adaptarse para aprovechar la energía de ambos soles o evolucionar para absorber únicamente la luz de un sol específico, explicó el investigador.
Las cosas podrían complicarse en sistemas múltiples con una estrella amarilla y una enana roja. Más del 25% de las estrellas similares al Sol y el 50% de las enanas rojas se encuentran en sistemas multiestelares, en donde las plantas quedarían expuestas a una gama de radiación más alta que la de la Tierra. La radiación estelar podría expandirse en longitudes de rayos infrarrojos.
"Nuestras simulaciones sugieren que los planetas en sistemas multiestelares pueden albergar formas de plantas exóticas comunes de la Tierra”, declaró O'Malley-James.
Para la astrobióloga Nancy Kiang, de la Universidad de Columbia, las plantas alienígenas que viven bajo un sol rojo podrían desarrollar otros pigmentos fotosintéticos de color violáceo e incluso negro. O'Malley-James incluso cree que pueden presentar un color grisáceo o negro.
A diferencia de la vegetación de la Tierra, que refleja parte de la luz verde, la vegetación alienígena podría absorber la luz en una variación visible de longitud de onda para aprovecharla al máximo. Tales plantas también podrían utilizar la radiación infrarroja y ultravioleta para impulsar la fotosíntesis.
Debido a su estructura interna, las estrellas enanas rojas pueden resultar más “difíciles” que sus parientes amarillas. Una investigación llevada a cabo por el Telescopio Espacial Hubble con 215 mil enanas rojas descubrió 100 potentes explosiones estelares durante un período de siete días. Aunque tienen poca masa, las enanas rojas son capaces de ofrecer un buen puñetazo.





Explosiones estelares gigantescas ocurren sin previo aviso y emiten dosis letales de radiación ultravioleta. La vida marina podría mantenerse a salvo de los rayos UV a pocos metros de la superficie y todavía obtiene suficiente luz para la fotosíntesis.
"Llamaradas estelares de gran intensidad podrían conducir a las plantas a desarrollar su propio sistema de protección contra los rayos UV o a la fotosintetización de los microorganismos que pueden moverse en respuesta a una explosión repentina”, especula O'Malley-James.
La astro-bióloga Antigona Segura, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Ciudad de México, simuló el efecto de una explosión de la enana roja AD Leonis, ocurrida en 1985, sobre un hipotético planeta parecido a la Tierra.
Segura descubrió que la radiación UV divide las moléculas de oxígeno para crear más ozono del que fue destruido, creando una gruesa capa de ozono en la atmósfera planetaria. De este modo, la superficie estaría expuesta a la radiación típica de un día soleado en la Tierra.



El equipo de O'Malley-James realizó simulaciones de que un planeta similar a la Tierra orbitaria dos estrellas cercanas o dos estrellas bastante distantes (representadas arriba).
Si los dos soles orbitaran a una distancia cercana, la vida vegetal evolucionaría para aprovechar todo el espectro pancromático de luz disponible. Pero si los soles estuvieran muy separados, saliéndose y poniéndose en momentos diferentes, las plantas podrían desarrollar mecanismos exóticos de absorción de la energía.
Uno de los ejemplos más extremos que consigo imaginar es el de un gran sistema binario en el que un planeta es bañado en luz continua cuando las estrellas se encuentran en oposición, o sea, en lados opuestos del planeta. Durante un cierto período de tiempo, la luz del día sería constante.
Sin embargo, y a su debido tiempo, las estrellas estarían en conjunción – lado a lado – al moverse a lo largo de sus órbitas. Esto provocaría un hemisferio en la oscuridad durante una fracción de la rotación del planeta (suponiendo que éste no gire en su propio eje debido a la gran atracción gravitacional ejercida por la estrella, que ocasionaría problemas todavía mayores).



La vegetación tendría que evolucionar para enfrentar tales traumas ambientales, no sólo para adaptarse a los ciclos estacionales del planeta sino también a los ciclos de conjunciones estelares y oposicionales.
Estos estudios colectivos presentan un paisaje exuberante para los autores y directores de obras de ficción científica. Podemos imaginar un “planeta tecnicolor”, con una paleta de colores en donde las plantas hayan ajustado su fotosíntesis a la luz de dos o más estrellas”.
Para enfrentar las explosiones estelares, las plantas podrían comenzar a moverse o empezar a activar una especie de escudo; recurriendo también a la hibernación prolongada durante largos períodos de oscuridad.
La compleja interacción de la luz estelar impulsa la evolución, creando híbridos de plantas con animales, que absorben energía por la fotosíntesis cuando la luz está disponible, pero que recurren a la movilidad y a la búsqueda de alimento cuando anochece. Tales especies podrían evolucionar para emigrar constantemente por el planeta en busca de su sol favorito.
Un ejemplo de la Tierra es la Elysia chlorotica, una especie de babosa de mar verde (foto). Como almacena los cloroplastos de las algas que ingiere en sus propias células, la babosa es capaz de realizar la fotosíntesis, presentando el extraño aspecto de una hoja.



Si dejáramos volar nuestra imaginación podríamos incluso concebir una planta de grandes mandíbulas como la que aparece en la película La Pequeña Tienda de los Horrores, de 1960. Al anochecer, la selva estaría llena de gritos de “¡comida, comida!”.





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