La Sierra Mahoma - Jorge Chebataroff - 1944 La Sierra Mahoma fue declarada de Interés Departamental por un Decreto del Gobierno Departamental de San José “como forma de preservar su estado natural, prohibiéndose toda acción atentatoria a dicho estado”. También por Decreto departamental se resolvió nominar a “Sierra de Mahoma”, con el agregado “Mar de Piedra Profesor Jorge Chebataroff”. Es un justo homenaje que se le hace al pionero y principal estudioso que ha tenido la Sierra Mahoma y quien publicara diversos trabajos científicos al respecto. Orestes Araújo nos dice en su Diccionario Geográfico del Uruguay que la Sierra Mahoma “Debe su nombre a la permanencia en estos lugares, y en otros tiempos, de un indio Ohma, o Mahoma, como decían los españoles, adulterando esta voz” Hoy vamos a compartir un extracto de una publicación de Chebataroff titulada “La Sierra Mahoma”, realizada en el año 1944, como forma de poner en valor este monumento natural que se encuentra a escasos metros de Mal Abrigo, en el departamento de San José, acompañado de algunas fotografías que integran el trabajo del geógrafo. Queremos aportar al conocimiento de nuestro entorno local, ese es nuestro objetivo. “Antiguamente, la Sierra Mahoma debió tener el aspecto de una cuchilla, pero sus rasgos topográficos fueron intensamente transformados por la acción fluvial, que le quitó su anterior uniformidad, dándole el carácter de un mar de piedra (o caos de bloques) y no de sierra como vulgarmente se acostumbra a decir. Su desarrollo longitudinal oscila entre 10 y 12 kilómetros, y su anchura se aproxima a 3 kmts. en algunos puntos La altura de la sierra Mahoma no es considerable; algunas acumulaciones de bloques llegan a elevarse a unos 100 m sobre el valle del arroyo Mahoma chico, es decir unos 200 m sobre el nivel del mar. Faltan en ella los valles torrenciales encajonados tan comunes en la sierra de la animas u en la de minas, y su travesía, en cualquier dirección que se realice, no ofrece serias dificultades, sobre todo por la abundancia de los claros, la suavidad de las pendientes, la relativa separación de unos bloques respecto a otros, la falta de matorrales espesos de arbustos espinosos y en gran parte debido a la intervención humana que se ha hecho sentir especialmente sobre los componentes de los bosquecillos serrano, que hoy parece muy ralo y reducido principalmente a sus componentes de menor tamaño. Tanto en la Sierra Mahoma como en otras zonas pedregosas del país (por ejemplo la porción Norte de la Sierra de las Animas) puede comprobarse la enorme influencia que ejercen los bloques de roca sobre las condiciones climatéricas de los alrededores. En lugares donde dominan en absoluto los bloques graníticos, la tranquilidad del aire es un factor que favorece el incremento de su transparencia, permitiendo un intenso caldeamiento diurno de las masas pétreas y una notable irradiación nocturna, compensada en las primeras horas de la noche por el calor que devuelven los bloques, absorbido durante el día. A pesar de la relativa uniformidad que aparentemente parece reinar en los mares de piedra, pueden diferenciarse en ellos algunos elementos que se reproducen invariablemente en diversos lugares. Así, por ejemplo, consideraremos en la Sierra Mahoma: 1- Los claros interserranos, sin afloramientos importantes, cubiertos por vegetación herbáceo. 2 - Los valles fluviales recorridos por arroyuelos de carácter generalmente torrencial. 3 - Los afloramientos y bloques de roca que se agrupan originando cerrillos más o menos cónicos. 4 - Las agrupaciones de bloques que llamaremos bosques de piedra formados por grandes masas pétreas de diverso aspecto, en general no contiguas, semejando a veces enormes hongos o adoptando figuras de animales. Algunos presentan dimensiones sorprendentes excediendo muchos los 1000 metros cúbicos y llegando otros a los 2000; ciertos ejemplares descansan en el suelo o sobre otros bloques manteniendo milagrosamente su equilibrio: los hay ahuecados interiormente, figurando gigantescas caparazones de tortuga, otros dispuestos como puentes naturales que ligan dos bloques próximos, y a veces colocados uno encima de otro, como enormes quesos. La Sierra Mahoma está constituida en su porción principal por la granitita hornbléndica (compuesta de cuarzo, ortoclasa, un feldespato calcosódico mica negra o biotita, honblenda y minerales accesorios diversos). En la porción Norte y NE- el drenaje de las aguas lo realiza el arroyo Mahoma Grande con el que se une el Mahoma Chico, más próximo a la sierra, siendo ambos arroyos corrientes de agua persistentes. Por el Sur y SE. Los diversos arroyuelos se deslizan hacia el Coronilla, cuyo afluente más importante se denomina Colorado (nombre que proviene del color rojizo u ocráceo que presentan las superficies expuestas de las filitas y cuarcitas que cortan su cauce; en cuanto a la denominación de Coronilla que se aplica al otro arroyo no parece derivarse del verdadero árbol llamado coronilla o coronillo, es decir Scutia buxifolia,, sino que probablemente proceda del nombre vulgar, idéntico al mencionado, que se aplica en la región al arbolillo Moya spinosa. Los bloques de roca favorecen la abundancia de los manantiales, cuando presentan una marcada fisuración. Retienen la humedad por mucho tiempo y al devolverla lentamente mantienen la persistencia de las corrientes de agua. Numerosos canalillos que conducen el agua pluvial al Mahoma Chico suelen perderse entre las hendiduras des las rocas y las acumulaciones de bloques, para aparecer nuevamente más abajo, visiblemente reforzados en su caudal. La acumulación de bloques constituyendo cerros cónicos, o simplemente redondeados, es natural en las regiones de roca resistente; en la Sierra Mahoma aparecen algunas elevaciones de escasa altura (30 a 60 metros) presentando los caracteres peculiares de las formas topográficas determinadas por la destrucción de las masas graníticas: laderas algo convexas formando un cono rebajado, con abundancia de bloques sueltos, cima lisa y redondeada, base toscamente circular y valles torrenciales irregulares, a veces escalonados. Si recorremos el mar de piedra, veremos que les vegetales no están distribuidos al azar, sino que las distintas especies constituyen asociaciones bien caracterizadas y adaptadas a las condiciones físicas reinantes. La presencia de los bloques, sobre todo cuando se trata de masas de gran tamaño y hendidas, favorece la abundancia y la variedad de las plantas que fuera de la sierra son incapaces de resistir la influencia del viento y la escasez de la humedad, determinada por la permeabilidad del suelo o el escurrimiento rápido de las aguas de lluvia. La especie arbórea más aparente del mar de bloques es sin duda el canelón (Rapanea laetevirens, y Rapanea sp.), aunque no es la más abundante. Este árbol se reconoce a gran distancia porque suele aparecer aislado o emerge entre un conjunto de arbustos y arbolillos de menor altura. Junto al canelón, pero cubriendo áreas más extensas y adoptando casi siempre la forma arbustiva aparece el guayabo colorado (Eugenia cisplatensis) uno de los componentes más importantes del borde externo da los montes franjas del Noreste del país; sorprende su relativa abundancia en esta sierra, pues no es muy común fuera de la región mencionada y de algunos montes de la cuenca del río Uruguay. Otro árbol común que suele adquirir desarrollo bastante notable, superando a veces al canelón por su follaje, compuesto de hojas elípticas más pequeñas, es el blanquillo, del que existen dos especies en la sierra: una muy común de hojas casi perfectamente elípticas (Sebastiana klotzschiana) y otra más rara de hojas lanceoladas (S.brasiliensis). Es abundante entre los bloques pétreos una forma particular de molle (Schimus polygamus), reducido generalmente a un arbusto o a un arbolillo de escasas dimensiones, muy achaparrado y de muy pobre follaje, en muchos casos parasitado por la lorantácea llamada cabeza de fósforo (Psiitacanthus cuneifolius); lo acompaña generalmente el tala (Celtis spinosa), uno de les árboles más familiares de nuestra campaña. Una especie subarbórea típica de la sierra es el tembetarí (Fagara hiemalis), de ramas bastante flexibles que resisten bien el influjo de los vientos; de todas maneras la planta busca refugio en las hendiduras del granito. Lo que llama mucho la atención es la presencia en esta sierra de los árboles denominados espino corona (Xylosma Warburgii) y tarumán espinoso (Citharexylon barbinerve), típicos de las regiones mas septentrionales del país, que han llegado a tan alta latitud gracias probablemente a las corrientes fluviales y las aves. El tarumán está en vías de desaparición como consecuencia del talado. La especie de liquen más conocida es la yerba da la piedra (Usnea Hieronynii), que vive en la porción más alta de los bloques, vuelta hacia el Norte, donde la superficie aparece generalmente fracturada por la acción de los rayos solares. Los mejores ejemplos de chasmófitas están constituidos por diversas especies de helechos entre las cuales la más común es la calaguala (Polystichum adiantiforme). La fauna de vertebrados de la sierra debió ser rica en otro tiempo teniendo en cuenta la abundancia de los refugios naturales que los bloques ofrecen; por otra parte, oyendo las referencias que sobre la anterior abundancia de animales salvajes nos han hecho algunos vecinos antiguos del lugar, hemos sentado como casi segura la existencia en otros tiempos del venado, del gato montés común (que parece existir todavía, pero que no hemos visto en nuestras excursiones), de la nutria y del quirquincho o peludo. La fauna de reptiles está representada por varias especies de saurios, quelonios y ofidios. Entre los primeros es más aparente por su notable talla es el lagarto del país o iguana (Tupinambis teguixin) muy común en todo el mar de piedra. Los ofidios están representados por varias especies de culebras y por la víbora de coral (Elaps frontalis), venenosa, pero felizmente poco común en el lugar. La relativa abundancia de los árboles y de los arbustos dentro del perímetro del mar de piedra ha facilitado la llegada al lugar de gran número de aves, algunas de las cuales se han instalado de una manera definitiva en la sierra. Durante las noches tranquilas y calurosas y sobre todo en lugares bajos los Lampíridos, que comprenden a los insectos llamados vulgarmente bichitos de luz, pululan por millares siendo la especie más abundante. Es indudable que el aspecto general de la sierra sufrió una variación constante desde la llegada de los colonizadores blancos a la región de Mal Abrigo; pero los principales cambios deben de haberse registrado en los últimos tiempos, al implantarse los cultivos agrícolas en la zona. La influencia humana ha sido unas veces directa y otras indirecta, pudiendo ponerse como ejemplo de esta última la acción de los animales de pastoreo sobre la vegetación, y el trazado de los senderos en medio del mar de piedra realizados por las ovejas. La mayoría de estas influencias han afectado principalmente cd medio biológico aunque no han faltado algunas variaciones de regular importancia del medio físico. El granito de la sierra que se presta para la obtención de columnas prismáticas utilizadas como postes de alambrado ha sido explotado hasta ahora en una escala muy pequeña. La acción directa del hombre sobre la vegetación ha sido también muy importante principalmente por el talado y la apertura de senderos hacia el interior de la sierra. La influencia humana sobre la fauna indígena ha sido tan marcada como la que afectó a la vegetación. Han desaparecido hace ya mucho tiempo las víboras venenosas salvo la de coral; hemos mencionado anteriormente otras especies que se han extinguido en épocas más o menos lejanas; los zorros, el zorrillo, la mulita y algunas aves se han hecho raras en la región. Este empobrecimiento de la fauna no se debe sin embargo imputar a los vecinos del lugar, que en general mantienen estrictamente la prohibición de la caza de los animales salvajes; ha sido obra de cazadores furtivos que muchas veces han pasado por esta zona con el propósito de obtener pieles comerciables." VISITA LA WEB DE NUESTRO PROYECTO http://www.desarrolloregional.org.uy
La Sierra Mahoma - San José - Uruguay
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