Lo normal, en el tipo de casos en los que alguien te dice que tiene una casa en el campo, es pensar en la típica cabaña o estructura de madera a lo David Thoreau, con chimenea, una cocina vieja o el rollo rústico que se lleva ahora. Sinceramente creo que muy pocos se imaginarían un Norman Foster, o Koolhas, Rogers Richars o venga un Le Corbusier en pleno campo. Pero Scott Schell y Margarita Wheeler sí. Tanto, que contrataron la construcción de una casa de 195 metros cuadrados a la escuela de arquitectura Johnston Architects en las mismísimas colinas de Snoqualmie, muy cerca de su lugar de trabajo. Y además de manera sostenible. Para su construcción emplearon materiales encontrados en el terreno como árboles o ramas caídas en algunas tormentas, y también abetos y cedros procesados. Por dentro destaca, por encima de todas las cosas, el uso de la madera como material principal, pero también otros materiales reciclados muy interesantes en busca de su calificación LEED. Si se fijan, la casa parece estar incrustada en la propia naturaleza. Además, después de su construcción reforestaron todo el espacio que rodea la estructura.
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