Crisis psicológica Numerosas personas sometidas a reproducción asistida padecen una depresión o ansiedad que afecta la relación de pareja. La infertilidad del hombre produce mayores problemas psicológicos. Este problema se soluciona mediante la microinyección espermática, consistente en obtener los espermatozoides del propio testículo o conducto seminal. Crisis en el deseo sexual mutuo, depresión, ansiedad. Son algunas de las consecuencias psicológicas y emocionales que pueden padecer las parejas que para poder tener hijos se someten a un régimen médico estresante de visitas continuas, toma de temperatura diaria, medicaciones diversas, intervenciones quirúrgicas y relaciones sexuales programadas. Se calcula que entre el 25 y el 40 por ciento de los pacientes que asisten a las clínicas de esterilidad, para someterse a tratamientos de reproducción asistida, presentan síntomas psicológicos de significación. “Aunque en un principio es más difícil para la mujer que para el hombre aceptar que tiene dificultades para procrear, la esterilidad masculina es la que produce mayores problemas psicológicos a la pareja", asegura la doctora Diana Guerra, psicóloga clínica del Servicio de Medicina Psicosomática del Instituto Dexeus y Presidenta de la Asociación de Ayuda a la Fertilidad "Genera". Explica que, debido a la presión de los tratamientos, “muchas parejas son capaces de retrasar las vacaciones, de no hacer cambios en su profesión, de viajar en busca de soluciones, de renunciar a su vida social y, en definitiva, de dejar de hacer su vida habitual”. Los tratamientos también condicionan totalmente la vida sexual de las parejas: “el sexo cambia de significado y, lo que antes constituía un placer, se convierte en una obligación que llega incluso a convertirse en una experiencia dolorosa, si persiste la imposibilidad de concebir”. Para la doctora Guerra "la tensión de esta crisis lleva a situaciones de conflicto en la pareja que influyen sobre el deseo sexual mutuo". Por esta razón, los centros de reproducción humana asistida incluyen cada vez más programas de apoyo psicológico para ayudar a superar y prevenir los síntomas que pueden aparecer durante el tratamiento. Estos “efectos secundarios” y otros aspectos de la reproducción asistida son analizados por los expertos en la reciente "Guía para pacientes”, publicada por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), con el patrocinio de Organon, la cual se dirige a aquellas parejas que enfrenten un problema de esterilidad y explica de forma desmitificadora los tipos de esterilidad, sus causas y los tratamientos que existen en la actualidad. ¿Hasta qué punto el estrés o los problemas emocionales influyen en la probabilidad de embarazo que tiene una pareja estéril en tratamiento? La mayoría de los estudios efectuados son contradictorios, aunque indican una mayor probabilidad de aborto espontáneo en personas que presentan problemas psicológicos o psíquicos. Según los expertos, los problemas psicológicos más frecuentes son la ansiedad y la depresión. La ansiedad se manifiesta debido a la naturaleza estresante de los tratamientos y por el miedo a que el tratamiento elegido falle; la depresión suele aparecer por la incapacidad para concebir o por los resultados terapéuticos negativos del tratamiento. “También se ha observado”, afirma Guerra, "que tras un primer ciclo de tratamiento fallido, la pareja reacciona con una sensación de fracaso y pérdida intensa". Sin embargo, en posteriores intentos, según esta doctora, la pareja suele estar más preparada ante el posible fracaso, aunque éste siempre supone tristeza y desilusión. No obstante, tras varios intentos fallidos, la sensación de desánimo y ansiedad reaparece con cada fracaso. Para ellos es peor que para ellas Según Guerra, suele ser más difícil para la mujer que para el varón aceptar que tiene un problema de esterilidad, porque "ellas parecen estar más programadas para tener hijos y les resulta más duro renunciar". "Los hombres, sin embargo - añade la doctora Guerra- suelen tener más dificultades para aceptar su problema de esterilidad ante familiares y amigos, pues ésta es una palabra que todavía hoy tiene muchas connotaciones erróneas y que puede asociarse a la poca virilidad". Según un estudio del Instituto Dexeus, cuando la esterilidad es masculina, existe una tendencia a que ambos miembros de la pareja presenten más problemas psicológicos. Además, las parejas afectadas por un problema de esterilidad deben asumir el hecho de que el tratamiento puede prolongarse durante bastante tiempo. Esto significa, por otra parte, un coste económico considerable, pues cada ciclo de tratamiento puede oscilar entre 1.800 y 3.000 euros por término medio. La atención psicológica a las parejas que se someten a métodos de fecundación asistida, intenta conseguir la desmitificación de falsas ideas o preconceptos sobre el tratamiento y evitar los sentimientos de culpa. También se busca el desbloqueo de las tensiones y frustraciones que aparecen en la mayoría de las parejas. Este es un enfoque clave que va a permitirles encarar el tratamiento desde una perspectiva más relajada y confiada, lo que sin duda favorecerá el éxito final del tratamiento. El tratamiento de la infertilidad masculina no sólo registra avances en la faceta psicológica, destinados a resolver los problemas del afectado y su pareja, sino que además verifica progresos en las técnicas destinadas a remediar las dificultades orgánicas del varón, para poder procrear. El abanico de posibilidades para concebir un niño o niña mediante técnicas de reproducción asistida aumenta a pasos agigantados. Según los expertos, uno de los avances más importantes de los últimos tiempos es la microinyección espermática, considerada el nuevo “tratamiento milagro” de la infertilidad masculina, ya que permite procrear a hombres con problemas de esterilidad por vasectomía, malformaciones genitales congénitas, paraplejias (parálisis), eyaculación deficiente o con un desarrollo anormal de sus espermatozoides La microinyección espermática, conocida entre los expertos como ICSI y consistente en obtener los espermatozoides masculinos del propio testículo (mediante una biopsia) o del conducto seminal, denominado epididimo, ha hecho nacer sólo en España a unos 3000 niños. Desde hace tiempo, los especialistas advierten que la incidencia de la esterilidad aumenta en todo el mundo, afectando ya a una de cada diez parejas. Este incremento en los casos se debería, por ejemplo, a factores como una planificación tardía del primer embarazo por parte de las mujeres (el aumento de la edad de la mujer se asocia con la disminución de ovocitos) o las deficiencias en la calidad y cantidad de espermatozoides. El ICSI es lo último en técnicas de fecundación asistida, las cuales han abierto una puerta a la esperanza para las parejas con dificultades para procrear y consisten en una ayuda o "asistencia" que se hace a la naturaleza para facilitar el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide, cuando este no ha podido lograrse con técnicas clásicas o convencionales. Esta técnica está especialmente pensada para varones cuya calidad o cantidad seminal es deficiente e, incluso, para pacientes azoospérmicos, es decir que no eyaculan pero si tienen semen en los testículos. Otros personas que se benefician con esta solución son los que sufren tetraplejias que les ocasionan trastornos de eyaculación, u hombres que, tras someterse a una vasectomía, se plantean tener un hijo. Uno de los centros españoles de referencia en la aplicación del ICSI es el Instituto Valenciano de Esterilidad- IVI Valencia, que desde 1995 ha conseguido el nacimiento de unos 1000 niños mediante esta técnica. “Por lo general, cuando una pareja acude a un centro como el IVI-Valencia para solicitar ayuda médica para su problema de infertilidad, han pasado entre 1 y 2 años intentando procrear sin éxito. Son en la mayoría de casos, hombres y mujeres con una carga de ansiedad considerable, y que soportan además presiones de índole familiar, social y personal”, señala el doctor José Remohí, codirector de este centro médico. Además, según este especialista "la mayoría de los pacientes que acuden a un centro de reproducción asistida lo hacen remitidos por otros médicos, que ya los han sometido a diferentes tratamientos sin éxito". Buscar el método adecuado "Todas las parejas con problemas para reproducirse pueden llegar a tener un hijo si se utiliza la técnica adecuada", afirma el especialista valenciano. "El ICSI puede hacer posible el embarazo con un solo espermatozoide. Consiste en inyectarlo dentro del óvulo bajo visión microscópica. Así espermatozoides altamente patológicos, que no eran capaces de entrar por si solos en el óvulo, consiguen su objetivo". Esta técnica tiene una elevada tasa de resultados satisfactorios: "en los últimos meses el porcentaje de éxito de esta técnica se encuentra ya en un 50 por ciento", señala el doctor Remohí. Según este experto, "el ICSI está indicado para las parejas que no pueden tener hijos por una esterilidad masculina severa: "el 80 por ciento de quienes se benefician de esta técnica son parejas en las que el hombre sufre una alteración de los espermatozoides, aunque también pueden aprovecharla las parejas que han fracasado en la inseminación artificial o la fecundación "in vitro", porque los espermatozoides no han fecundado, o cuando existe una mala calidad de los óvulos". Respecto del posible riesgo de que esta técnica pueda llegar a transmitir determinadas patologías de padres a hijos, el experto señala que "esta técnica no incrementa la tasa de malformaciones o alteraciones genéticas o anatómicas, aunque cuando la calidad del semen está muy alterada recomendamos realizar un estudio completo para conocer si existe alguna anomalía o defecto genético". Explica Remohí, que el procedimiento del ICSI dura unos 15 días: “en una primera fase se realiza una estimulación folicular y se controla ecográficamente a la aspirante a madre. Se pretende que maduren varios óvulos simultáneamente y cuando están maduros se extraen del ovario con ayuda de una ecografía y por vía vaginal. Esto hace que a la paciente se le aplique únicamente anestesia local y que no tenga que ser hospitalizada”. En la fase de fertilización se comprueba si los óvulos extraídos (una media de ocho) están maduros. El andrólogo prepara los espermatozoides y con la ayuda de un micromanipulador se introduce el espermatozoide en el óvulo por medio de una aguja de cinco micras de espesor (tan fina como un hilo de seda). A las 18 horas se hace un primer estudio. Algunos óvulos se dañan y el proceso sólo obtiene el éxito si se observa la división celular.