Era una noche como todas, con la diferencia de que el agua inundaba las calles. Él estaba parado ahí, junto a su auto, hasta que alguien apareció y le pidió que lo llevase a su casa. La situación era clara, era un remisero, pero de esos de mala muerte.
Tan pronto subió su cliente, empezó a sentirse mal, y todo empezó a volverse loco. Divisaron una vaca lincesa de 60 kilos viajando en una Eco Sport 2005, una máquina denunciando bots en la calle, y un caballo propulsado con un híper conchasumado hidrógeno elevado a la enésima potencia de tu putísima madre, que volaba como un mandril africano a punto de tener un orgasmo fantasmal, y a su lado el fantasma de la B, buscando a un hincha de Bocaca en el establo de la Bombomierda, que sumado a la raíz cuadrada de 0, dio igual a un culo.
Todo importaba un carajo, y todo se lo tomó, como una picardía, nada más. Él no sabía a dónde disparar, pero el trabajo era mucho más importante que la hombría/homosexual de cierto desarrollador, pero repito, su trabajo era lo importante, y no debía echarse hacia atrás por nada en el mundo.
Pero el paisaje parecía desolador, junto con algunos troesmas con maquinolas llenas de linces salvajes de la pradera andina de Yugoslavia, pero eso no es a lo que íbamos, pero igual ya está. Fue entonces que su pasajero, con una suave, pero clara voz, le dijo: -¿Haz buscado?, con lo cual el remisero preguntó: - ¿Qué cosa? Preguntó algo sorprendido, ya que no dijo ni una sola palabra durante el trayecto. La noche, porque aquellos que olvidan vienen a buscar a los perturbados. -No entiendo-, respondió asustado el hombre, que ya veía a su cliente con un tinte macabro cuando iba llegando a su destino.
Al final, cuando llegó a dónde acordaron, el pasajero le dijo: Ahora escapá, ya que los otros vienen por vos, andáte de aquí, y escapá, que el ejército de la reconcha de la lora te está buscando para romperte el ano. Esta es la noche del buscado, y esta vez te están buscando a vos para hacerte cochinadas. No dejés que te agarren. Estarás seguro cuando llegue la mañana
Al escuchar esas palabras, el remisero comenzó a alejarse del lugar, y no se bajó, ni para tomar agua, del auto. Mientras huía, podía ver un vehículo oscuro que lo perseguía, con el ejército de bots taringueros de los montes, con la bandera de Herni en el techo.
Toda la noche no paró de manejar, hasta que llegó la mañana, y simplemente el temido ejército desapareció, de la nada.
Nunca logró encontrarle la explicación, pero de lo que sí está seguro que dejará de ser remisero .
Tan pronto subió su cliente, empezó a sentirse mal, y todo empezó a volverse loco. Divisaron una vaca lincesa de 60 kilos viajando en una Eco Sport 2005, una máquina denunciando bots en la calle, y un caballo propulsado con un híper conchasumado hidrógeno elevado a la enésima potencia de tu putísima madre, que volaba como un mandril africano a punto de tener un orgasmo fantasmal, y a su lado el fantasma de la B, buscando a un hincha de Bocaca en el establo de la Bombomierda, que sumado a la raíz cuadrada de 0, dio igual a un culo.
Todo importaba un carajo, y todo se lo tomó, como una picardía, nada más. Él no sabía a dónde disparar, pero el trabajo era mucho más importante que la hombría/homosexual de cierto desarrollador, pero repito, su trabajo era lo importante, y no debía echarse hacia atrás por nada en el mundo.
Pero el paisaje parecía desolador, junto con algunos troesmas con maquinolas llenas de linces salvajes de la pradera andina de Yugoslavia, pero eso no es a lo que íbamos, pero igual ya está. Fue entonces que su pasajero, con una suave, pero clara voz, le dijo: -¿Haz buscado?, con lo cual el remisero preguntó: - ¿Qué cosa? Preguntó algo sorprendido, ya que no dijo ni una sola palabra durante el trayecto. La noche, porque aquellos que olvidan vienen a buscar a los perturbados. -No entiendo-, respondió asustado el hombre, que ya veía a su cliente con un tinte macabro cuando iba llegando a su destino.
Al final, cuando llegó a dónde acordaron, el pasajero le dijo: Ahora escapá, ya que los otros vienen por vos, andáte de aquí, y escapá, que el ejército de la reconcha de la lora te está buscando para romperte el ano. Esta es la noche del buscado, y esta vez te están buscando a vos para hacerte cochinadas. No dejés que te agarren. Estarás seguro cuando llegue la mañana
Al escuchar esas palabras, el remisero comenzó a alejarse del lugar, y no se bajó, ni para tomar agua, del auto. Mientras huía, podía ver un vehículo oscuro que lo perseguía, con el ejército de bots taringueros de los montes, con la bandera de Herni en el techo.
Toda la noche no paró de manejar, hasta que llegó la mañana, y simplemente el temido ejército desapareció, de la nada.
Nunca logró encontrarle la explicación, pero de lo que sí está seguro que dejará de ser remisero .