Advertencia: El contenido de esta publicación es altamente delirante, producto de una mente atribulada. No apto para personas con colon irritable, andropaúsicos o quiroprácticos.
Cholo en la ciudad
Rostro afable, piel morena, peinado a la moda. Cholo, un joven como cualquiera del 2022, caminaba bajo el sol invernal de la ciudad. Sus profundas meditaciones metafísicas -sobre minas desnudas, semidesnudas y vestidas- se vieron interrumpidas cuando una voz femenina que resonó dentro de su cabeza lo saludó.
- Hola divinooo...- Exclamó, aturdiendo al pobre muchacho. Éste no sabía qué hacer. ¿Se estaba volviendo loco? ¿Dios era mujer y le estaba hablando?¿Su lado femenino se estaba apoderando de su marote? Sus dudas se esfumaron cuando la voz respondió:
- No querido, soy Susana Giménez- Raro, incluso escuchó el coro de cantantes que la suele acompañar diciendo su nombre. Sin saber cómo, había entablado una conversación telepática con la diva de los teléfonos.- Te voy a explicar rápido porque tengo que ir comprarme zapatos. Resulta que fui al infierno de nuevo para hipotecar mi casa por quinta vez a cambio de un par de años más de vida en la televisión, pero el diablo me rechazó. Entonces recurrí al cielo, y me dijeron que tenía que hacer una buena acción para que me dieran lo que quería, y me otorgaron algunos poderes para cumplir...- Para el pobre Cholo, la voz de Susana en su interior era un verdadero flagelo. Interrumpió bruscamente.
- ¡Bueno! ¿Qué querés?- La Su no le prestaba atención, siguió hablando, aunque el joven no había entendido sus últimas palabras.
-... cortar la calle, por eso hay que matarlos a todos, ¿Ves como son? Si hubiese un dinosaurio vivo, lo podríamos usar para controlar la natalidad, ¿Viste? Bueno, ya estás prevenido ¡Bye!- Farfulló. Cholo intentó responder pero un celestial "El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio" retumbó en su capocha. El muchacho siguió caminando, como si nada, y volvió a pensar en minas. Pero a pocos metros se encontró con un piquete en medio de la calle que le impedía el paso. Hombres con remeras de "Moyanobot presidente" reclamaban por mejoras cibertrónicas para su líder.
-¡Moyanobot la puta que te parió!- Masculló el joven. Gran error. Los sindicalistas 2.0 con sus oídos biónicos escucharon el insulto al camionero transformer, y se disponían a atacar al imberbe Cholo. Rodeado por buzardas prodigiosas, el joven no tenía escapatoria. No lograba mirarles el rostro a esos mastodontes, todo lo que lograba ver eran barrigas. Creyendo que era su fin, le rezó a San Fort para que tuviese una muerte dulce. Cuando creía todo perdido, un rugido estruendoso sacudió la ciudad. ¿Una estampida, un terremoto?
¡Apareció la Su al rescate, montada en un tiranosaurio rex! Al grito de ¡Mántelos a todos!, consigna que cumplió rigurosamente, se abrió paso entre cientos de manifestantes, peatones y trabajadores, que murieron aplastados por el reptil gigante o perecieron en sus fauces. Los matones que estaban por golpear a Cholo huyeron. El joven estaba a salvo.
- Vine con un dinosaurio vivo, te salvé. Ya cumplí con mi buena acción.- Cholo miró con horror la destrucción que había ocasionado la diva.- ¡Estaré en la tele por siempre!
Un ruido mecánico interrumpió a Gimenez. Moyanobot venía corriendo por la avenida a toda máquina.
Furioso al ver que habían asesinado a sus compañeros, gritó:
- Me las pagarás ramera
- ¿Remera? ¿Qué remera?- Inquirió Susana. Una épica batalla entre el líder transformer de los camioneros y Susana en su dinosaurio comenzó. Edificios históricos, viviendas, cines pornográficos, todo quedó arrasado en el enfrentamiento. Atónito, Cholo se dio media vuelta y se fue a su casa. Se fumó un pegaso, y nunca supo que sucedió entre los contendientes.
Si se rieron un toque, pueden dejar un puntito u otro que se necesita
Cholo en la ciudad
Rostro afable, piel morena, peinado a la moda. Cholo, un joven como cualquiera del 2022, caminaba bajo el sol invernal de la ciudad. Sus profundas meditaciones metafísicas -sobre minas desnudas, semidesnudas y vestidas- se vieron interrumpidas cuando una voz femenina que resonó dentro de su cabeza lo saludó.
- Hola divinooo...- Exclamó, aturdiendo al pobre muchacho. Éste no sabía qué hacer. ¿Se estaba volviendo loco? ¿Dios era mujer y le estaba hablando?¿Su lado femenino se estaba apoderando de su marote? Sus dudas se esfumaron cuando la voz respondió:
- No querido, soy Susana Giménez- Raro, incluso escuchó el coro de cantantes que la suele acompañar diciendo su nombre. Sin saber cómo, había entablado una conversación telepática con la diva de los teléfonos.- Te voy a explicar rápido porque tengo que ir comprarme zapatos. Resulta que fui al infierno de nuevo para hipotecar mi casa por quinta vez a cambio de un par de años más de vida en la televisión, pero el diablo me rechazó. Entonces recurrí al cielo, y me dijeron que tenía que hacer una buena acción para que me dieran lo que quería, y me otorgaron algunos poderes para cumplir...- Para el pobre Cholo, la voz de Susana en su interior era un verdadero flagelo. Interrumpió bruscamente.
- ¡Bueno! ¿Qué querés?- La Su no le prestaba atención, siguió hablando, aunque el joven no había entendido sus últimas palabras.
-... cortar la calle, por eso hay que matarlos a todos, ¿Ves como son? Si hubiese un dinosaurio vivo, lo podríamos usar para controlar la natalidad, ¿Viste? Bueno, ya estás prevenido ¡Bye!- Farfulló. Cholo intentó responder pero un celestial "El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio" retumbó en su capocha. El muchacho siguió caminando, como si nada, y volvió a pensar en minas. Pero a pocos metros se encontró con un piquete en medio de la calle que le impedía el paso. Hombres con remeras de "Moyanobot presidente" reclamaban por mejoras cibertrónicas para su líder.
-¡Moyanobot la puta que te parió!- Masculló el joven. Gran error. Los sindicalistas 2.0 con sus oídos biónicos escucharon el insulto al camionero transformer, y se disponían a atacar al imberbe Cholo. Rodeado por buzardas prodigiosas, el joven no tenía escapatoria. No lograba mirarles el rostro a esos mastodontes, todo lo que lograba ver eran barrigas. Creyendo que era su fin, le rezó a San Fort para que tuviese una muerte dulce. Cuando creía todo perdido, un rugido estruendoso sacudió la ciudad. ¿Una estampida, un terremoto?
¡Apareció la Su al rescate, montada en un tiranosaurio rex! Al grito de ¡Mántelos a todos!, consigna que cumplió rigurosamente, se abrió paso entre cientos de manifestantes, peatones y trabajadores, que murieron aplastados por el reptil gigante o perecieron en sus fauces. Los matones que estaban por golpear a Cholo huyeron. El joven estaba a salvo.
- Vine con un dinosaurio vivo, te salvé. Ya cumplí con mi buena acción.- Cholo miró con horror la destrucción que había ocasionado la diva.- ¡Estaré en la tele por siempre!
Un ruido mecánico interrumpió a Gimenez. Moyanobot venía corriendo por la avenida a toda máquina.
Furioso al ver que habían asesinado a sus compañeros, gritó:
- Me las pagarás ramera
- ¿Remera? ¿Qué remera?- Inquirió Susana. Una épica batalla entre el líder transformer de los camioneros y Susana en su dinosaurio comenzó. Edificios históricos, viviendas, cines pornográficos, todo quedó arrasado en el enfrentamiento. Atónito, Cholo se dio media vuelta y se fue a su casa. Se fumó un pegaso, y nunca supo que sucedió entre los contendientes.
Si se rieron un toque, pueden dejar un puntito u otro que se necesita

