En enero de 1943 casi un millar y medio de soldados alemanes perecieron misteriosamente en la región de Kuban, en el sur de Rusia. Esa misma tarde se vieron dos esferoides llameantes en la zona. ¿Se trataba de un arma secreta letal?
La inmensa cúpula roja sobre el bosque emitía un gran fulgor libre de destellos y sin ruido. Algunas mujeres se echaron a llorar abrazándose y mirando desvalidas a los hombres. Ellos, a su vez, intercambiaban miradas de perplejidad. Los adultos empezaron a meterá los niños en casa. Aterrorizados, corrimos a casa sin protestar. Entonces los adultos también decidieron recogerse. Alguien dijo: 'Pues que sea lo que sea. ¡Vamos a seguir viendo la película!'. El encargado de pasar la película la puso en marcha de nuevo. Alguien cerró la puerta con un comentario: 'Eso es todo, ya se fue. No era un incendio".
En principio, si los esferoides vistos por Anatoliy Klimenko en 1943 se debieron a un arma alemana secreta, ésta podría haber sido capturada por el ejército soviético y probada en 1947 en el extremo oriental del país. Sin embargo, no hay ninguna información disponible relativa a pruebas militares realizadas cerca de Malyshevsk. Algo así no resulta fácil de esconder sin que nadie se entere. Además, Nikolay Kernozhitskiy no pudo encontrar rastro de instalaciones inusuales en la zona. ¿Habían sido desmanteladas?
Naturalmente, algunos aspectos de la historia pueden resultar increíbles. Anatoliy vio los esferoides, pero sólo escuchó las circunstancias del misterioso combate. Desconocemos qué parte de esta información es fiable y cuál debe ser considerada como mero folclore. En cualquier caso, valdría la pena investigar los archivos militares de Rusia y Alemania que actualmente ya no son secretos. Hasta entonces este suceso seguirá siendo "otro misterio más" de la Segunda Guerra Mundial.
El 29 de enero de 1943 las aldeas cosacas a lo largo de la línea ferrea que une las localidades de Krasnodar t Tikhoretsk mantenían una angustiosa espera. El día de año nuevo las tropas alemanas situadas al sur de la región comenzaron lentamente a retroceder. En la noche del 29 al 30 de ese mes varios cañonazos anunciaban la retirada nazi a lo largo de todo el frente.
En aquel invierno Anatoliy Klimenko tenía 15 años y vivía con su madre y otros parientes en el caserío de una granja colectiva -denominado kolkhoz- en el distrito de Vyselki, a unos 7 km del pueblo de Berezanskaya. Las tropas soviéticas se hicieron fuertes en esta región en la madrugada del 30 al 31 de enero. Afortunadamente para los habitantes apenas se registraron combates, pero en la noche anterior, no lejos del asentamiento de Chelbas, ocurrió algo verdaderamente extraño. El incidente fue muy comentado por los vecinos. Su principal testigo, un viejo carretero, era pariente del propietario de la casa donde vivía Anatoliy y su familia.
A mediodía del 20 de enero, cuando las tropas alemanas aún trataban de construir una línea defensiva, el carretero salió al campo a dar de comer a las vacas, pero se encontró con una patrulla alemana que le dio el alto. Un regimiento de infantería se estaba atrincherando en una colina desde la que se controlaba visualmente toda la zona.
En aquel invierno Anatoliy Klimenko tenía 15 años y vivía con su madre y otros parientes en el caserío de una granja colectiva -denominado kolkhoz- en el distrito de Vyselki, a unos 7 km del pueblo de Berezanskaya. Las tropas soviéticas se hicieron fuertes en esta región en la madrugada del 30 al 31 de enero. Afortunadamente para los habitantes apenas se registraron combates, pero en la noche anterior, no lejos del asentamiento de Chelbas, ocurrió algo verdaderamente extraño. El incidente fue muy comentado por los vecinos. Su principal testigo, un viejo carretero, era pariente del propietario de la casa donde vivía Anatoliy y su familia.
A mediodía del 20 de enero, cuando las tropas alemanas aún trataban de construir una línea defensiva, el carretero salió al campo a dar de comer a las vacas, pero se encontró con una patrulla alemana que le dio el alto. Un regimiento de infantería se estaba atrincherando en una colina desde la que se controlaba visualmente toda la zona.
A la mañana siguiente, tras comprobar que ya no había alemanes en la aldea, el carretero salió otra vez a recoger heno. Dejó atrás el lugar donde se había encontrado con los alemanes el día anterior. Instantes después comprobó horrorizado que, envuelto por la niebla matinal, se había metido en el campamento alemán. A su alrededor yacían sobre la nieve los cuerpos de toda una compañía de infantería. Semi paralizado por el miedo, dio la vuelta con su carro para retroceder. Ante él distinguió entonces otro grupo de soldados uniformados con prendas del ejército rojo, tumbados, inmóviles, con la clásica estrella soviética en sus gorros. Venciendo su impresión, se acercó a ellos y se inclinó. No sangraban, ni dormían, ni reptaban, acercándose hasta las líneas enemigas. ¡Eran cadáveres congelados!
El 5 ó 6 de febrero, llegó un grupo de oficiales soviéticos para identificar los cadáveres. Buscaban una unidad militar desaparecida hacía más de una semana. La identificación de los cuerpos del ejército soviético confirmó que todos pertenecían a la unidad militar a la que se le perdió el rastro y los oficiales rusos partieron creyendo que el asunto estaba zanjado. Sin embargo, los residentes de la zona no pensaban como ellos
El 5 ó 6 de febrero, llegó un grupo de oficiales soviéticos para identificar los cadáveres. Buscaban una unidad militar desaparecida hacía más de una semana. La identificación de los cuerpos del ejército soviético confirmó que todos pertenecían a la unidad militar a la que se le perdió el rastro y los oficiales rusos partieron creyendo que el asunto estaba zanjado. Sin embargo, los residentes de la zona no pensaban como ellos
Según el relato de Anatoliy Klimenko, ninguno de los soldados alemanes había retrocedido o avanzado. Todos y cada uno de ellos permanecían en su puesto, como petrificados. Es más, otra unidad del mismo regimiento, a unos dos kilómetros del lugar, había perecido de igual forma: en sus puestos. El total de bajas alemanas alcanzó una cifra aproximada a 1.350 hombres. En cuanto a los cadáveres de los soldados soviéticos caídos en la emboscada, sólo se encontraron unos cuantos en la carretera y en el collado. Así pues, nos encontramos con un primer enigma: ¿Quién destruyó el regimiento alemán después de que el batallón soviético fuera aniquilado? El caserío donde vivía Anatoliy fue liberado un día después; hasta entonces no se vieron tropas rusas en la vecindad. Existe un segundo enigma directamente asociado con el primero: ¿Con qué armamento se masacró a los alemanes? Había que descartar la artillería o un bombardeo: los residentes de la aldea a unos 5 km de distancia no escucharon explosiones ni combate alguno; tampoco se hallaron ni restos de obuses ni un sólo cráter abierto por el estallido de las bombas. Los cuerpos de los soldados soviéticos presentaban múltiples heridas de bala, pero las de los alemanes parecían haberse producido por la súbita detonación de la munición que portaban en sus mochilas, cartucheras o en la mano.
¿Qué tipo de muerte tan súbita les sobrevino para no poder escapar o al menos retroceder un poco?
De las armas empleadas durante la contienda internacional, sólo los gases venenosos eran capaces de producir efectos hasta cierto punto equiparables a los observados. Aun así, ¿porqué no trataron de escapar? Alemania, temiendo una vasta represalia aliada, no se atrevió a utilizarlos a gran escala. Se rumoreó que en un depósito alemán de armas, situado en Tikhoretsk, había guardado un suministro de proyectiles especiales, tal vez químicos, vigilados por una brigada de la Gestapo. No se sabe nada con certeza respecto a esa munición, tal vez se la llevó de Tikhoretsk el regimiento que participó en el mencionado combate, y durante el mismo detonara accidentalmente.
Este supuesto podn'a explicar ciertos detalles del episodio, como la muerte de todos los seres vivos en una amplia zona, la falta de heridas en los cadáveres e incluso el horror expresado en sus rostros... Sin embargo, no aclara todo. Las municiones normales, por ejemplo, no tendn'an por qué haber estallado debido a gases venenosos, y, además, ¿por qué se produjo el desastre también en el segundo campamento? Una sincronía un tanto peculiar.
De las armas empleadas durante la contienda internacional, sólo los gases venenosos eran capaces de producir efectos hasta cierto punto equiparables a los observados. Aun así, ¿porqué no trataron de escapar? Alemania, temiendo una vasta represalia aliada, no se atrevió a utilizarlos a gran escala. Se rumoreó que en un depósito alemán de armas, situado en Tikhoretsk, había guardado un suministro de proyectiles especiales, tal vez químicos, vigilados por una brigada de la Gestapo. No se sabe nada con certeza respecto a esa munición, tal vez se la llevó de Tikhoretsk el regimiento que participó en el mencionado combate, y durante el mismo detonara accidentalmente.
Este supuesto podn'a explicar ciertos detalles del episodio, como la muerte de todos los seres vivos en una amplia zona, la falta de heridas en los cadáveres e incluso el horror expresado en sus rostros... Sin embargo, no aclara todo. Las municiones normales, por ejemplo, no tendn'an por qué haber estallado debido a gases venenosos, y, además, ¿por qué se produjo el desastre también en el segundo campamento? Una sincronía un tanto peculiar.
La hipótesis de una Wunderwaffe -"arma sorpresa"- que Hitler había prometido más de una vez a sus aliados y enemigos no parecía infundada. Tal vez se había probado un prototipo experimental de tal arma cerca de Tikhoretsk y el resultado había sido, por así decir, un éxito: el arma destruyó a quienes la activaron, probablemente sus creadores. Es más, un argumento adicional en favor de esta hipótesis -aunque sea indirecto- surgió inesperadamente justo un mes después de mi regreso de Chelbas a Kharkov, donde resido. Procedía de un lejano lugar de la Unión Soviética. Como colaborador de la popular revista científica Tekhnika-Molodyozhi solicité a los lectores que nos informaran de sus experiencias anómalas. Poco después recibí la siguiente carta de Nikolay Kernozhitskiy, vecino de Komsomolsk-on-Amur, una ciudad en el extremo oriental de Rusia: "Este hecho aconteció en agosto de 1947, en el pueblo de Malyshevsk -distrito de R Osipenko, territorio de Khabarovsk, Rusia-. No recuerdo el día exacto ya que sólo tenía siete años y ni siquiera iba a la escuela. En un centro cultural donde se reunían los campesinos de las granjas colectivas estaban proyectando una película. Debían de ser las nueve de la noche, tal vez las nueve y media. De pronto alguien abrió la puerta desde fuera y se oyó gritar a una mujer: '¡Fuego, fuego!'.Todos salimos corriendo a la calle. Los niños nos quedamos boquiabiertos de asombro. Abajo en el Amgun, un afluente del río Amur, en dirección noreste y ascendiendo lentamente por detrás de la linde del bosque, se vislumbraba un resplandor rojo. Un minuto después se alzó en lo alto una gigantesca bola roja resplandeciente que a todos nos causó pavor
La inmensa cúpula roja sobre el bosque emitía un gran fulgor libre de destellos y sin ruido. Algunas mujeres se echaron a llorar abrazándose y mirando desvalidas a los hombres. Ellos, a su vez, intercambiaban miradas de perplejidad. Los adultos empezaron a meterá los niños en casa. Aterrorizados, corrimos a casa sin protestar. Entonces los adultos también decidieron recogerse. Alguien dijo: 'Pues que sea lo que sea. ¡Vamos a seguir viendo la película!'. El encargado de pasar la película la puso en marcha de nuevo. Alguien cerró la puerta con un comentario: 'Eso es todo, ya se fue. No era un incendio".
En principio, si los esferoides vistos por Anatoliy Klimenko en 1943 se debieron a un arma alemana secreta, ésta podría haber sido capturada por el ejército soviético y probada en 1947 en el extremo oriental del país. Sin embargo, no hay ninguna información disponible relativa a pruebas militares realizadas cerca de Malyshevsk. Algo así no resulta fácil de esconder sin que nadie se entere. Además, Nikolay Kernozhitskiy no pudo encontrar rastro de instalaciones inusuales en la zona. ¿Habían sido desmanteladas?
Naturalmente, algunos aspectos de la historia pueden resultar increíbles. Anatoliy vio los esferoides, pero sólo escuchó las circunstancias del misterioso combate. Desconocemos qué parte de esta información es fiable y cuál debe ser considerada como mero folclore. En cualquier caso, valdría la pena investigar los archivos militares de Rusia y Alemania que actualmente ya no son secretos. Hasta entonces este suceso seguirá siendo "otro misterio más" de la Segunda Guerra Mundial.