
Toma nota y vuélvete un amante más astuto. Todo es pura química, así que si eres de los que no puede dejar de beber café o fumar cigarrillos, estás en aprietos: eres serio candidato a convertirte en un “junkie” del amor .
1. Menos del 5% de las especies de mamíferos son monógamos. Además del ratón de la pradera, está un pequeño antílope africano (el Kirk’s dik-dik), y el lémur enano de cola gorda de Madagascar. Ah, y también algunos seres humanos.
2. La monogamia surge en las especies cuando este tipo de comportamiento es más exitoso para la seguridad de la prole que, por ejemplo, hembras cuidando solas a las crías o grupos familiares a cargo de la manada. A juzgar por la poca frecuencia de la monogamia en la naturaleza, ésta no parece ser tan exitosa. Pero cuando esto ocurre, es decir, cuando la monogamia es exitosa en la crianza de la descendencia, se difunden los genes que promueven este comportamiento. La habilidad de enamorarse podría ser genética, de acuerdo con un artículo de Olivia Judson para el NYT (A Commitment Pill?).
3. Dice Emmanuelle Savigny en un artículo para scientificblogging.com (How genes blind us with love, and other stories): “Comparada con otras especies, los humanos recién nacidos son increíblemente vulnerables y dependientes. Son incapaces de alimentarse por sí mismo e incluso de desplazarse, por lo que desarrollan un estrecho vínculo con su madre. La ayuda del padre es valiosísima en los primeros meses de vida (o incluso años) para la supervivencia de la especie. ¿Cómo hizo la evolución para asegurarse de que el padre iba a dedicarse a cuidar a su prole y no salir a trampear por ahí? Inventándose el amor . Solo este invento evolutivo puede conseguir que el padre siga al lado de la pareja incluso después de la concepción. El amor , no importa lo que digan los románticos, es una herramienta de la selección natural para asegurarse la supervivencia de los jóvenes humanos, al hacer a la pareja de padres más sólida”.
4. La feniletilamina es uno de los neurotransmisores más importantes involucrados en la química del sexo y la pasión. Y está presente también en el chocolate. Los doctores Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, creen que las personas con “mal de amores” consumen chocolate porque este alimento es especialmente rico en feniletilamina. La adicción al chocolate sería una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia luego de un rompimiento amoroso. ¿Un Sublime?
5. La estructura química de la feniletilamina puede encontrarse también en sistemas de anillo complejo como en el LSD o en la morfina. Droguémonos juntos.
6. La feniletilamina no surge necesariamente cuando encontramos a nuestra media naranja. El Dr. Harville Hendriz, autor de **The Love You Want: A Guide For Couples**, afirma que ésta aparece en grandes cantidades cuando identificamos a alguien que puede: a) acabar con nuestro periodo infantil o b) nos puede devolver aquello que perdimos durante el proceso de socialización propio del crecimiento. Puedes encontrarte con alguien que cumpla con todos los requisitos de tu lista de pareja perfecta y aún así no habrá química. Esto es propio de muchos matrimonios que aparentan perfección, ojo.
7. El cerebro tiene un sistema de recompensa diseñado para hacer que los ratones campestres, las personas y otros animales, hagan lo que deberían hacer. Sin ese sistema, uno se podría “olvidar” de beber agua, de comer y tener sexo . Los animales continúan haciendo determinadas cosas (beber, comer, amar) porque al hacerlas el cerebro los recompensa con un cóctel de drogas producido en el hipotálamo. En un experimento se colocaron electrodos en el cerebro de una rata que estimulaba sus áreas de placer cuando se mantenía en una esquina. La rata dejó de comer y de beber (y de aparearse) para no salir de la esquina hasta que murió. (Más pajera).
8. Dato importante: es posible caer en el amor por alguien solo porque se tuvo sexo con esa persona. Con el orgasmo se da un flujo de oxytocina y vasopresina que puede hacer que uno se sienta enamorado. El sexo casual puede no terminar siendo casual. La antropologista de la Rutger University, Hellen Fisher, asegura que uno puede estar felizmente casado, y que de pronto el “sistema romántico de su cerebro” sea activado por una persona completamente inapropiada. La “víctima” adquiere entonces todas las características del adicto: “se vuelve obsesivo, distorsiona la realidad, hace cosas peligrosas, ansía a la otra persona y padece del síndrome de abstinencia”.
9. Los adictos al amor actúan como verdaderos “junkies”. Necesitan sentir una permanente excitación química para estar felices. Pero ese laboratorio químico decrece al cabo de un tiempo. Recordemos que el rush químico del amor tiene fines reproductivos: es necesario para el apareamiento y alumbramiento, y en algunos casos (no todos) para el crecimiento de la cría y ya, después el apasionamiento no es más necesario para la selección natural. Así que éste decrece de manera inevitable al cabo de seis meses o máximo tres años.
10. Como todas las drogas, las que son responsables del amor producen tolerancia, es decir, para tener la misma sensación el sujeto necesita de dosis cada vez más altas. Muchas personas no pueden evitar pasar por relaciones de seis meses a máximo tres años. Si llegan a casarse, inevitablemente tendrán amoríos para alimentar su dependencia química.
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