Con los altos precios del petróleo, los biocombustibles se convierten en una alternativa viable ante la gasolina y el diesel. De hecho, el gran atractivo de los biocombustibles estriba en que los motores convencionales pueden funcionar con ellos.
Sin embargo, el emergente mercado global de biocombustibles tropieza con graves dificultades políticas. Los cabildos agrícolas de países desarrollados dan gran impulso a los biocombustibles, ciertamente, pero también exigen barreras proteccionistas. “Todos [en su entusiasmo] argumentan que se trata de beneficiar al ambiente, pero en realidad es un asunto de subsidios agrícolas”, previene el experto Delahoulière. A fin de promover los biocombustibles, la UE paga a los agricultores 45 euros por cada hectárea de “cultivos de energía” que produzcan. Eso brinda a los agricultores europeos un tremendo incentivo para impedir que el etanol extranjero barato invada su mercado. Cuando Pakistán obtuvo acceso especial a los mercados de la UE en 2002 y comenzó a embarcar etanol, recuerda Delahoulière, los cabildos agrícolas locales persuadieron a Bruselas de cambiar de curso y reestablecer los aranceles. EE UU también grava un impuesto de 50 centavos por galón para el etanol brasileño. Incluso dentro de la propia UE, algunas naciones europeas han erigido sutiles barreras de protección. Casi todos los países tienen un estándar propio para biocombustibles, cada cual con especificaciones discretamente distintas.
Este nuevo petróleo se genera gracias a una especie de microalgas que se alimentan de CO2 (de una manera muy similar a la que se dio hace millones de años cuando se formó el petróleo fósil, pero con la diferencia de que este proceso tiene resultados mucho más rápidos).
Este biopetróleo del que estoy hablando, se hace en una pequeña empresa ubicada en Sant Vicent del Raspeig, cerca de Alicante, en la que aprovechan el anhídrido carbónico que desecha una industria cercana.
El proceso se da dentro de centenares de tubos habitados por millones de microalgas alimentadas (por medio de tuberías) con CO2 proveniente de una cementera vecina. Así, estos organismos vivos se reproducen dando lugar a una biomasa que genera este petróleo verde.
Las microalgas utilizadas en este proceso, no son de cualquier especie, de hecho la cepa de la que proceden no se ha dado a conocer. Pero si se sabe que ha sido recogida en el mar Mediterráneo y en el Océano Atlántico.
Esta nueva forma de obtención de combustible biológico está todavía en fase experimental desde hace 5 años de la mano de investigadores franceses y españoles. La verdad me parece una nueva y muy buena forma de reemplazar el petróleo de restos fósiles.
De hecho, dentro de los biocombustibles que he encontrado, éste me parece el más “limpio” y ecológico en cuanto a proceso de generación. Además en su factura, se aprovechan desechos industriales!
Espero que muy pronto se vea en el mercado esta opción de petróleo verde