El obsoletismo de las cosas y la eternidad de las experiencias
De paseo por los titulares matutinos argentinos e internacionales una nota de la revista TIME traza un análisis que en la Argentina podrá sonar como “obvio” pero que para la cultura yanqui no lo es. El titulo del mismo es “Quiere felicidad? No compre más cosas, vaya de vacaciones” .
El artículo de la revista TIME sugiere que el dinero es preferible gastarlo en “experiencia” que en algo material. Las cosas materiales son obsoletas, la alegría que causa adquirir algo material dura menos que la alegría generada por experiencias vividas. Las experiencias vividas son recordadas y contadas numerosas veces, modelan nuestra personalidad, carácter y pasan así a ser parte de nuestra vida. Que la revista TIME decida publicar una nota así resulta llamativo. La base de la construcción norteamericana está diseñada sobre los pilares del materialismo. Muchos norteamericanos son compradores compulsivos, los departamentos y casas suelen tener ambientes 2 ó 3 veces más grandes que los de Buenos Aires. Así y todo, los norteamericanos necesitan de “Storage Units”, unidades de almacenamiento, por las cuales pagan aproximadamente $200 dólares al mes, para mantener las cosas que compraron en un tiempo pasado y ya resultan obsoletas.
La cultura yanqui de adoración al materialismo tiene muchas repercusiones. En nuestra salud, porque elegimos trabajar más para ganar más para comprar más. En nuestro bolsillo, porque la cultura de la casa a 30 años descarta la posibilidad de tomar vacaciones en familia ya que la ambición y la accesibilidad a los préstamos lleva a muchos a comprar casas que no pueden pagar. En el espíritu, porque la cultura materialista mata el “querer ser” y lo reemplaza por un “querer tener”.
El mundo capitalista de New York envuelve a la población trabajadora en un círculo vicioso. Esto está explicado en un video de youtube llamado “The Story of Stuff”. Las 50 horas semanales que los neoyorquinos promedio pasan en la oficina ayudan a que éste se vuelva un poco mas sedentario, pierda el estado físico, se sienta mal sobre sí mismo y necesite ir de compras para levantar su autoestima. Como experiencia propia he comprobado que a mayor salario, más gastos, porque a mayor estrés uno necesita gastar más dinero para aligerar la presión en esta olla que sino estalla.
Los rituales femeninos de “shopping” a la salida del trabajo en New York no son casualidad. El ambiente dentro de las oficinas no es propicio para generar amistades. Así, en un clima de puro trabajo, en donde el sarcasmo, que reina en todo mensaje, se mezcla con la competencia entre empleados para formar una combinación explosiva de alienación, hace que el empleado que se ve afectado por esto necesite salir del trabajo y sentirse bien sobre sí mismo. Reafirmación, amor y cuidado propios pasan a ser sus mejores aliados.
Lamentablemente, la ciudad que nunca duerme tiene pocas horas de vida. Los almuerzos y las cenas tienen una mera distancia de 5 a 6 horas de por medio. Una reservación en un restaurant a las 8:30 PM es considerada “tarde”. Si consideramos que un tercio de nuestra vida (8 horas) lo usamos para dormir, otro tercio para ir al colegio o trabajar y el último tercio para ocio, en este triangulo perfecto una persona que cena a las 6 PM se encerró en su casa y aniquiló cualquier posibilidad de sociabilizar con amigos, hacer ejercicio o cualquiera de las tantas otras actividades que mantienen a los argentinos fuera de sus casas hasta las 9 ó 10 de la noche.
El neoyorquino promedio va de la casa al trabajo, del trabajo a la casa. Innovación en la rutina resuena a pecado. El café todos los días del mismo puesto de la esquina, en el escritorio a la misma hora, el tan cortes “Good Morning” queda reemplazado por un hueco “What’s up”, que al no tener respuesta correcta posible termina con la conversación. La ciudad robot se ordena en un estado cuasi anárquico- por asimilación- apagando cada vez más la luz que la puede alimentar y hacer crecer espiritualmente.[/color]
Una foto que me toco ver muchas veces mientras iba en el subte R de Queens a Manhattan...este es un ejemplo de las ordenes que se le dan a los robots. "Si ve algo, Diga algo" "Reporte cualquier paquete que vea y le parezca sospechoso"
http://www.mta.info/mta/news/newsroom/images/high-res/seesomething_hi.jpg
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Comenten que me encanta leer sus comentarios y prometo responderlos.
LlamaUrbana
De paseo por los titulares matutinos argentinos e internacionales una nota de la revista TIME traza un análisis que en la Argentina podrá sonar como “obvio” pero que para la cultura yanqui no lo es. El titulo del mismo es “Quiere felicidad? No compre más cosas, vaya de vacaciones” .
El artículo de la revista TIME sugiere que el dinero es preferible gastarlo en “experiencia” que en algo material. Las cosas materiales son obsoletas, la alegría que causa adquirir algo material dura menos que la alegría generada por experiencias vividas. Las experiencias vividas son recordadas y contadas numerosas veces, modelan nuestra personalidad, carácter y pasan así a ser parte de nuestra vida. Que la revista TIME decida publicar una nota así resulta llamativo. La base de la construcción norteamericana está diseñada sobre los pilares del materialismo. Muchos norteamericanos son compradores compulsivos, los departamentos y casas suelen tener ambientes 2 ó 3 veces más grandes que los de Buenos Aires. Así y todo, los norteamericanos necesitan de “Storage Units”, unidades de almacenamiento, por las cuales pagan aproximadamente $200 dólares al mes, para mantener las cosas que compraron en un tiempo pasado y ya resultan obsoletas.
La cultura yanqui de adoración al materialismo tiene muchas repercusiones. En nuestra salud, porque elegimos trabajar más para ganar más para comprar más. En nuestro bolsillo, porque la cultura de la casa a 30 años descarta la posibilidad de tomar vacaciones en familia ya que la ambición y la accesibilidad a los préstamos lleva a muchos a comprar casas que no pueden pagar. En el espíritu, porque la cultura materialista mata el “querer ser” y lo reemplaza por un “querer tener”.
El mundo capitalista de New York envuelve a la población trabajadora en un círculo vicioso. Esto está explicado en un video de youtube llamado “The Story of Stuff”. Las 50 horas semanales que los neoyorquinos promedio pasan en la oficina ayudan a que éste se vuelva un poco mas sedentario, pierda el estado físico, se sienta mal sobre sí mismo y necesite ir de compras para levantar su autoestima. Como experiencia propia he comprobado que a mayor salario, más gastos, porque a mayor estrés uno necesita gastar más dinero para aligerar la presión en esta olla que sino estalla.
Los rituales femeninos de “shopping” a la salida del trabajo en New York no son casualidad. El ambiente dentro de las oficinas no es propicio para generar amistades. Así, en un clima de puro trabajo, en donde el sarcasmo, que reina en todo mensaje, se mezcla con la competencia entre empleados para formar una combinación explosiva de alienación, hace que el empleado que se ve afectado por esto necesite salir del trabajo y sentirse bien sobre sí mismo. Reafirmación, amor y cuidado propios pasan a ser sus mejores aliados.
Lamentablemente, la ciudad que nunca duerme tiene pocas horas de vida. Los almuerzos y las cenas tienen una mera distancia de 5 a 6 horas de por medio. Una reservación en un restaurant a las 8:30 PM es considerada “tarde”. Si consideramos que un tercio de nuestra vida (8 horas) lo usamos para dormir, otro tercio para ir al colegio o trabajar y el último tercio para ocio, en este triangulo perfecto una persona que cena a las 6 PM se encerró en su casa y aniquiló cualquier posibilidad de sociabilizar con amigos, hacer ejercicio o cualquiera de las tantas otras actividades que mantienen a los argentinos fuera de sus casas hasta las 9 ó 10 de la noche.
El neoyorquino promedio va de la casa al trabajo, del trabajo a la casa. Innovación en la rutina resuena a pecado. El café todos los días del mismo puesto de la esquina, en el escritorio a la misma hora, el tan cortes “Good Morning” queda reemplazado por un hueco “What’s up”, que al no tener respuesta correcta posible termina con la conversación. La ciudad robot se ordena en un estado cuasi anárquico- por asimilación- apagando cada vez más la luz que la puede alimentar y hacer crecer espiritualmente.[/color]
Una foto que me toco ver muchas veces mientras iba en el subte R de Queens a Manhattan...este es un ejemplo de las ordenes que se le dan a los robots. "Si ve algo, Diga algo" "Reporte cualquier paquete que vea y le parezca sospechoso"
http://www.mta.info/mta/news/newsroom/images/high-res/seesomething_hi.jpg
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LlamaUrbana