El Siglo de las Guerras (parte 3)
Partes de el post:
Parte 1:
Parte 2:
Hola. Buen este es la 3ra parte de "El Siglo de las Guerras", no espero que tenga exito el post por que los demas no la tuvieron, y como ya todos sabemos hace rato murio la inteligencia colectiva en taringa.
1931 Guerra de Manchuria
La invasión japonesa de Manchuria por el Ejército de Kwantung del Imperio del Japón, comenzó el 19 de septiembre de 1931, inmediatamente después del Incidente de Mukden. La ocupación japonesa de Manchuria duró hasta el término de la Segunda Guerra Mundial y daría lugar a la fundación del estado títere de Manchukuo.
Tras el Incidente de Mukden y en violación a las órdenes emitidas por Tokio, el comandante en jefe del Ejército de Kwantung, Shigeru Honjō, ordenó a sus fuerzas que ampliaran rápidamente sus operaciones a lo largo del Ferrocarril del Sur de Manchuria. Bajo las órdenes del teniente general Jirō Tamon, las tropas de la 2.ª división se movilizaron hacia la línea del ferrocarril y capturaron a prácticamente todas las ciudades a lo largo de sus 1.114 km (693 millas) en cuestión de días, ocupando An-shan, Haicheng, Kaiyuan, Tieling, Fushun, Szeping-chieh, Changchun, Kuanchengtzu, Yingkou, Antung, y Penhsihu.
Asimismo, el 19 de septiembre y en respuesta a la petición del general Honjō, el Ejército Chosun en Corea ordenó a la 20.ª división dividir su fuerza, formando la Brigada Mixta 39.ª, que partió el mismo día a Manchuria sin la autorización del emperador. Entre el 20 y el 25 de septiembre, las fuerzas japonesas tomaron Hsiungyueh, Changtu, Liaoyang, Tungliao, Tiaonan, Jilin, Chiaoho, Huangkutun y Hsin-min. Esto aseguró el control de las provincias de Liaoning y Jilin, junto con la línea de ferrocarril que comunicaba con Corea.
El gobierno civil japonés perdió su autoridad por este masivo acto de insubordinación. Sin embargo, por los informes de las rápidas victorias sucesivas obtenidas por el ejército no fue capaz de oponérsele, tomando la decisión de enviar tres divisiones de infantería adicionales desde Japón, comenzando con la Brigada Mixta 14.ª de la 7.ª división. Eventualmente, el Emperador aprobó la ocupación de Manchuria. A principios de octubre las fuerzas totales del Ejército de Kwantung eran de cerca de 35.400 soldados.
De los 160.000 soldados del Ejército del Noreste al principio del incidente de Manchuria, cerca de 60.000 desertaron al lado japonés. De los restantes, unos 40.000 soldados del ejército del señor de la guerra Zhang Xueliang se retiraron sin ofrecer mucha resistencia, adhiriéndose a la política del generalísimo Chiang Kai-Shek. El resto de las tropas, leales al Ejército Nacional Revolucionario, se mantuvieron en la provincia de Heilongjiang y principalmente en los alrededores de Harbin bajo el mando del General Ting Chao.
Luego de que el Gobierno provincial de Liaoning huyera de Mukden, éste fue reemplazado por un "Comité de Preservación del Pueblo" que declaró la separación de la provincia de Liaoining de la República de China. Otros movimientos secesionistas fueron organizadas en la provincia de Jilin, ocupada por los japoneses, bajo el mando del general Xi Qia, cabeza del Nuevo Ejército de Kiri; y en Harbin, por el general Chang Ching-hui.
A principios de octubre, el general Zhang Haipeng declaró la independencia de su distrito en Taonan, al noroeste de la provincia de Liaoning, a cambio de la entrega de una gran cantidad de suministros militares por el Ejército japonés. El general envió el 13 de octubre tres regimientos del Ejército Reclamatorio de Hsingan bajo el mando del general Xu Jinglong al norte, para tomar la capital de la provincia de Heilongjiang, Qiqihar por iniciativa japonesa. Se ofreció a Zhang la entrega pacífica de la ciudad, propuesta que aceptó.
Sin embargo, el general Dou Lianfang atacó su vanguardia y la forzó a retirarse con fuertes pérdidas. Durante la batalla, el puente ferroviario de Nenjiang fue dinamitado por las tropas leales al general Ma Zhanshan1 para evitar cualquier intento de cruzarlo.
La compañía del ferrocarril del Sur de Manchuria, que había sufragado la construcción de ferrocarril donde se encontraba el puente, temía que la destrucción de este impidiese el envío de la cosecha de soja y solicitó protección militar para la reparación. Los operarios enviados para evaluar los daños se vieron envueltos en un tiroteo y el Ejército de Kwantung presentó un ultimátum a las fuerzas chinas para que el 3 de noviembre el puente estuviese reparado o la empresa japonesa se encargaría de ello, bajo protección militar.
A pesar de los esfuerzos del consulado japonés, opuesto al estallido de nuevos combates, el Ejército de Kwantung decidió enviar a los operarios para reparar el puente el 4 de noviembre. Los combates estallaron entre las fuerzas japonesas y las tropas leales al gobernador de la provincia de Heilongjiang, el general Ma Zhanshan, quien optó por desobedecer la prohibición impuesta por el Gobierno del Guomindang de ofrecer resistencia a la invasión japonesa. Los dos primeros días los chinos lograron rechazar a las unidades japonesas, hasta que estas recibieron refuerzos. EL 7, con el grueso de las tropas de Ma en Qiqihar y Ang'angxi, los japoneses atacaron Sanchienfang al tiempo que exigían infructuosamente la dimisión de Ma y la retirada de sus tropas.
Y aunque no logró asegurar el puente, el general Zhanshan se convirtió en un héroe nacional en China por la resistencia que ofreció, que fue ampliamente reportada por la prensa china e internacional. La publicidad otorgada a la batalla inspiró a más voluntarios a alistarse en los Ejércitos de Voluntarios Anti-Japoneses.
El puente reparado hizo posible el avance de las fuerzas japonesas y sus trenes blindados. En noviembre llegaron nuevas tropas desde Japón, entre ellas la 4.ª Brigada Mixta de la 8.ª División. El 14 de noviembre los japoneses reanudaron sus ataques contra Ma. El 16, a pesar de haber perdido más de cuatrocientos hombres y tener a trescientos más heridos, el general Ma Zhanshan rechazó un ultimátum japonés para entregar Qiqihar. El 18 tres mil quinientas tropas japonesas bajo el mando del general Jirō Tamon comenzaron un ataque que terminó forzando a Ma a abandonar Qiqihar el 19 de noviembre y refugiarse en Hailun.
A fines de noviembre de 1931, el general Honjō envió a 10 000 soldados en trece trenes blindados a Chinchow desde Mukden escoltados por un escuadrón de bombarderos. Cuando las tropas se hallaban a 30 km de Chinchow, recibieron la orden de retirarse de parte del Ministro de Guerra japonés Jirō Minami, debido a la proposición de la Liga de Naciones para establecer una "zona neutral" entre China y Manchuria mientras se preparaba una conferencia de paz por el gobierno civil del primer ministro de Japón Reijiro Wakatsuki en Tokio.
Sin embargo, las dos partes fallaron en el intento de alcanzar un acuerdo. El gobierno de Wataksuki prontó cayó y fue sustituido por un nuevo gabinete liderado por el primer ministro Tsuyoshi Inukai. Negociaciones posteriores con el gobierno del Kuomintang fallaron, por lo que el Gobierno japonés autorizó el refuerzo de las tropas en Manchuria. En diciembre, el resto de la 20.ª división de infantería junto con la Brigada Mixta 38.ª de la 19.ª división de infantería fueron enviadas a Manchuria desde Corea mientras que la Brigada Mixta 8.ª de la 10.ª división de infantería fue enviada desde Japón. Las fuerzas totales del Ejército de Kwantung se incrementaron hasta cerca de los 60 450 soldados.
Con esta importante fuerza el ejército japonés anunció el 21 de diciembre el inicio de una gran escalada con el objetivo de sofocar el creciente movimiento de resistencia por parte de la población china en las provincias de Liaoning y Jilin.
El 28 de diciembre, se formó un nuevo Gobierno en China después de que todos los miembros del antiguo renunciaran. Esto transformó el mando militar en un caos, retirándose el ejército chino hacia el sur de la Gran Muralla, en la provincia de Hebei. Las fuerzas japonesas ocuparon Chinchow el 3 de enero de 1932, luego de que sus defensores chinos se retiraran sin dar combate. Al día siguiente, los japoneses ocuparon Shanhaiguan completando la invasión militar del sur de Manchuria.
Ocupación del norte de Manchuria
Con el sur de Manchuria asegurado, los japoneses se volvieron al norte para completar la ocupación de Manchuria. Tras fracasar las negociaciones con los generales Ma Zhanshan y Ting Chao, a principios de enero de 1932 el coronel Kenji Doihara requirió la colaboración del general Xi Qia para avanzar y tomar Harbin.
La última fuerza importante china en el norte de Manchuria fue liderada por el general Ting Chao, quien organizó con éxito la defensa de Harbin frente al general Qia hasta la llegada de la 2.ª división bajo el mando del general Jirō Tamon, tomando las fuerzas japonesas Harbin el 5 de enero de 1932.
A fines de febrero el general Zhanshan se unió al recientemente formado gobierno de Manchukuo como gobernador de la provincia de Heilongjiang y ministro de guerra de Manchukuo.
El 27 de febrero de 1932 el general Chao ofreció cesar con las hostilidades, terminando así de manera oficial la resistencia china en Manchuria, aunque los combates contra las guerrillas y algunas fuerzas intermitentes continuarían por varios años en la campaña para pacificar Manchukuo.
1932 - 1935 Guerra del Chaco
En 1932, el gobierno boliviano de Daniel Salamanca decidió ir a la guerra contra el Paraguay, dejando atrás un período de cinco años de ataques crónicos en la frontera con su vecino del sureste. Creía que una pronta victoria le permitiría afrontar distintos frentes: el interno y el externo.
En el primero de ellos, aunó esfuerzos en una unidad patriótica y aprovechó para atacar opositores y cerrar sindicatos que denunciaban que el costo de la crisis del 29 lo estaba pagando el pueblo en su conjunto. En el frente externo, se proponía hacerse con el Chaco Paraguayo, y con ello de una salida fluvial, luego de haber perdido tres décadas atrás la salida al océano Pacífico con Chile.
Los paraguayos no buscaron la guerra, pero volverían a mostrar que, pese a los históricos embates de sus vecinos (hacía medio siglo había sido devastado por la Triple Alianza –Uruguay, Brasil y Argentina-), tendrían con qué responder. Luego de sufrir la toma de su primer fuerte el 18 de julio de 1932 y tras convocar a Washington para mediar de inmediato, el avance boliviano le llevó a decretar la movilización general.
La contraofensiva paraguaya, cuyo punto de inflexión se vivió en la Batalla del Boquerón (septiembre de 1932), le permitió recuperar los fuertes fronterizos y, pronto, ingresar a la región andina, donde se detuvo para el inicio de las arduas negociaciones que siguieron.
En ambos países, los procesos desatados por la guerra fueron altamente renovadores. A caballo de la tragedia sufrida, las tibias fuerzas liberales en ambos países chocaron con el protagonismo de los militares en la política interna, con una política de nacionalismo económico novedosa, la cual, en el caso boliviano, se evidenció con la nacionalización de los pozos petrolíferos tras la guerra.
Fue en efecto la cuestión petrolera la subyacía tras el conflicto. La versión más difundida fue que la Standard Oil of New Jersey y la Royal Dutch Shell alentaron a ambos países a disputarse los yacimientos de petróleo existentes en la región. La Guerra del Chaco fue, según esta versión, una guerra imperialista entre Estados Unidos –con mayor presencia en Bolivia- y Gran Bretaña –presionando sobre Paraguay-. Hipótesis al margen, nadie negó que varias potencias se beneficiaron e hicieron grandes negocios con la venta de armas, aviones, municiones y otros pertrechos de guerra. El resultado del conflicto tampoco estuvo ajeno a los intereses económicos, petroleros, y geopolíticos de Brasil y Argentina, de quienes se dijo demoraron los tratados de paz para conseguir un resultado conveniente a sus pretensiones.
El primer alto al fuego fue firmado el 12 de junio de 1935. Tres años más tarde, el 21 de julio de 1938, en Buenos Aires y con la intermediación del canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, se firmaría el acuerdo definitivo del más grande conflicto bélico que vivió la región en el siglo XX. El saldo de la guerra fue desastroso: murieron poco menos de 100 mil jóvenes bolivianos y más de 30 mil paraguayos. Bolivia, que había iniciado el conflicto, perdió una quinta parte de su territorio.
Por su intermediación en esta guerra, impulsada por las grandes compañías petroleras Shell y Esso, Saavedra Lamas había recibido el premio Nobel de la Paz en 1936. Sin embargo, el diplomático norteamericano Cordell Hull se adjudicaría la autoría de la mediación con estas palabras: "El verdadero éxito sólo puede llegar si se induce a nuestros adversarios a convertirse en nuestros aliados, convenciéndolos de que nuestras ideas son sus ideas. De manera ocasional, ello implica reconocer a estadistas de otros países como autores de las ideas que yo mismo profesaba. (...) Yo mismo podía haber presentado a la conferencia la resolución sobre la paz que había preparado, en lugar de ofrecérsela a Saavedra Lamas... Pero si lo hubiese hecho, sin duda la Argentina la hubiera combatido en base a argumentos técnicos, y la unanimidad requerida se habría desvanecido. Me pareció más prudente, dadas las circunstancias, que la presentara el jefe de la delegación argentina".
1935 Guerra de Abisinia
La Primera Guerra Ítalo-Etíope corresponde a la invasión italiana de Etiopía ocurrida entre los años 1895 y 1896. Es uno de los pocos casos exitosos de resistencia nacional de un pueblo no blanco contra la agresión colonialista del imperialismo europeo del siglo XIX.
El 5 de marzo de 1889, Menelik II, el rey de Shewa, se declaró oficialmente emperador de Etiopía, después de haber conquistado las regiones de Tigray y Amhara con el apoyo del Reino de Italia. Un mes más tarde, firmó el Tratado de Wuchale con el gobierno italiano, el cual presentó dos versiones distintas. En la versión en italiano se establecía a Etiopía como protectorado de Italia y se reconocía el control italiano sobre Eritrea y la costa etíope del Mar Rojo, a cambio del reconocimiento al reinado de Menelik II; mientras que la versión en amárico Etiopía permanecía completamente independiente.
En 1893, cuando Menelik II consideraba que su poder se había consolidado, comenzó a impugnar el tratado, en el momento en que los italianos comenzaban a aumentar la presión sobre su gobierno de diversas formas, incluida la anexión de pequeños territorios limítrofes a su reclamación original. Finalmente, en diciembre de 1894, esta presión culminó con una campaña militar en todo el río Mareb en Tigray (en la frontera con Eritrea).
Los italianos esperaban que los diversos pueblos de Tigray se unieran a ellos para combatir a Menelik II, sin embargo, todos los clanes de las etnias tigray y amárica acudieron en ayuda del emperador. Unos, motivados por el nacionalismo para luchar contra el colonialismo italiano, y otros, presionados por el propio Menelik II. Este último, había pasado los últimos 4 años aumentando el suministro de armas y municiones modernas, adquiridas de los franceses, británicos y de los mismos italianos.
En diciembre de 1894, Bahta Hagos lideró una rebelión contra los italianos en Akkele Guzay, solicitando el apoyo de las fuerzas de Mengesha. Sin embargo, tropas del ejército del general Oreste Baratieri al mando de Pietro Toselli aplastaron la rebelión y mataron a Hagos. Luego, el ejército italiano ocupó Adua, la capital de Tigray. Previendo que las fuerzas de Mengesha invadirían Eritrea, Baratieri se adelantó encontrándolo en la Batalla de Coatit, en enero de 1895. Resultando victoriosos los italianos, persiguieron a los tropas de Mengesha durante su retirada, capturando gran cantidad de armas e importantes documentos que demuestran su complicidad con Menelik. La victoria de esta campaña, junto con las obtenidas contra los mahdistas sudaneses, llevó a los italianos a subestimar las dificultades que deberían enfrentar en la campaña contra Menelik.
Después de un período de varios meses de calma relativa, el siguiente enfrentamiento se produjo en Amba Alagi el 7 de diciembre de 1895, cuando tropas etíopes atacaron las posiciones italianas, obligando a su ejército a replegarse hacia Eritrea. El resto del contingente italiano, bajo el mando del general Giuseppe Arimondi, tuvo que resguardase en la fortaleza de Maqele, aún en construcción.
Arimondi deja una pequeña guarnición de unos 1.150 askaris y 200 italianos, comandados por el mayor Giuseppe Galliano, y lleva la mayor parte de sus tropas a Adigrat, donde se concentra el grueso del ejército italiano de Oreste Baratieri. Pocos días más tarde comienzan a llegar las tropas etíopes a Maqele, atacando a los defensores el 20 de diciembre, pero sin lograr derrotarlos.
En los primeros días de enero, el emperador Menelik, lanza fuertes ataques sobre la fortaleza, sitiando a los italianos por 15 días (6 de enero al 21 de enero de 1896), tratando en vano de vencer la defensa italiana, hasta que los defensores reciben la autorización del Cuartel General para rendirse. Menelik, que seguía esperando una solución pacífica a la guerra, les permitió salir de Maqale con sus armas, y provistos de mulas, incluso reincorporarse al ejército de Baratieri.
El 1 de marzo de 1896, el ejército italiano concentró a casi la mitad de las fuerzas que tenía desplegadas en territorio africano, en la zona montañosa de Adua (o Adowa), con el objeto de sorprender al ejército etíope. Las fuerzas italianas estaban compuestas por cuatro brigadas, con un total aproximado de 15.000 soldados, cincuenta y seis piezas de artillería y alrededor de 5.000 askaris eritreos. El ejército de Melenik, por su parte, contaba aproximadamente con 120.000 hombres, entre infantería y caballería, con un número indeterminado de cañones.
El General Baratieri había previsto un ataque temprano en la mañana, con la esperanza de que su enemigo se encontraría dormido y poco preparado. Sin embargo, los etíopes habían adelantado sus oficios religiosos, y al enterarse con anticipación de las intenciones italianas, decidieron avanzar al encuentro de los italianos. El resultado fue una amplia victoria para las tropas etíopes de Menelik, la cual se explica principalmente por la desproporción numérica entre las fuerzas beligerantes.
Las bajas italianas alcanzaron, aproximadamente los 5.900 entre muertos y desaparecidos, y cerca de 4.000 prisioneros. Además, 1.200 askaris eritreos resultaron muertos. Los etíopes, por su parte, habían sufrido alrededor de 10.000 bajas, entre muertos y heridos. Los prisioneros italianos fueron tratados como prisioneros de guerra, pero a los 800 askaris eritreos que capturaron, se les consideró traidores por los etíopes, y su castigo fue la amputación de sus manos derechas y sus pies izquierdos.
Luego de la victoria, Menelik se retiró ordenadamente a Addis Abeba, confiado en que el resultado de la batalla resultara decisivo, y la derrota italiana precipitara el fin de la guerra. La tasa de bajas sufridas por las fuerzas italianas en la batalla de Adua era mayor que la de cualquier otra gran batalla europea del siglo XIX. Como consecuencia de esto, diversos motines estallaron en varias ciudades italianas, desencadenando la dimisión del gobierno de Francesco Crispi, dos semanas más tarde, en medio del desencanto con las "aventuras extranjeras". Por su parte, por medio del Tratado de Addis Abeba en octubre de 1896, Melenik había garantizado la delimitación estricta de las fronteras de Eritrea y obligando a Italia a reconocer la independencia de Etiopía.
1936 - 1939 Guerra Civil Española
La Guerra Civil Española fue un conflicto social, político y bélico —que más tarde repercutiría también en un conflicto económico— que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del ejército contra el gobierno de la Segunda República Española. Tras el bloqueo del Estrecho y el posterior puente aéreo que, gracias a la rápida colaboración de Alemania e Italia, trasladó las tropas rebeldes a la península en las últimas semanas de julio,3 4 comenzó una guerra civil que concluiría el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciendo una dictadura que duraría hasta su muerte en 1975.
La guerra tuvo múltiples facetas, pues incluyó lucha de clases, guerra de religión, enfrentamiento de nacionalismos opuestos, lucha entre dictadura militar y democracia republicana, entre revolución y contrarrevolución, entre fascismo y comunismo.5
A las partes del conflicto se las suele denominar bando republicano y bando sublevado:
El bando republicano estuvo constituido en torno al gobierno de España elegido democráticamente, formado por el Frente Popular, que a su vez se componía de una coalición de partidos republicanos —Izquierda Republicana y Unión Republicana— con el Partido Socialista Obrero Español, a la que se habían sumado los marxistas leninistas del Partido Comunista de España y el POUM, el Partido Sindicalista de origen anarquista y en Cataluña los nacionalistas de izquierda encabezados por Esquerra Republicana de Catalunya. Era apoyado por el movimiento obrero y los sindicatos UGT y CNT, aunque ellos lo que perseguían era realizar la revolución social. También se había decantado por el bando republicano el Partido Nacionalista Vasco, cuando las Cortes republicanas estaban a punto de aprobar el Estatuto de Autonomía para el País Vasco.
El bando sublevado, que se llamó a sí mismo bando nacional, estuvo organizado en torno a parte del alto mando militar, institucionalizado inicialmente en la Junta de Defensa Nacional sustituida por el nombramiento de Francisco Franco como Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado. Políticamente, estuvo integrado por la fascista Falange Española, los carlistas, los monárquicos alfonsinos de Renovación Española y gran parte de los votantes de la CEDA, la Liga Regionalista y otros grupos conservadores. Socialmente fue apoyado por aquellas clases a las que la victoria en las urnas del Frente Popular les hizo sentir que peligraba su posición; por la Iglesia católica, acosada por la persecución religiosa desatada por parte de la izquierda nada más estallar el conflicto; por pequeños propietarios temerosos de una «revolución del proletariado» y también por muchas personas de clase baja de firmes convicciones religiosas.6
Ambos bandos cometieron y se acusaron recíprocamente de la comisión de graves crímenes en el frente y en las retaguardias, como sacas de presos, paseos, desapariciones de personas o tribunales extrajudiciales. La dictadura de Franco investigó y condenó severamente los hechos delictivos cometidos en la zona republicana, llegando incluso a instruir una Causa General, todo ello con escasas garantías procesales. Por su parte, los delitos de los vencedores nunca fueron investigados ni enjuiciados, a pesar de que algunos historiadores7 y juristas8 9 sostienen que hubo un genocidio10 en el que, además de subvertir el orden institucional, se habría intentado exterminar a la oposición política.11 12
Las consecuencias de la Guerra civil han marcado en gran medida la historia posterior de España, por lo excepcionalmente dramáticas y duraderas: tanto las demográficas (aumento de la mortalidad y descenso de la natalidad que marcaron la pirámide de población durante generaciones) como las materiales (destrucción de las ciudades, la estructura económica, el patrimonio artístico), intelectuales (fin de la denominada Edad de Plata de las letras y ciencias españolas) y políticas (la represión en la retaguardia de ambas zonas —mantenida por los vencedores con mayor o menor intensidad durante todo el franquismo— y el exilio republicano), y que se perpetuaron mucho más allá de la prolongada posguerra, incluyendo la excepcionalidad geopolítica del mantenimiento del régimen de Franco hasta 1975.