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balas: ¿por qué no han evolucionado desde 1883?

Ecologia9/9/2012



Desde que un suizo inventara la carcasa de latón para recubrir el plomo, la bala no ha evolucionado en nada. Siguen los mismos componentes, es decir: vaina o casquillo, cápsula fulminante y la bala, propiamente.

Hoy, en pleno siglo XXI se utiliza el mismo sistema que empleaban los vaqueros del oeste americano. Pero, ¿por qué esta demora en su evolución? ¿Acaso no hay sesudos ingenieros para mejorar este obsoleto proyectil? ¡Claro que los hay! Entonces ¿dónde radica la dificultad al ingenio de los inventores?

La respuesta es muy sencilla. Carpetazo a la innovación. ¿Por qué? La violencia campraría sin obstáculos. El cainismo reinaría, Calígula sería una monjita de la caridad. Un investigador jamás tendría pistas sin un casquillo o sin comparar las estrías que deja una bala si se tratara de un crimen. La ‘balística forense’ desaparecería. No habría pruebas. ¿Quién mató a fulano? Nadie sabría contestar si evolucionaran otras armas. ¿Un rayo? ¿Una bolita de cualquier ácido? ¿Hemorragia súbita? ¿Hipertensión repentina? Son armas que muy fácilmente podrían fabricarse, pasando desapercibidas por el ojo humano o cualquier otro sofisticado detector.

Inventores los hay para mejorar el obsoleto sistema balístico de la clásica bala; pero afortunadamente, no se ha autorizado dicho perfeccionamiento. Mejor así.





Una de las propuestas:

Hipocresía en su máxima expresión. Balas que te matan, pero no dañan el medio ambiente. Un nuevo requisito que negociación varios gobiernos




La munición es el conjunto de suministros que se necesita para disparar armas de fuego. Esto abarca desde las balas de fusil y pistola hasta los perdigones de un cartucho.

Millones de balas de plomo se disparan cada año en el mundo en combates y en campos de práctica. ¿Es posible reemplazar estas municiones contaminantes por otras menos nocivas para el medio ambiente?

Poder se puede. Pero hay quienes creen que diseñar una bala que tenga la capacidad de matar al enemigo sin dañar al medio ambiente es algo así como un chiste macabro. En medio de la intensidad del combate, ¿a qué soldado se le ocurriría preocuparse por las credenciales verdes de su oponente?

Sin embargo, los ejércitos de Escandinavia, preocupados por la contaminación de sus propias balas, optaron por reemplazar todo su arsenal por uno que no fuera tóxico. Desde hace un tiempo los fabricantes de estas municiones alternativas están tratando de convencer al ejército británico de seguir el ejemplo. ¿Tiene sentido?

“Si vas a recibir un disparo mortal da igual que se trate de una bala con o sin plomo. Lo que sucede es que la mayoría de las municiones se usan en los entrenamientos”, explica Urban Oholm, vicepresidente de la fábrica sueca de armas Nammo.

Su firma es una de las pioneras en el desarrollo de armamento verde.

“Una vez que aceptas que dado el estado actual del mundo hacen falta armas y municiones, tienes que diseñarlas de forma tal que sean lo menos dañinas posible para el medio ambiente”, expresa Oholm.

Menos dañinas, más letales

El plomo es tóxico y una serie de estudios señala que puede filtrarse de los campos de práctica a las aguas subterráneas. La Agencia de Protección Ambiental Estadounidense cuenta con directrices para que los campos de tiro eviten la contaminación por plomo.

Otro tema preocupante es el impacto de los gases que se desprenden al disparar un arma con balas de plomo en los soldados y las mujeres, sobre todo si están embarazadas. El 5% de los soldados en Suecia son mujeres.

En 1995 el gobierno sueco hizo un pedido de municiones alternativas. Cuatro años más tarde, obtuvo las balas sin plomo. Desde entonces, Nammo ha fabricado cerca de 360 millones de balas en su fábrica ubicada en las orillas del Lago Vattern, en el sur del país.

Para un ojo poco entrenado no hay diferencia entre una bala verde y otra cualquiera.

Pero Nammo asegura que cada bala verde está diseñada para minimizar el impacto en la salud del usuario y en el medio ambiente. La empresa afirma también que sus diseños son ahora “más letales”.

Nuevas y nuevos, mala combinación

Todas las balas de la firma -que fabrica unas 80 millones por año- no contienen ni plomo ni ningún otro metal pesado. Los explosivos están recubiertos de acero.

El plomo siempre fue la opción más obvia para la fabricación de municiones. Es barato, pesado y fácil de moldear.

Nammo dice que en las últimas décadas evitó que se desparramen en el medio ambiente 1.200 toneladas de plomo.

No obstante, la introducción de estas municiones alternativas no estuvo exenta de problemas.

En 2009, un grupo de soldados del ejército noruego reportó fiebre, dolores de cabeza y en las articulaciones después de usar estas balas en los nuevos rifles de asalto. Durante un tiempo se vieron forzados a recurrir a las viejas municiones.

La empresa sueca cree que otros gobiernos deberían adoptar estas municiones, usadas por las tropas suecas.

Una investigación demostró que la combinación de balas y rifles nuevos genera un aumento en las emisiones de dióxido de carbono, amoniaco y cianuro de hidrógeno. Las balas fueron rediseñadas en su totalidad y Nammo asegura que los problemas ya han sido superados.

El ejército británico no utiliza esta municiones y el Ministerio de Defensa señala que no tiene planes de hacerlo. Dicen que el material de las municiones debe estar determinado por la necesidad de incapacitar o matar al enemigo dentro de un rango específico.

No hay cifras precisas de cuántas balas se usan en los campos de práctica en Reino Unido, pero el año pasado en Afganistán, las tropas británicas dispararon cerca de cuatro millones.

Los directivos de Nammo están decepcionados por la posición británica. “Es vergonzoso. Sobre todo en un país donde hay tanto desarrollo tecnológico…”, dice Oholm.

Oholm cree que la negativa se debe en parte a las presiones generadas por las campañas militares en Irak y Afganistán.

La pólvora es la materia común para impulsar los proyectiles. En la época de los mosquetes y arcabuces, se les introducía la pólvora y la bala en sus cañones; la pólvora debía comprimirse con una baqueta que también se usaba para colocar el taco de papel, y para provocar el disparo se encendía una mecha que tenía el arma. En estas antiguas armas era muy prolongado el tiempo para introducir la munición y el tiempo para dispararla.

En el siglo XVII se inventa el fusil, que no utiliza mecha, sino la llave de pedernal para hacer instantáneo el disparo, y en 1830 esa llave fue sustituida por la llave de percusión, que hizo realizable el disparo al mismo instante de oprimir el disparador. En esa misma época, se hicieron otros avances en los fusiles para lograr mayor alcance mortal y estabilidad en el disparo.

En la década de 1840 se inventa el fusil de cartucho, que acortó el tiempo para cargar la munición y permitió usar asimismo el fusil en diferentes posiciones. Los cartuchos eran originalmente envueltas de cartón o tela encerada, que contenían una pequeña cantidad de pólvora (llamada carga de propulsión) y también la bala dentro; algunos se rasgaban al insertarse el cartucho en el fusil. Posteriormente se inventaron cartuchos que ya incluían el cebo, haciendo más breve el tiempo para cargar la munición.

Posteriormente, los cartuchos estaban constituidos como en la actualidad por un cilindro metálico (llamado vaina o casquillo) que contenía la carga dentro, el cebo (ahora llamado cápsula fulminante) en el centro del culote (base de la vaina) y un extremo de la bala embutido en la boca de la vaina.
Los revestimientos y aleaciones de balas comenzaron en la década de 1830 para evitar la deformación de la bala, que provocaba inestabilidad en su trayectoria. La primera aleación fue la de bismuto con plomo, y el primer revestimiento fue el cobre sobre el plomo.

El daño potencial de una bala depende de la energía (velocidad y peso) y tamaño de la superficie de impacto (calibre) que la transmita.

La subsónica suele ser inútil contra chalecos antibalas, la supersónica puede incluso atravesar varios chalecos unos sobre otros a un centenar de metros. Normalmente la subsónica tendrá un cuerpo cilíndrico corto terminado en una punta esférica, mientras que la supersónica tendrá un cuerpo alargado y una punta cónica estirada.
Lo siguiente a tener en cuenta es la estructura física de la bala. Teóricamente, sólo son aptas para el combate militar balas totalmente envueltas en una envoltura metálica dura de latón y rellenas de plomo o alguna aleación del mismo. Este tipo de munición, muy extendida, se conoce genéricamente por FMJ (full metal jacket) y tiende a atravesar totalmente el cuerpo. En la práctica tanto en la guerra como por parte de cuerpos policiales y particulares se emplean también municiones modificadas. En muchos países, parte de estas municiones son sólo legales para arma corta o caza con ciertos rifles de gran calibre y baja velocidad, ya que a velocidad subsónica no pueden provocar los destrozos que ocasionarían a supersónica y permiten aumentar lo que se llama el poder de parada de un arma, esto es, su capacidad de detener a un individuo o a una especie peligrosa en caso de caza.

Las modificaciones más habituales son eliminar la cubierta dura en el extremo de la bala o truncar el cono o semiesfera de la punta, de manera que queda al descubierto el núcleo blando de la misma (JSP: munición de punta blanda), o incluso hacer un hueco en la punta con un punzón (lo que se denomina JHP: bala de punta hueca), modificaciones muy típicas en ciertas municiones de revólver o pistola. Al entrar en el cuerpo, la bala se aplasta, expandiendo la punta que queda como una especie de champiñón y frenando su penetración rápidamente, por lo que causa heridas no muy profundas pero anchas y tirando literalmente hacia atrás al que la recibe por la cantidad de energía cinética que dispersa en muy poco tiempo. Esto mismo con munición supersónica provocaría que la bala se partiera o doblara y sus fragmentos se dispersaran en el interior del cuerpo, provocando graves lesiones internas. También se puede aplanar la punta y mantener la envoltura integral para conseguir un efecto de dispersión de energía en poco tiempo.

Otro tipo de bala es la perforante, designada internacionalmente para AP (armor piercing). Es una bala externamente similar a la FMJ, pero en el interior del plomo lleva un núcleo de acero endurecido, tungsteno, uranio empobrecido, que al frenarse bruscamente la bala, y por efecto de la energía cinética, rompe la envoltura y puede llegar a perforar el blindaje que detuvo la bala.

Existen balas con la parte posterior rellena de un material inflamable que va dejando un trazo de luz al dispararlas, denominadas balas trazadoras, y se usan normalmente para comprobar si el apuntado de un arma es correcto. Las balas explosivas o incendiarias sólo se emplean excepcionalmente en armas de francotirador de gran calibre para destruir depósitos de materiales o combustible, ya que su manipulación es peligrosa para el que las maneja.
La munición de escopeta consiste en un conjunto de bolas pequeñas de plomo endurecido que pueden ser de pequeño tamaño (perdigones) para caza menor, formando una nube que hace más fácil dar en el blanco en piezas pequeñas, entre 11 y 5 para caza menor, o puede ser más gruesas, entre 3 y 1, para caza mayor. Existe munición especial para escopeta que permite utilizar escopetas semiautomáticas o de repetición como arma de asalto policial o militar por la potencia que proporciona en un solo disparo, que se considera equivalente a una ráfaga de subfusil.

Es decir ahora los Señores de la guerra les preocupa el medioambiente, y que los humanos le pongan el pecho a las balas!!!!!.
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