Considerado uno de los mayores villanos de la historia, Adolph Hitler es sindicado por los historiadores como el principal responsable de la mayor tragedia del siglo XX: La segunda Guerra Mundial. Y su fulgurante carrera de pintor aficionado, cabo de ejército y agitador de las masas a amo y señor de Alemania constituye una de los ascensos más asombrosos de la historia.
Pero, si bien muchos de sus aspectos de su vida son bastante conocidos (como su recalcitrante pangermanismo y su declarado y virulento antisemitismo, que le llevaría a declarar que “el judío es y sigue siendo el enemigo del mundo, y su arma, el marxismo, una plaga de la humanidad”), pocos saben que el hombre más temido del siglo XX no sólo tuvo una cercana relación con la religión, sino que incluso habría pasado, según él mismo confesó, por experiencias de tipo paranormal.
Hitler consideraba desde los primeros momentos de su gobierno (el 30 de enero de 1933, cuando el mariscal Paul Von Hindenburg presidió la ceremonia donde fue nombrado Canciller de Alemania), que estaba predestinado por la Providencia. Al respecto, Hitler narró a sus más cercanos una experiencia que le habría ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, mientras luchaba en una trinchera. Relató que una misteriosa voz le había ordenado: “Levántate y vete de aquí”, y justo después de obedecerle, un obús habría caído y explotado justo en el lugar donde se encontraba sentado. Este incidente no fue menor en la vida del futuro líder del Tercer Reich, pues a partir de este momento muchos de sus biógrafos sostienen que Hitler probablemente llegó a pensar seriamente en la creencia de que había sido elegido por Dios para cumplir una gran misión en la Tierra. Y aquella voz que lo salvó milagrosamente de una muerte segura en la Primera Guerra Mundial, a su juicio, bien podía ser una señal del Destino.
Luego de ser ascendido a cabo y a sargento y de ser premiado con dos cruces de hierro por su valor en el campo de batalla, el 13 de octubre de 1918, poco antes del final de la guerra, la unidad donde servía (la I compañía del 16 Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva) sufrió un ataque venenoso cerca de Ypres, Bélgica. El cabo austríaco quedó ciego a causa de los gases tóxicos y fue trasladado a un hospital. Increíblemente, y también atribuyéndolo a algo intangible y milagroso que lo protegía, Hitler recuperó posteriormente la vista, pero la alegría por este hecho se vio ensombrecida por malas noticias: Alemania y sus aliados habían perdido la guerra, y la monarquía había sido depuesta, proclamándose la república. Posteriormente, el tratado de Versalles le impondría a Alemania reparaciones de guerra y sanciones económicas casi humillantes.
Pero, si bien muchos de sus aspectos de su vida son bastante conocidos (como su recalcitrante pangermanismo y su declarado y virulento antisemitismo, que le llevaría a declarar que “el judío es y sigue siendo el enemigo del mundo, y su arma, el marxismo, una plaga de la humanidad”), pocos saben que el hombre más temido del siglo XX no sólo tuvo una cercana relación con la religión, sino que incluso habría pasado, según él mismo confesó, por experiencias de tipo paranormal.
Hitler consideraba desde los primeros momentos de su gobierno (el 30 de enero de 1933, cuando el mariscal Paul Von Hindenburg presidió la ceremonia donde fue nombrado Canciller de Alemania), que estaba predestinado por la Providencia. Al respecto, Hitler narró a sus más cercanos una experiencia que le habría ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, mientras luchaba en una trinchera. Relató que una misteriosa voz le había ordenado: “Levántate y vete de aquí”, y justo después de obedecerle, un obús habría caído y explotado justo en el lugar donde se encontraba sentado. Este incidente no fue menor en la vida del futuro líder del Tercer Reich, pues a partir de este momento muchos de sus biógrafos sostienen que Hitler probablemente llegó a pensar seriamente en la creencia de que había sido elegido por Dios para cumplir una gran misión en la Tierra. Y aquella voz que lo salvó milagrosamente de una muerte segura en la Primera Guerra Mundial, a su juicio, bien podía ser una señal del Destino.
Luego de ser ascendido a cabo y a sargento y de ser premiado con dos cruces de hierro por su valor en el campo de batalla, el 13 de octubre de 1918, poco antes del final de la guerra, la unidad donde servía (la I compañía del 16 Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva) sufrió un ataque venenoso cerca de Ypres, Bélgica. El cabo austríaco quedó ciego a causa de los gases tóxicos y fue trasladado a un hospital. Increíblemente, y también atribuyéndolo a algo intangible y milagroso que lo protegía, Hitler recuperó posteriormente la vista, pero la alegría por este hecho se vio ensombrecida por malas noticias: Alemania y sus aliados habían perdido la guerra, y la monarquía había sido depuesta, proclamándose la república. Posteriormente, el tratado de Versalles le impondría a Alemania reparaciones de guerra y sanciones económicas casi humillantes.