El uso creciente de los combustibles fósiles está causando el calentamiento global, por lo que ahora la prioridad es hallar fuentes energéticas alternativas.
El mundo tiene hambre de energía. El consumo total de carbón, petróleo y as se ha duplicado desde comienzos de los años setenta, y la producción de electricidad en sus diversas modalidades casi se ha triplicado. Aun así, todavía no es suficiente: más de 1 500 millones de personas viven sin electricidad, e incluso sin satisfacer esa necesidad, la demanda de energía puede crecer en un 50% antes de 2030.
Los beneficios del uso de la energía son evidentes, de ella dependen todas nuestras actividades. Pero el precio para producirla, desde la explotación de los trabajadores hasta el hollín y el humo, no se mide con un contador eléctrico. Por encima de todo se cierne el fantasma del cambio climático: el dióxido de carbono (CO2) y otros gases de invernadero resultantes de la combustión gacen que la atmósfera sea como una manta demasiado gruesa en un día de verano.
¿Qué hacer? Está previsto que las emisiones de CO2 por uso de energía aumenten en un 55% entre 2004 y 2030. Es esencial conservar la energía e incrementar la eficiencia energética, así como detener la deforestación y plantar más árboles, ya que las plantas absorben CO2 del aire. La captura de CO2 y su almacenamiento en depósitos subterráneos o bajo el mar también podría ser una opción, pero todavía faltan muchos años para poder llevarlo a cabo a gran escala.
Las fuentes alternativas de energía son la clave para detener el cambio climático. La energía nuclear no emite CO2, pero conlleva el problema de la inseguridad y la generación de desechos radioactivos. La energía eólica y la solar son relativamente benignas, pero no sirven para los automóviles. Los biocombustibles, como el etanol y el biodiesel, sí que sirven, pero aún se debate si verdaderamente son "verdes".
No hay una solución única para el calentamiento global. Conseguir que todo el mundo se beneficie del uso de la energía, alejándonos al mismo tiempo del desastre climático, es probablemente el mayor reto que debemos afrontar.
Petróleo, gas
y carbón
La energía nuclear y la energía hidroeléctrica son
importantes en algunos países, pero los combustibles
fósiles siguen proporcionando casi el 80% de la energía
del mundo. Se ha previsto que la demanda de
petróleo, gas natural y carbón siga aumentando,
con más del 70% del incremento anual en el uso de
la energía localizado en las economías en desarrollo.
La necesidad de energías más limpias no se limita
a la industria. Unos 2 600 millones de personas
utilizan todavía leña, carbón o estiércol como
combustible domésticos, y 1.3 millones mueren
prematuramente al año como resultado de la
contaminación del aira en recintos cerrados.
MÁS DIÓXIDO DE CARBONO
Se calcula que las emisiones de CO2
relacionadas con la energía crecerán aún
más rápidamente que el uso de la energía,
como resultado de una mayor dependencia
del carbón. Más del 75% del incremento
vendrá de los países en vías de desarrollo,
que dentro de pocos años probablemente
emitirán más CO2 que los desarrollados.
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MAYOR USO DEL CARBÓN
El carbón es barato y abundante, pero más
sucio que ningún otro combustible. Todos
los años extraemos mas de 6 000 millones
de toneladas del combustible fósil que emite
más cantidad de gases de efecto invernadero
EL GAS, LA OPCIÓN MÁS LIMPIA
Todos los combustibles fósiles contaminan
y contribuyen al cambio climático, pero el
gas natural es la opción más limpia. En los
países desarrollados la fuente de energía
más utilizada es el gas.
DEMANDA CRECIENTE DE PETRÓLEO
Se prevé que la demanda mundial de petróleo
sea de 99 millones de barriles diarios en 2015.
A medida que los yacimientos tradicionales
se agotan, la producción se desplaza hacia otros
más costosos y problemáticos para el entorno.
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"...para vencer el desafío del cambio climático, superar la dependencia del carbono deber ser un objetivo verdaderamente global"
El mundo tiene hambre de energía. El consumo total de carbón, petróleo y as se ha duplicado desde comienzos de los años setenta, y la producción de electricidad en sus diversas modalidades casi se ha triplicado. Aun así, todavía no es suficiente: más de 1 500 millones de personas viven sin electricidad, e incluso sin satisfacer esa necesidad, la demanda de energía puede crecer en un 50% antes de 2030.
Los beneficios del uso de la energía son evidentes, de ella dependen todas nuestras actividades. Pero el precio para producirla, desde la explotación de los trabajadores hasta el hollín y el humo, no se mide con un contador eléctrico. Por encima de todo se cierne el fantasma del cambio climático: el dióxido de carbono (CO2) y otros gases de invernadero resultantes de la combustión gacen que la atmósfera sea como una manta demasiado gruesa en un día de verano.
¿Qué hacer? Está previsto que las emisiones de CO2 por uso de energía aumenten en un 55% entre 2004 y 2030. Es esencial conservar la energía e incrementar la eficiencia energética, así como detener la deforestación y plantar más árboles, ya que las plantas absorben CO2 del aire. La captura de CO2 y su almacenamiento en depósitos subterráneos o bajo el mar también podría ser una opción, pero todavía faltan muchos años para poder llevarlo a cabo a gran escala.
Las fuentes alternativas de energía son la clave para detener el cambio climático. La energía nuclear no emite CO2, pero conlleva el problema de la inseguridad y la generación de desechos radioactivos. La energía eólica y la solar son relativamente benignas, pero no sirven para los automóviles. Los biocombustibles, como el etanol y el biodiesel, sí que sirven, pero aún se debate si verdaderamente son "verdes".
No hay una solución única para el calentamiento global. Conseguir que todo el mundo se beneficie del uso de la energía, alejándonos al mismo tiempo del desastre climático, es probablemente el mayor reto que debemos afrontar.
Petróleo, gas
y carbón
La energía nuclear y la energía hidroeléctrica son
importantes en algunos países, pero los combustibles
fósiles siguen proporcionando casi el 80% de la energía
del mundo. Se ha previsto que la demanda de
petróleo, gas natural y carbón siga aumentando,
con más del 70% del incremento anual en el uso de
la energía localizado en las economías en desarrollo.
La necesidad de energías más limpias no se limita
a la industria. Unos 2 600 millones de personas
utilizan todavía leña, carbón o estiércol como
combustible domésticos, y 1.3 millones mueren
prematuramente al año como resultado de la
contaminación del aira en recintos cerrados.
MÁS DIÓXIDO DE CARBONO
Se calcula que las emisiones de CO2
relacionadas con la energía crecerán aún
más rápidamente que el uso de la energía,
como resultado de una mayor dependencia
del carbón. Más del 75% del incremento
vendrá de los países en vías de desarrollo,
que dentro de pocos años probablemente
emitirán más CO2 que los desarrollados.
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MAYOR USO DEL CARBÓN
El carbón es barato y abundante, pero más
sucio que ningún otro combustible. Todos
los años extraemos mas de 6 000 millones
de toneladas del combustible fósil que emite
más cantidad de gases de efecto invernadero
EL GAS, LA OPCIÓN MÁS LIMPIA
Todos los combustibles fósiles contaminan
y contribuyen al cambio climático, pero el
gas natural es la opción más limpia. En los
países desarrollados la fuente de energía
más utilizada es el gas.
DEMANDA CRECIENTE DE PETRÓLEO
Se prevé que la demanda mundial de petróleo
sea de 99 millones de barriles diarios en 2015.
A medida que los yacimientos tradicionales
se agotan, la producción se desplaza hacia otros
más costosos y problemáticos para el entorno.
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"...para vencer el desafío del cambio climático, superar la dependencia del carbono deber ser un objetivo verdaderamente global"