InicioParanormalInfección: Guerra. Parte 1.
Infección: Guerra


3 de septiembre de 2020. Ciudad de México, México.
Soy el teniente Lucio Joaquín Gutiérrez Urbina, miembro y líder del quinto escuadrón de infantería del Ejército Mexicano. Tengo 21 años, muy joven para este cargo a mi parecer. Les contaré mi historia.

Tenía 16 años cuando empezó esto, ya saben, el apocalipsis zombie, el fin de los días, la desaparición de la sociedad tal como se conocía. Mi familia desapareció y tuve que sobrevivir por 3 semanas atrincherado en mi casa con la esperanza de que algún día llegarán a rescatarme. Pero se me empezaban a acabar mis reservas y tuve que salir. Por suerte tenía conmigo mi confiable Remington 870 y un revólver Smith & Wesson, que por cierto, aún conservo hasta hoy en día. Encontré refugio con las fuerzas armadas y tras el ataque al campamento en que estábamos viajamos hasta la capital.

Dos años después y me uní al ejército y fui asignado a este escuadrón que en ese entonces lo dirigía el capitán Méndez. Tras su muerte fui puesto a cargo del escuadrón. No sin antes reencontrarme con mi familia. Mi hermano se unió a mi escuadrón y pocas semanas después fuimos enviados a Estados Unidos con el propósito de ayudar a la población de Dallas, Texas.

Durante nuestra estadía en Estados Unidos pasaron varias cosas. Descubrí que soy inmune al virus Z-115, causante de esto. Además éste mejoró mi genética haciéndome una especie de súper soldado: más fuerte, más rápido, más ágil, regeneración, inmunidad ante varias enfermedades e indetectable antes los infectados. También aprendí más sobre el virus.

Aunque no todo fue bueno, mi hermano, murió. En un tiroteo, le dieron en el pecho y a las pocas horas falleció. En venganza atacamos al grupo que nos atacaron. Triunfamos, también descubrí documentos sobre el virus: sucesores, localizaciones de laboratorios, de todo.

Poco después, tomé la decisión de desacatar órdenes de los gringos para volver a la Ciudad de México. Y aquí nos tienes, a mí y a lo que resta del quinto escuadrón. Peleando e intentando salvar a la ciudad, aunque dudo del éxito de esta contienda.

Actualmente...
Estamos luchando contra estos bandidos, son demasiados. Ni los de “New Alliance” eran tantos. Fácil, calculo entre 100 y 200 personas, bien armadas, no usan calibre .22. Además también entró una manada de infectados al lugar, lo que dificulta la tarea. Al menos no para mí, para la gente normal sí.

Llevamos casi una hora luchando. Hay caos y discordia por todas partes: edificios en llamas, homicidios atroces, cadáveres, órganos, miembros y sangre esparcidos por todo el lugar a modo de decoración. Es espantoso, nunca he visto antes tal masacre de inocentes. Estos cabrones van a pagar por lo que han hecho.

Me he distraído de lo más importante: mi familia. He de buscar a mis padres, lamento tener que dejar a mi escuadrón pero debo de buscarlos, son lo que más me importa en este mundo, además de mí mismo.

Nuestro edificio departamental no quedaba muy lejos de la entrada a la ciudad, creo que estoy cerca. Aquí es, viven en la parte alta, mejor me apresuro, no estoy solo aquí. Los zombies me ven y siguen el sonido de mis movimientos, aunque me ignoran afortunadamente. Pero he de acabar con ellos, siguen siendo una amenaza para los demás.

Ya los he matado y he estoy cerca de su habitación. Creo que era el número 115 sino mal recuerdo. He llegado, entro para encontrar la habitación parcialmente intacta, un poco desordenada pero sin rastros de violencia. Hay una nota en el tocador junto a la cama:

Tan siquiera están bien, mejor voy a mi habitación para ir por las armas. Qué bueno que vivo cerca de ellos. Creo que el edificio está vacío, no escucho ningún ruido. Todo el caos ha de estar afuera.

Rompo la puerta y entro al cuarto para ir directo al clóset. Encuentro el rifle 30.06 con una caja de 20 municiones y el revólver .357 que le perteneció al capitán Méndez con una caja de 50 balas. He de apresurarme y buscar a mi escuadrón.

En lo que voy bajando las escaleras escucho sonidos de disparos en el exterior, espero que mi escuadrón haya sobrevivido sin mi ayuda, ellos confían en mí. He de apresurarme si queremos ganar esta batalla.

He visto que no hay mucha gente defendiendo la ciudad, quizás hubo evacuaciones antes de que llegáramos, ¿qué habrá ocasionado esto? Luego he de averiguarlo, mejor me enfoco en el combate.

Varias horas después...
Esto ha acabado, hemos ganado. Ya parece que va a atardecer, no lo puedo creer. Pero lo logramos, no encuentro desde hace horas a mi escuadrón, tampoco veo sus cuerpos… ni sus zombies. Primero he de auxiliar a los sobrevivientes y evacuarlos de la ciudad.

Encuentro pocos militares sobrevivientes, muchos fallecieron en la batalla. Quién sabe cuánto tiempo estuvieron bajo asedio, quizás días, la ciudad está en ruinas. También hubo grandes bajas civiles.

Hemos reunido a los sobrevivientes, no veo que superen los 100. Antes éramos miles y ahora, mírennos, ni a la centena llegamos. Veo que muchos soldados ni siquiera son oficiales: sargentos, cabos e incluso soldados rasos. Ni un capitán o teniente, veo que los dejaron al final.

Como soy el de mayor rango les ordeno que escolten a los sobrevivientes hacia Puebla, intentaré rescatar lo que se pueda: armas, municiones, provisiones, lo que me sirva. Después de esto, dudo encontrar tal abundancia de suministros. Antes de que se vayan, entrevisto a un sargento, se llama Luis Acevedo, quiero saber que ha ocurrido aquí.
-Soldado.
-Teniente, ¿qué se le ofrece?
-Antes de que parta con el resto, necesito saber una cosa.
-¿Qué se le ofrece, teniente?
-Quiero saber qué demonios ocurrió aquí, cuando partimos hace un mes no estaban así. ¿Qué pasó?
-Es una larga historia. Después de que su escuadrón se fuera empezaron a haber lo que creemos son colaciones.
-¿Colaciones?
-De personas, la gente de aquí metía a otros del exterior debido a que estaban infectados. Nos enteramos cuando ya era muy tarde. Se reportaban cotidianamente más brotes de la infección en la zona, llegamos a tal punto que media ciudad ya estaba infectada. Se tuvo que construir un improvisado muro de contención a partir de llantas y cuanta cosa encontráramos. Pero siguieron habiendo infecciones. Posteriormente se formaron grandes grupos de bandidos que atacaban diariamente. No éramos suficientes y nuestros superiores empezaron a evacuar yo creo hace como 1 semana. Cada día salían varios vehículos atestados de gente para ser llevadas a Puebla. Nosotros fuimos dejados al final y desde ayer hemos sido atacados, hasta que su pelotón llegó y nos salvó a los que quedábamos.
-Muchas gracias sargento, puede retirarse.
-¿Y usted, teniente?
-Me quedaré, he de buscar a mis hombres, vivos o muertos los he de encontrar.
-Suerte en su búsqueda.
-Igualmente, que tenga un buen viaje.

Después de esta información, tengo que buscar a mis soldados. Llevo una hora buscándolos pero no hay rastros de ellos, que extraño. Sin mencionar el hecho de que ya no hay nada: armas, municiones, comida o agua. Se lo han llevado todo.

Ya he dejado la mayoría de las armas en la Suburban, solo tengo conmigo mi Remington modificada y los .357, más ligero. Hice de nuevo inventario de lo que tengo y solo queda como una caja de comida y agua, mientras que en armas hay:
-3 escopetas, 25 cartuchos.
-4 revólveres, 50 balas.
-1 rifle de cerrojo, 20 balas.
-1 pistola semiautomática, 50 balas.

Apenas 11 armas y 275 municiones, en conjunto. No es mucho pero es algo, tan siquiera de aquí a Puebla puedo sobrevivir con esto.

De repente escucho disparos provenientes del interior de un edificio a unos metros de mi posición. Surgen en lo más alto del lugar, rápidamente subo las escaleras. Hace unos años me hubiera cansado pero el virus mejoró enormemente mi condición física, es increíble. Algo bueno ha surgido de esta catástrofe.

Encuentro a mi pelotón rodeado por varios zombies y éstos se están acercando cada vez más. Desenfundo los revólveres y empiezo a aniquilar a todos los zombies lo más rápido que puedo. Solo quedan un par que elimino al romperles el cuello.

Veo el cadáver de Hernández en el suelo parcialmente consumido con un tiro en la frente. Rodríguez y González sobrevivieron, pero se quedaron solo con sus Beretta 92 con muy poca munición. Salimos del lugar y vamos al estacionamiento para ir por la Suburban. Antes les digo unas palabras:
-Soldados, les tengo noticias. En vista de la total destrucción de la ciudad, he tomado la decisión de disolver este escuadrón.
-¡¿Qué?!
-Así es, Rodríguez. Ya no es necesario que me sigan, nadie sabe ya de nuestra existencia. Y los que lo sabían o están muertos o creen que nosotros estamos muertos. Sé que ustedes perdieron a su familia, así que no tienen que venir conmigo si no quieren.
-¿Adónde irá, teniente?
-A Puebla, mi familia fue evacuada allá. Con suerte logre alcanzarlos antes de que sean traslados al puerto. Tengan, estos fusiles de asalto con sus respectivas municiones, no los necesito. Son su regalo por su tiempo de servicio conmigo.
-¿Cómo saldremos de la ciudad?
-Vi un par de pick-ups por allá, incluso podrían tener armas y municiones dentro. Además de suficiente combustible como para irse de aquí, ¿entonces, qué dicen?
-Lo seguiremos, teniente. Tiene razón, ya no tenemos por quien luchar, solo por nosotros mismos, así que estaremos con usted, hasta el final. Somos soldados y usted nuestro líder.
-Bien, como deseen. En vista de eso, vamos por esas camionetas y revisemos, con suerte habrá algo dentro. Vamos.

Revisando las camionetas encontramos un pequeño botín. Una Glock 17 calibre 9 mm con una caja de municiones. Calibre que comparte con las 92’s de mis soldados, es perfecto.

Con todas nuestras armas listas con suministros suficientes y con la gasolina que les vaciamos a los otros vehículos nos bastará para llegar a Puebla. Que bien porque la Suburban es 8 cilindros, corre un chingo pero gasta gasolina de a madres, pero con la gasolina de dos tanques de combustible nos es más que suficiente.

Arrancamos y salimos de la Ciudad de México, vestigio de lo que alguna vez fue la gran metrópoli mexicana ya no son más que ruinas de una ciudad que cayó en el olvido, quizás, solamente quizás, nuestros descendientes vuelvan y la reconstruyan. Pero pasarán años, ya no quedan más que cenizas y recuerdos insertados en aquellos muros que albergaron a sus pobladores, pero eso ha quedado en el pasado.

En lo que nos alejamos del valle aún se ve el reflejo del fuego que consume lentamente los edificios de la ciudad, posiblemente será la última vez que vea la ciudad, tan siquiera, en esta vida.

Horas después...
No he mencionado que el virus también me hizo prescindir de la necesidad de dormir, ya no tengo que descansar, mi sistema se autosatisface en todas las maneras posibles. Puedo pasar semanas sin consumir ni una gota de agua o una porción de alimento, tan siquiera eso es lo que me explicó el doctor Stevenson antes de abandonar el recinto.

Es increíble, realmente he evolucionado, me pregunto si en el futuro los demás podrán este nivel de evolución, quizás si modificarán el virus de tal forma que cualquier organismo humano pudiera asimilar el virus sin la necesidad de crear a un muerto viviente hambriento por carne humana. Eso sería bueno, no más enfermedades, se salvarían varias vidas. Eso, sería genial.

Ya está amaneciendo, llegamos en la tarde a la ciudad así que estamos a buen tiempo de llegar a Puebla, afortunadamente no hemos sufrido problemas en el camino, uno que otro pequeño grupo de zombies pero sin ningún rastro de humanos. Creo que al pasar de los años estos caminos se han limpiado por si solos de los bandidos.

Si Chevrolet algo sabía hacer era una suspensión suave, los topes y baches de la carretera las pasas como si nada. Además de que los asientos son muy cómodos. Aunque extraño las Lobo y las F-150 de Ford, esas camionetas si son contra todo, una belleza de vehículos. Pero saben, empiezo a tomarle afecto a esta camioneta.

Hemos pasado un buen rato mis soldados y yo, contando nuestras anécdotas de antes y durante el apocalipsis. De repente, Rodríguez me hace una pregunta muy intrigante:
-Y díganos, teniente, ¿nunca ha pensado en conseguir a una mujer?
-¿A qué se refiere, soldado?
-Ya sabe, alguien con quien coger todos los días, ahorita como me gustaría tener a una de esas en este momento.
-No lo sé, Rodríguez, en todos estos años desde que esta mierda comenzó nunca pensé en comprometerme con alguien, sabe, por ahora no está entre mis planes. Ser soldado es una labor que te absorbe todo el tiempo, sobretodo hoy en día.
-Tiene razón, ¿y si se retira?
-Planeo hacerlo, a su tiempo. Cuando haya acabado con todos estos malditos no muertos, cuando esto termine, entonces pensaré en mí mismo. Encontrar una casa, buscar a una mujer, casarme, tener hijos y morir sabiendo de que ayudé a salvar a este mundo.
-Bonito pensamiento, teniente. Nunca nos ha contado mucho sobre su vida antes de que todo esto ocurriera, sabemos de cómo le hizo para sobrevivir pero no sobre antes.
-Bueno, yo era un adolescente cualquiera. Tenía 16 años, estaba cursando el tercer semestre de preparatoria, tenía todo lo que quería: amigos, escuela, familia, uno que otro lujo. Ya saben un buen celular, computadora, consola de videojuegos, no vivía la gran vida pero estaba en una posición socioeconómica aceptable. Siempre había asistido a escuelas privadas en mi vida, nunca me faltó nada. También mi padre era tirador y nos indujo a mi hermano y a mí en el deporte, así que desde que tenía 12 años empecé a disparar, era muy bueno y solía participar en competencias. Nunca gané nada, pero era divertido. También tocaba la guitarra, me gustaba mucho, no he perdido la habilidad.
-¿Y no extraña aquellos días?
-Por supuesto que lo hago, cada día de mi vida pienso en el pasado. Sobre la gente que perdí: mis amigos, familiares, conocidos, todo, esos monstruos me lo arrebataron.
-Tengo una duda, teniente.
-Pues pregunte.
-Usted, ¿mataría por gusto?
-Depende de la persona. Os contaré una historia: durante años tuve que convivir con un tal Iván López, creo que nunca he odiado a alguien en mi vida como lo odié a él, desde que éramos unos morritos siempre había sido como una piedra en mi zapato. Se fue de la escuela pero cuando salía con mis amigos, lo invitaban y lo tenía que soportar de nuevo: cine, cenas, incluso estuvo en mi graduación de la secundaria. Posteriormente se mudó a Argentina pero venía de vacaciones a la zona y de nuevo, el mismo pesar. Hace mucho tiempo me hice una promesa, si algún día se me daba la oportunidad lo mataría. No sin antes hacerlo sufrir lentamente. Espero que haya sobrevivido el malparido, para que al fin pueda cumplir mi promesa.
-Guau, que relevación. Ese cabrón ha de ser un verdadero cáncer.
-Lo era, y espero que aún lo sea. Nada me daría más placer que acabar con su mísera existencia.

Después de esta conversación a lo lejos se empieza a observar un resplandor: Puebla, ya casi estamos cerca. Veo que no hay mucha actividad cercana a los muros de la ciudad, no hay zombies, que bien. Al parecer ellos han mantenido más fácilmente la seguridad de su ciudad, no hay tanto terreno que abarcar como lo era el D.F. Además es una zona árida, clima seco, no tienen problemas con la flora como los teníamos allá.

Nos hemos parado frente la entrada y los he llamado mediante el claxon para que abrieran las puertas. Lo han hecho y nos han ordenado estacionarnos para hacer una revisión de seguridad y asegurar de que no estuviéramos infectados. Creo que tendré problemas con esto. Entonces, sucede durante el examen de fluidos:
-¡Alto ahí, usted está infectado!
-Dejen que os explique, tienen que saber.
-¿Saber qué? Usted no puede acceder a la ciudad, dentro de poco será un reanimado. No podemos dejarle pasar.
-Alto, bájenle a su pedo amigos, tienen que saber algo.
-¿Qué?
-Que soy inmune al virus.
-¡Por favor! No nos hagas reír, eso es imposible. Nadie puede ser inmune al virus, no le creo. Ahora por favor retírese y salga de la ciudad.
-¡Exijo hablar con el general Guzmán! ¡Díganle que el quinto escuadrón de infantería ha vuelto!
-No, no puede.
-Soy el teniente Lucio Joaquín Gutiérrez Urbina, llámenle por la radio y díganle que he vuelto de Dallas, tengo que informarle. Poseo información de vital importancia sobre el virus.
-Cabo, comuníquese con el general, que habla el teniente Gutiérrez. A ver si lo que este payaso dice es verdad.
-Entendido, sargento.

A los pocos segundos recibimos respuesta del general Guzmán y comienza el diálogo.
-¿Bueno, qué ocurre que requiera de mi ayuda?
-General Guzmán, habla el sargento Suárez encargado de la inspección de nuevos visitantes.
-¿Qué pasa, sargento?
-Tenemos aquí a un tal teniente Gutiérrez, líder del quinto escuadrón de infantería.
-¡¿Qué, en serio?! ¡Comuníquemelo inmediatamente!
-Pero, general.
-¡Fue una orden, sargento!
-Entendido, el general quiere hablar contigo.
-Gracias. ¿Bueno, general?
-Teniente, que alegría ver que sobrevivió. Todos en el alto mando creíamos que estaban muertos. En un momento nos reuniremos.
-Excelente, general.
-En un momento le enviaré una escolta a cargo de un viejo conocido suyo. Comuníqueme al sargento Suárez.
-Entendido, general. El general le quiere hablar.
-Sargento, deje ir a estos hombres. He mandado una escolta para que los traigan conmigo, déjelos ir.
-Pero, general, es que usted no entiende. El teniente.
-Escúcheme atentamente, soldado. Si aprecia su puesto los dejará ir, estos hombres me resultan de importancia. ¡¿Entendido?!
-Entendido, general.
-Está bien. Cambio y fuera.
-Oigan, ustedes, ya pueden irse. Órdenes del general, en un momento vendrán a escoltarlos con él. Tomen sus cosas y suban a su camioneta, ahorita vienen. Pero oye, Gutiérrez, te tendré bien vigilado. ¿Entendido?
-Recibido, sargento. Pero solo recuerde quien tiene un rango superior. Hasta la vista.

Agarramos nuestras cosas y volvemos al vehículo. En 5 minutos diviso a un par de pick-ups que vienen a por nosotros, se paran y veo que bajan un grupo de marinos, la mayoría de ellos armados con fusiles de francotirador. Algunos se me hacen conocidos. De repente baja su líder, entonces me dio cuenta quien es: el capitán Raúl Rodríguez.

-¡Lucio, tiempo sin verte!
-¡Hola, Raúl! ¿Qué me cuentas?
-Nada, aquí. ¿Y tú, cómo te fue en Texas?
-Depende en qué ámbito, cómo puedes ver, no muchos de mi escuadrón lo lograron. Tampoco, mi hermano.
-Mis más sinceras condolencias, Lucio.
-Gracias, pero en fin. Supongo que ustedes nos escoltarán con el general Guzmán, ¿no es así?
-Afirmativo, vamos. ¡Soldados, de vuelta a las camionetas! Síganme.

Volvemos a los vehículos y seguimos al convoy del capitán, tras unos minutos llegamos a un edificio en el centro de la ciudad resguardado por soldados y marinos, he de suponer que este es el cuartel militar. Nos estacionamos y el capitán nos indica la ruta, finalmente entramos a una habitación donde el general nos esperaba.

-Teniente, un placer tenerlo con nosotros de nuevo.
-Lo mismo digo, general.
-Capitán puede retirarse, quiero hablar a solas con el teniente. Dígale a sus hombres que también salgan.
-Rodríguez, González, esperen afuera, ¿vale?
-Va, teniente.
-Bien, ahora que estamos a solas.
-¿Qué ocurre general?
-Necesito que me diga lo que sabe.
-Tenga estos documentos, los sustraje de un laboratorio en Houston. Contiene información sobre las localizaciones donde se desarrolló este virus en nuestro país, una de ellas, aquí, en Puebla.
-¿En serio?
-Y no solo aquí, también en la Ciudad de México, Monterrey y Guanajuato.
-¿Algo más que requiera saber?
-No.
-Bien, haré saber esta información a mis compañeros de Monterrey y Guanajuato, enviaré grupos de soldados a que vayan a por los laboratorios. Ahora otro asunto tenemos que discutir.
-¿Qué pasa, general?
-El gobierno de Dallas nos informó mediante la radio de detenerlo a usted y a su escuadrón por desacato de órdenes. ¿Cómo puede usted explicarme eso?
-Señor, ellos querían que yo destruyera esa instalación para destruir cualquier evidencia. Trabaja con ellos uno de los desarrolladores del virus, no quieren que el mundo sepa que lo hicieron. Aunque la destruí no sin antes llevarme un pequeño botín, para que no tuvieran nada esos hijos de puta.
-Por la información que usted me ha proporcionado pareciera ser creíble su historia. Haremos lo siguiente, haremos pensarles que usted nunca llegó a Puebla, ¿vale? Nadie sabe que usted ha estado aquí, ni usted ni su escuadrón, es más quiero que usted me haga un favor, teniente. Supongo que sabe que hemos perdido la capital, ¿no es así?
-Por supuesto, una tragedia.
-Lo es, pero debemos enfocarnos. Necesito que usted y su escuadrón en compañía del equipo del capitán Rodríguez allanen el laboratorio del Distrito Federal. Recuperen toda información que sea vitalicia, la necesitamos. ¿Entendido?
-Ok, capitán. ¿Y qué harán con el de Puebla?
-Enviaremos a otro escuadrón, no necesitamos de sus servicios.
-Una cosa más. ¿No sabe algo de mi familia?
-Claro, sus padres, ellos no están en la ciudad. Apenas ayer fueron extraditados al puerto de Veracruz, deben ya de estar allá, no querían quedarse en la ciudad, preferían su estado.
-Gracias por la información, quizás luego los visite.
-No se preocupe por ellos, están en buenas manos. Ahora, ¿algo más que requiera?
-Solo suministros para la misión, no podemos sobrevivir a base de aire.
-Por supuesto, haré que se las metan a la camioneta, ¿algo más?
-Sí, nuevas ropas. Las nuestras están hechas jirones, por favor.
-Claro, sus uniformes serán entregados con los suministros. ¿No querrá alguna arma o paquete de municiones?
-Dele un par de fusiles de asalto a mis soldados con suficiente munición para la misión. Yo tengo más que suficiente.
-No hay problema, en unas horas se le entregarán en su camioneta. Parten a la noche, espero que no haya inconveniente alguno.
-Por supuesto que no, general, muchas gracias.
-Pueden retirarse. Dígale al capitán Rodríguez que quiero hablar con él.

Salgo de la sala y le digo a Raúl que entre. Nos despedimos y vamos a la camioneta para esperar los suministros mientras les explico la misión. Aceptan con gusto a sabiendas de que volveremos a ese lugar de caos y destrucción. Al poco tiempo recibimos nuestras ropas, armas, municiones y suministros. Dentro de unas horas tendremos que partir, mejor nos preparamos.

Horas después...
Ya estamos listos y se aproximan a la distancia el par de camionetas del escuadrón del capitán Rodríguez. Nos saludamos y salimos de la urbe rumbo a la Ciudad de México. Es una hermosa noche: cielo despejado, camino sin rastro alguno de obstáculos. Todo parece ir a la perfección.

Ya han pasado unas pocas horas pero hemos llegado a la capital mexicana. A la lejanía aún se pueden divisar uno que otro incendio. Pero todo sigue igual de desordenado como cuando salimos apenas ayer. Me reúno con el capitán a discutir nuestro plan.

-Capitán, necesitamos planear una estrategia para acceder a los laboratorios.
-Estoy de acuerdo teniente. Según estos planos se encuentra bajo el subterráneo de la ciudad. Mediante una puerta secreta en las instalaciones de limpieza se accede al laboratorio. De acuerdo a esto, debajo del Ángel de la Independencia. ¿Qué le parece si la mitad de mis francotiradores se colocan en zonas altas para vigilar mientras ustedes en compañía del resto de mi equipo bajamos a buscar?
-Me parece bien, solo que una cosa. No le comentamos pero hace poco lo que quedaba de la zona segura estaba siendo asediada por bandidos. Eran cientos pero los pudimos repeler, sin embargo alrededor de un par de docenas de ellos lograron escapar. Si están cerca, tenemos que tener cuidado. ¿Entendido?
-No se preocupe, dudo que puedan contra nosotros. Aun así, tiene razón, no podemos bajar la guardia, es muy peligroso. Entre esos rebeldes y los infectados siempre corremos peligro.
-Exacto, tengan cuidado soldados. Vamos, tenemos que irnos. ¡Todos de vuelta a sus vehículos!

Subimos a las camionetas y nos dirigimos al centro de la ciudad para dirigirnos al subterráneo y encontrar ese condenado laboratorio. Hemos de apresurarnos si queremos llegar mañana de regreso a Puebla.

Ya estamos en el monumento, me sorprende que no haya sido destruido por la falta de mantenimiento. Veamos, que tengo en mi arsenal. Me quedan 27 balas calibre .38 S&W, apenas suficientes para mis 4 revólveres con 4 balas de sobra, por suerte me otorgaron una adaptación al uniforme para portar varias armas cortas. También tengo que llevar la .40, bien ahora armas largas. La escopeta semiautomática que le pertenecía a mi difunto hermano, adaptada para tener cargados 8 cartuchos, además también llevaré la Remington que los gringos me dieron, esa puede con 7 cartuchos, eso es mucho. Mi escopeta original la modifiqué para que también llevara 7 pero ésta la dejaré cargada en la camioneta en caso de emergencia, así que solo me sobran 3, los llevaré en la bolsa junto a la munición del revólver. También siempre porto conmigo un par de cuchillos militares en caso de combate cuerpo a cuerpo.

Ahora que todos estamos listos y armados empieza el descenso. No hemos detectado actividad alguna ni de zombies y/o humanos, que raro. Después de lo de hace un par de días me sorprende que no haya movimiento, quizás los atacantes se hayan escapado o fueron devorados por los no muertos. Aunque son meras posibilidades, pero la verdad no sé.

De acuerdo a los planos nos estamos acercando, es en esta estación de mantenimiento sanitario. Es una puerta oculta en uno de los casilleros, veamos. Aquí es, se abre la puerta y muestra un elevador que aún funciona, el laboratorio ha de tener su propio generador de electricidad. Entramos los 7 al elevador e inicia el descenso. Después de un minuto ya llegamos, mi equipo va primero.

Esta instalación se parece mucho a la que encontré en Houston, también parece haber sufrido los mismos daños que la otra: agujeros de disparos, casquillos, cadáveres, miembros y sangre seca esparcidos por todo el lugar. Espero que no haya ningún no muerto, porque veo que falta parte del personal científico que instalaciones de este tipo deberían de poseer.

Nos encontramos actualmente en el área de investigación del laboratorio, no parece haber tanto progreso en las investigaciones como los había en Texas, no veo tantos apuntes y notas, solo hay bitácoras de la experimentación del Z-115.

Al parecer este virus no afecta a los animales, se diseñó específicamente para afectar a las personas sin tener que dañar al entorno. Por así decirlo un arma ecológica. También que los infectados no presentan apetito por otras especies que no sean humanas para que así no haya extinción de especies. Pensaron en todo los desgraciados.

He encontrado algo interesante en la oficina del encargado del laboratorio. Su computadora parece aún funcionar y esculco entre sus archivos personales. Encuentro un documento de una conversación que tuvo con uno de los directivos de España, al parecer se están investigando y desarrollando nuevas armas biológicas en una base secreta en la Antártida, solo los líderes de grupos científicos conocen de la existencia de este lugar. Es tan clasificada que tuvieron que matar a los que la construyeron para que no se divulgara de su existencia.

Si esto es cierto, posiblemente los terroristas nunca se hayan enterado de ese laboratorio y los científicos aún estén trabajando. Incluso podrían tener ya hecha la cura, suponiendo que Stevenson siga sin terminar la suya. Afortunadamente he encontrado una memoria USB, he de ocultar esta información de cualquiera, su mal uso podría suponer más riesgos para lo poco que queda de la población mundial.

Ya que obtuve la información he destruido el equipo de cómputo para que sea imposible la recuperación de esta información. He de ir por Rodríguez y mis soldados, creo que ya estamos listos, no pudimos obtener nada más. Nos reunimos y nos dirigimos al elevador para largarnos de esta ciudad de los condenados.

Subiendo detecto movimiento en el exterior antes de que lleguemos. Son pasos e incluso disparos, algo está ocurriendo afuera. Les digo que se pongan contra las paredes y le pido una granada a uno de los marinos. Hemos llegado y se abren las puertas, le quito el seguro a la granada y lanzo. Explota y salimos de la cortina de humo que ha liberado para ver las paredes bañadas con restos humanos, nos iban a emboscar.

Nos aseguramos de que no hubiera nadie más en el lugar y salimos del cuarto de servicio. El subterráneo estaba totalmente a oscuras así que prendimos nuestras lámparas de las armas y empezamos a ver movimientos. Muy rápidos para ser zombies, de repente veo que una de las sombras se alza en la oscuridad y posee un arma. Rápidamente le disparo con uno de mis revólveres, muerto al instante. Y entonces, nos empiezan a disparar a oscuras. Solo se pueden distinguir los destellos de luz provenientes de los disparos que las armas efectúan. Los hombres del capitán caen muertos, afortunadamente él y mi escuadrón seguimos con vida.

Nos ponemos a cubierto y regresamos el fuego. Después de unos 5 minutos todos nuestros atacantes han muerto. Salimos por donde entramos y nos encontramos en las calles. No hay señales tampoco de los francotiradores de Raúl, esto no tiene buena pinta.

Lentamente caminando por las desoladas calles buscando señal alguna de los francotiradores. El capitán los está llamando por la radio pero ninguno de ellos responde, de repente escucho a la distancia una ráfaga que al poco tiempo impacta en el suelo. Luego una y después otra, definitivamente no son de los nuestros.
Entonces González cae bruscamente al suelo y empieza a brotar sangre de su cabeza. Le dieron, malditos hijos de puta. Quizás mataron a los francotiradores y se quedaron con sus rifles. Tenemos que despacharlos si queremos salir con vida de la ciudad. Agarro el rifle de González y todos tomamos cobertura dentro de uno de los edificios más cercanos a nosotros. Y con los rifles de asalto intentamos matar a los francotiradores.

Una hora después...
Después de mucho tiempo hemos acabado con casi todos pero aún persiste uno que no sé cómo le ha hecho, por la dirección de sus disparos ha de venir de la torre noreste, hasta arriba. Maldito, de esté yo me ocupo.

Utilizando mis habilidades me muevo muy rápidamente esquivando todos sus tiros, he entrado. Me aseguro de que no me estén esperando por las escaleras, pero no. Finalmente he llegado a la azotea, pero no hay nadie. Solo el cadáver de uno de los marinos.

Entonces escucho una pisada y volteo para ver a uno de los bandidos apuntando con el rifle hacia mí. Pulsa el gatillo pero soy más rápido y esquivo su disparo. Saco uno de los revólveres y le disparo en los brazos. Cae, pero aún no ha muerto. Me acerco al rebelde, retorciéndose del dolor. Lo agarro y lo pongo contra la orilla del techo. Y lo aviento al vacío, solamente escucho sus gritos y después su silencio seguido por el sonido de un golpe contra el suelo, está muerto.

Agarro el rifle del marino, que aún ya solo tiene una bala en la recámara. La disparo al aire para honrar la muerte de los caídos hoy. Dejo el arma y me retiro del lugar. Bajo las escaleras y salgo del edificio a las calles para encontrarme a mis compañeros. Nos reunimos y nos dirigimos al lugar donde aparcamos las camionetas. Pero antes les comento algo:

-Rodríguez, quiero que agarres una de las camionetas de los marinos y te dirijas al puerto de Veracruz, no a Puebla. ¿Entendido? Es una orden. Ten mis escopetas, revólveres y este rifle de cerrojo. Quiero que busques a mis padres y se los entregues. Ellos entenderán. Capitán, vuelva a Puebla y dígales a todos los que paso aquí. Entregue esta información a sus superiores.
-¿Sus, no querrá decir nuestros?
-No, sus. Quiero que les diga que estoy muerto. El teniente Lucio Joaquín Gutiérrez Urbina murió en combate en la Ciudad de México. ¿Puede hacer eso?
-¿Por qué?
-Necesito terminar algo, pero no puedo si el mundo sabe que estoy vivo. Por favor, esto es necesario. Tú también Rodríguez, estoy muerto. Ahora estás al mando del quinto escuadrón de infantería. Recluta más soldados, el escuadrón no debe desaparecer. Hazlo por mí, por el capitán Méndez.
-Será un honor dirigir este escuadrón.
-Gracias, si preguntan cómo morí diga que de un tiro. ¿Entendido?
-Ok teniente. ¿Se quedará en esta ciudad?
-Por un tiempo, Rodríguez. Vamos, váyanse.
-Adiós, teniente. Espero verlo pronto.
-Quizás nunca nos volvamos a ver, soldado.
Ambos se suben a las pick-ups y se van. Ya cuando están lejos me pongo a ver que me queda:
•1 escopeta, 10 cartuchos.
•2 revólveres, 11 balas.
•2 cuchillos.
•Suministros para 3 días.

No es mucho, pero es lo que hay. Espero que esos hayan sido los últimos criminales de la zona. Aunque lo dudo. Vaya, realmente nunca espere que pudieran atacarnos de esa manera. Una lástima lo del escuadrón del capitán, pero tan siquiera él sobrevivió. También Rodríguez. Él es lo que queda del escuadrón, yo estoy muerto.

Por la posición del Sol determino que son aproximadamente las 3 de la tarde. Si nos llevamos un buen rato acá. Pero ya, todo ha acabado. Me quede con las armas que me han regalado, las Python y la 870 modificada. Las armas de mi familia deben de estar donde pertenecen: con mis padres. Bien, ya que no soy soldado debería de deshacerme de mis prendas, si no me podrían reconocer. Estoy en el centro de la ciudad, ha de haber tiendas de ropa cerca.

Un par de horas después...
Después de unas horas rapiñando por las tiendas de la zona al fin he encontrado un atuendo que se adapte a mis necesidades: lentes de aviador para sol, un paliacate, un sombrero, una chaqueta de cuero, un pantalón de mezclilla, unas botas y una camisa de manga larga de botones. Vaya, tenía tiempo que no me vestía como una persona normal, los uniformes de los soldados si son muy diferentes a lo habitual. También agarré más ropa de ser necesario.

Ahora que estoy cómodo debería de buscar más cosas: armas, municiones y suministros. Hay muchos vehículos cerca, si aún contienen gasolina me podría servir. Mi camioneta consume mucha. Quizás en el futuro debería de buscar un vehículo que sea rápido, contra todo, no consuma mucha gasolina. Estaba pensando en algo así como un Mustang, siempre he querido uno. O una NP300 o una Tacoma también serían muy buena opción. Incluso una Lobo, quiero una de esas, son la posta. Pero creo que eso será para después.

El Sol ya empieza a tener intenciones de ocultarse, he de buscar un refugio. El problema no son los zombies, son los humanos. Quizás aún hayan sobrevivido algunos bandidos. La pregunta es: ¿dónde? La mayor parte de la ciudad son ruinas. Ya sé dónde, mi viejo departamento. Es una posición alta y cerca hay un garaje donde puedo esconder el vehículo.

Subo a la camioneta y conduzco a donde alguna vez fue la zona de seguridad. Ya nada más cimientos que albergan recuerdos, solo eso. Mañana buscaré si quedo alguna arma o municiones por acá, sé que aún me falta por explorar. Este lugar era grande, en alguna parte han de estar ocultas a la vista de los vándalos.

Finalmente he llegado al edificio departamental. Después de subir unos cuantos pisos he encontrado mi habitación. Abro la puerta y todo sigue exactamente igual como cuando me fui hace unos días. Un poco desordenado, pero habitable.
Esculcando entre mis pertenencias encuentro algo que no había visto en mucho tiempo: mi bala del suicidio. La iba usar para acabar con mi vida la primera vez que llegue al D.F. Aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer: rodeados de no muertos y de repente salvados por los soldados. Vaya que tuvimos suerte, un minuto más y hubiéramos sido la comida de esos zombies.

Ahora que me pongo a analizar, sería mejor que fuera al cuartel para lo de las municiones ahorita que hay poca luz y los bandidos no salen en la noche. Además los zombies ni me notarán, así que no hay problemas. Mejor agarro ya mis armas, es hora de salir. Afortunadamente los cuarteles no quedan muy lejos de mi departamento.

Salgo del edificio y me encuentro en las desoladas calles capitalinas. No hay nada de movimiento, es como si todo se hubiera ido. Avanzo rápidamente por el lugar para evitar algún encuentro indeseado con otros sobrevivientes.

Me estoy acercando cada vez más al edificio. He llegado, por lo que veo no ha sido saqueado. No hay señales de intrusión ajena al lugar, eso es bueno. Quizás algo de valor siga dentro. Al menos, eso espero.

Usando la linterna de mi escopeta examino cada parte del lugar. Si no mal recuerdo las armas y municiones eran almacenadas en lo más recóndito del cuartel, no falta mucho para que llegue. Mejor acelero mi paso si quiero acabar pronto con mi búsqueda.

Ya estoy aquí, parece que los soldados no me dejaron absolutamente nada. Ni pío de municiones. Sigo buscando hasta que milagrosamente encuentro algo. Una caja de 50 balas calibre .357 Magnum y una de 25 cartuchos calibre 12 de posta gruesa, es un buen botín para mi misión. Si sigo examinando el edificio puede que encuentre más cosas, no puede ser lo último.

Una hora después...
He encontrado una caja de 50 balas de calibre 9 mm, si tuviera un arma de este calibre me serviría, pero no tengo desafortunadamente, aun así las conservaré. De repente empiezo a escuchar pisadas, muy rápidas y controladas para ser zombies. Han de ser esos bandidos, debería de acabarlos, siguen siendo un riesgo para mi seguridad. Y para cualquiera que sea ajeno a su grupo y les represente una amenaza.

Apago la linterna de mi escopeta y baso mi orientación en sus ruidos y en la luz de la Luna que es mi única fuente de luz natural. Cargo los revólveres y llevo en mano ambos cuchillos para no hacer ruido y no gastar innecesariamente la munición. Si aún poseen armas me las podre apropiar.

Sigo sigilosamente el ruido de sus pisadas, pero aún no los encuentro. Han de estar cerca, empiezo a escuchar murmullos. Quizás se escondieron en algún edificio porque en las calles no están. Finalmente los he encontrado en una de las casas. Parecen hacer un campamento, mejor los agarros desprevenidos y me infiltro en el edificio para eliminarlos.

He entrado, por el sonido de sus voces no calculo que sean muchos. Posiblemente unos 4 o 5 a lo mucho, puede que sean los remanentes de los rebeldes de la zona. Desde el ataque a la zona de seguridad y el del laboratorio hayamos reducido significativamente sus filas.

Lentamente subo las escaleras y entre las sombras me camuflo esperando que no me vean. Creo que están bebiendo, ya no han de estar en sus cinco sentidos. Mejor espero un momento y los mato mientras duermen. Vaya no han pasado ni 15 minutos y todos han caído borrachos. Lección importante durante un apocalipsis zombie: nunca te emborraches. Saco los cuchillos y tapando sus bocas corto sus cuellos. Ya está, todos muertos.

Veamos que tenían, solo eran 3. Pues parece que sus provisiones se les acabaron, que sorpresa. Lo que me importa son armas y municiones. Un par de Beretta 92 con un cargador cada una. Lamentablemente, están descargadas pero tengo la munición en mi mochila. Agarro sus fundas para las pistolas y las pongo en mi cinturón mientras llevo la Remington en la espalda.

Me voy del edificio y de vuelta a mi departamento a organizar mis armas y municiones. Ahorita que lo pienso no me vendría mal algo de comida enlatada y agua embotellada. Puede que haya una tienda de autoservicio, un supermercado o mínimo una tienda de abarrotes con comida. Si es que no las han saqueado o las ratas se lo comieron todo. Según mi reloj aún me queda unas cuantas horas de oscuridad, he de aprovecharlas al máximo.

Unas pocas horas después...
Maldición, son las 6 de la madrugada y no he encontrado rastro alguno de comida. Tampoco había comida en las casas que allané, se lo llevaron todo. He de conformarme con lo que tengo en la camioneta. Mejor vuelvo al departamento, no tarda y amanece.

Bien ya he llegado, hora de hacer inventario:
•1 Remington 870: 35 cartuchos.
•2 Colt Python: 12 balas (.38 Special) y 50 balas (.357 Magnum).
•2 Beretta 92: 2 cargadores (50 balas, 15 por cargador).
•2 cuchillos.
•Provisiones para 2 días.
•Gasolina para llegar hasta Monterrey.

Listo, ya tengo armas y municiones. Ahora bien, debería de conseguir otro vehículo. No porque esta camioneta esté fea o algo así, lo que pasa es que existen 2 grandes razones: primero gasta mucha gasolina y segunda tiene pintura del ejército, me podrían identificar como un militar si me ven con ésta. Para que luego me acusen de desertor, mejor si la cambio. He de ir a las sucursales de los vehículos en el centro.

Agarro las escuadras con todos sus cargadores más la munición que tenía de sobra en caso de ser necesario. Y entonces me dirijo al centro de la capital para buscar un buen vehículo. Que empiece nuestra búsqueda.

Llegando al centro veo que muchos autos están hechos un desastre. Sí que fue salvaje cuando todo empezó en el D.F. Después de ver que no hay nada en la Ford ni en la Chevrolet por último me dirijo a una sucursal de la Jeep. He escuchado que son buenas para situaciones de duro carácter. Dígase un apocalipsis zombie en un mundo destruido.

Buscando en la bodega de la sucursal automotriz encuentro un vehículo en óptimas condiciones cubierto por una tela. Es una Grand Cherokee, junto hay un cadáver a punto de ser un simple esqueleto. Creo que era uno de los empleados del lugar, por sus vestimentas.

En su mano derecha tiene un papel que apenas se entiende. En éste se describe a esta camioneta: Jeep Grand Cherokee Blindada 2015, tracción 4x4 de motor V8, pero que ahorra gasolina. Con todos los accesorios incluidos. A nombre de, vaya pero a quien tenemos aquí. Al general Enrique Guzmán Ferreira, pero que sorpresa. Bueno general, tomaré su vehículo, dudo que se acuerde de que lo encargó. Hurtando el cadáver encuentro las llaves del vehículo, lo enciendo el vehículo y arranco, veo que tiene gasolina. Tan siquiera para llegar hasta mi antiguo departamento.

Aunque nunca me han agradado los vehículos del Grupo Chrysler (Chrysler, Dodge y Jeep) he de admitir que esta camioneta es muy cómoda y espaciosa. Una vez leí de ésta, puede aguantar hasta calibre .44 Magnum. Incluso el tanque de gasolina está parcialmente blindado. Color negro, no relacionado con el camuflaje de la Suburban. Al fin he llegado, he de preparar mis cosas.

En la parte trasera meto la gasolina y mis suministros. Donde va la comida, agua e incluso ropa. También llevo mi uniforme de soldado, en caso de ser necesario. Ahora que recuerdo, ahí tenía unas pistoleras para los revólveres que se ponen en los costados por las costillas. Me las coloco y estoy listo para el combate. Escuadras en la cintura, revólveres en el pecho, escopeta en la espalda. Mientras que los cuchillos los llevo en el pecho, la cintura, la pierna y uno por el tobillo. Además de una pernera donde coloco la munición de sobra. Perfecto, es excelente. Y gracias a las mejoras genéticas que el virus ha hecho en mí ni siento el peso de todo esto.

Sin embargo es incómodo conducir con la escopeta, así que la pongo en el asiento del copiloto si las llegará a necesitar. Pero las cortas sí, porque si me emboscan es mejor defenderse lo más rápido posible. Checo mi pernera y tengo 28 cartuchos, 20 de las escuadras y 50 de los revólveres. Suficiente para mí.

Arranco el motor y me dirijo hacia mi nuevo destino: Monterrey. Pero simplemente iré a hacer una escala, realmente mi objetivo es Dallas. Debo de aclarar mis incógnitas con el doctor Stevenson y el general Smith. Me deben varias respuestas después de todo lo que hice por ellos en mi estadía en Estados Unidos. Hora de irse, hasta luego Distrito Federal, me despido de ti. Nuevamente.

Pocas horas después...
Me encuentro ya por el estado de Hidalgo, dentro de poco entraré en San Luis Potosí y para el final de la noche en Monterrey, eso espero. Mientras avanzo por las carreteras me fijo que esta cosa tiene pantalla táctil. Aún funciona y tiene GPS, pero adivinen qué, no funciona. Que sorpresa.

Después de 5 años de falta de mantenimiento, los satélites artificiales en órbita habrán dejado de funcionar. ¿Y si había astronautas en el momento del inicio de esta pandemia? Si los hubo, ¿seguirán vivos? Si lo están, estarán a salvo de todas las cosas que han ocurrido en el planeta en este último lustro.

El vehículo empieza a alentarse, aprovechando los últimos rayos solares cargaré gasolina. Me encuentro en una especie de valle desértico, es como una estepa. Una belleza natural, sin intervención alguna del ser humano. Por lo tanto, tampoco veo zombies. Es perfecto. Pero he de apresurar mi marcha si quiero arribar lo más pronto posible a Monterrey.

Ahora que lo pienso, como ya no soy soldado no podré portar armas en las ciudades aseguradas. Maldición, eso no lo pensé. Sin embargo podría hacerme pasar por alguien más con mi uniforme de soldado. Mejor paro ahorita y me lo coloco.

Ahora que lo traigo puesto, ¿qué nombre me pondré? Luis Gutiérrez, capitán de la marina mexicana. Perdí a mi pelotón y se me ordenó una misión rumbo a Dallas, clasificada. Creo que eso los puede convencer. Solo iré por gasolina y demás suministros básicos. Espero y esta treta funcione. Hora de ir.

A altas horas de la madrugada...
Ya veo la ciudad de Monterrey. Deslumbrante como siempre. Bien, hora de poner en marcha mi plan. Finalmente he llegado frente a las puertas del fuerte. Abren y soy parado por una patrulla de guardias. Me piden que baje y me presento con mi uniforme armado hasta los dientes. Serenamente respondo a todas sus preguntas:

-¿Quién es usted, soldado?
-Capitán Luis Gutiérrez de la marina mexicana.
-Si usted es un marino, ¿por qué porta un uniforme de soldado?
-Esa información es clasificada, al igual que mi misión. He sido enviado de parte del Alto Mando en Guadalajara con destino a Dallas. No creo que usted quiera cuestionar a sus superiores, ¡¿no es así soldado?!
-Lo siento, capitán. Por favor, pase a la revisión médica.
-No tengo tiempo, por favor solo llene estos bidones de gasolina al igual que el tanque de mi vehículo. Necesito llegar lo más pronto posible a mi destino.
-Lamento mucho mi intervención, capitán. ¿Necesita algo más?
-Suministros: comida y agua. Como pueden ver están a punto de acabarse los míos.
-En un momento le traerán una caja de suministros. Cabo Vidal, traiga una caja de suministros para el capitán.
-Enseguida, sargento.
-Gracias, sargento. Ha sido usted muy amable.
-Sin problema capitán, tenga sus suministros y gasolina. Suerte en su misión.
-Gracias, hasta luego. Con su permiso me retiro.

Se apartan los soldados, doy reversa y salgo por donde entré. Eso fue rápido y sin problemas. Milagro que no causé sospechas, creo que fui muy convincente. Afortunadamente no tuve que recurrir a métodos menos convencionales y más violentos.

Es de madrugada así que llegaré al amanecer a la ciudad de Dallas. Sin embargo no me puedo infiltrar de día. Podría llegar como un nuevo visitante pero podría ser reconocido. Quizás, pueda ir en la noche o el atardecer para que no me detecten. Ahora, ¿cómo me podría infiltrar? La ciudad está fuertemente vigilada por todas partes, si tan solo hubiera una manera de entrar sin recurrir a la violencia. Pero parece que no la hay, pensaré en algo.

Bien, ya he llegado a la ciudad. Mi reloj marca las 6 de la madrugada, a esta hora es cuando empieza la limpieza. Llegan las camionetas cargadas de soldados que barren la zona de cualquier infectado.

Si quiero pasar sin provocar bajas innecesarias tendré que ser honesto. Tendré que llegar y les diré quién soy. Posiblemente se acuerden de mí, no tiene mucho que partí de Texas. Les diré mi cometido y veremos qué ocurre después.

Conduzco hasta la entrada de la ciudad y me abren las puertas. Me piden bajar de la camioneta y desciendo portando mi uniforme de soldado totalmente armado me reciben los guardias. Piden mi identificación y propósito. Y respondo:

-Good morning, soldier. May request your identification?
-No problem. I am the lieutenant Lucio Joaquin Gutiérrez Urbina, leader of the fifth squad of infantry from the Mexican Army.
-Hey, I remember you. Didn’t you were here some weeks ago?
-That’s right. But I’m back.
-So, lieutenant, what’s your purpose here?
-I need to talk with the General Smith and the doctor George Stevenson.
-Lieutenant, I have some bad news for you.
-What happened?
-The General isn’t here; he went a week ago to Washington D.C. for some business. Orders from the president.
-And the doctor?
-Is disappeared.
-What do you mean?
-You’ll see, a couple of days ago he went out with a group of soldiers. He said something about experiments with zombies, something weird. It was supposed that he returned yesterday but he hasn’t come back.
-Where did he go?
-Houston.
-Dam it; he should go for the laboratory. The body of David Williamson! If he discovers some remains. Fuck, I should go there immediately.
-Is something wrong, officer?
-I must go for the doctor, I need him. When does the General will come back?
-Tomorrow.
-Excellent, sorry soldiers but I have to go for the doctor. I promise you to bring him back.
-Go ahead, lieutenant. Won’t you need some help? We could ask to the Commander Carter, he could send you a group of soldiers to help you.
-No, thanks. I don’t want to put in risk more people. Believe me, with me is enough.
-If you say so. Good luck.
-Ok, goodbye, see you soon.

Subo a mi vehículo y fijo curso rumbo a Houston. Maldición, nunca esperé esto. Smith fuera y Stevenson desaparecido. Pero si para mañana logro reunir a ambos podré obtener todas las respuestas que necesito. He de apresurarme.

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