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La vida nos da muchas cosas que no sabemos Apreciar

Salud Bienestar5/7/2012


             Saber valorar lo que tenemos y ser Solidarios es                                        Lo positivo ...








Un día la Vida tomó la figura de un joven apuesto  


y se puso a caminar por el mundo ... A la orilla de un bosque vio una cabaña, entró y encontró allí a un hombre pobre enfermo de elefantiasis: todos sus miembros estaban hinchados y tan deformes que se movía con mucha dificultad.




todos sus miembros estaban hinchados y tan deformes que se movía con mucha dificultad.

-¡Oh! ¿Que venturosos vientos te trajeron a mí ? ¿Quién eres tú? -dijo el enfermo.


- Soy la Vida, -respondió el caminante.
Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo.
Yo voy y vengo; volveré por estos lugares dentro de siete años.

¿Pero, por qué gimes tanto?



-Tengo una enfermedad horrible; ha destruido mi aspecto humano y me ha quitado la alegría de vivir. Ya no puedo más.



-Si quieres, -dijo la Vida, te curo. Pero tú me olvidarás.

-¡No! Le aseguró el enfermo. Guardaré eternamente en mi memoria a quien me cure y le estaré agradecido para siempre.

La Vida esparció un polvo misterioso sobre el enfermo, y éste quedó curado como por encanto.




La Vida siguió su camino y enseguida llegó a la cabaña de un leproso.



-¡Oh! ¡Bendito tú que vienes a mí! -exclamó el leproso al ver al hermoso joven. ¿Puedo saber tu nombre?

-Yo soy la Vida -dijo el recién llegado.
Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando regreso.
Voy y vengo.

Volveré por estos rumbos dentro de siete años.
Puedo curarte, ¿pero te acordarás de mí?


-No te olvidaré mientras viva -dijo el leproso.

 

La Vida lo curó y siguió su camino. 











Al llegar a una aldea, se encontró con un ciego que buscaba el camino con un bastón. Cuando oyó pasos, se detuvo y preguntó.

-¿Quién va? ¡Cuidado con este pobre ciego!




-Yo soy la Vida. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo.




Curó también al ciego y desapareció.



Pasaron los años, y a su tiempo, como lo había prometido, volvió, pero esta vez oculto bajo la figura de un ciego. Era ya tarde cuando llegó a la cabaña del ciego que había curado. Tocó a la puerta. No estaba, pero le abrió su esposa.

-Tenga piedad de este pobre ciego -dijo la Vida. Conozco a su esposo; ¿me puede dar un refresco mientras lo espero? Me basta con un poco de agua.




-Mi esposo es un verdadero tonto - dijo entre dientes, en señal de enojo y desagrado. Trae a casa a cuanto pobre se encuentra.


Puso un poco de agua sucia en una vieja jarra y se la ofreció de mal modo al falso ciego ... 
Por fin llegó el Señor de la casa, y la Vida se dirigió a él.

-Estoy de paso -dijo. ¿Puedes darme alojamiento hasta mañana?

El hombre murmuró algo, después extendió una frazada en una esquina de la cabaña y dio al ciego un pedazo de pan duro.

Cuando amaneció, la Vida llamó a su anfitrión y le dijo:

-¿No te dije que algunos conocen a la Vida cuando viene pero no cuando regresa?
Tú no me has reconocido, porque la ceguera se ha quedado en tu corazón, y volverá también a tus ojos.

Dijo esto y salió dejando tras de sí una polvareda. El hombre volvió a ser ciego, como siete años antes.


   



Cuando la Vida llegó a la cabaña del antiguo leproso, se cubrió de una lepra tan horrible que la seguían enjambres de moscas.



Tocó a la puerta, pero aquel hombre, viendo al leproso, no lo dejó entrar y rehusó darle de comer porque estaba demasiado sucio


-Te lo había dicho -le recordó el caminante. Algunos conocen a la Vida cuando viene, pero no cuando regresa.

Dijo y se marchó dejando tras de sí un reguero del misterioso polvo. El hombre ingrato se cubrió de nuevo de tanta lepra que la carne se le caía a pedazos.





                             



Cuando llegó a la cabaña del antiguo enfermo de elefantiasis, la Vida se hinchó los miembros de tal modo que a duras penas podía caminar. Se asomó a la puerta y dijo:

-¡Buen hombre, un poco de refresco por caridad!


-¡Adelante! ¡Adelante! ¡Entra! -dijo el hombre, apresurándose a ayudar al fingido enfermo. ¡Oh! .... ¡Que desgracia ! .... ¡Tan joven y tan enfermo! .... Yo también, hace tiempo, tuve esa fea enfermedad, pero pasó por aquí un buen hombre y me curó. Quizá...



Y mientras hablaba puso a cocer un plato de arroz, dió al enfermo nueces y una jarra llena de leche fresca, después preparó un asado de carnero y se ocupó de cuidar al enfermo.

En la mañana, la Vida se presentó como el joven hermoso que era y dijo:

-Tú has reconocido a la vida también a su regreso. No olvidas los beneficios recibidos y sabes socorrer a quien sufre lo mismo que tú has sufrido. Por eso permanecerás sano y gozarás de prosperidad




El hombre quiso hacer un regalo a la Vida, unas vacas.

Pero el joven se lo agradeció diciendo:

-No tengo necesidad de riquezas. Quiero que recuerdes una cosa importante: La Vida puede cambiar y traer hoy bienes y mañana males, pero con frecuencia depende de ustedes hacerla mejor o peor.








Hay mucha gente que empieza de abajo y cuando está arriba se olvida que alguna vez estuvo abajo, muchas veces vuelven a caer, porque la vida es una rueda. A veces estamos arriba y otras estamos abajo. Por lo tanto, siempre debemos ser personas generosas y de bien






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