InicioSalud BienestarY un día perdí a mis amigos...

Es una historia real...

Existe un chico, argentino, de Buenos Aires, que en su momento tuvo muchos amigos. No era el más divertido, ni el más inteligente ni el más lindo, pero conformaba su grupo y se llevaba bien con todos y cada uno de ellos. Al llegar el fin de semana después de cinco días de educación polimodal, no salían a bailar, preferían juntarse en una casa rotativa entre ellos, ya sea con juegos de cartas y de mesa, la play, mate, cerveza, fernet, pizza, lo que sea. Todo era agradable, y para este chico, conformaba uno de sus momentos más útiles de la semana. Sus desamores y desilusiones, sus problemas familiares, que no eran pocos, se trataban y curaban en esos viernes y, si había quorum, los sábados. Desde las once de la noche hasta las seis de la mañana era delirio garantizado.



Hasta que...

Los chicos, que pensaron que siempre iban a estar unidos, crecieron. Pasaron los años y siguieron viéndose... Aunque cada vez en menor medida. Cada uno de ellos comenzó una carrera laboral, y el chico del que les hablo también. Cada uno siguió su camino, conocieron chicas y se formaron parejas. Cada pareja constituía un núcleo que quizás, no necesitaba tanto al grupo de amigos que, en su momento, parecía que nunca iba a perderse. Pero poco a poco fue pasando. Aunque más que a nadie, al pobre chico protagonista de esta historia...

El empezó a trabajar más horas porque seguía un sueño. Se debatía entre el estudio, el trabajo y su pareja, a la que amaba como a nada, pero de alguna manera, no complementaba los momentos de ocio a los cuales el se había acostumbrado tanto. El vacío seguía estando. Vacío que se hizo más pronunciado cuando se enteró que el grupo de amigos que el mismo constituía, se seguía juntando, aunque sin avisarle a él. Quizás el poco tiempo que les dedicó por sus obligaciones, lo apartó completamente, ya que los pocos momentos libres que tenía, prefirió pasarlos con su novia.

El orgullo, terrible compañero de la mayoría de los seres humanos, no le permitía ni siquiera pensar en llamarlos y preguntarles si el también podría ir con ellos, no entendía la exclusión y no sabía a quien retribuirla. Tenia pánico de tener que dejar a su pareja, a su sueño, su estudio. Sintió un pesar muy grande, injusticia o no, el sufría por dentro y lo afectaba más de lo que podría sincerar.
Tenía otros amigos, si, pero no los "íntimos", los que son de toda la vida. Al llegar el fin de semana, el vacío se tornaba una cueva oscura y, haga lo que haga, siempre pensaba en que no volvería a ser el mismo adolescente que fue, ya que le faltaba ese importantísimo cable a tierra que le permitía olvidar, curar, y reponer...

Lamentablemente los chicos crecen, los distanciamientos también. El sistema, de alguna manera, jala de la cuerda y corrompe tu pequeño entorno creado.

Cuiden sus amistades, que es lo más lindo que se puede tener, la cura total para los males, lo único que puede remediar los dolores graves. Traten de no dejarlas de lado, por más grande que sea la amistad, eso vuelve. Una vez que se pierde, es muy difícil volver a "encontrarse a uno mismo" y sacarte esa sensación, ese nudo en la garganta que aprieta más cuando estas solo...




Esta historia me llevo a rodar un cortometraje. Se llama "Con un nudo en la garganta" y, obviamente, tiene mucho que ver con esto... A pesar de ser una historia completamente FANTÁSTICA, intenté contar como las obligaciones, los malos manejos y la responsabilidad ajena pueden hacerle perder más de lo que se imagina, a un pibe que solo tiene el sueño de ser alguien...

CORTOMETRAJE COMPLETO: http://vimeo.com/14185927

TRAILER DEL CORTO:




Espero que les guste... y cuiden sus amistades!
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