CAPITULO 11 - Parte 1 GR$$NPEACE Mad Max y sus Guerreros del Arco Iris EL EJEMPLO DE GR$$NPEACE Cuando en 1971 Greenpeace fletó un bote para impedir un ensayo nuclear en la isla Amtchika, Alaska, el pequeño grupo de la Columbia Británica canadiense era apenas una más entre las muchas organizaciones antinucleares que pululaban en la charca conocida como la Nueva Izquierda. Pero después que el movimiento ecologista ganó impulso con sus eventos y conferencias internacionales, Greenpeace comenzó un sostenido ascenso hasta la cúspide de la pila de ONGs ecologistas. Cada una de sus muy visibles acciones fue anunciada con todas las trompetas por una masiva cobertura periodística. Greenpeace formó una completa flota de barcos oceánicos, redes informáticas, una sofisticada red de comunicación satelital y su presupuesto operativo pasó rápidamente la suma de 100 millones de dólares anuales. Agregado a esto, Greenpeace se cubrió con un manto científico en sus publicaciones, mostrando fotos de sus miembros dedicados de manera ostensible a la investigación, la mayoría de las veces recogiendo muestras de aguas y efluentes. En todas sus reuniones y conferencias a lo largo y ancho del mundo, Greenpeace hace alarde de que posee experiencia y conocimientos en los campos de la energía nuclear, los fenómenos atmosféricos, la química, la biología, ciencia militar y economía (para nombrar solamente a unas pocas) y que su capacidad en todos estos rubros le autorizan a dar forma y posiblemente a administrar las políticas mundiales sobre el ambiente, la economía, la industria, y cualquier otra actividad humana sobre el planeta. Esta moderna maravilla merece ser investigada con mucho detenimiento, especialmente porque los resultados de muchas de sus campañas han sido cualquier cosa menos un beneficio para la ciencia o la humanidad. En 1988-1989, mientras la atención mundial estaba estupidizada por el circo periodístico formado alrededor del salvataje de dos ballenas grises cerca de Barrows, Alaska - se gastaron millones de dólares en dos ballenas, mientras millones de niños morían de hambre en Ruanda, Etiopía, o cualquier lugar del Tercer Mundo - Greenpeace intensificó su campaña contra Islandia y sus actividades balleneras. En esos momentos, Islandia estaba cumpliendo estrictamente con los dictados de la Comisión Ballenera Internacional – comprada por Greenpeace, como veremos después – y estaba cazando algunas ballenas para investigación científica. La presión que impuso Greenpeace sobre los compradores del pescado de Islandia y el consabido boycott que siguió, casi provocó el colapso del gobierno islandés, causó el desempleo en la industria pesquera del país y amenazó los ingresos y la continuidad del Instituto de Investigaciones Marinas, que busca preservar y expandir la misma población de ballenas que Greenpeace estaba supuestamente tratando de "proteger". Greenpeace habla mucho de su respeto por la sabiduría de los pueblos nativos, pero su ataque contra la caza de focas en el norte de Canadá y Groenlandia dejó a miles de esos “gentes nativas”, los Inuit, al borde de la miseria, viviendo de las pensiones del gobierno y con su pesca disminuida por la gran sobrepoblación de focas. ¿Qué debemos pensar? La visión que tiene Greenpeace de un mundo “más limpio y seguro” ¿incluye el cierre de fuentes de trabajo y desempleo masivo? En su celo por atraer socios (y contribuciones en dinero) a su causa, Greenpeace hizo muchas y desinformantes publicaciones, algunas de las cuales dicen quizás un poco más sobre sus verdaderas intenciones. El Hombre es una Bestia Veamos un folleto de Greenpeace titulado: “El Paraíso Perdido - Cuenta Regresiva para la Destrucción” El folleto dice que la Tierra tiene 4. 600 millones de años, pero que para hacer esto más comprensible, podemos comparar a la Tierra con una persona de 46 años de edad. Después de pasar por la aparición de los dinosaurios, los mamíferos y la última glaciación, el folleto declara: El Hombre Moderno ha estado sobre el planeta unas cuatro horas. Durante la última hora, descubrió la agricultura. La revolución industrial comenzó hace apenas un minuto. Durante esos sesenta segundos, el Hombre convirtió en basura al Paraíso. Ha multiplicado a sus miembros a proporciones de plaga, provocado la extinción de 500 especies de animales, saqueado al planeta en busca de combustible y ahora se yergue, como una bestial criatura, regodeándose con su meteórico ascenso, al borde de una guerra que terminará con todas las guerras, y acabará efectivamente destruyendo este oasis de vida en el sistema solar. " (1) Si el Hombre es, según Greenpeace, un bruto muy poco atractivo cuyo número constituye una plaga sobre la faz de la Tierra, entonces se supone que tal infortunada especie debe ser drásticamente reducida. Lo que Greenpeace dice al respecto de este delicado tema (genocidio) está muy hábilmente disfrazado con el ropaje de la preocupación por el destino de la Humanidad. Sin embargo, es posible descubrir en los argumentos de su filosofía el camino a sus intenciones: la reducción de la especie humana. Ciencia Espiritual Parece extraño que una organización que alardea de capacidad y experiencia científica se yerga como un ariete destructor contra la tecnología moderna; pero las cosas se hacen un poco más claras cuando echamos una mirada a la clase de “ciencia” que Greenpeace se refiere. Siempre hizo hincapié en la necesidad de que se realice un “cambio paradigmático” en la manera en que la gente ve su relación con la Tierra. Según a Greenpeace, el viejo y desacreditado punto de vista está apoyado por un conjunto de ideas que incluye “la creencia en un progreso material ilimitado que se obtiene a través del desarrollo económico y tecnológico” (2). La Nueva Visión apoyada por Greenpeace propone la ruptura con la concepción Judeo- Cristiana de la civilización como manera de conseguir la verdad científica: “Rompiendo con la tradición científica que hasta ahora ha dominado y dado forma a nuestra relación con la Tierra, el nuevo paradigma incorpora el respeto por el mundo natural, más allá de su simple utilidad para los humanos. Permite la existencia de ciclos y fuerzas fuera del alcance de detección de nuestros equipos mecánicos, nuestros sensores y diales. En breve, nos permite conocer y creer en un entorno mucho más grande que el campo que conocemos como ´científico´ ”. (3) El artículo sigue diciendo, “En última instancia, una profunda conciencia ecológica es una conciencia espiritual. ” ¿Y que clase de conciencia espiritual es la que se describe? Son las mismas ideas New Age que se han convertido en la religión pagana de los ecologistas de hoy. En lugar de Dios y el Hombre, creado a su Imagen y Semejanza, tenemos ahora al nuevo dios, Gaia, la diosa de la Tierra. En vez de ser sagrada la vida humana, es la Tierra la sagrada, y el hombre debe apaciguar a Gaia subordinándose al dominio de la naturaleza, tal como lo define la "profunda conciencia ecológica". El crecimiento del ecologismo durante los últimos 20 años ha impulsado la irracionalidad en nuestra cultura, hasta el punto que publicaciones de amplia difusión promueven las prácticas esotéricas y aún las satánicas. El Paradigma Ecológico ¿Cuál es, entonces, el principio operativo de este nuevo paradigma de Greenpeace? Si todos esos ciclos y fuerzas no pueden ser encarados por medios científicos, entonces se hace muy obvio que la existencia de ciertos fenómenos no tienen que se probados científicamente. El agujero del ozono deja entonces de ser un fenómeno de origen natural documentado ya en 1956 por George Dobson; es ahora una amenaza que extinguirá a la vida sobre este planeta. El Calentamiento Global requiere de grandes cortes en el consumo de energía; no importa que no exista evidencia científica que apoye esta teoría. O sino, qué tal la advertencia que un vocero de Greenpeace le hizo a una asamblea de una escuela secundaria en Ontario, Canadá: el cuerpo humano está tan contaminado por productos químicos que en tres años más sería ilegal la cremación de seres humanos, por-que la cremación violaría las regulaciones de emisión de contaminantes! Desgraciadamente, Greenpeace ayudó a que la irracionalidad y la superstición de la Edad Media estén nuevamente en carrera. Greenpeace mismo ha admitido en sus publicaciones que sus primitivos activistas consultan de manera regular las cartas Tarot, el I Ching y las viejas tabletas Aztecas pero, advierte, que estos desvaríos místicos no interfieren para nada - sino que más bien le agrega combustible - a las muy bien focalizadas campañas de la organización en contra de las bases de la civilización occidental. De acuerdo a Robert Hunter, miembro fundador de Greenpeace, “Nosotros disparamos imágenes, en vez de misiles, - bombas de tiempo mentales transmitidas por la prensa mundial. ” El caso de la violenta campaña que Greenpeace lanzó contra Islandia tiene poco que ver con la actividad ballenera de ese país y más con la estratégica posición que tiene en el Atlántico Norte. Esa área es crucialmente estratégica para el refuerzo y aprovisionamiento de Europa en caso de guerra, mientras que también es (o era entonces) crucial para la Unión Soviética en caso de un ataque contra los Estados Unidos. En los años recientes, la actividad naval soviética se había incrementado notablemente en la región, lo que fue respondido por Islandia con una mayor participación en la NATO. Cualquier tipo de desestabilización de Islandia sólo podía favorecer a Rusia, especialmente si gran parte de la población debía emigrar debido a la situación económica. El boycott impuesto a Islandia por parte de Greenpeace casi provocó la hecatombe económica del país. De acuerdo a Greenpeace, “Un nuevo clima gobierna ahora las relaciones Este Oeste. La Guerra Fría ha terminado. ” Sin embargo no impidió que Greenpeace continuara su campaña contra la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), omitiendo toda mención al desarrollo soviético de armas de rayos y radiofrecuencia. Ni tampoco impidió que se siguieran las campañas para producir un cierre unilateral (sólo en Estados Unidos) de la producción de plutonio y tritio para la Defensa. En Diciembre de 1988, el líder ruso Gorbachov dió un discurso en las Naciones Unidas sobre “la seguridad ecológica internacional”, y dio su bendición a todas las organizaciones ecologistas internacionales - a quienes los soviéticos han ayudado económicamente con largueza, como una manera rápida de conseguir la desindustrialización de Occidente. Un ejemplo de ello es la canalización de fondos soviéticos al antinuclear Partido Verde alemán. Los soviéticos favorecían al ecologismo como una muy conveniente manera de ayudar a que Occidente cometa suicidio, y están aún deseosos de darles una mano a los “idiotas útiles” del Oeste. El blanco que tienen en Occidente las bombas mentales de Greenpeace, deberían recordar las palabras de Benjamin Franklin; “Hay verdad en el viejo dicho, que si uno se convierte en oveja, los lobos se lo comerán”. Algo de Historia Paul Watson fue uno de los fundadores de la organización ecologista multinacional Greenpeace y, luego de su deserción de ella en 1977, se desempeña actualmente como Director de un grupo ecologista rival, la Sea Shepherd Society (o Sociedad Pastores del Mar). Cuando en 1991 se refería a su ex organización, y a su por entonces presidente, David Mc Taggart, decía lo siguiente: “El secreto del éxito de David McTaggart, es el secreto del éxito de Greenpeace: no importa cuál sea la verdad, lo único que importa es aquello que la gente cree que es la verdad. " Esto, viniendo de uno de los "ecologistas idealistas" - es el reconocimiento que, en el ecologismo (insisto en que no es lo mismo que “ecología”), la verdad científica no tiene importancia ninguna: si una mentira se repite las veces suficientes, la gente termina por creer que es verdad, y eso es lo único que importa. Siguen los dirigentes ecologistas el consejo de Hitler: "Mientras más grande sea la mentira, más gente se la creerá. ” Bajo la dirección de David McTaggart, Greenpeace se convirtió, de una banda de pendencieros militantes en botes de goma, interponiéndose entre los arpones y las ballenas, en una extraordinariamente rentable organización multinacional que sólo rinde cuentas de sus ingresos y sus gastos a sí misma. Con 5 millones de miembros o adherentes y un ingreso de más de 160 millones de dólares en 1990, Greenpeace tiene oficinas en 24 países del mundo, cobrando a cada una de sus agencias “hijas” el 24% de los ingresos que realizan anualmente, como “royalties” para el uso del nombre. Como cualquier producto comercial, el nombre Greenpeace es una “marca registrada”. En Alemania, Greenpeace cuenta con 700 mil socios, de los cuales unos 320 mil permiten que sus bancos debiten 30 dólares anuales a la cuenta bancaria de la organización, que en 1990 recaudó allí más de 36 millones de dólares. Sus oficinas y representaciones en todas partes del mundo reciben subsidios de la central, de acuerdo al centimetraje de publicaciones periodísticas en donde aparece el nombre de Greenpeace o sus organizaciones asociadas. A mayor escándalo, mayores sumas de dinero recibidas en concepto de “honorarios”. Lo notable es que no importa si las protestas que dan lugar a ese centimil tienen alguna base científica, o algún viso de veracidad o sensatez. Lo importante es la publicación del escándalo, aun-que se compruebe más tarde que la “denuncia” es puro cuento o que se trata de una mentira deliberada. Ya es tarde: la mentira se ha esparcido entre aquellos que no conocen los fundamentos técnicos o científicos del asunto. Es decir, el 99,9% de la población. El daño ya ha sido hecho, los réditos políticos y económicos se reciben a corto plazo. Fin Parte 1. Sigue en el próximo post!. Gracias por tu comentario constructivo
Ecología, Mitos y Fraudes, Greenpeace, Parte 1
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