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Ecología, Mitos y Fraudes, Greenpeace, Parte 3

Ecologia•1/28/2012
El Uso del Poder ¿Cómo ha usado Greenpeace a este poder? De manera despiadada. En sus operaciones impera la mentalidad de “el fin justifica los medios” y, de acuerdo con ella, Greenpeace presionó en 1986 a la Universidad de Florida para que echaran de su puesto al biólogo marino Richard Lambersten, por la ofensa de realizar investigaciones que requerían muestras de tejidos de órganos de las ballenas. Greenpeace decidió que esas investigaciones no eran “científicamente útiles” e hizo la absurda acusación que Lambersten sólo era una cubierta para los balleneros comerciales. Lambersten, actualmente en el Woods Hole Oceanographic Institution, dice que su investigación estaba dirigida a identificar enfermedades de las ballenas y descubrir sus posibles curas. De acuerdo a Lambersten, las tácticas usadas por Greenpeace para conseguir su expulsión de la Universidad incluían la invasión del campus universitario con militantes en protesta y sobrevolar los estadios de fútbol con aviones que arrastraban pendones con el mensaje: “Universidad de Florida: ¡Paren de Matar Ballenas!” Mientras, los medios de difusión mostraban a los miembros del "staff" de Greenpeace esquivando arpones en sus botes de goma, McTaggart estaba ocupado en “envolver y empaquetar” a la Comisión Ballenera Internacional (International Whaling Commission). La Comisión se formó en 1946, como consecuencia de un tratado entre naciones balleneras, para impedir la caza excesiva de ballenas. Es decir, para ponerse de acuerdo para preservar un recurso natural renovable. David McTaggart Las naciones más involucradas eran Japón, Islandia, Noruega y la Unión Soviética, pero la asociación estaba abierta a todas las naciones que pagasen la cuota anual de 30 mil dólares, y los costos de sus representantes a las sesiones. Según Francisco Palacio, ex consultor de Greenpeace sobre mamíferos marinos, él, McTaggart, y varios amigos más, consiguieron hacer que la Comisión Ballenera adoptase el punto de vista de Greenpeace que debería imponerse una prohibición total sobre la caza de las ballenas. Los “salvadores de ballenas” ubicaron a varias naciones pobres, a las que se agregaron algunas recientemente independizadas como Antigua y Santa Lucía - que jamás habían pescado ni una mojarrita - y después de conseguir en la Asociación la documentación correspondiente para solicitar el ingreso, los presentaron al Departamento de Estado de los EEUU. Se nombraron a sí mismos o sus amigos, como los científicos o comisionados para representar estos pequeños países - no pescadores de ballenas - en la Comisión Ballenera. Por ejemplo, Palacio, que era un colombiano residente en Miami, fue el representante por Santa Lucía, mientras que Antigua estaba representada por Richard Baron, abogado de Miami y amigo de Palacio. Un amigo de McTaggart, el marroquí francés Paul Gouin, residente en Nassau, Bahamas, se hizo con la representación de la Panamá del general “Cara de Piña” Noriega. Los representantes a las sesiones de la Comisión Ballenera, nombrados por Greenpeace, gozaban de un viaje anual de diez días, con todos los gastos pagos más un plus de 300 dólares diarios para gastos personales, para atender a las reuniones de la Comisión. Greenpeace pagó a un embajador ante las Naciones Unidas los gastos del vuelo y estadía en su país para convencer al gobierno de que apoyase el plan de copar a la Comisión de Balleneros. Entre 1978 y 1982, asegura Palacio, la operación de Greenpeace añadió por lo menos otra media docena más de países a la Comisión, hasta alcanzar los 2/3 necesarios para tener la mayoría imprescindible para votar una moratoria en la caza comercial de ballenas, cosa que sucedió finalmente en 1982. Según sigue diciendo Palacio, esta operación costaba millones, puesto que involucraba los pagos por las cuotas de los países de la Comisión, realizados por Greenpeace en nombre de las naciones representadas. “En cuotas de miembros, los pagos ascendían a $ 150.000 anuales, y además estaba todo ese dinero para ´untar´ (coimear) a lo largo de todos esos años.” El marroquí Gouin era el “angel” que canalizaba los fondos a través de una Fundación con base en Miami llamada Sea Life Resources Institute. ¿De donde obtenía Gouin tanto dinero? Según dice, de “inversiones comerciales”, aunque revoloteaba el fantasma de los negocios con Noriega, y sus amigos en Cali y Medellín. Metodologías y Campañas Las campañas de Greenpeace, como la de “¡Salven las Ballenas!” a menudo parecen abiertas y casi espontáneas. Sin embargo, están orquestadas con sumo cuidado, comenzando con una red de investigadores que recogen chismes de empleados del gobierno, chóferes de camiones y empleados “simpatizantes de la causa” dentro de las corporaciones que serán luego los blancos de las campañas anti-contaminación de Greenpeace. A su vez, Greenpeace tiene infiltrados dentro de sus propias filas (agentes de inteligencia de los gobiernos europeos que han decidido vigilar al ecologismo más de cerca), que dicen que las “Juntas de Inteligencia” de la organización incluyen una operación clandestina en Zurich, algo que Greenpeace niega, por cierto. Lo que sí está claro es que Greenpeace, con su red de contactos y confidentes, se ha convertido en un grupo de “Vigilantes” - vigilantes en hacer cumplir las leyes anticontaminación - pero actuando como Juez, Fiscal, Jurado y Verdugo - cuando decide que los gobiernos no están haciendo cumplir las leyes con la fuerza que Greenpeace desea. No es nada sorprendente que poco y nada de esto se conozca, puesto que la prensa complaciente y simpatizante ha sido siempre una gran aliada de Greenpeace. El mayor recaudador de fondos para la banda de Greenpeace fue el trágico evento que la organización no había planeado para nada. En 1985, en un intento de desbaratar la operación de interferencia que Greenpeace había montado contra los ensayos nucleares en Muroroa, agentes secretos franceses minaron al barco Rainbow Warrior de Greenpeace, que estaba anclado en el muelle de Auckland, Nueva Zelanda. El fotógrafo portugués Fernando Pereira, que dormía a bordo, resultó muerto en la explosión. Este incidente, hábilmente explotado por Greenpeace y ampliamente publicitado en todo el mundo, confirió inmediato status de mártires a la organización. Como resultado de la explotación publicitaria del incidente, los ingresos de Greenpeace se triplicaron hasta alcanzar la suma de 25 millones de dólares, entre 1985 y 1987. El martirio estuvo a punto de ser empañado por las revelaciones del Ser-vicio de Inteligencia de Alemania Occidental, acerca de que Pereira estaba aliado con terroristas. Oficiales de ese servicio dijeron que tanto Alemania como Holanda tenían registradas las actividades de Pereira como "contacto" del personero político del Movimiento 2 de Junio y como uno de los contactos con la KGB rusa en la planificación de protestas anti-misiles nucleares en la Europa Occidental. Por supuesto, como siempre, Greenpeace niega todos los cargos y conexión con nadie – pero no aporta las pruebas. Quizás nunca se conozca la verdad sobre el asunto, pero Greenpeace cosechó descomunales dividendos publicitarios de la tragedia, mientras que las declaraciones de la policía alemana y holandesa apenas si tuvieron eco en la prensa. Cuando alguna publicidad desfavorable sube a la superficie, Greenpeace lleva el asunto de inmediato a los tribunales. Sintiéndose con entera libertad de criticar o atacar a quien se le ocurra, Greenpeace parece no creer en que los demás puedan tener derecho a criticarle. En 1990, la organización llevó a los tribunales a tres publicaciones alemanas que habían osado publicar artículos que no resultaron de su agrado. El cineasta islandés Magnus Gudmundson filmó y estrenó en 1989 una documental titulada “Survival in the High North” (o Supervivencia en el Alto Norte), que muestra la lucha entre los pueblos cazadores de Groenlandia y tierras cercanas al Polo Norte contra los ecologistas. Describe un penoso cuadro de dependencia de estos pueblos de la Seguridad Social y de crecientes tasas de suicidios entre las poblaciones cazadoras de Islandia, Groenlandia y las Islas Faroe, donde la actividad de la caza de focas fue devastada después de la exitosa campaña realizada por Greenpeace y los grupos por los Derechos de los Animales para prohibir la importación de pieles de foca en Europa. La documental de Gudmunsson reexamina la evidencia mostrada por el premiado periodista dinamarqués Leif Blaedel, que demuestra que un film de propaganda de Greenpeace fue falseado, usando a torturadores de animales contratados al efecto para obtener tomas cinematográficas espantosamente convincentes. Blaedel cita también a las tomas de la película "Goodbye Joey", que los tribunales de Dirranbandi, Australia, confirmaron como falsificados por los productores. Estas escenas - según la denuncia de Blaedel - fueron actuadas por cazadores de canguros (que resultaron posteriormente multados por el tribunal) para torturar canguros para el film. Los documentos del tribunal confirman que la fraudulencia de la película era de público conocimiento en 1983, tres años antes de la última vez que Greenpeace Dinamarca envió la película para ser exhibida - a pedido del mismísimo Blaedel. Aunque el director de medios de difusión de Greenpeace, Peter Dykstra dice que ellos detuvieron la distribución del film en 1983, cuando se “descubrieron” los problemas de integridad de la película, ésta ha sido exhibida en casi todos los países de Sudamérica en años recientes. Al menos, en 1992, el autor de este libro la vio exhibida en el Canal 8 de televisión de Córdoba. Gudmunsson fue demandado por Greenpeace por difamación y libelo ante varios tribunales de Europa, siguiendo la táctica normal de intentar silenciar a la oposición por medio de amenazas, chantajes o presiones políticas. Sin embargo, pareciera que, por lo menos en este caso, la verdad consiguió imponerse: en Mayo de 1992 los tribunales de Noruega fallaron el caso a favor de Gudmunsson, confirmando así la validez de las pruebas aportadas por Leif Blaedel y Gudmunsson en la documental. Los Fines y Los Medios A consecuencia de la exposición de los hechos - que de manera evidente eran ignorados por casi todo el mundo - el presidente de Greenpeace Noruega, Björn Oekern, renunció a su cargo (y al de director de Greenpeace International) por estar en desacuerdo con las tácticas y métodos de la organización para recaudar fondos, acusándola de que “nada del dinero recaudado fue usado por Greenpeace para protección del ambiente”, agregando que consideraba que Greenpeace era, en realidad, un grupo “eco-fascista”. Estas apreciaciones, viniendo de alguien que proviene del "riñón mismo" de Greenpeace, constituyen un antecedente que debería tenerse en cuenta para evaluaciones políticas sobre la validez de sus denuncias ecológicas. De la misma manera que lo tuvieron en cuenta los 15.000 socios que Greenpeace tenía en Noruega y que después del escándalo renunciaron a seguir perteneciendo a una organización de este tipo. Aquí se puede hablar de gente que “vio la luz” a tiempo, y prefirió separarse de los 35 activistas que aún registra la operación de Greenpeace Noruega. Sin embargo, la falta de apoyo popular (que se traduce en dólares, a la hora de las cuentas), motivaron a fines de los 90 la intención de cerrar la filial en Noruega. Si los fines de Greenpeace justifican tales medios, ¿cuáles son estos nobles fines? Cuando se llega a los extremos de asesina inconsciencia a la que Greenpeace llegó con el asunto del plutonio transportado por el barco Akatsuki Marú desde Francia hasta el Japón, se puede esperar cualquier cosa de una organización de este tipo. Hasta que use las técnicas de Josef Goebbels para conseguir sus objetivos.O las de su gran maestro, Adolfo Hitler. La absolutamente estúpida e inconsciente actitud que Greenpeace ordenó para sus embarcaciones que perseguían y se interponían en la ruta del barco japonés, pudo verdaderamente provocar la hecatombe ecológica que la misma Greenpeace denuncia como posible. De haber ocurrido un accidente que provocase que el plutonio se perdiese en el fondo del mar, Greenpeace hubiese tenido la ocasión de vociferar triunfalmente: ¿Vieron? Ya habíamos advertido que la energía nuclear es peligrosa! Sobre todo con una pandilla de desequilibrados cerca, que se han autonombrado guardianes y custodios de nuestra salud, seguridad, y algunas cosas más, (entre las que notamos que también quieren que figure nuestro dinero – Gr$$npeace.). ¿Cuáles son - repito - estos nobles fines? Es imposible de probar con precisión, aunque podemos imaginarlos. Uno de sus pasiones es el odio por la industria, el comercio y el libre mercado. Peter Bahouth, director de Greenpeace USA, le dijo al periódico In These Times, el 11 de Abril de 1991: “No creo en la idea del mercado... Da por resultado tratar a los tóxicos o a la contaminación como productos de consumo. Cuando las compañías tienen una línea baja de rentabilidad, no la vemos pensando en el medio ambiente.” Por su parte, un consultor alemán sobre el ambiente, Josef Huber, al hablar sobre los militantes de Greenpeace Alemania, hace un claro análisis del tema, y realmente coincide con la visión que tiene nuestro conocido Víktor Frankl sobre temas similares: “Estos Greenpeacers no saben realmente qué es lo que anhelan. Pero ellos sienten la fuerte necesidad de protestar por la percibida destrucción de la Tierra por parte de la industria y el capitalismo. Los elementos del marxismo están entremezclados con un nuevo tipo de romanticismo y anarquismo.” Otro co fundador de Greenpeace, Robert Hunter (para muchos fue su líder espiritual) y hoy productor independiente de películas en Toronto, escribió una crónica en 1979 sobre Greenpeace, titulada Los Guerreros del Arco Iris (Warriors of the Rainbow), donde dice: “El maquiavelismo y el misticismo jugaron roles iguales en la formación de la conciencia que Greenpeace expresaba. Corporizaba, algunas veces, un fervor religioso, otras veces una crueldad que lindaba con el salvajismo. La corrupción y la grandeza jugaron cada una sus partes, y cada una recogió su cosecha..." Crueldad y Religión son una mezcla combustible y altamente detonante, en especial si están mezcladas con una certeza absolutista y una intolerancia violenta. Estos eran los ingredientes básicos de la Santa Inquisición, que parece levantarse nuevamente de entre las cenizas de los millones de seres humanos enviados a la hoguera. Greenpeace otorga becas para algunas investigaciones, pero no financia la investigación relacionada con la eliminación y limpieza de residuos peligrosos, tóxicos o nucleares. ¿Por qué? Greenpeace dice que su rol es el de prevenir la contaminación, y no el de limpiarla. Parece que el encontrar las soluciones para estos problemas socava los objetivos de Greenpeace de eliminar los procesos industriales que generan residuos o provocan ”problemas de salud”. Algunos analistas dicen que sería suicida financiar investigaciones que harían desaparecer los motivos de ser de Greenpeace y, sobre todo, las excusas para sus campañas de recaudación. Greenpeace no está por la eliminación de los residuos tóxicos - está por la eliminación de la industria. En su literatura destinada a recaudar fondos, Greenpeace cita con frecuencia al Mahatma Ghandi y a su retórica de la no violencia. Pero Ghandi creía apasionadamente que los buenos fines no justifican medios malévolos. La devoción de Greenpeace a este ideal es, sin embargo, sumamente cuestionable, vistos sus numerosos antecedentes. Su apoyo a organizaciones de “terroristas ecológicos” como Earth First! (usan métodos que habrían horrorizado a Ghandi), cuyo fundador, Michael Roselle, además de estar hoy en la lista de sueldos de Greenpeace, tiene la captura recomendada por Interpol, a pedido del gobierno Noruego, por minar a un ballenero noruego anclado en el puerto. Estos eco-terroristas se hicieron famosos por introducir gruesas púas de acero en los troncos de árboles, que provocaban espantosas e invalidantes heridas en los trabajadores de los aserraderos. A causa de sus declaraciones extremistas, se ve a Greenpeace cada vez menos como una organización dedicada a la salvación de las especies en peligro, y más como un propulsor de la política del Hermano Mayor de Orwell, que gobernaría al mundo de la forma que a los directivos de Greenpeace les gustaría que fuese. Una dictadura destinada a continuar las políticas de coloniaje de las naciones industriales sobre el Tercer Mundo. Fin Parte 3. Sigue en el próximo post!. Gracias por tu comentario constructivo
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