"Se puede saber quien me movió el mouse? EH? EH? Quién me movió el mouse? Me acuerdo patente que el puntero estaba en otro lado cuando me fui al baño. Y ese teléfono? Porqué suena tan fuerte ese teléfono? NO ATIENDE NADIE?...."
Por supuesto, esta locura continúa, pero luego de los primeros 30 segundos de tortura, el cerebro masculino hace un apagado automático de emergencia y no escucha absolutamente más nada por al menos 15 minutos.
El hombre inexperto -como son la mayoría- se desorienta facilmente y no entiende muy bien que carajo está pasando. Yo, en cambio, enseguida entiendo el porqué de estas reacciones:
Esto es así:
Aparentemente las mujeres tienen un ciclo hormonal. Nunca en la putísima vida al hombre le interesaron las hormonas de la mujer, con excepción quizás, de aquellas que hacen que se calienten, o quizás también las que hacen que cocinen napolitanas con puré.
Cada 28 días, a las mujeres se les abre una compuerta que libera una catarata de hormonas, transformando a una mujer promedio, en una bruja insoportable, gritona, llorona y contestataria.
Estadísticamente hablando, si trabajamos con 10 mujeres en la oficina, las probabilidades de alguna este pasando por el período ininterrumpido de malcogidez, es casi del 100%.
Y uno que va a trabajar con la suprema ilusión de que nadie rompa las pelotas, termina por asumir que nunca va a haber un día de paz. A menos que todas sean reemplazadas por robots, lo cual tampoco estaría tan bueno porque -salvo algunos modelos japoneses- ninguno tiene tetas decentes.
Ni hablar del que tomó la desafortunada decisión de convivir con una mujer. Esos días son el infierno mismo. Se ponen insufribles, y cualquier nimiedad, puede ser el detonante de una inmisericorde tortura:
"Vení que vamos a charlar que nunca estamos juntos"
"¿Podés apagar la PlayStation y sentarte a comer?"
"¡A ver si te lavás los dientes de una puta vez!"
"¡Meá adentro del inodoro, por Dios!"
"¿Sacaste turno para el (inserte especialista aquí)?"
"¡Por ahi no que duele!"
"¡Sacala que me cago!"
Ni hablemos de la lista interminable de reclamos absurdos por detalles ínfimos: Que no notaste el medio tono que se bajó en la tintura, ni que se cortó el pelo, ni que se puso lentes de contacto verdes, ni que perdió un brazo abajo del Sarmiento.
Todos sabemos perfectamente que lo único que podríamos llegar a notar, es que se clavaron unos implantes mamarios tamaño King Size, cosa que rara vez sucede.
Solo porque a ellas les viene y a nosotros no, tenemos que soportarlas?
Es una injusticia. Odio las injusticias.
Para colmo, el argumento típico para justificar los maltratos es:
"Los hombres no soportarían ni un día que se les inflen las bolas y les salga sangre por el chino tuerto. ¡Ni un día!".
Por supuesto, este argumento se cae a pedazos al releer todo lo anteriormente expuesto. ¡Somos capaces de soportar esa tortura y muchísimo más!
Además, si los hombres tuviesen menstruación, y las mujeres no, habríamos sido lo suficientemente vivos como para que la misma sea un acontecimiento totalmente envidiable, del cual incluso se podría presumir. Competiríamos entre nosotros para ver a quien le baja más, en un claro acto de virilidad. Tendríamos fiestas religiosas para honrar el período. El gobierno nos daría cinco días de asueto todos los meses, y las mujeres tendrían que trabajar normalmente. El síndrome pre-menstrual sería un importante atenuante para casi cualquier delito. Habríamos convencido a las mujeres desde el primer momento, de que el olor a puerto es lo más sexy del mundo. Los tampones y toallitas estarían subsidiados por el gobierno. Una vez por año se festejaría el "Día del Coagulito" A TODO TRAPO. Carros alegóricos con falos escupiendo sangre a borbotones, fuegos artificiales, explosiones y minas en bolas. Como Dios manda.
Las mujeres que hicieron con todo ese potencial? Nada.
Y la culpa es nuestra?
No Señor, esto se acaba ahora, utilizando un sencillo método que les voy a explicar:
IMPORTANTE:
Exito garantizado en menos de dos meses.
Ninguna mujer fue lastimada durante los testeos de laboratorio.
En caso de convivir con una mujer, se deberá tener la precaución de practicar las siguientes técnicas después de mantener relaciones sexuales. Sin excepción.
A partir de ahora, durante 2 (dos) días al mes, vamos a ponernos igual de insufribles que ellas.
Pongamos cara de culo sin motivo aparente, encerremonos en el baño dos horas, lloremos el perrito que se nos murió cuando teniamos 7 años, contestemos con monosílabos, y por sobre todos, tal y como hacen ellas, peguemos adonde más duele:
"Gorda, ahora que te miro... me parece a mi o estás cada dia mas varicosa?"
"Upa! Mirá ese pozo de celulitis! Parece una falla geográfica"
"Parecés un pochoclo"
"Ese desodorante que te pusiste desprende un atrapante olor a traba de Constitución"
Por supuesto, van a poner el grito en el cielo, van a llorar, patalear y amenazar con dejarnos.
No se preocupen. Van a fracasar como siempre.
Nunca nadie escuchó lo que tiene para decir una mujer después que pasó la parte del polvo.
Luego de dos días, actuar como si nada hubiese pasado.
Repetir hasta obtener resultados deseados.
Por supuesto, esta locura continúa, pero luego de los primeros 30 segundos de tortura, el cerebro masculino hace un apagado automático de emergencia y no escucha absolutamente más nada por al menos 15 minutos.
El hombre inexperto -como son la mayoría- se desorienta facilmente y no entiende muy bien que carajo está pasando. Yo, en cambio, enseguida entiendo el porqué de estas reacciones:
¡Le vino!
Esto es así:
Aparentemente las mujeres tienen un ciclo hormonal. Nunca en la putísima vida al hombre le interesaron las hormonas de la mujer, con excepción quizás, de aquellas que hacen que se calienten, o quizás también las que hacen que cocinen napolitanas con puré.
Cada 28 días, a las mujeres se les abre una compuerta que libera una catarata de hormonas, transformando a una mujer promedio, en una bruja insoportable, gritona, llorona y contestataria.
Estadísticamente hablando, si trabajamos con 10 mujeres en la oficina, las probabilidades de alguna este pasando por el período ininterrumpido de malcogidez, es casi del 100%.
Y uno que va a trabajar con la suprema ilusión de que nadie rompa las pelotas, termina por asumir que nunca va a haber un día de paz. A menos que todas sean reemplazadas por robots, lo cual tampoco estaría tan bueno porque -salvo algunos modelos japoneses- ninguno tiene tetas decentes.
Ni hablar del que tomó la desafortunada decisión de convivir con una mujer. Esos días son el infierno mismo. Se ponen insufribles, y cualquier nimiedad, puede ser el detonante de una inmisericorde tortura:
"Vení que vamos a charlar que nunca estamos juntos"
"¿Podés apagar la PlayStation y sentarte a comer?"
"¡A ver si te lavás los dientes de una puta vez!"
"¡Meá adentro del inodoro, por Dios!"
"¿Sacaste turno para el (inserte especialista aquí)?"
"¡Por ahi no que duele!"
"¡Sacala que me cago!"
Ni hablemos de la lista interminable de reclamos absurdos por detalles ínfimos: Que no notaste el medio tono que se bajó en la tintura, ni que se cortó el pelo, ni que se puso lentes de contacto verdes, ni que perdió un brazo abajo del Sarmiento.
Todos sabemos perfectamente que lo único que podríamos llegar a notar, es que se clavaron unos implantes mamarios tamaño King Size, cosa que rara vez sucede.
Solo porque a ellas les viene y a nosotros no, tenemos que soportarlas?
Es una injusticia. Odio las injusticias.
Para colmo, el argumento típico para justificar los maltratos es:
"Los hombres no soportarían ni un día que se les inflen las bolas y les salga sangre por el chino tuerto. ¡Ni un día!".
Por supuesto, este argumento se cae a pedazos al releer todo lo anteriormente expuesto. ¡Somos capaces de soportar esa tortura y muchísimo más!

Además, si los hombres tuviesen menstruación, y las mujeres no, habríamos sido lo suficientemente vivos como para que la misma sea un acontecimiento totalmente envidiable, del cual incluso se podría presumir. Competiríamos entre nosotros para ver a quien le baja más, en un claro acto de virilidad. Tendríamos fiestas religiosas para honrar el período. El gobierno nos daría cinco días de asueto todos los meses, y las mujeres tendrían que trabajar normalmente. El síndrome pre-menstrual sería un importante atenuante para casi cualquier delito. Habríamos convencido a las mujeres desde el primer momento, de que el olor a puerto es lo más sexy del mundo. Los tampones y toallitas estarían subsidiados por el gobierno. Una vez por año se festejaría el "Día del Coagulito" A TODO TRAPO. Carros alegóricos con falos escupiendo sangre a borbotones, fuegos artificiales, explosiones y minas en bolas. Como Dios manda.
Las mujeres que hicieron con todo ese potencial? Nada.
Y la culpa es nuestra?
No Señor, esto se acaba ahora, utilizando un sencillo método que les voy a explicar:
IMPORTANTE:
Exito garantizado en menos de dos meses.
Ninguna mujer fue lastimada durante los testeos de laboratorio.
En caso de convivir con una mujer, se deberá tener la precaución de practicar las siguientes técnicas después de mantener relaciones sexuales. Sin excepción.
A partir de ahora, durante 2 (dos) días al mes, vamos a ponernos igual de insufribles que ellas.
Pongamos cara de culo sin motivo aparente, encerremonos en el baño dos horas, lloremos el perrito que se nos murió cuando teniamos 7 años, contestemos con monosílabos, y por sobre todos, tal y como hacen ellas, peguemos adonde más duele:
"Gorda, ahora que te miro... me parece a mi o estás cada dia mas varicosa?"
"Upa! Mirá ese pozo de celulitis! Parece una falla geográfica"
"Parecés un pochoclo"
"Ese desodorante que te pusiste desprende un atrapante olor a traba de Constitución"
Por supuesto, van a poner el grito en el cielo, van a llorar, patalear y amenazar con dejarnos.
No se preocupen. Van a fracasar como siempre.
Nunca nadie escuchó lo que tiene para decir una mujer después que pasó la parte del polvo.
Luego de dos días, actuar como si nada hubiese pasado.
Repetir hasta obtener resultados deseados.