El Oporto
Los vinos de Oporto siempre han formado parte de la historia de Portugal, especialmente de todo el valle regado por el río Duero. Pero estos caldos, con más de 300 años de antigüedad, tienen unas raices tan lusas como británicas, ya que fueron los ingleses quienes dictaron durante mucho tiempo sus formas de elaboración.
Tradición vinícola portuguesa
Los vestigios de los asentamientos romanos en todo el valle del Duero demuestran que siempre existió una gran tradición vitivinícola en el noroeste de Portugal, pero es a partir del siglo XVII cuando los vinos de la región de Oporto viven su gran expansión comercial. Esta se debió fundamentalmente a las crecientes importaciones inglesas, un comercio en el que, de forma involuntaria, incidió la actitud del ministro Colbert. Por aquel entonces el político francés impuso grandes tasas al vino de Burdeos que se exportaba a Inglaterra. Fue entonces cuando el rey Carlos II decidió boicotear los ''claretes'' galos tan apreciados por sus compatriotas. Obligados a buscar nuevos proveedores, los comerciantes de Plymouth, Bristol y Londres descubrieron las virtudes de los vinos del valle del Duero. Alguno de estos proveedores se habían establecido con anterioridad en Viana do Castelo, junto con holandeses y hamburgueses, que solían comercializar con los vinos de Monçao, entre otros muchos.
Historia
Fueron estos comerciantes los que instalaron agencias en Oporto, y firmaron en 1703 un acuerdo anglo-portugués, llamado el tratado de Méthuen, que establecía tarifas aduaneras preferenciales para los Vinos de Oporto que fueran destinados a Inglaterra. Inicialmente, el vino del Duero no se parecía en nada al Oporto que actualmente se conoce. Por aquel entonces era seco, robusto y aromático y sin embargo tenía una graduación alcohólica natural bastante elevada. Debido a los grandes viajes y travesías por mar que este caldo tenía que sufrir hasta llegar a su destino, los proveedores comenzaron a fortalecerlo añadiéndole aguardiente de vino.
Quizá sea ésta una de las razones por las que se comenzó a añadir aguardiente durante el proceso de vinificación, esto interrumpía el proceso de fermentación natural. Fue entonces cuando se descubrió que el vino perdía algo de acidez, conservaba la mayor parte de los azúcares del mosto, adquiría una mayor delicadeza y los aromas se multiplicaban. En ese momento el originario vino del Duero se convertía en Vino de Oporto. Pero la historia sigue, y para prevenir fraudes el Marqués de Pombal, ministro de economía portugués, tomó una decisión revolucionaria. En el año 1757 ordenó delimitar el viñedo del Valle de Duero, marcando con señales de granito, el emplazamiento de los mejores terrenos. Además para que los vinos de Oporto exportados fueran de mayor calidad, estableció reglas de producción muy concretas relativas al cultivo de las viñas, el precio de los vinos, el transporte y la cata obligatoria para verificar su calidad. Casi sin darse cuenta Portugal había creado la primera denominación de origen controlada, incluso dos siglos antes que los grandes viñedos franceses.
Variedades
Cuando hablamos de Vinos de Oporto nos encontramos con una amplia gama de blancos y tintos y con variedades como Vintage, Tawny, LBV (Late Bottle Vintage), Ruby o Crusted, todos ellos términos ingleses que distinguen cada caldo en función de la crianza que ha recibido. De ellos quizá el más apreciado sea el Oporto Vintage, toda una rareza ya que se trata de una cosecha de calidad tan excepcional, que se decide guardar intacta sin mezclas ni correcciones y que después de una fermentación de 2 años debe permanecer embotellado al menos de 10 a 15 años más. Al estar fortificado con aguardiente, el Vino de Oporto es capaz de envejecer en madera durante mucho más tiempo que la mayoría de los otros vinos.
Cómo degustarlo
Es muy versátil y puede servirse frío como aperitivo o beberse al final de una comida a la temperatura ambiente. Debe servirse en vasos de vino grandes con forma de tulipán, en una cantidad no inferior a 5 centilitros, para apreciar mucho mejor su aroma y su sabor profundo. De todos ellos, el Vintage El rey de los Oportos, obliga a muchos otros rituales como el degollado con pinzas calientes y aplicando posteriormente frío o el decantado, por el que se exige que el botellón circule en el sentido de las agujas del reloj, de derecha a izquierda, y que sea la persona de más entidad de la mesa la que sirva su copa y con la mano derecha pase el recipiente al comensal de su izquierda.
Esta liturgia es de orígenes desconocidos, pero según una vieja leyenda está destinada a evitar la cólera del demonio que acecha siempre detrás del hombro derecho. Otras teorías sostienen que al hacer circular la botella con la mano diestra no se podía empuñar la espada para agredir al compañero de mesa. El Oporto es por tanto, un vino para disfrutar con compañía y tranquilamente, se puede degustar con un aperitivo, con dulces, con frutos secos o de queso Stilton como exige la tradición británica.
Los vinos de Oporto
Los vinos de Oporto siempre han formado parte de la historia de Portugal, especialmente de todo el valle regado por el río Duero. Pero estos caldos, con más de 300 años de antigüedad, tienen unas raíces tan lusas como británicas, ya que fueron los ingleses quienes dictaron durante mucho tiempo sus formas de elaboración.
Los vestigios de los asentamientos romanos en todo el valle del Duero demuestran que siempre existió una gran tradición vitivinícola en el noroeste de Portugal, pero es a partir del siglo XVII cuando los vinos de la región de Oporto viven su gran expansión comercial. Esta se debió fundamentalmente a las crecientes importaciones inglesas, un comercio en el que, de forma involuntaria, incidió la actitud del ministro Colbert. Por aquel entonces el político francés impuso grandes tasas al vino de Burdeos que se exportaba a Inglaterra. Fue entonces cuando el rey Carlos II decidió boicotear los "claretes" galos tan apreciados por sus compatriotas.
Comercialización inglesa
Obligados a buscar nuevos proveedores, los comerciantes de Plymouth, Bristol y Londres descubrieron las virtudes de los vinos del valle del Duero. Alguno de estos proveedores se habían establecido con anterioridad en Viana do Castelo, junto con holandeses y hamburgueses, que solían comercializar con los vinos de Monçao, entre otros muchos. Fueron estos comerciantes los que instalaron agencias en Oporto, y firmaron en 1703 un acuerdo anglo-portugués, llamado el tratado de Méthuen, que establecía tarifas aduaneras preferenciales para los Vinos de Oporto que fueran destinados a Inglaterra.
Inicialmente, el vino del Duero no se parecía en nada al Oporto que actualmente se conoce. Por aquel entonces era seco, robusto y aromático y, sin embargo, tenía una graduación alcohólica natural bastante elevada. Debido a los grandes viajes y travesías por mar que este caldo tenía que sufrir hasta llegar a su destino, los proveedores comenzaron a fortalecerlo añadiéndole aguardiente de vino. Quizá sea ésta una de las razones por las que se comenzó a añadir aguardiente durante el proceso de vinificación, esto interrumpía el proceso de fermentación natural. Fue entonces cuando se descubrió que el vino perdía algo de acidez, conservaba la mayor parte de los azúcares del mosto, adquiría una mayor delicadeza y los aromas se multiplicaban. En ese momento el originario vino del Duero se convertía en Vino de Oporto.
Pero la historia sigue, y para prevenir fraudes el Marqués de Pombal, ministro de economía portugués, tomó una decisión revolucionaria. En el año 1757 ordenó delimitar el viñedo del Valle de Duero, marcando con señales de granito, el emplazamiento de los mejores terrenos. Además para que los vinos de Oporto exportados fueran de mayor calidad, estableció reglas de producción muy concretas relativas al cultivo de las viñas, el precio de los vinos, el transporte y la cata obligatoria para verificar su calidad. Casi sin darse cuenta Portugal había creado la primera denominación de origen controlada, incluso dos siglos antes que los grandes viñedos franceses.
Cuando hablamos de Vinos de Oporto nos encontramos con una amplia gama de blancos y tintos y con variedades como Vintage, Tawny, LBV (Late Bottle Vintage), Ruby o Crusted, todos ellos términos ingleses que distinguen cada caldo en función de la crianza que ha recibido. De ellos quizá el más apreciado sea el Oporto Vintage, toda una rareza ya que se trata de una cosecha de calidad tan excepcional, que se decide guardar intacta sin mezclas ni correcciones y que después de una fermentación de 2 años debe permanecer embotellado al menos de 10 a 15 años más.
Cómo y cuando servirlo
Al estar fortificado con aguardiente, el Vino de Oporto es capaz de envejecer en madera durante mucho más tiempo que la mayoría de los otros vinos. Es muy versátil y puede servirse frío como aperitivo o beberse al final de una comida a la temperatura ambiente. Debe servirse en vasos de vino grandes con forma de tulipán, en una cantidad no inferior a 5 centilitros, para apreciar mucho mejor su aroma y su sabor profundo. De todos ellos, el Vintage "El rey de los Oportos", obliga a muchos otros rituales como el degollado con pinzas calientes y aplicando posteriormente frío o el decantado, por el que se exige que el botellón circule en el sentido de las agujas del reloj, de derecha a izquierda, y que sea la persona de más entidad de la mesa la que sirva su copa y con la mano derecha pase el recipiente al comensal de su izquierda.
Esta liturgia es de orígenes desconocidos, pero según una vieja leyenda está destinada a evitar la cólera del demonio que acecha siempre detrás del hombro derecho. Otras teorías sostienen que al hacer circular la botella con la mano diestra no se podía empuñar la espada para agredir al compañero de mesa. El Oporto es por tanto, un vino para disfrutar con compañía y tranquilamente, se puede degustar con un aperitivo, con dulces, con frutos secos o de queso Stilton como exige la tradición británica.

Los vinos de Oporto siempre han formado parte de la historia de Portugal, especialmente de todo el valle regado por el río Duero. Pero estos caldos, con más de 300 años de antigüedad, tienen unas raices tan lusas como británicas, ya que fueron los ingleses quienes dictaron durante mucho tiempo sus formas de elaboración.
Tradición vinícola portuguesa
Los vestigios de los asentamientos romanos en todo el valle del Duero demuestran que siempre existió una gran tradición vitivinícola en el noroeste de Portugal, pero es a partir del siglo XVII cuando los vinos de la región de Oporto viven su gran expansión comercial. Esta se debió fundamentalmente a las crecientes importaciones inglesas, un comercio en el que, de forma involuntaria, incidió la actitud del ministro Colbert. Por aquel entonces el político francés impuso grandes tasas al vino de Burdeos que se exportaba a Inglaterra. Fue entonces cuando el rey Carlos II decidió boicotear los ''claretes'' galos tan apreciados por sus compatriotas. Obligados a buscar nuevos proveedores, los comerciantes de Plymouth, Bristol y Londres descubrieron las virtudes de los vinos del valle del Duero. Alguno de estos proveedores se habían establecido con anterioridad en Viana do Castelo, junto con holandeses y hamburgueses, que solían comercializar con los vinos de Monçao, entre otros muchos.
Historia
Fueron estos comerciantes los que instalaron agencias en Oporto, y firmaron en 1703 un acuerdo anglo-portugués, llamado el tratado de Méthuen, que establecía tarifas aduaneras preferenciales para los Vinos de Oporto que fueran destinados a Inglaterra. Inicialmente, el vino del Duero no se parecía en nada al Oporto que actualmente se conoce. Por aquel entonces era seco, robusto y aromático y sin embargo tenía una graduación alcohólica natural bastante elevada. Debido a los grandes viajes y travesías por mar que este caldo tenía que sufrir hasta llegar a su destino, los proveedores comenzaron a fortalecerlo añadiéndole aguardiente de vino.
Quizá sea ésta una de las razones por las que se comenzó a añadir aguardiente durante el proceso de vinificación, esto interrumpía el proceso de fermentación natural. Fue entonces cuando se descubrió que el vino perdía algo de acidez, conservaba la mayor parte de los azúcares del mosto, adquiría una mayor delicadeza y los aromas se multiplicaban. En ese momento el originario vino del Duero se convertía en Vino de Oporto. Pero la historia sigue, y para prevenir fraudes el Marqués de Pombal, ministro de economía portugués, tomó una decisión revolucionaria. En el año 1757 ordenó delimitar el viñedo del Valle de Duero, marcando con señales de granito, el emplazamiento de los mejores terrenos. Además para que los vinos de Oporto exportados fueran de mayor calidad, estableció reglas de producción muy concretas relativas al cultivo de las viñas, el precio de los vinos, el transporte y la cata obligatoria para verificar su calidad. Casi sin darse cuenta Portugal había creado la primera denominación de origen controlada, incluso dos siglos antes que los grandes viñedos franceses.
Variedades
Cuando hablamos de Vinos de Oporto nos encontramos con una amplia gama de blancos y tintos y con variedades como Vintage, Tawny, LBV (Late Bottle Vintage), Ruby o Crusted, todos ellos términos ingleses que distinguen cada caldo en función de la crianza que ha recibido. De ellos quizá el más apreciado sea el Oporto Vintage, toda una rareza ya que se trata de una cosecha de calidad tan excepcional, que se decide guardar intacta sin mezclas ni correcciones y que después de una fermentación de 2 años debe permanecer embotellado al menos de 10 a 15 años más. Al estar fortificado con aguardiente, el Vino de Oporto es capaz de envejecer en madera durante mucho más tiempo que la mayoría de los otros vinos.
Cómo degustarlo
Es muy versátil y puede servirse frío como aperitivo o beberse al final de una comida a la temperatura ambiente. Debe servirse en vasos de vino grandes con forma de tulipán, en una cantidad no inferior a 5 centilitros, para apreciar mucho mejor su aroma y su sabor profundo. De todos ellos, el Vintage El rey de los Oportos, obliga a muchos otros rituales como el degollado con pinzas calientes y aplicando posteriormente frío o el decantado, por el que se exige que el botellón circule en el sentido de las agujas del reloj, de derecha a izquierda, y que sea la persona de más entidad de la mesa la que sirva su copa y con la mano derecha pase el recipiente al comensal de su izquierda.
Esta liturgia es de orígenes desconocidos, pero según una vieja leyenda está destinada a evitar la cólera del demonio que acecha siempre detrás del hombro derecho. Otras teorías sostienen que al hacer circular la botella con la mano diestra no se podía empuñar la espada para agredir al compañero de mesa. El Oporto es por tanto, un vino para disfrutar con compañía y tranquilamente, se puede degustar con un aperitivo, con dulces, con frutos secos o de queso Stilton como exige la tradición británica.
Los vinos de Oporto
Los vinos de Oporto siempre han formado parte de la historia de Portugal, especialmente de todo el valle regado por el río Duero. Pero estos caldos, con más de 300 años de antigüedad, tienen unas raíces tan lusas como británicas, ya que fueron los ingleses quienes dictaron durante mucho tiempo sus formas de elaboración.

Los vestigios de los asentamientos romanos en todo el valle del Duero demuestran que siempre existió una gran tradición vitivinícola en el noroeste de Portugal, pero es a partir del siglo XVII cuando los vinos de la región de Oporto viven su gran expansión comercial. Esta se debió fundamentalmente a las crecientes importaciones inglesas, un comercio en el que, de forma involuntaria, incidió la actitud del ministro Colbert. Por aquel entonces el político francés impuso grandes tasas al vino de Burdeos que se exportaba a Inglaterra. Fue entonces cuando el rey Carlos II decidió boicotear los "claretes" galos tan apreciados por sus compatriotas.
Comercialización inglesa
Obligados a buscar nuevos proveedores, los comerciantes de Plymouth, Bristol y Londres descubrieron las virtudes de los vinos del valle del Duero. Alguno de estos proveedores se habían establecido con anterioridad en Viana do Castelo, junto con holandeses y hamburgueses, que solían comercializar con los vinos de Monçao, entre otros muchos. Fueron estos comerciantes los que instalaron agencias en Oporto, y firmaron en 1703 un acuerdo anglo-portugués, llamado el tratado de Méthuen, que establecía tarifas aduaneras preferenciales para los Vinos de Oporto que fueran destinados a Inglaterra.
Inicialmente, el vino del Duero no se parecía en nada al Oporto que actualmente se conoce. Por aquel entonces era seco, robusto y aromático y, sin embargo, tenía una graduación alcohólica natural bastante elevada. Debido a los grandes viajes y travesías por mar que este caldo tenía que sufrir hasta llegar a su destino, los proveedores comenzaron a fortalecerlo añadiéndole aguardiente de vino. Quizá sea ésta una de las razones por las que se comenzó a añadir aguardiente durante el proceso de vinificación, esto interrumpía el proceso de fermentación natural. Fue entonces cuando se descubrió que el vino perdía algo de acidez, conservaba la mayor parte de los azúcares del mosto, adquiría una mayor delicadeza y los aromas se multiplicaban. En ese momento el originario vino del Duero se convertía en Vino de Oporto.
Pero la historia sigue, y para prevenir fraudes el Marqués de Pombal, ministro de economía portugués, tomó una decisión revolucionaria. En el año 1757 ordenó delimitar el viñedo del Valle de Duero, marcando con señales de granito, el emplazamiento de los mejores terrenos. Además para que los vinos de Oporto exportados fueran de mayor calidad, estableció reglas de producción muy concretas relativas al cultivo de las viñas, el precio de los vinos, el transporte y la cata obligatoria para verificar su calidad. Casi sin darse cuenta Portugal había creado la primera denominación de origen controlada, incluso dos siglos antes que los grandes viñedos franceses.
Cuando hablamos de Vinos de Oporto nos encontramos con una amplia gama de blancos y tintos y con variedades como Vintage, Tawny, LBV (Late Bottle Vintage), Ruby o Crusted, todos ellos términos ingleses que distinguen cada caldo en función de la crianza que ha recibido. De ellos quizá el más apreciado sea el Oporto Vintage, toda una rareza ya que se trata de una cosecha de calidad tan excepcional, que se decide guardar intacta sin mezclas ni correcciones y que después de una fermentación de 2 años debe permanecer embotellado al menos de 10 a 15 años más.
Cómo y cuando servirlo
Al estar fortificado con aguardiente, el Vino de Oporto es capaz de envejecer en madera durante mucho más tiempo que la mayoría de los otros vinos. Es muy versátil y puede servirse frío como aperitivo o beberse al final de una comida a la temperatura ambiente. Debe servirse en vasos de vino grandes con forma de tulipán, en una cantidad no inferior a 5 centilitros, para apreciar mucho mejor su aroma y su sabor profundo. De todos ellos, el Vintage "El rey de los Oportos", obliga a muchos otros rituales como el degollado con pinzas calientes y aplicando posteriormente frío o el decantado, por el que se exige que el botellón circule en el sentido de las agujas del reloj, de derecha a izquierda, y que sea la persona de más entidad de la mesa la que sirva su copa y con la mano derecha pase el recipiente al comensal de su izquierda.
Esta liturgia es de orígenes desconocidos, pero según una vieja leyenda está destinada a evitar la cólera del demonio que acecha siempre detrás del hombro derecho. Otras teorías sostienen que al hacer circular la botella con la mano diestra no se podía empuñar la espada para agredir al compañero de mesa. El Oporto es por tanto, un vino para disfrutar con compañía y tranquilamente, se puede degustar con un aperitivo, con dulces, con frutos secos o de queso Stilton como exige la tradición británica.