InicioOfftopicQué se siente... ser hermafrodita
Qué se siente... ser hermafrodita



por Tatiana Angel, presidenta de la OII (organización internacional de intersexuales)

Fue a los 13 años, después de una charla con mi mamá y mi abuela, que decidí dejar de ser Alexis y convertirme en Lady Tatiana. Ellas me habían convocado a una reunión porque algo de mi cuerpo estaba cambiando, como es natural al principio de la adolescencia, pero mi caso era bastante diferente al del resto de mis compañeros de colegio. Luego de unos exámenes médicos la verdad había salido a flote: a pesar de tener pene yo era más mujer que hombre.
Desde que era pequeña tenía rasgos femeninos y la gente en la calle me confundía con una niña. Los 13 fueron determinantes, fue durante esta época que empecé a sentir picazón en el área del pecho, yo me rascaba con disimulo en el salón de clase, pero mis senos empezaron a crecer y no había mucho que yo pudiera hacer ahí. Los cambios de mi cuerpo era extraños pero llegaron al tope cuando un día, estando en el colegio, sentí que algo se me chorreó entre los pantalones. Le pedí excusas a la profesora para poder ir al baño y cuando me paré de la silla una compañera, aterrada, me dijo que me estaba sangrando la cola. Ella me acompañó al baño, de hecho me llevó al de mujeres: fue ella quien me diagnosticó la regla. Pero mi mamá no lo vio de esa manera. Me dijo que eran problemas del colon causados por mi mala alimentación. Pero pasó un mes y volví a sangrar, y después otro, y ya en ese punto decidió llevarme al médico.
Nos fuimos del pueblo, en Boyacá, porque después de la conversación yo había optado por vivir como mujer. Ese cambio iba a ser complicado y era unabuena forma de empezar desde cero. Tenía dos opciones: la primera, vivir como hombre y vendarme los senos y esconder la menstruación; o la segunda, aceptar mi naturaleza y aprender a modular mi voz (que es baja, fuerte, y más masculina). Fuimos entonces a la Registraduría a hacer los cambios de nombre y género necesarios, pero eso no es fácil y hasta hoy tengo una cédula marcada con una M y un seguro que dice F y eso nunca deja de ser un problema a la hora de hacer cualquier trámite.
Cambiar de género no es fácil.
Mi mamá, por ejemplo, me decía: “Tatiana, mijo, venga para acá”. Mis compañeros del nuevo colegio no entendían mi voz fuerte, pero se acostumbraban. Me tomé el rol como un juego y fui capaz de enfrentar el cambio sin ayuda de un psicólogo. Tuve que pensar mucho en mi espacio dentro de la sociedad, en mi cuerpo, y fue durante este período de adolescencia y cambio que aprendí a quererme como soy. Superé muchos temores internos, no me afecta si soy gorda, fea, si tengo granos, etcétera, porque construí unos cimientos fuertes. Le perdí el miedo a la sociedad. Dejé de ser Alexis y me convertí en Tatiana.

La parte sexual para mí es más complicada. He llegado a la conclusión de que soy asexual y que el sexo me repugna, no me gustan los hombres y las mujeres a pesar de que me parecen más interesantes, porque podría haber más afinidad, tampoco me han funcionado. Necesito cuatro dedos para contar la cantidad de relaciones que he tenido en mi vida, y de todas solo puedo decir una cosa: han sido caóticas. La verdad lo intenté, me casé, y además lo hice por la Iglesia, en parte como acto de rebeldía (me refiero a la Iglesia) y por otro lado en un afán de vivir una vida más típica, pero no funcionó: éramos más amigos que pareja. De ahí surgió lo mejor de mi vida: mi hijo.
Me acuerdo que durante el parto los doctores y las enfermeras se acercaban a mí sin entender qué pasaba, me miraban con cara de interrogación y me preguntaban con insistencia si me sentía bien, incluso el doctor inquiría sobre mi desarrollo en los últimos nueve meses. En medio del interrogatorio y la curiosidad ese día nació, por medio de una cesárea, mi bebé. La compañía suya me basta.

Los cirujanos también hacen cara de no entender cuando les digo que no me quiero quitar mi pene, así no lo use, pues es parte de mí. Mi composición anatómica es menos común que la de la mayoría de las personas, mi pene es una cuarta parte más pequeño que lo normal, internamente tengo todos los órganos de mujer, pero no tengo abertura vaginal y mi recto y mi cuello uterino se conectan. Cuando hablo por teléfono también hay momentos de confusión “Aló, hablas con Tatiana…”, “Perdón, señor, ¿con quién?”, seña que me indica que debo ponerme cualquier nombre de hombre solo para evitar la explicación. Siempre he optado por ser transparente, no tengo nada que ocultar. Así soy y así me acepto ·

Fuente: Nota de la Revista SH, sacada del Fan de FB.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

A
Usuario
Puntos0
Posts75
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.